Vinos Orgánicos: una apuesta a lo natural

En un contexto donde la sostenibilidad ya no es una tendencia sino una urgencia global, los vinos orgánicos se consolidan como una forma concreta de repensar cómo producimos, consumimos y nos vinculamos con la tierra.

En este artículo, exploramos qué los hace especiales, cómo se producen y por qué pueden ser una excelente opción para quienes buscan autenticidad en cada copa.


¿Qué es un vino orgánico?

Un vino orgánico es aquel elaborado a partir de uvas cultivadas sin agroquímicos, pesticidas ni fertilizantes sintéticos. Su producción se basa en prácticas que respetan el equilibrio natural del viñedo y promueven la biodiversidad.

En Argentina, la vitivinicultura orgánica crece sostenidamente. En los últimos años, la superficie de viñedos orgánicos superó las 9.700 hectáreas, con Mendoza como principal región productora y una fuerte orientación exportadora.


Beneficios del vino orgánico

  • Mayor expresión del terroir: Al evitar químicos artificiales, estos vinos reflejan mejor las características del suelo y el clima.
  • Menor cantidad de sulfitos: Si bien no están completamente libres de sulfitos, su concentración suele ser menor que en los vinos convencionales.
  • Producción sustentable: Favorece suelos más sanos y protege la biodiversidad.
  • Mejor tolerancia para algunos consumidores: Reducen la exposición a residuos químicos, lo que puede hacerlos más amigables para ciertas personas.

¿Cómo reconocer un vino orgánico?

Para asegurarte de que un vino es realmente orgánico, es importante verificar los sellos de certificación en la etiqueta. Algunas certificaciones reconocidas son:

USDA Organic (EE.UU.): Prohíbe completamente el uso de sulfitos añadidos en los vinos orgánicos. Si un vino tiene sulfitos añadidos, no puede llevar este sello.
Orgánico Argentina: Permite un nivel bajo de sulfitos y exige que el viñedo y el proceso de vinificación cumplan con normas ecológicas específicas.
EU Organic (Unión Europea): Autoriza la adición de sulfitos en cantidades limitadas y establece normas estrictas sobre la producción y el etiquetado.

Certificaciones en Argentina

En Argentina, existen organismos especializados que certifican la producción orgánica de vinos, garantizando que se cumplan con las normativas nacionales e internacionales. Entre ellos se destacan:

OIA S.A. (Organización Internacional Agropecuaria): Certifica productos orgánicos bajo normas de Argentina, Estados Unidos, la Unión Europea y otros mercados.

SENASA (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria): Regula y supervisa la certificación de productos orgánicos en el país.

Argencert S.A.: Organismo privado que certifica productos orgánicos bajo estándares nacionales e internacionales, reconocido por entidades como USDA Organic y la Unión Europea.

Food Safety S.A.: Certifica productos orgánicos y se especializa en calidad y seguridad alimentaria.

Letis S.A.: Provee certificaciones de producción orgánica y sustentabilidad con reconocimiento internacional.


¿Tienen un sabor diferente?

Al elaborarse con una menor intervención química y tecnológica, los vinos orgánicos pueden presentar una mayor frescura, una expresión más marcada de la fruta y una identidad más definida. Sin embargo, muchas veces en una cata de vinos no se puede distinguir fácilmente si un vino es orgánico o convencional. El sabor de un vino depende de una combinación de factores, como el tipo de uva, el terroir y el proceso de vinificación. Por lo tanto, la diferencia en sabor no siempre será evidente a menos que se conozca el origen y las prácticas de vinificación del vino.


Vino orgánico vs. vino biodinámico: ¿son lo mismo?

Aunque comparten ciertos principios, no son exactamente lo mismo. Mientras que los vinos orgánicos se centran en el uso de prácticas sustentables y la eliminación de químicos sintéticos, los vinos biodinámicos siguen una filosofía más holística, basada en los principios de la agricultura biodinámica. Esta última considera aspectos como el calendario lunar y la aplicación de preparados especiales en el viñedo.


¿Dónde conseguir vinos orgánicos?

Cada vez más vinotecas, supermercados y tiendas especializadas incluyen vinos orgánicos en su oferta. También es posible encontrarlos en ferias de vinos naturales o comprarlos directamente a bodegas que trabajan bajo esta filosofía.

