Pedro Rosell: un maestro de los vinos espumantes

Foto: Bodega Cruzat

Enólogo, ingeniero agrónomo, docente y uno de los grandes referentes de los vinos espumantes argentinos, Pedro Rosell dedicó más de seis décadas al vino. Pero su legado no está solamente en las botellas que elaboró: también está en todo lo que enseñó.


Hay personas que uno recuerda por todo lo que saben y otras que, además, recuerda por su manera de enseñar. Pedro Rosell pertenecía a ese segundo grupo. Tuve la oportunidad de escucharlo varias veces conversar sobre vinos espumantes y siempre me llamó especialmente la atención su manera de transmitir el conocimiento. Era profundamente técnico, sin embargo lograba explicar temas complejos con una claridad extraordinaria.

Pedro Rosell falleció el 24 de septiembre de 2026, a los 90 años. Con él se va uno de los grandes referentes de los vinos espumantes de la Argentina, un profesional cuya trayectoria atravesó más de seis décadas de nuestra vitivinicultura.


Una vida dedicada al conocimiento

Nacido en Mendoza en 1936, Rosell creció en una familia vinculada al vino. Su padre tenía una destilería y, según contó años más tarde, su curiosidad por la elaboración comenzó siendo muy pequeño. En una fiesta de fin de año, después de beber todo lo que había quedado en las copas, terminó emborrachándose. Su padre, lejos de alejarlo de ese universo, le compró un pequeño equipo de destilación de juguete.
A partir de entonces comenzó a experimentar. Destilaba vino y elaboraba un aguardiente con cáscara rallada de naranja amarga, inspirado en el Cointreau, que compartía con sus amigos en pequeños dedales. La anécdota tiene algo de juego infantil, aunque revela una curiosidad temprana por descubrir qué podía hacerse con una bebida y cómo podía transformarse.
Ese interés se convertiría con los años en una profunda vocación profesional. Rosell se formó como enólogo y posteriormente se graduó como ingeniero agrónomo en la Universidad Nacional de Cuyo. Su vínculo con la universidad no terminó con sus estudios. Participó en las cátedras de Química Orgánica y Biológica y de Microbiología de la Facultad de Ciencias Agrarias. La docencia sería una constante a lo largo de su vida profesional.

Más tarde viajó a Francia para perfeccionarse en enología. Allí estudió en Burdeos y tuvo como maestro a Émile Peynaud, una de las figuras fundamentales de la enología del siglo XX. Aquella experiencia fue decisiva y le permitió incorporar conocimientos y una mirada que luego trasladaría a su trabajo en la Argentina, basada en el rigor técnico, la observación, la precisión y el respeto por los tiempos de elaboración.


Cuando encontró su gran pasión

Los vinos espumantes ocuparon un lugar central en su carrera. A fines de la década de 1970 comenzó una etapa fundamental en Navarro Correas, donde trabajó en el desarrollo de espumantes y realizó ensayos con distintas variedades. Chardonnay y Pinot Noir fueron ganando protagonismo en su búsqueda de calidad.
En una entrevista publicada por La Nación en 2020, Rosell explicaba con enorme claridad cuestiones que muchas veces pueden resultar complejas para quienes se acercan al mundo de los espumantes: la segunda fermentación, las diferencias entre el método Charmat y el método tradicional, el licor de expedición, la crianza sobre borras y hasta la importancia de lavar correctamente una copa.

Esa capacidad de explicar formaba parte de su manera de entender el vino. Pedro no guardaba el conocimiento para sí: lo compartía, lo hacía accesible y encontraba en la enseñanza una forma de acercar a otros al mundo de los espumantes.


El maestro de las burbujas

Con el paso de los años, su nombre quedó asociado a algunos de los proyectos más importantes de la categoría en la Argentina. Fue asesor de distintas bodegas, participó en el desarrollo de Rosell Boher y, en 2004, fundó Bodega Cruzat junto con empresarios chilenos. El proyecto nació con una definición muy precisa: elaborar exclusivamente espumantes de alta gama mediante el método tradicional, con segunda fermentación en botella.

