Día del Padre: tres vinos para celebrar, regalar y compartir


Andeluna Altitud Cabernet Franc
De la Bodega Andeluna. Un Cabernet Franc que expresa
la frescura de la altura yuna identidad muy marcada. De
color intenso con matices bordó-violáceos.
En nariz presenta una expresión compleja, con notas de
pimientos variados y especias que aportan tipicidad varietal.
En boca se destaca por su textura tersa y a la vez voluminosa,
con un final persistente.
Se recomienda servir a 16 °C.
Un vino que acompaña sin imponerse,
ideal para una mesa relajada y compartida.

Domaine Bousquet Ameri Red Blend
Un blend de carácter intenso, con presencia y estructura.
Su perfil es profundo y envolvente, pensado para
quienes disfrutan de vinos con personalidad y definición.
La filosofía de Domaine Bousquet se basa en el cultivo ecológico
y la agricultura sustentable. El viñedo se caracteriza por un clima
con fuertes amplitudes térmicas, favoreciendo una madurez óptima
y buena acidez en las uvas.
Los suelos son arenosos a franco arenosos, muy permeables,
lo que aporta un perfil austero y mineral.
Un tinto que invita a una comida más contundente o a
una sobremesa sin apuro.


Susana Balbo BenMarco Expresivo 2022
De Susana Balbo Wines. Un vino que busca expresar identidad
varietal con elegancia y equilibrio.
Este vino proviene de Gualtallary, en el corazón del Valle de
Uco, a unos 1.300 metros de altura promedio. Es un terroir
de suelos aluvionales arenosos con presencia de limo y
componentes calcáreos, apoyados sobre gravas de origen terciario.
Se trata de suelos pobres en materia orgánica y con excelente drenaje,
lo que obliga a la vid a profundizar sus raíces en busca de nutrientes,
aportando concentración y carácter a la uva. El perfil del terreno
combina una fina capa superficial de material orgánico, seguida
por distintos niveles de piedras aluviales, carbonatos de calcio
y arenas en profundidad.

Antigal en modo mundial


Antigal Winery & Estates se pone la camiseta argentina y presenta Antigal Fan Experience, una propuesta pensada para disfrutar los partidos de la Selección en el entorno único de la bodega, combinando la pasión por el fútbol con la gastronomía, el vino y la hospitalidad mendocina.

La experiencia tendrá lugar los días 16 y 27 de junio a las 21 hs., e invita a vivir cada encuentro en un clima distendido, ideal para compartir entre amigos, colegas o amantes del fútbol que buscan una manera diferente de alentar a Argentina.

La propuesta incluye tour por la bodegacopa de bienvenida y Menú Relax, acompañado por una botella de vino cada dos personas. Una alternativa descontracturada y de calidad, creada para disfrutar el partido con sabores pensados para compartir y el sello distintivo de Antigal.

Además, la experiencia ofrece la posibilidad de sumar un Kit Vermut de regalo, que incluye el nuevo Vermut Rosso “Alma de Montaña”. Una invitación a llevarse un recuerdo de la celebración y a extender, en cada brindis, el espíritu de Antigal más allá del partido.

Con cupos limitados, Antigal Fan Experience propone vivir el fútbol desde otro lugar: entre viñedos, copas y buena compañía, en el corazón de Maipú.

Para reservas y más información, comunicarse al +54 9 2613 62-4086

Acerca de Antigal Winery & Estates

Antigal es una de las bodegas más antiguas de Argentina. Fundada en 1897, en Maipú -primera zona vitivinícola de Mendoza a los pies de la Cordillera de los Andes-, sus principales viñedos están ubicados en Valle de Uco, en Gualtallary y La Arboleda. 

El casco histórico de finales del siglo XIX fue completamente renovado cambiando una elaboración de vino a granel por alta gama. La búsqueda de la excelencia es el motor que impulsa el éxito de la bodega. En todos los niveles, Antigal crea vinos de gran calidad y equilibrados que expresan la esencia del terruño mendocino.  

Con sus vinos distribuidos por todo el mundo, UNO Malbec está en el top 10 de malbecs argentinos más vendidos en Estados Unidos.

En el 2023, ganó Wine Star Awards como la Mejor Bodega del Nuevo Mundo por la prestigiosa revista norteamericana Wine Enthusiast.

Su inconfundible etiqueta metálica con el número 1 ha sido premiada mundialmente por su elegancia y originalidad.

Uruguay y sus regiones del vino


Uruguay presenta un clima claramente atlántico, húmedo y templado, que condiciona de manera directa tanto el trabajo en el viñedo como el estilo de sus vinos. A diferencia de otras regiones vitivinícolas de Sudamérica con mayor continentalidad y amplitud térmica, el país se caracteriza por una fuerte influencia oceánica que atraviesa todo su territorio productivo.

