Hoy, 13 de agosto, celebramos esas burbujas italianas que invitan a disfrutar la vida con frescura y alegría.
El Prosecco se elabora principalmente con la uva Glera, trabajada bajo el método Charmat-Martinotti, en el que la segunda fermentación ocurre en tanques de acero inoxidable. Este proceso conserva toda su vivacidad, realzando sus aromas frutales, como pera y manzana verde, y sus delicadas notas florales, que lo hacen tan fácil de disfrutar.
Un poco de historia
El Prosecco tiene raíces antiguas. Su nombre proviene de la localidad de Prosecco, cerca de Trieste, y ya era mencionado en escritos del siglo XVIII. Sin embargo, fue durante el siglo XX que comenzó a ganar popularidad más allá de Italia, gracias a su frescura, versatilidad y accesibilidad.
A diferencia del champagne, que se fermenta en botella, el Prosecco utiliza el método Charmat, es decir partiendo de un vino base se realiza la segunda fermentación en tanques de acero inoxidable, lo que preserva la fruta y el aroma natural de la uva. Su tradición está protegida por la Denominación de Origen Controlada (DOC y DOCG), con epicentro en las colinas de Conegliano-Valdobbiadene y otras zonas del noreste de Italia, especialmente Véneto y Friuli-Venezia Giulia. La combinación de suelos, brisas y clima fresco le otorga ese carácter vibrante y elegante que lo distingue.
Mi experiencia en Italia
Tuve la oportunidad de degustarlo por primera vez en Rímini, junto a mi compañera de ferias de turismo, Marta Sanchez. Después de largas jornadas de trabajo, nos escabullíamos por las calles de esta hermosa ciudad veraniega para vivir el aperitivo italiano: una copa de Prosecco fresco, risas y ese ambiente encantador que solo Italia sabe crear.
¿Por qué celebramos el Día del Prosecco?
Cada 13 de agosto, Italia y los amantes del vino en todo el mundo celebran el Día del Prosecco, en reconocimiento a su historia, su tradición y su capacidad de acompañar momentos de celebración. Es un recordatorio de que el vino no es solo una bebida, sino una experiencia cultural que une gente, historias y paisajes.
Un brindis por las burbujas, los viajes y esos momentos que se convierten en recuerdos imborrables.
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El decantador es un recipiente de vidrio o cristal, generalmente con una base ancha y un cuello estrecho, diseñado para contener y servir vino. Su forma particular no es casual: está pensado para facilitar la separación del vino de sus sedimentos y para permitir que el vino “respire”, mejorando así su aroma y sabor.
Su origen se remonta a más de 2.000 años atrás, en la época romana, cuando ya se valoraba la importancia de separar el vino de sus sedimentos y de oxigenarlo para potenciar sus cualidades. En aquellos tiempos, los decantadores eran similares a ánforas, y el vino se almacenaba en vasijas hechas de diversos materiales como barro, madera, plata, cristal de roca e incluso porcelana china.
A finales del siglo I d.C., los romanos introdujeron la técnica del soplado del vidrio, revolucionando la creación de recipientes como los decantadores. Durante el Renacimiento, la innovación en el diseño y elaboración de decantadores de vidrio fue adoptada por artesanos de Alemania, Francia y Gran Bretaña, quienes les dieron formas artísticas que combinaban funcionalidad y estética.
Hoy en día, el decantador sigue siendo un aliado indispensable para los amantes del vino. Es especialmente útil para vinos tintos jóvenes que necesitan aireación o para vinos añejos con sedimentos. Más allá de su función práctica, aporta elegancia y ceremonia al momento de disfrutar una copa.
El decantador en el servicio de vino
El uso del decantador en el servicio no es solo una cuestión estética, sino una práctica que mejora significativamente la experiencia del comensal. Al decantar un vino, se buscan principalmente dos objetivos: separar el vino de posibles sedimentos y favorecer la oxigenación, lo que potencia los aromas y suaviza los taninos.
Aunque muchas personas creen que no todos los vinos requieren decantación, en vinos con estructura marcada, añejos o que han permanecido años en botella, este proceso ayuda a que el vino se exprese mejor y despliegue toda su complejidad.
En restaurantes y eventos, el decantador aporta elegancia y solemnidad al momento de servir, transformando el acto de beber vino en un ritual que invita a disfrutar con calma y atención. El proceso de decantación debe hacerse con cuidado y paciencia, evitando agitar el vino para no mezclar los sedimentos.
El decantador no solo transforma el vino, sino que convierte cada copa en una experiencia especial, uniendo tradición, ciencia y placer en cada sorbo.
Esperamos te haya gustado esta nota, desde ya te decimos es un placer tenerte como lector apasionado.
«El vino siembra poesía en los corazones» Dante Alighieri
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Las viñas antiguas o viejas son las que poseen unos cuarenta años en adelante. Es la que podés observar en la foto, que se encuentra camino a la Bodega Colomé, en la provincia de Salta . Por el contrario, una planta de vid adulta es aquella que tiene unos 15 años.