Cruzat se convirtió en una expresión de esa filosofía. La búsqueda del lugar adecuado, la elección de las variedades, el trabajo con las levaduras, los tiempos de crianza y la atención a cada detalle formaban parte de una concepción enológica que Rosell sostuvo durante años.


Entender un espumante para poder disfrutarlo

Hay algo que resulta especialmente interesante al volver hoy sobre sus palabras. Pedro podía expresarse sobre cuestiones profundamente técnicas y, pocos minutos después, estar explicando cómo disfrutar mejor una copa. En aquella entrevista de 2020 hablaba de la burbuja, de la temperatura de servicio, de las copas y de la relación entre el espumante y la comida. El conocimiento no aparecía como una barrera, sino como una herramienta para disfrutar más.

Y quizás esa sea una de las enseñanzas más valiosas que dejó. El conocimiento del vino no debería alejarnos del placer, sino acercarnos a él. Entender qué sucede dentro de una botella, cómo se elabora un espumante o por qué una determinada copa modifica nuestra percepción puede hacer que una copa sea todavía más interesante.


Una huella que permanece

Pedro Rosell perteneció a una generación que contribuyó a transformar la percepción y la calidad de los espumantes argentinos.
Para quienes tuvimos la oportunidad de escucharlo, despedir a Pedro Rosell es despedir a un gran maestro. Yo tuve la suerte de escucharlo varias veces charlar sobre espumantes y cada encuentro me dejaba algo nuevo. Su conocimiento era enorme, lo que más recuerdo es su manera de transmitirlo: clara, apasionada, precisa y profundamente pedagógica. todavía hoy, cuando les explico a mis alumnos cuáles son las condiciones que debe reunir la uva para elaborar un buen espumante, me acuerdo de él y de sus palabras. Se me eriza la piel y, al mismo tiempo, sonrío, como él lo hacía, con aquella sonrisa pícara que también forma parte de mi recuerdo.

Pedro Rosell hizo de los espumantes una especialidad y de la transmisión del conocimiento una parte esencial de su legado.
Desde Vinos y Pasiones, nuestro reconocimiento y profundo agradecimiento a un gran maestro del vino argentino, cuya pasión por enseñar y compartir el conocimiento seguirá dejando huella en quienes tuvimos la oportunidad de escucharlo y aprender de él.

José Alberto Zuccardi: A vision for argentine wine


José Alberto Zuccardi has been nominated for Wine Executive of the Year at the 2026 Wine Star Awards, one of the wine industry’s most recognized international awards, presented by Wine Enthusiast.
The Wine Star Awards celebrate individuals and organizations whose work has made a significant contribution to the world of wine. The winners will be honored at the annual gala in January 2027.
For Argentine wine, José Alberto Zuccardi’s nomination carries a particular significance.

When he joined his family’s business in 1963, Argentine wine was still largely unknown on the international stage. Over the years, he travelled extensively to share the story of Argentine wine and Malbec with the world, while working to strengthen the foundations of the country’s wine industry.
His vision has included investment in infrastructure, education, exports and, above all, a deeper understanding of Argentina’s vineyards and terroirs. His work has also accompanied the remarkable development of the Uco Valley, today one of Mendoza’s most internationally recognized wine regions.

José Alberto Zuccardi represents a generation that helped expand the presence of Argentine wine beyond its traditional boundaries. His name is also closely connected to the family’s philosophy of place and identity. The José Zuccardi wine, for example, reflects the family’s evolution toward wines that express the mountain landscapes and calcareous soils of the Uco Valley.
This approach is deeply rooted in the work of Familia Zuccardi, which has explored Mendoza’s diverse landscapes by studying differences in soils, elevations and microclimates. Rather than treating the Uco Valley as a single expression, the family has sought to understand its many identities and translate them into wine.
In this sense, José Alberto Zuccardi’s contribution goes beyond the recognition of Argentine wine abroad. It is also part of a broader movement toward understanding Argentina through its vineyards, celebrating diversity of terroir and encouraging future generations to continue asking what each place can express.

