Merlot: de Bordeaux a los terruños argentinos


Cada 7 de noviembre celebramos el Día Internacional del Merlot, una uva que ha sabido ganarse un lugar especial entre las variedades más queridas del mundo. Su textura sedosa, su carácter amable y su capacidad de reflejar el terruño hacen del Merlot un vino que invita siempre a una segunda copa.

Un poco de historia

Originaria de la región de Bordeaux, Francia, el Merlot aparece documentado por primera vez en 1784 en los registros del distrito de Libourne, donde un inspector local la calificó como “una de las mejores uvas del país”. Su nombre proviene de la palabra francesa merle (mirlo), en alusión al color oscuro de las uvas y a las aves que las devoraban cuando alcanzaban su punto justo de madurez.

Durante siglos, fue la variedad predilecta de los viticultores de Saint-Émilion y Pomerol, donde alcanzó fama mundial gracias al mítico Château Pétrus, uno de los vinos más codiciados del planeta, elaborado casi exclusivamente con Merlot. Su suavidad y su redondez la convirtieron en el complemento ideal del Cabernet Sauvignon en los clásicos blends de Burdeos, donde aporta cuerpo, textura y un toque aterciopelado.

Una curiosidad: en los años 90, el Merlot fue víctima de su propio éxito. La popularidad que alcanzó en Estados Unidos lo llevó a plantarse masivamente, a veces sin respetar su naturaleza ni los suelos adecuados, lo que derivó en vinos más simples. Sin embargo, hoy vive una revalorización global, con productores que vuelven a destacar su nobleza y su elegancia natural.


Merlot en Argentina

Aunque no alcanza el protagonismo de otras variedades tintas, el Merlot tiene presencia en distintas regiones vitivinícolas de Argentina, desde Mendoza y la Patagonia hasta Córdoba y el norte del país.
En Patagonia, especialmente en Neuquén y Río Negro, encuentra condiciones climáticas frescas y ventosas que favorecen una expresión delicada y elegante, con notas de frutas rojas, hierbas y sutiles matices minerales.
En Mendoza, particularmente en el Valle de Uco y Luján de Cuyo, desarrolla perfiles más maduros y concentrados, con aromas a ciruelas, guindas, cacao y suaves notas especiadas.
Además está presente en provincias como Salta, La Rioja, Catamarca, Jujuy y Córdoba, donde forma parte de una vitivinicultura diversa que permite explorar distintas expresiones de esta variedad.

Hoy muchas bodegas argentinas están redescubriendo esta uva, elaborando Merlots de alta gama que combinan equilibrio, suavidad y gran potencial de guarda.

Cómo es el Merlot

El Merlot se distingue por su textura aterciopelada, taninos amables y una acidez equilibrada.
Es una variedad temprana, de buena maduración, que aporta al vino color intenso, riqueza alcohólica, complejidad aromática, además de suavidad, redondez y sedosidad en boca.
En nariz ofrece notas a ciruelas, cerezas, violetas, cacao y tabaco, mientras que en boca se luce por su redondez y elegancia. Es un vino ideal para quienes buscan un tinto versátil, envolvente y fácil de disfrutar.


Maridajes que enamoran

Su carácter amable y su equilibrio lo hacen un gran compañero de mesa:

  • Carnes rojas o blancas al horno, como un ojo de bife jugoso, carré de cerdo con hierbas como tomillo o estragón.
  • Pastas con salsas de tomates frescos o crema suave, como una lasagna casera, ravioles de espinaca o fetuccini al pomodoro.
  • Risottos de hongos, espárragos o vegetales de estación, donde su estructura acompaña la untuosidad del plato.
  • Quesos semiduros o medianamente curados, como Gouda, Fontina, Pategrás o un queso de cabra estacionado.
  • Platos vegetarianos con berenjenas asadas, pimientos grillados, tarta de hongos y cebollas caramelizadas o croquetas de lentejas.
  • Y, por supuesto, el Merlot también invita a momentos de disfrute sin acompañamiento, ideal para una tarde romántica, una charla tranquila o relajarse después del día.


Brindemos por el Merlot

Hoy celebramos una cepa que combina armonía, suavidad y carácter. Un vino que invita a redescubrir la simpleza y la elegancia, y que en cada terruño argentino expresa una versión distinta de su encanto.
Brindemos por el Merlot, por su historia y por los nuevos caminos que sigue trazando en nuestras copas.