En los primeros años de la vid, la planta busca expandir sus raíces para conseguir los nutrientes del suelo. Trabaja para desarrollar sus sarmientos y sus hojas. Al conjunto de esas hojas se denomina canopia. En esa etapa, la producción no está tan equilibrada cómo si lo está en una planta con muchos años. De este modo, muchos de los vinos que provienen de viñas con poca edad son elaborados como vinos jóvenes para ser consumidos en el año. Conforme van pasando los años – cómo sucede con las personas- la planta se va equilibrando, produce menos y las cepas ya se encuentran a sus anchas en el suelo y con el clima.
Viñas Viejas, Old Vines, Vieilles Vignes
Algunos enólogos les gusta comunicar en las etiquetas que el vino fue elaborado con viñas antiguas. Es por eso, que de un tiempo atrás ahora se suelen observar términos como Old Vines, viñas viejas en las etiquetas. En nuestro país hay algunos vinos que son elaborados de este modo. Otro factor muy importante es la fertilidad del terroir, el tipo de nutrientes que tiene. De esta manera las viñas viejas van a aguantar mejor el estrés hídrico y van a precisar de menos curaciones ( aquí en Argentina, reciben muy pocas por la sanidad del suelo). Las viñas viejas, con el correr de los años demuestran la posibilidad de resiliencia (capacidad de pasar por momentos difíciles). Ofrecen rendimientos menores, aunque una muy buena calidad. Lo que pierden en cantidad, lo ganan en carácter. Al tener raíces más profundas, las viñas viejas alcanzan capas del suelo inaccesibles para cepas jóvenes. Esto les permite absorber minerales y agua en forma más estable, incluso en años de clima extremo. El resultado son vinos más estructurados, complejos y con una identidad marcada.
Valorando el patrimonio
Existen en la Argentina casos de viñedos antiguos que, aunque sus uvas no se emplean para vinificar vinos, son atesorados por su valor histórico y cultural. Hay un sector que se denomina «el museo», son los viñedos de la Finca La Merced, que pertenecen a la Bodega Etchart en Cafayate, alli hay plantas de Torrontés y Criolla con 154 años de antigüedad. Poner en valor esas viñas es parte de nuestra historia, nuestra identidad cómo país viticultor. Es algo que no sólo quienes están en esta apasionante actividad deben hacer, sino todas las personas que comunican y que son embajadores y embajadoras de nuestra cultura.
Cuidarlas es honrar nuestra historia
Muchas de estas viñas han sobrevivido décadas de abandono, crisis económicas o cambios de tendencia. Preservarlas es, también, un acto de respeto por quienes las plantaron y cuidaron. Son parte viva de nuestro patrimonio vitivinícola, y merecen ser valoradas, vinificadas y compartidas.
¿Y vos conocés alguna viña antigua?
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«A veces tocar fondo es una maravillosa oportunidad para rehacer tu vida.»
J. K. Rowling
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Muchas veces querés aprender sobre vinos, y crees que hay que saber un montón para disfrutar una copa… sin embargo, no es así. El vino es cultura, es placer, es compañía. No hay que saber “todo” para empezar: alcanza con tener ganas y animarse a probar.
Por eso, hoy queremos acercarte 10 consejos simples para que puedas disfrutar, aprender y entender de vinos con tranquilidad y curiosidad. Porque el vino se hizo para compartir, no para juzgar.
1- Empezá por lo que te gusta
Compra dos vinos, tres está más que bien y cuatro está excelente. Estaría bueno que puedas comprar uno del norte del país. Salta, Jujuy, Tucumán, La Rioja o Catamarca. Hay muchas bodegas y vinotecas que tienen su tienda online. Otra opción puede ser de Buenos Aires, Entre Ríos, Córdoba, Patagonia, Río Negro, Neuquén, La Pampa o Chubut. Y la otra alternativa puede ser San Juan o Mendoza.
Abrilos en el mismo momento. Servilos en copas. Acordate que en el caso sean tintos la temperatura sugerida es entre 16 a 18 grados. Ponelos un rato en la heladera. Este ejercicio es para ver cómo el terroir influye en un vino. Esta palabra de origen francés, quiere decir terruño y tiene que ver con el clima, la variedad de uva, la mano del hombre y el suelo.
2- Escuchá, observá, preguntá
Cuando bebas el vino, observalo y aunque por ejemplo, los tintos tengan todos color rojo, vas a poder observar matices diferentes. Poné tu nariz dentro de la copa. Olé el vino, volvé a hacerlo y tomate el tiempo. Andá a la segunda copa y a la tercera. Tomate tu tiempo. Descubrí que aromas sentís, si hay alguno familiar que te hace acordar de la casa de tus padres o de tus abuelos. Finalmente probá el vino, pocas personas se dan la pausa para que el vino pase por toda la boca. En lo posible cuando tengas un poco de vino en la boca, hacé entrar aire y luego tragalo.
