Los Pinot Noir de los diferentes terruños de Argentina

Hoy te hablamos del Pinot Noir gran cepa, por su fama, aunque para elaborarla es delicada. Pinot significa pino y Noir negro.
Es una de las variedades de uvas más antiguas que se conocen. Crece en todo el mundo, aunque Sus lugares donde reina son la Bourgogne, uno de los viñedos más famosos es el de la Romanée Conti donde se elabora un tinto con más de 1500 años de historia, de los más caros y el más prestigioso del mundo.  Otra terroir es la de Champagne – en donde se emplea como corte junto a Chardonnay y Pinot Meunier – ambas en Francia.

Según el INV (Instituto Nacional de Vitivinicultura), al 31 de diciembre de 2025 Argentina registró 196.220 hectáreas cultivadas con vid, distribuidas en 20.939 viñedos.
Actualmente en Argentina, se encuentran Pinot a 300 metros sobre el nivel del mar con suelos arcillosos cómo se da en las provincias de Neuquén (San Patricio del Chañar)  y Río Negro (General Roca, Mainqué); a los 1500 metros en Mendoza, en suelos calcáreos del Valle de Uco, en el Oasis Sur San Rafael y General Alvear; en San Juan (Valle de Zonda, Valle del Pedernal), Jujuy (Tilcara) ; Salta (Alto ValleCalchaquí, Cafayate, San Carlos), Catamarca (Chañar Punco, Santa María, Tinogasta), La Rioja (Chilecito) Córdoba (San Javier, Calamuchita); Buenos Aires (Tandil, Chapadmalal, Balcarce) y La Pampa (Santa Rosa) Chubut (Gaiman, Trevelin, Sarmiento).*
Data de la época romana, Otras regiones vitícolas han logrado fama con ella, como el valle del Willamette de Oregón, Carneros, la Costa Central y la zona del Río Ruso (Russian River) de California, la región sudafricana de la bahía Walker, Tasmania y el valle de Yarra de Australia y las regiones de Central Otago, Martinborough y Marlborough de Nueva Zelanda. A nuestro país en el siglo XIX, gracias a la iniciativa de Domingo Faustino Sarmiento, junto a otras conocidas como francesas en donde estaba el Malbec.
Hoy en día la superficie del Pinot Noir ha crecido mucho. Primero se hizo conocido en la Patagonia y luego siguió Mendoza, Salta y las otras provincias.


Características del Pinot

Es una uva difícil de cultivar y de vinificar. No da vinos de gran color, ni cuerpo, es decir no es ni robusto, ni tánico como los Cabernet Sauvignon. Su piel fina y sus niveles bajos de compuestos fenólicos hacen que produzcan vinos de color claro, cuerpo medio a bajo y muy pocos taninos (sensación de sequedad en la boca). Es una de las cepas indicadas para aquella persona que quiere iniciarse en probar vinos tintos.
Cuando son jóvenes presentan aromas a frutilla, es tan característica esta nota que aparece en una «primera nariz», sumada a frambuesas o notas terrosas, de hongos o de sottobosque.

¿Con qué maridamos el Pinot Noir?

Si hay algo que tiene como fortaleza el Pinot Noir es su capacidad para acompañar una gran diversidad de platos. Es un vino muy versátil: allí donde un tinto de mayor cuerpo o tanicidad podría resultar demasiado intenso, el Pinot Noir se adapta con gracia y elegancia. Su buena acidez y cuerpo medio lo convierten en un excelente compañero de cremas, hongos rellenos, salsas de hongos, risottos y pastas, especialmente aquellas con salsas de tomate.

También acompaña muy bien aves, cerdo y pescados grasos, como salmón y trucha, ya sea grillados, ahumados o acompañados de salsas delicadas. Entre los maridajes clásicos de la gastronomía francesa encontramos el magret de pato, especialmente cuando se sirve con salsas de frutos rojos o preparaciones agridulces.
Armoniza con charcutería, patés y fiambres, así como con quesos maduros y algunos de mayor intensidad, y resulta particularmente interesante junto a quesos de pasta blanda como Brie y Camembert.
Los hongos y las trufas son otros grandes aliados del Pinot Noir.
Y, demostrando una vez más su versatilidad, puede acompañar perfectamente una pizza de hongos, donde su acidez y elegancia encuentran un buen equilibrio con el queso y los sabores terrosos de los hongos.


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Bonarda Argentina: una cepa con historia, identidad y mucho futuro


La Bonarda argentina es mucho más que una variedad de uva; es una expresión auténtica de nuestra vitivinicultura. Aunque históricamente ha sido eclipsada por otras cepas, su potencial ha sido redescubierto en los últimos años, posicionándola como una de las más prometedoras del país.

