Foto: Food & Wine
En la cocina costera de Francia, hay platos que destacan por su simplicidad, frescura y elegancia, y los mejillones al vino blanco son un ejemplo perfecto. Conocidos como Moules Marinières, este plato tiene raíces en las regiones del norte de Francia y Bélgica, donde los mejillones se recolectaban directamente del mar y se cocinaban al instante para aprovechar su frescura.
La receta tradicional se prepara con mejillones frescos, un buen vino blanco, ajo, cebolla y hierbas, ingredientes que potencian el sabor natural del marisco sin enmascararlo. El resultado es un plato profundamente aromático, ligero y reconfortante, que celebra la calidad del producto y la cocina sin artificios.
Históricamente, los Moules Marinières eran una comida de pescadores, sencilla y rápida de preparar, que luego se fue incorporando a la gastronomía urbana de Francia. Hoy en día, se sirve tanto en brasseries tradicionales como en restaurantes modernos, y se acompaña casi siempre con papas fritas, pan crocante o baguette para aprovechar cada gota del sabroso jugo de cocción.
Y, por supuesto, una copa de vino blanco acompaña a la perfección: en Francia un Sancerre o un Muscadet realzan la mineralidad y frescura del plato, mientras que en Argentina un Torrontés aporta aromas florales y frutales que juegan con la delicadeza de los mejillones, creando un maridaje que es tanto historia como placer contemporáneo.
Ingredientes
1 kg de mejillones frescos (con cáscara)
100 ml de vino blanco seco (aprox. ½ copa grande)
1 cebolla pequeña o 1 echalote, picada finamente
2 dientes de ajo, picados
1 cucharada de manteca
1 cucharada de aceite de oliva
Perejil fresco picado, al gusto
Pimienta negra, al gusto
Nota: los mejillones pierden agua al cocinarse,así que 1kg alcanza para dospersonas como plato principal
Preparación
- Limpiar los mejillones: retirar barbas, limpiar bien la cáscara y desechar los que estén abiertos y no se cierren al golpearlos suavemente.
- En una olla amplia, calentar la manteca y el aceite de oliva y rehogar la cebolla y el ajo hasta que estén transparentes.
- Agregar los mejillones y verter el vino blanco.
- Tapar y cocinar a fuego medio-alto durante 4–5 minutos, hasta que los mejillones se abran. Desechar los que no se abran.
- Espolvorear perejil fresco y pimienta negra al gusto. Mezclar suavemente.
- Servir rápidamente, con pan crocante para mojar en el jugo.
Para disfrutar plenamente de los Moules Marinières, nada mejor que acompañarlos con un vino blanco que resalte su frescura y sabor marino. Tanto un Sancerre francés, con su mineralidad y elegancia, como un Torrontés argentino, con su perfil aromático y floral, son opciones que elevan la experiencia, haciendo de cada bocado y sorbo un verdadero placer.
Sancerre Domaine François Cotat – Les Monts Damnés
Domaine François Cotat
Sancerre, Valle del Loira – Francia
Este Sancerre es un vino seco, profundo y elegante,
elaborado 100 % con Sauvignon Blanc de viñedos
antiguos situados en el prestigioso y legendario sitio
“Les Monts Damnés”.
En nariz es complejo, con notas florales, cítricos maduros
y fruta blanca, junto a una mineralidad marcada por el
suelo de las “terres blanches”.En boca es suave y fresco
al inicio, con un cuerpo vibrante, acidez bien integrada
y una salinidad y tensión mineral.
Colomé Torrontés de la Bodega Colomé
Del Alto Valle Calchaquí, Salta, Argentina
Este Torrontés expresa todo lo que amamos de esta
variedadargentina: aromas florales a jazmín y notas
cítricas, que aportan un perfil perfumado y fresco.
En boca aparece fresco, redondo y de buen cuerpo, con
una sensación equilibrada y un final largo que lo hace
muy agradable de beber.
Es un vino que va de maravilla con mariscos: lo
aromático, las notas florales y la acidez refrescante
realzan el sabor de los mejillones.
Un cariñoso saludo a María, con quien tuve la alegría de disfrutar este plato varias veces en París. Recuerdo especialmente esos momentos compartidos alrededor de una mesa, agradecidas por la simpleza y el encanto de la cocina francesa. Y, si la memoria no me falla, también en Deauville, donde los mejillones saben aún más a mar y a felicidad.
Porque al final, de eso se trata la gastronomía: de platos sencillos que se vuelven memorables cuando se comparten, y de vinos que acompañan momentos que quedan para siempre en la memoria.