At Vinos y Pasiones, we celebrate this nomination as part of a larger story: the journey of Argentine wine onto the world stage, built over decades by people who believed in its potential.

Congratulations, José Alberto Zuccardi, and Familia Zuccardi.

Argentina has a story to tell through its wines. And it continues to be written.

Brotación: el renacer de la vid

Foto: Alejandro Vigil

Con la llegada de la primavera, la vid vuelve a mostrarnos uno de los momentos más visibles de su ciclo: la brotación. Es el renacer del ciclo anual, el momento en que la viña vuelve a latir.

Así la primavera se prende de la planta y ella retoma su ciclo anual.
En este proceso es importante que luego de la poda hayan quedado sólo los brotes que van a ser necesarios para de este modo evitar exceso de uvas y vegetación.
Las fechas de brotación tienen que ver con cada variedad de uva, puede variar y se dan en la primavera.

¿Qué es la brotación?

La brotación es ese instante mágico en primavera cuando, después de la poda, las yemas comenzaron a despertar y aparecen los primeros brotes. Es el punto de partida del crecimiento, el preludio de la floración y el fruto. Cada variedad de uva tiene su propio calendario: unas brotan antes, otras más tarde, dependiendo del frío, la altitud, el suelo y la ubicación geográfica.


Riesgos que acechan

Una de las mayores amenazas de esta etapa son las heladas primaverales que pueden convertirse en una amenaza para los viñedos de distintas regiones vitivinícolas del país. Además pueden extenderse hasta diciembre, y si los brotes están muy expuestos, pueden perderse flores, ramas o frutos enteros.
Cuando la viña está en pendiente, el aire frío se desplaza hacia abajo, lo que ayuda; los suelos más bajos suelen acumular aire frío, y eso puede ser un problema.

También hay que controlar el exceso de vegetación: si tras la poda quedaron demasiados brotes, la vid agota recursos, se reduce la calidad del fruto y aumenta el riesgo de enfermedades.


Técnicas de protección

El riesgo de las heladas es complejo, en muchos casos obliga a que enólogos/as, ingenieros agrónomos y personas encargadas de los viñedos a estar en alerta aún de madrugada.
Se suman noches sin dormir, por eso siempre es tan importante que cuando abras una botella de vino tengas en cuenta cuánto trabajo hay detrás de ella.
Hay diferentes métodos que se utilizan para combatir las heladas.

– Suelen colocarse «barreras» de aire, es decir árboles (en la Patagonia y otras regiones son muy comunes los álamos) ,arbustos o terraplenes.

– Se recomienda una poda que ubique los racimos a mayor altura del terreno esto es para proteger la vid, también que la misma se efectúe tardíamente para que la brotación se retrase.

– Riego por aspersión: por medio de aspersores se aplica una película de agua sobre las uvas que se congela y así el mismo hielo es el que protege a los frutos y a las hojas de temperaturas inferiores a los cero grados. Esta técnica tiene que tener cuidado cuando comenzar, cuando detenerla y la cantidad de agua a emplear.

– Riego de superficie: a veces se realiza un riego por inundación o “manto”, así el agua libera lentamente su calor al enfriarse, la contra es que si la helada se prolonga, se forma hielo. Si bien su costo es bajo puede traer enfermedades por humedad de las raíces.

– Calor: se brinda calor a través de calentadores, es decir tachos con carbón en las puntas de las hileras que se prenden y generan un microclima, se sube la temperatura del aire que rodea a las plantas.

Dedicamos esta entrada a quienes caminan y resguardan los viñedos de nuestra querida Argentina.