Hoy queremos hablar de la Bonarda, una de las grandes variedades tintas de la vitivinicultura argentina. De perfil frutado, taninos suaves y gran versatilidad, ha sabido ganarse un lugar entre las cepas más representativas del país. Después del Malbec, es la segunda variedad tinta más plantada en Argentina, que además concentra la mayor superficie cultivada de Bonarda a nivel mundial.


De Europa a Argentina: el recorrido de la Bonarda

Savoi
Mapa: Wikipedia

Al igual que el Malbec, la Bonarda llegó a la Argentina desde Europa durante el siglo XIX, impulsada por las corrientes inmigratorias que transformaron la vitivinicultura nacional. Con el tiempo encontró en nuestro país un lugar ideal para desarrollarse, especialmente en Mendoza, donde hoy se concentra la mayor parte de su superficie cultivada, con una fuerte presencia en el Este mendocino.

Durante muchos años se creyó que la Bonarda Argentina era la misma variedad que la Bonarda italiana. Sin embargo, estudios realizados por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) permitieron confirmar que se trata de la variedad francesa Corbeau, también conocida como Douce Noir.

Gracias a su adaptación al clima y a los distintos terroirs argentinos, la Bonarda puede dar origen a vinos de excelente calidad, con buena estructura, intenso color, aromas frutados, taninos amables y una frescura que la convierte en una variedad cada vez más valorada por consumidores y productores.

¿Cómo es la Bonarda Argentina?


La Bonarda Argentina se caracteriza por ofrecer vinos de intenso color violáceo, con aromas que recuerdan a frutas rojas y negras, como ciruelas, frambuesas, moras y arándanos. Según el estilo de elaboración, también puede presentar notas especiadas y un sutil aporte de la crianza en madera.

En boca suele destacarse por sus taninos suaves, buena frescura y una textura amable, lo que la convierte en una variedad muy versátil y fácil de disfrutar. Aunque durante muchos años fue utilizada para elaborar vinos de gran volumen, hoy numerosos productores apuestan por rendimientos más bajos y una viticultura de mayor precisión para obtener Bonardas de excelente calidad y gran personalidad.

Su ciclo vegetativo es largo. Brota después del Malbec y suele cosecharse entre fines del verano y comienzos del otoño, dependiendo de la región y del estilo de vino que se busca elaborar. Esta maduración pausada favorece el desarrollo de una buena concentración de aromas y una equilibrada madurez de los taninos.

Actualmente la Bonarda se elabora tanto en vinos varietales como en cortes, encontrándose etiquetas jóvenes, frescas y frutadas, así como ejemplares de guarda que demuestran el enorme potencial de esta variedad en la Argentina.

Si querés conocer un poco más sobre esta variedad, te invitamos a ver el siguiente video.


¿Con qué maridar un Bonarda argentino?


La Bonarda es una variedad muy versátil en la mesa. Gracias a sus taninos suaves, su buena frescura y su perfil frutado, acompaña una gran diversidad de preparaciones sin opacar los sabores de los platos.

Entre las mejores opciones para disfrutarla se encuentran las pastas con salsas de carne, como unos penne rigate con salsa boloñesa o unos agnolotti con salsa fileto. También armoniza muy bien con carnes rojas a la parrilla o al horno, un clásico pan de carne (pulpetón), una colita de cuadril al horno, carnes braseadas y empanadas de carne.

Si preferís una propuesta más informal, también resulta una excelente compañía para pizzas, hamburguesas gourmet y tablas de quesos semiduros, como Gouda, Fontina o Gruyère joven.

En su versión joven y frutada puede acompañar embutidos, fiambres y picadas, mientras que los Bonardas con crianza en barrica se lucen junto a platos de mayor intensidad, como carnes de cocción lenta, cordero o guisos tradicionales.

La temperatura de servicio recomendada se encuentra entre 16 y 18 °C, también puede disfrutarse apenas más fresco (14-15 °C), especialmente si se trata de un Bonarda joven.

Como ocurre con muchos vinos, no existe un único maridaje perfecto. La mejor combinación será aquella que se adapte a tus gustos y a la ocasión. La Bonarda invita a experimentar y descubrir nuevas armonías en cada copa.

¿Y vos, qué Bonarda vas a elegir hoy?


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Muchas gracias por leernos y por acompañarnos.

Marselan, la uva tinta que conjuga lo mejor de los dos mundos


La Marselan es una variedad de uva relativamente nueva que ha comenzado a ganar reconocimiento en el mundo vitivinícola. Surgida en Francia en 1961, esta uva es el resultado de un cruce entre dos variedades clásicas: Cabernet Sauvignon y Grenache. Creada originalmente por el ampelógrafo francés Paul Truel, Marselan nació con el objetivo de combinar las cualidades de ambas variedades y obtener una uva resistente y de gran expresión aromática.