Elegir un vino orgánico es apostar por una producción más responsable con el medioambiente y, al mismo tiempo, descubrir sabores más puros y auténticos. Con una oferta en constante crecimiento, estos vinos representan una excelente alternativa para quienes buscan calidad, sustentabilidad y una conexión más profunda con el origen del vino.

Obtener una certificación tarda como mínimo tres años. Para este proceso se controlan tantos los procedimientos en el viñedo como en la bodega que sean sostenidos en el tiempo.

Como consumidores/as podemos distinguir los vinos orgánicos ya que en su etiquetado poseen el logo oficial “orgánico argentina” y el logo de la empresa certificadora.

En lo que respecta si el aroma y sabor de un vino orgánico se distinguen de uno que no lo es, tiene que ver con cada paladar. No es algo sencillo. Si tu objetivo es lograr esta distinción, cómo siempre aconsejamos: hay que probar, probar y probar.
Hay varias bodegas y productores desde Jujuy hasta la Patagonia en Argentina que son orgánicos. ¿Vos, cuáles conoces?

Elegir un vino orgánico no es solo una decisión de consumo, sino una forma de conectar con una vitivinicultura más consciente, donde cada copa cuenta una historia de origen, respeto y tiempo.

Esperamos que este recorrido te inspire a descubrir y disfrutar cada vez más los vinos orgánicos.
¡Salud!


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Cinco curiosidades del vino que quizás no conocías

Imagen: Alicia Gamboa. Fuente: Pinterest


El vino es una de las bebidas más antiguas de la humanidad y, a lo largo de miles de años, ha estado rodeado de historia, cultura y tradiciones. Detrás de cada copa hay mucho más que uvas fermentadas: hay conocimiento, geografía, ciencia y también algunas curiosidades que sorprenden incluso a quienes disfrutan del vino con frecuencia.

A continuación, compartimos cinco datos interesantes que ayudan a entender mejor este fascinante universo.


1. El vino existe desde hace más de 8.000 años

Los registros arqueológicos más antiguos vinculados a la elaboración de vino se encontraron en la región del Cáucaso, especialmente en territorios que hoy corresponden a Georgia. Allí se descubrieron recipientes de cerámica que contenían restos de vino, lo que demuestra que ya en ese entonces las civilizaciones habían aprendido a fermentar uvas y conservar la bebida.
El vino tiene miles de años de historia. Si querés viajar aún más atrás en el tiempo, te invitamos a descubrir Georgia, considerada una de las cunas de la vitivinicultura, donde la elaboración del vino se remonta a más de 8.000 años.


2. El color del vino tinto no proviene de la pulpa

Muchas personas creen que las uvas tintas tienen pulpa roja, pero en la mayoría de los casos es clara. El color del vino tinto proviene principalmente de los pigmentos presentes en la piel de la uva. Durante la fermentación, el mosto permanece en contacto con los hollejos, lo que permite extraer color, aromas y taninos.


3. La misma variedad puede dar vinos muy diferentes

Una misma cepa puede expresar perfiles completamente distintos según el lugar donde se cultive. Factores como el clima, el suelo, la altitud o la exposición al sol influyen en el carácter final del vino. Este fenómeno se conoce como “terroir”, y explica por qué un mismo varietal puede ofrecer estilos muy diversos en diferentes regiones del mundo.


4. Las botellas no siempre fueron de vidrio

Antes de la generalización del vidrio, el vino se almacenaba y transportaba en ánforas de barro, barriles de madera o recipientes de cuero. Las botellas comenzaron a popularizarse en Europa a partir del siglo XVII, cuando la tecnología del vidrio permitió fabricar envases más resistentes y adecuados para la guarda.


5. El aroma del vino puede recordar a muchas cosas que no están en la copa

Cuando hablamos de aromas a frutas, flores, especias o incluso notas tostadas, en realidad no significa que esos elementos hayan sido agregados al vino. Los aromas se generan de forma natural a partir de compuestos químicos que se desarrollan durante el crecimiento de la uva, la fermentación y la crianza.

El mundo del vino es tan amplio como apasionante. Cada botella puede ser una puerta de entrada a la historia, la geografía y el trabajo de quienes cultivan la vid y elaboran el vino. Conocer estos detalles no solo enriquece la experiencia, sino que también permite disfrutar cada copa con una mirada más curiosa y consciente.