La cercanía al Océano Atlántico es uno de los factores climáticos más determinantes. Esta importancia marítima se manifiesta en una alta humedad relativa durante gran parte del año, en la presencia constante de brisas que recorren los viñedos y en una menor amplitud térmica entre el día y la noche. Estas condiciones generan un entorno más estable en términos de temperaturas, aunque implican mayores desafíos sanitarios en el manejo de la vid, debido a una mayor presión de enfermedades fúngicas.

Las precipitaciones en Uruguay son abundantes y se distribuyen de manera relativamente pareja a lo largo del año, sin una estación seca marcada. Este régimen de lluvias tiene un impacto directo en la vitivinicultura, ya que dificulta la concentración natural de azúcares en la uva y exige un trabajo técnico más preciso en el viñedo. Como consecuencia, los vinos suelen expresar un perfil más fresco, con graduaciones alcohólicas moderadas y una marcada tensión natural.
En cuanto a las temperaturas, el clima es templado húmedo, sin extremos pronunciados. Los veranos son cálidos aunque moderados, mientras que los inviernos resultan suaves en la mayor parte de las regiones productivas. Lo cual, favorece una maduración más lenta y progresiva de la uva, y contribuye a preservar la acidez natural y a desarrollar perfiles aromáticos más definidos y equilibrados.
El viento cumple un rol fundamental dentro de este sistema climático. Su presencia constante reduce la incidencia de hongos y contribuye a mantener el equilibrio sanitario del viñedo.

Como resultado de estas condiciones, los vinos uruguayos suelen caracterizarse por su frescura, su acidez natural bien integrada y sus perfiles frutados expresivos. En el caso de la Tannat, la variedad emblemática del país, el clima contribuye a expresar taninos más redondeados y una estructura menos extrema que en su lugar de origen. En términos generales, el estilo uruguayo se orienta más al equilibrio y a la tensión natural que a la potencia concentrada.
En definitiva, el mar atlántico define una identidad donde la frescura, la elegancia y el equilibrio se convierten en los rasgos dominantes de sus vinos.

Historia de la vitivinicultura uruguaya


La vitivinicultura en Uruguay tiene sus orígenes en sueños de migrantes vascos-franceses, italianos, españoles, alemanes, arribaron a Uruguay a partir de la segunda mitad del S XIX con el ánimo de empezar una nueva vida y una forma de autosustentarse. Con ese espíritu algunos optaron por trabajar la tierra e introdujeron distintas cepas de vid que dieron nacimiento a un país vitivinícola diverso. Fruto de su labor y arte transformaron la uva en el milagro del vino.
El gran punto de inflexión llega con la llegada del enólogo español Francisco Vidiella y, posteriormente, con la figura clave de Don Pascual Harriague, considerado uno de los padres de la vitivinicultura uruguaya. Harriague introdujo y difundió la variedad Tannat, que con el tiempo se convirtió en la cepa insignia del país. Su adaptación al terroir uruguayo fue tan notable que terminó definiendo gran parte de la identidad vitivinícola nacional.

Durante el siglo XX, la actividad se expandió principalmente en manos de pequeñas y medianas bodegas familiares, orientadas al mercado interno. Recién hacia finales del siglo XX y comienzos del XXI, la vitivinicultura uruguaya inicia un proceso de modernización técnica, con mayor foco en calidad, manejo del viñedo y proyección internacional, consolidando su posicionamiento en el mapa vitivinícola sudamericano.


Clasificación del vino

La vitivinicultura uruguaya se encuentra regulada por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INAVI), organismo encargado de velar por la calidad y el origen de los vinos del país. Dentro de su sistema de clasificación, se distinguen los Vinos de Calidad Preferente (VCP), elaborados exclusivamente a partir de uvas Vitis vinifera y considerados la categoría de mayor calidad, y los vinos destinados al consumo cotidiano.
Más allá de esta clasificación oficial, Uruguay ha puesto un creciente énfasis en la valorización del origen a través de las indicaciones geográficas. que cumplen un papel fundamental en la construcción de la identidad de sus vinos.
Estas permiten asociar cada vino a un territorio específico, reconociendo la incidencia de factores como el clima, los suelos y las tradiciones vitivinícolas locales. De esta manera, el origen se convierte en una herramienta clave para comprender la diversidad de estilos que ofrece el país y las particularidades de cada región productora.
La identidad de las regiones vitivinícolas se ha construido gracias al trabajo de sus productores y al reconocimiento alcanzado por la calidad y el estilo de sus vinos. Funcionan como una herramienta de diferenciación y comunicación, y como una forma de expresar la diversidad de un territorio que, si bien posee un tamaño relativamente pequeño, ofrece una notable riqueza de paisajes y perfiles enológicos.