Características de la Marselan

Esta uva presenta granos pequeños y racimos compactos, lo que le permite concentrar sabores intensos y equilibrados. Suele ofrecer aromas afrutados y especiados, con notas que recuerdan a frutos negros como las moras y los arándanos, y también a la cereza. Su perfil aromático es complejo, destacando además algunos toques florales y de hierbas mediterráneas, características que la convierten en una opción versátil y distintiva.

En boca, los vinos elaborados con Marselan son sedosos, con taninos suaves y redondos, resultado de su combinación con la estructura de la Cabernet Sauvignon y el carácter amable de la Garnacha. Esto hace que los vinos Marselan se sientan elegantes y agradables al paladar, manteniendo buena acidez y una excelente capacidad de guarda.


Adaptabilidad y producción

Marselan es una variedad que ha demostrado adaptarse bien a climas cálidos y secos, por lo que su cultivo se ha extendido a diversas regiones fuera de Francia, incluyendo España, Brasil, Argentina y Estados Unidos. En Argentina, por ejemplo, se está experimentando con esta uva en áreas como Mendoza, donde sus condiciones de crecimiento la han convertido en una alternativa interesante para enólogos y productores. También en Entre Ríos y Santiago del Estero.


Maridajes Ideales

Los vinos de Marselan son ideales para acompañar carnes rojas, asados, platos de caza y quesos curados, aunque también resultan interesantes con platos mediterráneos que incluyan hierbas aromáticas y especias. carnes asadas o vegetales a la provenzal. También, con cerdo o chorizo y o con quesos fuertes de aromas intensos.


Un futuro prometedor

Con su mezcla única de genética y carácter, la uva Marselan ha demostrado ser una excelente candidata para aquellos que buscan nuevas experiencias en el mundo del vino. Su historia como cruce experimental y su capacidad para acomodarse a distintos terroirs la perfilan como una variedad llena de sorpresas por descubrir.

¡Esperamos te haya gustado la entrada y si probaste un vino de esta uva, nos escribas en los comentarios!

La Tannat, una variedad de uva con mucho carácter

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Hoy se celebra el día de la cepa Tannat en honor al nacimiento de Pascual Harriague, un emprendedor vasco que introdujo esta variedad en la región del Río de la Plata.

A partir de allí, el Tannat se transformó en la cepa emblema de Uruguay, donde encontró su expresión más identitaria. En Argentina también logró una excelente adaptación, especialmente en el Noroeste, Entre Ríos, Mendoza y San Juan.
Hoy, esta variedad sigue ganando adeptos y sumando nuevas etiquetas que exploran distintas formas de interpretarla, desde estilos más tradicionales hasta versiones más modernas y elegantes.

El Tannat es una de esas cepas que no pasan desapercibidas. Intensa, profunda y con una personalidad marcada, se ha ganado un lugar especial en el mapa vitivinícola mundial, especialmente en el Río de la Plata.
Originaria del sudoeste de Francia, más precisamente de la región de Madiran, esta uva tinta debe su nombre a la palabra “tannat”, asociada a la alta presencia de taninos que la caracterizan. Son precisamente esos taninos firmes, a veces desafiantes, los que le otorgan estructura, longevidad y una identidad inconfundible.

Sus racimos suelen ser compactos y de piel gruesa, con bayas pequeñas y de color oscuro intenso. Esa piel resistente concentra gran parte de su personalidad: vinos de color profundo, con gran cuerpo y capacidad de guarda.

Un viaje que cruzó el Atlántico


El Tannat llegó a Sudamérica en el siglo XIX de la mano de inmigrantes europeos, entre ellos el vasco Pascual Harriague, quien lo introdujo en Uruguay desde Entre Ríos. Allí encontró un terroir ideal para desarrollarse y, con el tiempo, se convirtió en la uva emblemática del país, al punto de ser considerada su variedad nacional.