Te agradecemos que nos dejes comentarios y sugerencias para seguir mejorando.

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Pasta alla carbonara: Roma en un plato

Foto: Soulful Diary


Hay platos que parecen haber existido siempre. La pasta alla carbonara es uno de ellos.Sin embargo, detrás de ese plato cremoso, perfumado con pimienta y acompañado por el sabor intenso del guanciale y el queso, hay una historia bastante más reciente de lo que podríamos imaginar. Y también hay varias versiones sobre su origen.
La carbonara es romana, pero su nacimiento no está completamente documentado. Una de las teorías más difundidas la relaciona con los carbonari, los trabajadores que elaboraban carbón en los Apeninos, aunque no existen pruebas definitivas que permitan confirmar esta historia.

Otra hipótesis la vincula con los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando los soldados estadounidenses destinados en Italia tenían entre sus provisiones huevos y tocino. Según esta versión, esos ingredientes habrían inspirado a los cocineros romanos a crear un plato que terminó convirtiéndose en uno de los grandes clásicos de la cocina de Roma.

Lo cierto es que las primeras referencias escritas a la carbonara aparecen en Italia durante la década de 1950. Es decir, estamos ante una receta con una historia mucho más moderna de lo que su lugar en la tradición gastronómica italiana podría hacernos pensar.


¿Qué hace a una carbonara?

La receta tradicional es sorprendentemente sencilla. Pasta, guanciale, huevo, queso y pimienta negra.
A partir de aquí aparecen las distintas versiones de la carbonara. El queso, el corte de cerdo y hasta la proporción entre yemas y huevo entero pueden variar. Y en esas pequeñas diferencias también se cuenta la historia de un plato que salió de Roma para convertirse en un clásico de la cocina italiana.

¿Por qué se llama carbonara?

Aquí aparecen distintas explicaciones.
Una sostiene que el nombre estaría relacionado con los carbonari. Otra lo vincula con la abundante pimienta negra que lleva la preparación, cuyo aspecto podría recordar al carbón.
Sea cual sea el verdadero origen, la pimienta es hoy parte fundamental de su identidad.
Y quizás ahí esté una de las claves de este plato: la carbonara no necesita muchos ingredientes para construir una enorme personalidad.


Ingredientes | 2 personas

– 75 g de guanciale
– 200 g de spaghetti o rigatoni
– 2 yemas de huevo
– 50 g de Pecorino Romano, finamente rallado
– Pimienta negra recién molida,
– Sal, para el agua de cocción


Preparación

1. Dorar el guanciale. Cortar el guanciale en tiras o pequeños bastones. Colocarlo en una sartén fría y llevarlo a fuego medio-bajo. Cocinar lentamente para que vaya liberando su grasa y se dore hasta quedar crocante por fuera. Retirar del fuego y reservar.
2. Preparar la mezcla de huevo y queso.En un bowl, colocar las dos yemas, incorporar el Pecorino Romano rallado y abundante pimienta negra recién molida. Mezclar hasta obtener una preparación espesa y homogénea.
3. Cocinar la pasta. Hervir la pasta en abundante agua con sal y cocinarla hasta que esté al dente. Antes de escurrirla, reservar una taza del agua de cocción. Su almidón será fundamental para conseguir la textura de la salsa.
4. Unir los ingredientes. Incorporar la pasta caliente a la sartén con la grasa del guanciale y mezclar bien. Retirar la sartén del fuego y dejar que baje ligeramente la temperatura.
5. Agregar la mezcla de yemas y Pecorino y revolver enérgicamente. Incorporar de a poco el agua de cocción, mezclando hasta obtener una salsa cremosa, brillante y bien ligada.
6. Terminar y servir. Sumar el guanciale crocante y mezclar nuevamente. Servir inmediatamente con un poco más de Pecorino Romano y pimienta negra recién molida

Nota: la textura de la Carbonara se consigue gracias a la emulsión entre las yemas, el queso, la grasa del guanciale y el agua de cocción de la pasta. La temperatura y el movimiento son fundamentales para lograr esa salsa sedosa que abraza la pasta.