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Merlot: cuatro etiquetas, cuatro expresiones

¿De qué color es el Merlot? La respuesta parece sencilla hasta que se sirven las primeras copas. Un rosado de color rubí, con textura y estructura; otro de tono rosa pétalo, floral y fresco; un tinto de frutos negros y notas ahumadas; otro que combina cerezas, especias y un delicado recuerdo balsámico. Las cuatro etiquetas están elaboradas con la misma variedad.

Con motivo de su Día Internacional, Bodega Malma, desde San Patricio del Chañar (Neuquén), y Pulenta Estate, desde Mendoza, invitan a conocer esas diferencias a partir de un recorrido que permite descubrir cuánto intervienen el viñedo, el momento de cosecha y el trabajo en bodega en el estilo de cada vino.

La cepa tiene, además, una curiosidad detrás de su nombre. Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), su denominación parece estar relacionada con el mirlo —merle, en francés—, un pájaro de plumaje negro que se alimenta de sus bayas. Originaria del sudoeste de Francia, encontró en Argentina distintos territorios donde desarrollarse, entre ellos Mendoza y la Patagonia.

Esa presencia se refleja en los viñedos. Según el INV, con datos a julio de 2025, Argentina contaba con 4.158 hectáreas de Merlot, equivalentes al 2,1 % de la superficie total de vid del país, distribuidas en 17 provincias. Mendoza concentraba el 79,2 % de las plantaciones, mientras que en Neuquén y Río Negro la variedad representaba el 13,3 % y el 12,6 % de sus respectivas superficies vitícolas. Los datos permiten dimensionar tanto el protagonismo mendocino como el lugar que ocupa esta cepa en la vitivinicultura patagónica.


Dos rosados que cuentan historias diferentes

El primer descubrimiento llega con El Espíritu del Viento Rosado de Merlot, de Bodega Malma. Su nombre remite a uno de los protagonistas del paisaje patagónico y a la búsqueda de nuevas formas de interpretar ese territorio.

“La versatilidad del Merlot nos invita a explorar nuevas formas de expresar el carácter de la Patagonia, incluso más allá del tinto”, señala la bodega en la presentación de esta etiqueta.

Elaborado 100 % con Merlot, propone un rosado con profundidad y estructura, cuya textura lo acerca a la experiencia de un tinto. Su elaboración incluye una breve maceración con las pieles de la uva y una crianza de seis meses sobre lías finas, las levaduras que quedan después de la fermentación y cuyo contacto contribuye a desarrollar textura en el vino.

De color rosado rubí con sutiles tonalidades anaranjadas, presenta aromas a frutillas, cerezas, flores y un leve recuerdo a membrillo. En boca es aterciopelado y frutado, con una acidez natural que aporta frescura. Esa combinación permite llevarlo a la mesa con tablas de fiambres, sushi, pizzas y platos de cocina mediterránea.

Pulenta Rosé S’il Vous Plaît explora otra expresión del Merlot. La cosecha temprana, el prensado directo de los racimos y la elaboración sin crianza en madera forman parte de una búsqueda centrada en la frescura y la expresión de la fruta.

Su delicado color rosa pétalo anticipa un perfil diferente: aromas a moras y guindas silvestres, notas florales y un equilibrio de acidez que prolonga la frescura en boca. Elaborado íntegramente con Merlot, ofrece una alternativa para acompañar preparaciones livianas y almuerzos al aire libre.

Juntos, los dos vinos permiten descubrir que el universo de los rosados también tiene matices: el color, la textura y la intensidad cambian según las decisiones que se toman desde el viñedo.



Dos tintos entre los vientos patagónicos

En Gran Correntoso Merlot, de Bodega Malma, el paisaje vuelve a aparecer desde el nombre. La línea está inspirada en el río Correntoso, en Villa La Angostura, como homenaje a la naturaleza y la cordillera patagónica. Las uvas, en cambio, provienen de San Patricio del Chañar, donde los vientos constantes, las escasas precipitaciones y la amplitud térmica conforman el entorno del viñedo.