Hay que destacar que el concepto de terroir ha cobrado una importancia creciente, impulsando el reconocimiento de zonas con características propias y fortaleciendo la identidad de la vitivinicultura uruguaya. A ello se suma el protagonismo de variedades como la Tannat, considerado la cepa emblemática del país, junto con otras variedades.

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Sopa de pescado casera: receta fácil y maridajes ideales


Hay recetas que no pasan de moda, solo esperan el momento justo para volver a la mesa.
Esta sopa de pescado es una de ellas: simple, reconfortante y profundamente ligada a esos días en que el cuerpo pide calor, mar y cocina casera.
Desde el archivo de Vinos y Pasiones, la recuperamos hoy con la misma intención con la que fue pensada: disfrutar sin complicaciones y maridar la vida cotidiana con buenos sabores.

Ingredientes
– 300 gr. pescado blanco en filetes (merluza, lenguado o mero)
– 1 cebolla
– 1 tomate maduro
– 1 dientes de ajo
– perejil picado
– aceite de oliva virgen
– pimienta si es blanca mejor sino pimienta negra
– sal
– 1/2 vaso de vino blanco
– agua o caldo c/n

Preparación
1- Picá la cebolla y el ajo bien pequeños, salpimentá.
2- En una sarten caliente con aceite de oliva salteá la cebolla y el ajo.
3- Agregá el pescado en trozos (no importa si son grandes, porque después lo vas a procesar) , incorporá el  tomate y corregí la sal si fuera necesario, incorporá el vino y dejá evaporar.
4- Cociná por 10 minutos.
5- Procesá con la minipimer o procesadora.
6- De acuerdo a cómo quieras la sopa, si más espesa o líquida le
agregás agua o caldo.
7- Rectificá el condimento, emplatá y decorá con perejil o croutones.

Adrianna Vineyard “White Stones” Chardonnay
De la Bodega Catena Zapata
Este Chardonnay de altura proviene del reconocido
viñedo Adrianna, en el Valle de Uco, una de las zonas
más prestigiosas de la Argentina para blancos de gran precisión.
En nariz combina notas de cítricos como lima y pomelo, frutas
blancas y flores delicadas, junto con sutiles aportes de su paso
por madera, que suman vainilla y leves notas cremosas sin
perder protagonismo de la fruta.En boca es elegante y tenso,
con una acidez muy bien integrada y una textura envolvente.
Su final es largo, fresco y levemente salino, lo que refuerza
su carácter gastronómico.

Oldvineyard

Otro muy buen acuerdo podría ser con un rosado de
la Patagonia. De la Bodega Humberto Canale, el
Old Vineyard Rosé de Pinot Noir.
La Pinot Noir es una de las cepas insignias de la región, de viñedos más antiguos de la Patagonia. Vino fresco y delicado.
Es un homenaje a la nieta Sol de Guillermo Barzi. Es un vino que nace de estacas reproducidas de los viñedos de Pinot Noir que datan de 1969. Los plantines crecieron bajo la plenitud del sol patagónico y en suelos calcáreos aluvionales de los valles de Rio Negro madurando con lentitud y firmeza.
Temperatura de servicio, fresco recordá de 7 a 9 grados.



«Una comida bien preparada tiene sabores delicados, que hay que retener en la boca para apreciarlos.»
Tennesse Williams



Gracias por acompañarnos en este viaje de sabores.
Nos leemos pronto en Vinos y Pasiones.

Tupac Guantay: viajar para descubrir los sabores del territorio


Chef, comunicador y viajero incansable, Tupac Guantay recorre la Argentina para descubrir las historias y los sabores que dan identidad a cada territorio. En esta entrevista comparte sus raíces cafayateñas y su mirada sobre la riqueza gastronómica del país.


Tupac Guantay es chef, comunicador y un apasionado narrador de las historias que se esconden detrás de cada plato. Nacido en Cafayate, en el corazón de los Valles Calchaquíes salteños, lleva en su identidad la riqueza cultural, gastronómica y vitivinícola del norte argentino, una región donde la comida es también memoria, territorio y tradición.

Muchos lo conocimos a través de sus trabajos en televisión y especialmente por sus recorridos para El Gourmet, donde tuvo la oportunidad de viajar por gran parte de la Argentina descubriendo cocinas regionales, productores, cocineros, artesanos y sabores que reflejan la diversidad de nuestro país. En cada destino supo ir más allá de las recetas para contar las historias de las personas que mantienen vivas las tradiciones y construyen la identidad gastronómica argentina.