Si no conseguís guanciale, podés reemplazarlo por panceta, aunque el sabor no será exactamente el mismo. Y si no tenés Pecorino Romano, podé s utilizar Parmigiano Reggiano o Grana Padano. Son alternativas que permiten preparar una muy buena carbonara, aunque la versión tradicional romana utiliza guanciale y Pecorino Romano.

A la hora de maridar, podemos elegir un blanco, un rosado o incluso un tinto joven y frutado. La clave está en buscar frescura y equilibrio para acompañar la untuosidad de la carbonara.


El Mionetto Prosecco DOC Treviso Brut, elaborado
con la uva Glera, presenta una expresión fresca y frutal,
con notas que recuerdan a manzana golden Delicious,
además de delicadas notas florales.
Su burbuja y su acidez aportan una sensación refrescante
que resulta muy bien frente a la untuosidad de la pasta.
Las burbujas ayudan a limpiar el paladar después de cada
bocado, mientras que el carácter seco del Brut acompaña
la intensidad del queso y el guanciale sin sumar pesadez.

Temperatura de servicio: frío, entre 6 y 8 °C.

Susana Balbo Signature Rosé
De Susana Balbo Wines, elaborado con
60% Malbec y 40% Pinot Noir provenientes del
Valle de Uco, combina frescura, acidez y fruta.
En boca aparecen notas frutillas, con una acidez
jugosa y una estructura que le permite acompañar
diferentes comidas.
En este caso, la fruta del vino encuentra un buen contrapunto en el carácter salado del guanciale y del Pecorino, mientras que su acidez ayuda a
equilibrar la untuosidad de la preparación.
Es un rosado que resulta un muy buen acuerdo.
Temperatura de servicio. Entre 9°C y 12°C

Domaine Bousquet presenta Natural Origins Bag in Box


En el mes de Septiembre, Domaine Bousquet invita a brindar por la llegada de la Primavera con su Natural Origins Rosé Orgánico 2026, un vino rosado, fresco y frutal, que se presenta en formato Bag in Box. Un envase de 3 litros, ideal para festejos, picnics, o disfrutar de un vino copa a copa, durante por lo menos dos meses, sin que su contenido pierda sus cualidades.

Con la línea Natural Origins, Domaine Bousquet brinda una nueva opción de consumo de su vino orgánico en Bag in Box, un sistema de envasado innovador y versátil que ofrece una alternativa eficiente, sostenible y más económica que las botellas tradicionales. Se trata de una caja que en su interior contiene una bolsa de características especiales con una capacidad de 3 litros, equivalente a 4 botellas de 750 cc. La bolsa posee un grifo dosificador y se contrae a medida que se consume su contenido, sin permitir que entre aire almacenando el vino al vacío evitando la oxidación y conservando sus cualidades entre 6 y 10 semanas una vez abierto. Un formato ideal para grandes encuentros, salidas al aire libre o disfrutar de a poco en copa, lo que lo convierte en una opción perfecta para el canal gastronómico.

“Queremos ofrecer todos nuestros vinos Bousquet Orgánico, la línea de entrada de la bodega, en Bag in Box. Para Domaine Bousquet es una buena noticia saber que es un envase que, gracias a todo el desarrollo tecnológico en cuanto a llenadoras y bolsas por ejemplo, el vino orgánico se mantiene muy bien”, explica Rodrigo Serrano Alou, enólogo de la Domaine Bousquet.