Elaborado 100 % con Merlot de viñedos plantados en 2001, el 80 % del vino pasa 12 meses en roble francés de primer uso. Esa crianza aporta notas de cacao, vainilla y especias que acompañan los frutos negros maduros, las frambuesas y la pimienta negra.

De entrada amable, combina taninos aterciopelados, fruta jugosa y un final persistente con toques ahumados. Es una propuesta para acompañar carnes de caza, cordero y quesos curados, con profundidad y potencial de guarda.

En Mendoza, Pulenta Estate Merlot 2023 tiene su origen en Finca La Zulema, en Agrelo, Luján de Cuyo, a 980 metros sobre el nivel del mar. Allí, los viñedos de esta variedad fueron plantados en 1992: una historia que permite acercarse al vínculo de la bodega con el Merlot.

La cosecha y la selección manual de racimos y granos preceden a una elaboración que incluye 12 meses de crianza en barricas de roble francés. En la copa aparecen cerezas, higos secos y especias, entre ellas un recuerdo a orégano. En boca es armonioso y suave, con un toque balsámico, estructura equilibrada y un final agradable.


Una variedad para seguir descubriendo

Una tabla de fiambres, una pizza entre amigos, un almuerzo de primavera o una cena con cordero: las cuatro etiquetas acercan el Merlot a distintas mesas y ocasiones.

Este 7 de noviembre, Malma y Pulenta Estate proponen encontrar la variedad a través de sus diferencias. Probar sus tintos y rosados permite reconocer la fruta, la textura que los conectan, y la identidad de cada vino.

Más información:
Pulenta Estate | Bodega Malma

Cuando la amistad se convierte en vino

Cuatro amigos, una historia que atravesó décadas y una pasión compartida por el vino. Nacido en las aulas del colegio La Salle de Florida, Buenos Aires, el proyecto presenta sus etiquetas y convierte una amistad de toda la vida en una propuesta vitivinícola con identidad propia.

Hay historias que se construyen con el paso del tiempo y encuentran en los pequeños rituales su razón de ser. La de Del Lasalle Wines comenzó en 1984, en las aulas del colegio La Salle de Florida, Buenos Aires, cuando Gustavo Vicentini, Guido Maffia, Sebastian Buffa y Luis Zambonini eran compañeros y estaban lejos de imaginar que, décadas más tarde, compartirían un proyecto que reuniría dos grandes pasiones: la amistad y el vino.

La vida los llevó por caminos diferentes. Gustavo y Guido permanecieron en Buenos Aires, Seba se mudó a Brasil y Luis se instaló en Mendoza, tierra de viñedos y tradición vitivinícola. Cambiaron las ciudades, las profesiones y las distancias, pero el vínculo se mantuvo intacto. Los encuentros, las conversaciones interminables y las largas sobremesas hicieron el resto: aquella amistad encontró en el vino una nueva forma de expresarse.

Así nació Del Lasalle Wines, un proyecto que no surgió de una estrategia comercial, sino de una idea sencilla y genuina: elaborar un vino propio, que los representara y que estuviera a la altura de esos momentos que vale la pena compartir.

“No salimos a buscar un vino para el mercado. Buscamos el vino que a nosotros nos gustaría tomar entre amigos, en una sobremesa, sin apuro”, resumen sus creadores.

Esa filosofía es el punto de partida de una propuesta que combina la selección de parcelas de la IG San Pablo y Vista Flores, en el Valle de Uco, el cuidado en la elaboración y una producción de pocas botellas, con el propósito de crear vinos que expresen carácter, identidad y personalidad.


Cuatro vinos, una misma manera de entender el encuentro

La primera propuesta de Del Lasalle Wines reúne etiquetas que reflejan la búsqueda de sus fundadores y su mirada sobre el vino: productos elaborados con atención al origen, respeto por la materia prima y una clara vocación por el disfrute.

Del Lasalle Corte Único 2022 es una partida limitada de tan solo 1000 botellas que combina Malbec de Los Árboles, en la IG San Pablo, con Cabernet Franc y Cabernet Sauvignon de Vista Flores, en el Valle de Uco, Mendoza. Su crianza de 18 meses en barricas nuevas de roble francés aporta estructura y complejidad a un corte concebido para disfrutar sin apuros y compartir alrededor de una buena mesa.