Ciclo vegetativo de la vid: etapas clave y su impacto en el vino


Comprender la uva y su estructura es el primer paso para entender el proceso de elaboración del vino. Cada parte del fruto —piel, pulpa y semillas— cumple un rol fundamental en el estilo, la estructura y el carácter final de esta bebida tan noble.


La uva y la especie adecuada para vinificar                                               

¿Se puede elaborar vinos con cualquier tipo de uva? No, la uva que es apta para vinificar es la Vitis Vinifera.
Esta se cultiva hace años, cuántos? Miles, de forma accidental se cree fue entre 6.000 a 5.000 a.C. El registro más antiguo pertenece a 4000 a.C. y no sólo es para hacer vino, sino como consumo fresco, pasa o mosto.

Hay aproximadamente 6.000 variedades de uvas, sin embargo solo unas pocas son utilizadas para elaborar vinos hablamos de 2.000 variedades.
La vitis vinífera es proveniente de Europa mediterránea y Asia central. También se produce América y Asia.


Ciclo Vegetativo de la Vid

Cómo todo ser vivo tiene un ciclo que comienza en la primavera en el Hemisferio Sur, entre agosto y septiembre.
Con la poda que se había realizado, empieza a brotar savia, a eso se le dice desborre o es conocido también como brotación de los pámpanos, la savia es la encargada de circular por los conductos y produce los brotes. En este momento a la planta hay que cuidarla de fríos y heladas.

En noviembre se comienzan a ver la floración de los brotes. Si el clima ayuda, la planta va a lograr una buena polinización, es decir se van a formar los granos de uva.

Raleos

Se llama así a la técnica que emplea el enólogo cuando necesita «corregir» la cantidad de racimos.
Diciembre es la época del envero, es decir cuando el grano cambia de color y toma los colores propios de la variedad. Este es el momento que se le hacen deshojes a la planta para lograr una buena insolación.

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Cómo catar un vino: guía práctica paso a paso



Catar un vino consiste en observarlo, olerlo y probarlo con atención para comprender sus características y, sobre todo, disfrutarlo más plenamente. Esta guía te acompaña desde lo más simple hasta cómo interpretar lo que percibís en la copa.


1. Elección de la copa

La copa adecuada permite que los aromas y sabores se perciban mejor. Para vinos blancos, busca copas más estrechas; para tintos, copas más anchas que faciliten la oxigenación.


2. Temperatura del vino


Cada tipo de vino tiene su temperatura ideal:

  • Blancos y rosados: 8–12 °C
  • Tintos jóvenes: 14–16 °C
  • Tintos robustos y añejos: 16–18 °C

3. Ambiente de cata


Busca un lugar con buena iluminación, sin olores fuertes que puedan interferir con la percepción de aromas del vino.

La cata de vinos consta de 3 pasos. Antes claro está, vamos a descorchar.  Lo primero a hacer es observar el corcho y olerlo. 
Luego nos servimos un poco en la copa que siempre, siempre la vamos a tomar del tallo o el pie para no calentar el vino.


Fase visual


Quienes estamos dotados de este maravilloso sentido, lo primero que hacemos es observar el vino.
Vas a tomar el vino por el tallo de la copa, así no calentás el vino con la temperatura de la mano, y vas a inclinar la copa unos 45 grados, contra un papel, servilleta o mantel de fondo blanco. De este modo, vas a poder dilucidar si el vino es joven o tiene sus años.
Recordá que el color tiene relación con la edad del vino. Los vinos blancos cuando son jóvenes se ven colores amarillo pálidos o verdosos, cuando ganan en edad se perciben amarillos ámbar o caramelo. En el caso de los vinos tintos tienden a mostrar rojos brillantes y vivaces dentro de la gama de los violáceos o rubí. Cuando son vinos de varios años, su colores van del granate, al teja y hasta pueden llegar a los marrones.