3- Probá vinos de diferentes regiones y variedades
Una de las cosas que podés hacer al sentir el aroma de un vino es no complicarlo. Los vinos son como las personas. Olelo y no intentes enseguida llenarlo de tecnicismos, simplemente describí qué te pasa. Los alumnos o alumnas más jóvenes me han dicho «esto huele a alcohol». Si claro, es lógico, si casi nunca oliste una copa de vino, lo primero que aflora es el alcohol. Dale otra oportunidad y seguro vas a sentir algunas notas frutales. De ahí seguí y quizá te salgan adjetivos como poco expresivo o perfumado, elegante o rústico y así, tal cual como una persona. Simpático, amable. Vamos intentalo.
4-Coordiná encuentro con tus amigos
Tratá de arreglar un encuentro con tus amigos. Si estás con tu pareja, preguntale a él o a ella qué encontró en el vino. Tomar vinos y compartir las sensaciones ayuda a aprender. Sirve tomar notas de cata, que son las impresiones por escrito sobre el vino. A qué huele, a qué sabe. Hacelo es divertido.
5- Investigá videos de sommeliers o enólogos, para ver qué cuentan sobre el vino
Visitá páginas, blogs. grupos de Facebook, aulas virtuales, Instagram de quienes están en esta actividad. Así te vas informando. Es una forma más fácil de acercarte al vino. Curioseá, te va a encantar.
6- Acompañá el vino con comida
En principio galletitas, pan y aún mejor comenzar bien de a poco a prestar atención en los maridajes, es decir los acuerdos entre las bebidas y las comidas. Los tintos jovenes con carnes rojas, pasta con salsa de tomates. Los tintos más complejos o robustos con crianza en madera para carnes de ciervo o jabalí. Si sos vegetariana o vegetariano un buen acuerdo resultan ser los rosados. De todas formas el maridaje es muy subjetivo, no quiere decir no «puedas» acordar un tinto con pescados, eso sí tratá sean jóvenes y de poco peso, podría ser un Pinot Noir o una Garnacha ligera.
7- Cuando un vino te haya encantado
Cuando el vino te fascinó, sacá foto a la botella, anotá todo lo que te gustó y porqué. Escribí con qué plato lo maridarías, de dónde es, qué es lo que más te llamó la atención. Vamos vos podés.
8- Averiguá qué cepas y regiones vitinícolas son las más conocidas.
Si en este tiempo lees sobre un país, buscá las regiones de viñedos y cuál o cuales son sus variedades estrellas. Qué enólogo/a (quien elabora el vino) es conocido/a. Es un lindo juego para seguir aprendiendo.
9- No subestimes tu intuición
El vino es una comida más y es importante que siempre bebas con moderació. Los niños y menores de 18 añosno deben tomar. Paso a paso te vas a volver más curioso/a y vas a querer seguir aprendiendo de vinos.
10- Hacé tu propio camino
Cómo toda actividad o conocimiento nuevo, disfrutalo, buscá el momento justo y divertite. El vino es un placer que une personas y crea experiencias memorables. Aprende, pero sobre todo, disfruta.
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El invierno en el viñedo es sinónimo de silencio aparente, pero también de trabajo intenso y fundamental para el ciclo de la vid. Es en esta estación, con temperaturas muchas veces bajo cero, que comienza una de las tareas más exigentes y valiosas de todo el año: la poda. Es en este momento cuando los viticultores, ingenieros agrónomos y personas idóneas empiezan a recortar la planta para limitar su crecimiento.
La vid es una planta trepadora, si se la deja crece ilimitadamente. Sus ramas, llamados sarmientos, pueden alcanzar hasta treinta metros de longitud, por eso hay que conducirla (por espaldero, parral, vaso, etc) y controlarla. De este modo es tan necesaria la técnica de la poda para dar forma al viñedo y a la vez ayudar a un correcto desarrollo de la vegetación y de las bayas o granos.
Es en el invierno donde la planta está en letargo y reposo vegetativo, momento en el cual se aprovecha a realizar esta tarea. No es solo cortar sarmientos. Es leer la planta, comprender su desarrollo, respetar su descanso y guiarla con manos sabias para que se exprese con plenitud en primavera y verano. Cada corte es una elección que proyecta futuro. Con la poda de invierno se busca:
> Mantener la forma de la planta en los años siguientes. > Controlar y limitar los rendimientos para obtener vinos de calidad. > Se quitan los sarmientos de la temporada anterior y se recortan las maderas de dos años y más, y favorece la regeneración de la planta. > Conservar el balance entre la producción de frutos y la producción de las hojas. > Seleccionar las yemas (que formaran brotes) para la producción de racimos.
No se debe podar con temperaturas muy bajas, ya qué las heladas pueden volver a la madera quebradiza y ésta se puede astillar con los cortes.
Esperamos te haya gustado saber un poco más sobre un trabajo tan noble y delicado en lo que respecta al futuro vino y claro a sus hacedores, hacedoras.
¡Muchas gracias por todas tus visitas y hermosos comentarios!
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