La línea Parcela Única 2023 amplía la propuesta con vinos varietales que ponen el foco en la expresión de cada cepa y su origen.

Parcela Única Cabernet Sauvignon 2023 proviene de Vista Flores, en el Valle de Uco, y tuvo una crianza de 18 meses en barricas de roble francés de primer uso. Con una producción exclusiva de 900 botellas, se distingue por su elegancia y complejidad. En nariz aparecen frutas negras, como moras y arándanos, acompañadas por notas de pimienta negra. En boca, los taninos maduros y la persistencia de la fruta construyen un final largo y complejo.

Parcela Única Cabernet Franc 2023, elaborado con uvas de Vista Flores, también pasó 18 meses en barricas de roble francés de primer uso. De color rubí, presenta un perfil suave y envolvente, con aromas de frutas rojas, como cerezas y frambuesas. Sus taninos maduros y dulces acompañan una expresión equilibrada que se prolonga en un final redondo y complejo.

Parcela Única Malbec 2023 nace de uvas de Los Árboles, en la IG San Pablo, Valle de Uco. La cosecha manual y una crianza de 16 meses en barricas de roble francés de segundo y tercer uso definen su elaboración. De color rojo profundo, combina buena acidez y textura con aromas de frutas rojas maduras, notas florales, especias y matices ahumados. En boca se presenta elegante y envolvente, con taninos maduros y un final largo en el que persisten la fruta y las especias.

Cada etiqueta expresa una búsqueda particular, pero las tres comparten una misma premisa: elaborar vinos con identidad propia, pensados para disfrutar y acompañar esos momentos en los que una botella se convierte en parte de una historia.


De Florida al mundo del vino

El nombre no podía ser otro. Del Lasalle Wines es un homenaje al colegio donde comenzó todo, a los años compartidos y a una etapa de la vida que dejó mucho más que recuerdos: una amistad capaz de atravesar fronteras, resistir el paso del tiempo y transformarse en un proyecto común.

La presentación de sus vinos en Buenos Aires abre un nuevo capítulo en ese recorrido. Es también una invitación a descubrir una propuesta en la que el origen de las uvas, la elaboración y la identidad de cada etiqueta conviven con una historia personal que le da sentido al proyecto.

Porque Del Lasalle Wines no nació solamente para hacer vino. Nació para celebrar aquello que permanece cuando todo lo demás cambia: los afectos, las experiencias compartidas y el placer de volver a encontrarse.

Cuatro amigos que se conocieron en 1984, cuatro caminos diferentes y una misma convicción: el tiempo puede transformar una amistad en una historia, y el vino puede encontrar la manera de contarla.

Para reservar tu botella en presentación de 750 ml o 1500 ml escribí a:

IG: @del.lasallewines

Whatsapp: +54 9 11 2683-2086

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Huarizo Wines: una búsqueda diferente en el Valle Calchaquí


Desde Salta, un proyecto que reúne la iniciativa de Jorge Cheruse y el conocimiento enológico de Álvaro Dávalos para explorar nuevas posibilidades de elaboración. Una historia en la que la curiosidad, el origen y la experimentación tienen un lugar protagónico.


En el universo del vino argentino conviven grandes bodegas, emprendimientos familiares y pequeños proyectos que nacen de una inquietud personal. Algunos de ellos encuentran su identidad en el terruño; otros, en la búsqueda de nuevas formas de interpretar las variedades y los procesos de elaboración. Huarizo Wines reúne un poco de ambas cosas.
La idea nació de la iniciativa del sommelier Jorge Cheruse, quien lo lleva adelante junto con Álvaro Dávalos, enólogo salteño perteneciente a una familia con una extensa tradición vitivinícola en el Valle Calchaquí y en la elaboración de vinos de altura.

Hablar de Huarizo Wines es acercarse a Salta y a la riqueza vitivinícola de una región que ofrece condiciones particulares para el cultivo de la vid. La altura, la amplitud térmica, la intensa radiación solar y la diversidad de suelos contribuyen a la identidad de sus vinos.

La propuesta tuvo como punto de partida el deseo de elaborar un vino propio, diferente, que permitiera explorar otras posibilidades y poner en práctica una técnica de elaboración poco habitual en la vitivinicultura argentina: el appassimento.