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En esta fase vamos a hablar de la intensidad del color, esto puede deberse a la variedad de uva utilizada, los trabajos que se realizan en el viñedo y en la bodega. Entonces ¿Cómo hacemos para ver la intensidad? Eso se ve nuevamente inclinando la copa a unos 45 grados, colocando tu mano abajo y según cómo se observen los dedos a través de la copa se clasificará la intensidad como baja, media o alta.
Cuando hablamos de reflejos en los tinos cómo se puede ver en la figura se ven en el borde o en el arco superior y en los blancos en la parte que se le dice arco o herradura de la parte inferior de la copa.
Finalmente en esta fase debés haber escuchado hablar de las lágrimas o piernas que es el nombre que se les da a las gotas del vino que caen por las paredes de la copa.


Fase olfativa


El sentido del olfato tiene dos vías: una es la nasal directa que es lo que aspiramos por la nariz y la retronasal, desde la cavidad bucal, cuando tragamos el vino.
A la hora de oler un vino, hacemos una primera nariz que es acercar la nariz a la copa y hacer tres inspiraciones profundas.
En esta etapa se analiza la limpidez del vino, en la primera nariz, si el vino no tiene algún defecto (de tenerlo no se continúa con la cata).

Luego vamos a girar la copa para que el vino se oxigene y libere más aromas.
Volvemos a oler y aquí podemos apreciar otros aromas.
Se evalúa la intensidad, es decir la potencia aromática del vino. Se describe como baja, media o alta.
Vas a detenerte en la complejidad o carácter del vino. Puede ser un vino simple, de complejidad media, media-alta o complejo. 
En cuestión de aromas hablamos de aromas primarios: los que son de la uva, secundarios los que provienen de la elaboración y fermentación en barrica y los aromas terciarios: propios de la evolución en botella y la crianza en madera, en las barricas.
En los vinos blancos vas a encontrar aroma o notas a frutas blancas, como ananá, aroma a cítricos, pueden haber notas florales. En los tintos frutas rojas ciruelas, frutillas o moras y paso a paso vas a ir descubriendo otros sabores.
Cuando el vino tiene paso por barrica se distinguen aroma a cedro, tostado, algo de vainilla.


Fase gustativa


Y aquí viene la parte más interesante.
La lengua detecta cuatro clase de sabores: el dulce, el ácido, el salado y el amargo. Y cabe destacar que la sensibilidad de lo dulce y de lo ácido es muy variable en las personas y en los catadores.
En el proceso de catar, se distinguen tres etapas: el ataque que sucede en los primeros segundos, la evolución o los cambios en las sensaciones y el final de boca que es cuando se termina de catar el vino y aún después de ser arrojado o escupido.
El dulce se siente en la punta de la lengua, el salado en los bordes, el ácido en los costados y el amargo en la parte posterior.
Buscá el equilibrio entre el sabor inicial y el retrogusto (es el conjunto de sensaciones gustativas y aromáticas que perduran en la boca y la garganta después de tomar un poco de cualquier bebida).
Un vino es equilibrado cuando el alcohol, la acidez y los taninos se integran de un modo uniforme.

Por último, practicá, practicá y practicá, olé todo, y sobre todo, presta atención a cada aroma. No somos de oler los alimentos y hacerlo es un gran entrenamiento. Olé todo, los perfumes, las verdulerías, a que huele tu ciudad, olé tu cocina, un perfume, las especias. Andá con los sentidos despiertos.

Aprender a catar un vino no significa buscar respuestas correctas, sino desarrollar el propio criterio y la sensibilidad. Con el tiempo, cada copa se vuelve una experiencia más consciente, más placentera y más personal.


¡Entrená tu nariz!


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¡Qué tengas un gran día! ¡Muchas gracias por tu linda compañía!

Vendimia: Un ritual de pasión y tradición


Foto: Acovi Asociación de Cooperativas vitivinícolas Argentinas


La vendimia es más que un momento en el calendario: es un ritual que une tierra, historia y pasiones. A través de siglos de tradición vitivinícola, la vendimia se ha convertido en símbolo de renovación, trabajo colectivo y celebración de la abundancia. Cada año, cuando los racimos maduros son cuidadosamente recogidos bajo el sol, se pone en movimiento un ciclo que une al viñedo con la bodega y a la gente con sus raíces. Esta festividad, profundamente arraigada en la cultura argentina, transforma la simple cosecha de uvas en una experiencia colectiva donde lo agrícola se entrelaza con lo social, lo espiritual y lo festivo.

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