En Uruguay encontró un lugar donde crecer y un territorio donde redefinirse y construir identidad. A lo largo del tiempo, esta variedad dejó de ser percibida como una cepa de carácter rústico para transformarse en un vino de equilibrio, donde la estructura y la potencia conviven con una textura más amable y una frescura que lo vuelve profundamente gastronómico. Hoy, lejos de existir un único estilo, el Tannat uruguayo se expresa en múltiples versiones: desde vinos jóvenes y frutados hasta ejemplares más complejos con crianza, e incluso espumosos o rosados que muestran una faceta más versátil y contemporánea.
Esta evolución es el resultado del trabajo de generaciones de productores que supieron interpretar su potencial y adaptarlo a distintos terroirs. Además, su uso en cortes con variedades como Merlot o Cabernet Sauvignon amplía aún más su perfil, aportando complejidad sin perder su esencia. En este camino, el Tannat trascendió su origen para convertirse en un verdadero emblema nacional, posicionando a Uruguay en el mapa vitivinícola mundial

En Argentina, su adaptación también fue notable, especialmente en el Noroeste —Salta y el Valle Calchaquíe— además de zonas de Mendoza, San Juan y Entre Ríos. En cada región expresa matices distintos, siempre manteniendo su esencia robusta y estructurada.


Donde el Tannat se siente como en su casa

En Uruguay, el Tannat encontró su lugar en el mundo. En boca, logra un equilibrio interesante entre estructura y elegancia, alejándose de la rusticidad para volverse más versátil. Esta adaptación ha sido tan exitosa que el Tannat se consolidó como la cepa emblemática del país, incluso superando en superficie plantada a su región de origen AOC Madiran, y convirtiéndose en un símbolo de la vitivinicultura uruguaya, especialmente asociado a su cocina tradicional, donde acompaña de manera natural carnes asadas y platos de buena intensidad.

En Argentina, los Valles Calchaquíes representan una de las zonas más destacadas para esta cepa. En estas alturas, el Tannat suele expresarse en varietales con gran intensidad aromática, donde predominan las frutas rojas y negras —como ciruela y frambuesa— junto a taninos más redondos y maduros.

Como señala Marcos Etchart, en Salta esta variedad alcanza una madurez óptima, dando lugar a vinos profundos, concentrados y de gran carácter.

En Mendoza, en cambio, el Tannat suele utilizarse en cortes, donde aporta estructura y carácter, combinándose frecuentemente con Malbec para lograr vinos más complejos y equilibrados..


Un compañero ideal de la mesa


Además de las carnes rojas y los guisos, el Tannat encuentra grandes aliados en preparaciones intensas y sabrosas.
Se luce con cortes con buena presencia de grasa como el asado, el vacío o el ojo de bife, así como con cordero al horno o braseado, ossobuco y bondiola de cerdo. También acompaña muy bien carnes de caza como el jabalí y el ciervo
Los platos de la cocina argentina, como el locro o la carbonada.
En el mundo de los quesos, los de pasta dura o semidura y con cierta maduración resultan excelentes compañeros. La clave del maridaje radica en la presencia de proteína, grasa y cocciones intensas, elementos que ayudan a suavizar sus taninos y a lograr una experiencia más armónica en boca.

¿Ya probaste un Tannat? ¿En qué ocasión lo elegirías?

¡Muchas gracias por tu linda compañía!

La uva Riesling y sus características

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La Riesling es una de las variedades de uva blanca más apreciadas en el mundo, reconocida por su intensa expresividad aromática, su gran capacidad de envejecimiento y su versatilidad en la elaboración de vinos secos, semidulces y dulces.
Es originaria de Alemania, esta cepa ha conquistado paladares en distintas regiones vitivinícolas, adaptándose a diversos terroirs y ofreciendo perfiles de sabor únicos.


Historia y Origen

El primer registro documentado del Riesling data de 1435 en la región alemana de Rheingau. Desde entonces, ha sido la variedad insignia de Alemania, particularmente en el valle del Rin y el Mosela, donde encuentra condiciones ideales para su desarrollo. Con el tiempo, la cepa se expandió a otros países europeos como Francia (Alsacia) y Austria, y posteriormente a regiones del Nuevo Mundo como Australia (Clare y Eden Valley), Estados Unidos (Finger Lakes, Washington) y Chile.

El especialista en vinos Matías Chiesa, IWSC International Wine and Spirit Competition y fundador de la Riesling Wine Company, suele destacar la importancia histórica de esta variedad y su extraordinaria versatilidad, capaz de dar origen a algunos de los vinos blancos más expresivos y longevos del mundo.


Características de la uva y el vino

El Riesling se distingue por su alta acidez natural y su intenso perfil aromático, con notas predominantes de frutas como manzana verde, durazno, pera y cítricos, además de toques florales y minerales. Con el tiempo, desarrolla matices de petróleo o querosen, una característica distintiva en los ejemplares de gran calidad y evolución.

Dependiendo de la región y el método de vinificación, el Riesling puede ser desde seco (Trocken en alemán) hasta extremadamente dulce (Trockenbeerenauslese), lo que lo convierte en una de las pocas variedades capaces de producir vinos en un espectro tan amplio de estilos.

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