El arte de concentrar la uva

El término appassimento remite a una antigua práctica de origen italiano, vinculada con la elaboración de vinos de la región del Véneto. Consiste en someter las uvas a un proceso de deshidratación parcial después de la cosecha, antes de comenzar la vinificación.
Durante este período, los granos pierden parte de su contenido de agua y concentran azúcares y otros componentes. El resultado puede dar lugar a vinos de mayor concentración, complejidad aromática y una particular expresión en boca.
Esta técnica fue la elegida para elaborar Huarizo 2019, un blend de Cabernet Sauvignon y Malbec, con una composición de 75% y 25%, respectivamente. Las uvas son de Tolombón, en el Valle Calchaquí.

En aquella elaboración, el proceso de secado se extendió durante diez días. Posteriormente, el vino tuvo una crianza de entre 18 y 19 meses en una barrica nueva de roble francés y continuó su evolución durante doce meses en botella.


Un nombre fuera de lo común

¿Por qué Huarizo? El nombre fue una iniciativa de Álvaro Dávalos y tiene una particularidad: hace referencia al híbrido que resulta del cruce entre una llama macho y una alpaca hembra.
Una elección que representa, de alguna manera, el espíritu de algo singular, poco frecuente y con identidad propia.

La etiqueta fue diseñada por Enio Arroyo, artista costarricense formado en Argentina, con trayectoria en las artes plásticas, la escultura y la escenografía.
Huarizo Wines pone de manifiesto cómo la curiosidad y el conocimiento pueden abrir nuevos caminos dentro de la vitivinicultura argentina.

Porque el vino es eso: una historia de personas, ideas y decisiones que encuentran en cada botella una manera de expresarse.

Dry Martini: historia, receta y secretos de un cóctel clásico


Elegante, sobrio y reconocido en todo el mundo, el Dry Martini es uno de los grandes clásicos de la coctelería internacional. Su combinación de gin y vermut seco, aparentemente sencilla, esconde una historia fascinante y una preparación en la que cada detalle cuenta. Conocé sus orígenes, sus ingredientes y las claves para preparar este cóctel emblemático.


Un clásico que trasciende el tiempo

Pocos cócteles tienen una personalidad tan definida como el Dry Martini. Su presentación, tradicionalmente en una copa de forma cónica, su transparencia y su característica decoración con una aceituna o una piel de limón lo convirtieron en un símbolo de elegancia y sofisticación.
Detrás de esa imagen hay mucho más que una cuestión estética. El Dry Martini es una preparación que pone en primer plano la calidad de sus ingredientes, el equilibrio entre ellos y la precisión de la técnica.

Su composición clásica reúne dos protagonistas: gin y vermut seco. A diferencia de otros cócteles que incorporan jugos, almíbares o distintos licores, aquí la sencillez es parte de su identidad.


La historia y el origen del Martini

Como sucede con muchos cócteles clásicos, el origen del Martini está rodeado de diferentes teorías y relatos. No existe una versión definitivamente comprobada sobre quién lo creó ni dónde apareció por primera vez.
Una de las historias más difundidas lo relaciona con la ciudad de Martinez, en California, durante la fiebre del oro estadounidense del siglo XIX. Según esta versión, un bartender habría preparado una bebida para un minero que se dirigía a San Francisco. Sin embargo, esta historia no cuenta con pruebas concluyentes.

También se ha vinculado su nombre con la marca italiana de vermut Martini, mientras que otras teorías sitúan sus antecedentes en los bares de Nueva York y San Francisco.
Lo que sí puede reconstruirse a través de los antiguos manuales de coctelería es su evolución. Durante el siglo XIX existían preparaciones que combinaban gin, vermut dulce, bitters y otros ingredientes. Con el paso del tiempo, las recetas fueron modificándose y comenzaron a ganar protagonismo el gin seco y el vermut seco.

A comienzos del siglo XX ya aparecen formulaciones identificadas como Dry Martini. La bebida fue simplificando su composición y modificando sus proporciones hasta consolidarse como uno de los grandes clásicos de la coctelería.


Los ingredientes: gin y vermut seco

La calidad de los ingredientes es fundamental para obtener un buen Dry Martini. Al tratarse de una preparación con pocos componentes, cada uno tiene una incidencia directa en el resultado final.