“Este rosado es un corte interesante con 50% Pinot Noir, 30% Syrah, 20% Pinot Grigio. La intención es seguir ofreciendo un Rosé al estilo de la Provence en Argentina. El Pinot Noir le aporta volumen en boca; el Syrah mucha fluidez en boca y fruta roja en nariz; y por último, el Pinot Gris es una combinación de fruta blanca, tiene mucha pera, y la boca tiene algo de crema que lo hace atractivo. Entre los tres logramos un corte fluido, fresco, con identidad y a su vez no es un vino liviano”, describe el enólogo.”Tiene distintas particularidades que lo hace único y fácil de identificar. Es bebible en todo momento, para disfrutar al aire libre, en aperitivos. Me gusta mucho con quesos y con tapitas frías”, sugiere.

Natural Origins Orgánico es la línea de envase Bag in Box de Domaine Bousquet. Está compuesta por Malbec, Cabernet Sauvignon, Chardonnay y Rosé. Son vinos elaborados con una combinación de uvas provenientes de viñedos propios y de productores orgánicos seleccionados del Valle de Uco. La amplitud térmica de la zona, con importantes variaciones de temperatura entre el día y la noche, permite que las uvas logren una excelente madurez y, al mismo tiempo, una jugosidad que invita a beber una segunda copa. Los vinos Natural Origins Orgánicos se elaboran sin crianza en roble, una tendencia que busca preservar la fruta y lograr vinos amigables y fáciles de disfrutar.

Natural Origins Rosé Orgánico 2026 lo encontrás en vinotecas y se puede adquirir en la tienda online de la bodega.


Sobre Domaine Bousquet

Domaine Bousquet es el legado de una larga y prestigiosa historia que lleva el apellido Bousquet. Una familia de cuatro generaciones de tradición vitivinícola, proveniente de la región de Carcassonne, al sur de Francia. La bodega nació en el año 1997, cuando la familia adquirió 240 hectáreas de tierras vírgenes en Gualtallary, Tupungato, Valle de Uco, actualmente considerado uno de los mejores terruños mendocinos.

Desde su origen, los viñedos de Domaine Bousquet han sido tratados de forma orgánica y actualmente reciben prácticas regenerativas y biodinámicas. El principal objetivo de la familia Bousquet es el de combinar las técnicas de elaboración francesas, con el clima y terroir excepcionales de la región. La filosofía de trabajo se enfoca en la preservación de la alta calidad de las uvas; por esa razón el manejo delicado del viñedo es el principio que rige a la bodega.

Los viñedos cultivados orgánicamente dan como resultado fruta de mayor concentración, permitiendo que el terroir se exprese de manera asombrosa. La enología está a cargo de Rodrigo Serrano Alou.


Natural Origins Rosé Orgánico 2026

Ficha Técnica

Añada: 2026

Varietal: 50% Pinot Noir, 30% Syrah, 20% Pinot Grigio

Viñedos: Ubicados a 1200 metros sobre el nivel del mar en Valle de Uco. Las condiciones secas, los suelos arenosos resistentes a la filoxera, las brisas andinas y la amplia amplitud térmica crean un entorno ideal para la viticultura orgánica. El riego con agua proveniente del deshielo de los Andes y las raíces profundas de las vides cultivadas orgánicamente contribuyen a viñedos saludables y a vinos que expresan auténticamente su terroir.

Suelo: Franco Arenoso.

Elaboración: Las uvas, provenientes del Valle de Uco, se cosechan temprano por la mañana para preservar la frescura de la fruta. Luego fermentan en tanques de acero inoxidable con levaduras seleccionadas a una temperatura máxima de 15 °C durante 20 días. No tiene crianza en roble, lo que permite resaltar la fruta y la expresión varietal del vino.

Datos Técnicos:

Alcohol: 12%

Azúcar Residual 1,3g/l

Acidez Total: 5,77 g/l

pH: 3,29

Notas de Cata: Rosa pálido y bastante cristalino. Aromas de fresas y frutos rojos con notas de ralladura de naranja. Vivo con acidez fresca y paladar afrutado.

Maridaje y servicio: Marida perfectamente con aperitivos, pollo y pasta o como aperitivo. Servir a 10°C.