Su mirada integra tres mundos que pocas veces aparecen unidos con tanta naturalidad: la gastronomía, el vino y el turismo. Por eso, conversar con Tupac es también emprender un viaje por los paisajes, los productos y las culturas que dan forma a la mesa argentina.

En esta entrevista nos comparte recuerdos de su Cafayate natal, reflexiones sobre los sabores que merecen mayor reconocimiento y algunas de las experiencias que más lo marcaron durante sus recorridos por el país.

«El territorio no es solo el fondo de la escena, sino el ingrediente principal.»

Cafayate es reconocido por sus vinos, pero ¿qué otros productos, ingredientes o tradiciones gastronómicas creés que merecen una mayor visibilidad?

El maíz, sin dudas. Es un ingrediente central en toda la cocina del noroeste y todavía no tiene el reconocimiento que merece fuera de la región.
Y después hay todo un universo de bebidas fermentadas ancestrales que están casi invisibilizadas: la aloja o la chicha, que se hace con algarroba o con maíz; la añapa, una bebida fría de algarroba dulce que se toma en verano y que para mí es uno de los sabores más puros del NOA.

Son preparaciones con siglos de historia que sobreviven en las comunidades pero que casi no aparecen en los circuitos gastronómicos formales. Merecen estar en la conversación y merecen respeto.


Después de recorrer tantas regiones del país, ¿qué descubriste sobre la identidad gastronómica argentina que más te sorprendió?

Que no existe una sola identidad sino muchas, y que eso es exactamente la riqueza.
Recorrí el país de punta a punta y en cada lugar encontré algo que me sacudió. En el norte, una señora en los Valles Calchaquíes preparando el mejor locro que probé en mi vida, sin ser chef, sin concepto, solo memoria y producto. En la Patagonia, un pescador de mejillones en el sur del Atlántico que me explicó cómo el agua fría y las corrientes cambian completamente el sabor del producto, con una precisión que cualquier profesional envidiaría.

En el Litoral, la cocina del río: el surubí, el pacú y las hierbas del monte que casi nadie conoce fuera de esa región. En Cuyo, los productores de aceite de oliva y los secaderos de tomates y pimientos que trabajan con el sol seco de la cordillera exactamente igual que hace generaciones. Y en el centro, la cocina de campo, el asado como ritual social y no como técnica, donde lo importante no es el corte sino quién está alrededor del fuego.

Lo que más me sorprendió es la vigencia de todo eso en lugares donde nadie los está mirando. El gran desafío de la gastronomía argentina es aprender a poner en valor esas cocinas sin folclorizarlas ni vaciarlas de sentido.


¿Hay algún productor, cocinero o historia que te haya marcado especialmente durante tus viajes? ¿Por qué?

Sería injusto nombrar uno solo, porque en cada lugar que visité encontré algo que me dejó una marca.
Lo que sí puedo decir es que en todos ellos hay un denominador común: el intercambio de saberes entre generaciones que se replica, que no se corta.

Una abuela que le enseña a su nieta cómo secar el pimiento al sol en los Valles Calchaquíes. Un pescador del sur que le explica a su hijo en qué momento del año los mejillones están en su punto. Un productor de aceite de oliva en Mendoza que aprendió a leer el olivo mirando a su padre.
Esa transmisión silenciosa, sin libros ni escuelas de cocina, es para mí la forma más sofisticada de gastronomía que existe. Me cambió la manera de pensar la cocina de autor y me enseñó que la humildad frente al ingrediente es el primer paso de cualquier receta.


Si tuvieras que invitar a alguien a conocer Argentina a través de cinco sabores, ¿cuáles elegirías?

Norte: un locro norteño bien hecho, con maíz blanco, cuero de cerdo y las especias del valle. El plato que más nos define como pueblo.

Sur: una buena centolla, langostinos o mejillones patagónicos, con el frío del Atlántico todavía encima. Un sabor que te recuerda que Argentina también es mar y viento sur.

Este: el surubí del Litoral, a la parrilla o en escabeche, con yuyos del monte y limón. Una cocina de río que merece mucho más protagonismo del que tiene.

Oeste: aceite de oliva de Cuyo, en su punto exacto de cosecha temprana, con pan. Simple y perfecto. El sol seco de la cordillera en una botella.

Y el que los une a todos: un buen mate cocido con yuyos del monte, preparado por alguien que sabe. No es un plato, no es un vino, pero es el sabor más argentino que existe. El único que cruza todas las geografías y todas las mesas.