Gin

Es el destilado que aporta la estructura principal del cóctel. Se elabora a partir de alcohol de origen agrícola aromatizado con enebro y otros botánicos.

Su perfil puede presentar notas herbáceas, cítricas, florales y especiadas, dependiendo de la receta y del proceso de elaboración. Para un Dry Martini se suele elegir un gin de estilo London Dry, aunque pueden explorarse otras expresiones.

Vermut seco

Es un vino fortificado y aromatizado con hierbas, especias y otros ingredientes botánicos. En esta preparación se utiliza vermut seco, que aporta complejidad aromática, frescura y equilibrio frente a la intensidad alcohólica del gin.

Su conservación es importante: una vez abierto, conviene mantenerlo refrigerado y respetar las recomendaciones del productor para preservar sus características.


Cómo preparar un Dry Martini

La proporción de gin y vermut puede variar según el estilo del bartender y las preferencias de quien lo consume. Para comenzar, podemos tomar como referencia la receta de la International Bartenders Association (IBA).

Ingredientes

  • 60 ml de gin.
  • 10 ml de vermut seco.
  • Piel de limón o una aceituna verde para decorar.

Preparación

  1. Enfriar previamente una copa de Martini.
  2. Colocar abundante hielo en un vaso mezclador.
  3. Incorporar el gin y el vermut seco.
  4. Remover con una cuchara de bar durante unos segundos, hasta alcanzar una buena temperatura y dilución.
  5. Colar la preparación y servir en la copa previamente enfriada.
  6. Expresar los aceites esenciales de una piel de limón sobre la superficie del cóctel o decorar con una aceituna verde.

El resultado debe ser un cóctel frío, transparente, equilibrado y de marcada presencia alcohólica.


La técnica: ¿batido o refrescado?

Una de las discusiones más conocidas alrededor del Martini tiene que ver con su preparación: ¿se debe batir o refrescar?
En su versión clásica, el Dry Martini se prepara en vaso mezclador, removiendo los ingredientes con hielo. Esta técnica permite enfriar la bebida y lograr una dilución controlada, conservando su aspecto limpio y transparente.
El batido en coctelera incorpora mayor aireación y puede generar pequeñas partículas de hielo, modificando la textura y la apariencia del cóctel.

La famosa frase «shaken, not stirred», popularizada por James Bond, contribuyó a instalar esta discusión en la cultura popular. Sin embargo, el personaje cinematográfico hizo célebre una preferencia que no representa el método clásico de elaboración del Dry Martini.


La copa y la decoración

La presentación forma parte de la identidad de este cóctel.

Tradicionalmente se sirve en una copa de Martini, de pie largo y cáliz cónico. Es importante que esté bien fría para conservar la temperatura de la bebida durante el servicio.
En cuanto a la decoración, existen dos opciones clásicas:

  • Aceituna verde: aporta un carácter salino y una nota particular al conjunto.
  • Piel de limón: sus aceites esenciales suman una expresión cítrica y aromática.

La elección dependerá del perfil que se quiera destacar.


Un cóctel, distintas interpretaciones

A lo largo de su historia, el Martini dio lugar a numerosas variantes que modifican alguno de sus ingredientes o proporciones.
Entre las más conocidas encontramos:

Vodka Martini: reemplaza el gin por vodka, manteniendo el vermut seco como acompañante.

Dirty Martini: incorpora salmuera de aceitunas, que aporta un carácter salino y modifica el perfil del cóctel.

Gibson: conserva la base de gin y vermut seco, pero se distingue por su decoración con una cebollita encurtida en lugar de la aceituna o el limón.

Estas versiones demuestran la capacidad de adaptación de un clásico que continúa presente en las barras de todo el mundo.


El Dry Martini en la cultura popular

El Martini construyó su lugar fuera de las barras. Su presencia en el cine, la literatura y la cultura popular contribuyó a convertirlo en un símbolo reconocible.
A lo largo de las décadas, el cóctel quedó asociado a la sofisticación de los bares de hotel, los encuentros sociales y la tradición de la coctelería internacional.

Más que un cóctel, el Dry Martini es un clásico que atraviesa generaciones y conserva intacto su lugar en la historia de la coctelería.