La importancia del terroir: el origen de la identidad del vino

Terroir
Foto: Decanter Magazine

Hablar de vino es, inevitablemente, hablar de origen.
Aunque no de cualquier origen: de ese lugar único donde la naturaleza y la mano del hombre se encuentran para dar vida a algo irrepetible.
A eso lo llamamos terroir.

Durante mucho tiempo se lo asoció únicamente al suelo. Sin embargo, hoy sabemos que el terroir es mucho más complejo: es la interacción entre clima, suelo, variedad de uva y decisiones humanas, lo que finalmente define la identidad de un vino


Un equilibrio dinámico

El clima es uno de los factores claves ya que si un año hay mucha lluvia, los enólogos tienen que apurarse a cosechar porque la uva podría quedar «lavada.» Influye también si próxima hay una masa de agua o si existen bosques que determinan que las vides reciban menos viento, todo marca un algo, en el caracter del vino.
El clima y el microclima influyen mucho en un viñedo, la humedad, los vientos, los enemigos de la vid, como las heladas y el granizo, el grado de insolación, cuántas horas de sol recibe la planta.

Hay variedades que se adaptan mejor a determinadas regiones. Por ejemplo, y aunque sea redundante mencionarlo la Pinot Noir crece muy bien en las zonas altas, más frescas (Valle de Uco) y frías, como en la Patagonia. Es una cepa de clima corto y resiste muy bien el frío. Por el contrario, no crece en el Norte del país, aunque han habido pruebas, no se dan tan buenos ejemplares.

Ale Vigil dice: «cada uva es una acertijo» (Dante Rofi. Un trabajador de la Viña-La Nación. 21 de enero 2017).
Y cada variedad se da de un modo especial en los diversos terroirs. Por eso se habla de la Malbec de Maipú, la Syrah y Viognier de la provincia de San Juan. Tannat salteño, Merlot, Pinot Noir de la Patagonia.

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Quinoa: historia, nutrición y versatilidad en la cocina cotidiana

Imagen ilustrativa. Fuente: Pinterest.

Mucho antes de que la quinoa formara parte de recetas modernas o de propuestas gastronómicas contemporáneas, ya ocupaba un lugar central en la alimentación de los pueblos andinos.
Su cultivo se remonta a más de 5.000 años en regiones que hoy corresponden a Perú y Bolivia. Para las civilizaciones prehispánicas, especialmente el Imperio Inca, no era solo un alimento: era un símbolo de sustento y equilibrio con la tierra. De hecho, se la conocía como “chisaya mama”, que puede traducirse como “la madre de todos los granos”.

En un entorno geográfico desafiante, con grandes amplitudes térmicas y suelos difíciles, la quinoa demostró una capacidad de adaptación extraordinaria. Esa resiliencia la convirtió en un cultivo esencial, capaz de garantizar alimento donde otros no prosperaban.
Con la llegada de los colonizadores españoles, su cultivo fue desplazado en favor de otras especies traídas de Europa. Sin embargo, la quinoa logró mantenerse viva en las tradiciones agrícolas locales, transmitida de generación en generación.

Hoy, siglos después, la quinoa ocupa un lugar propio en la cocina actual. No como una novedad, sino como la revalorización de un ingrediente con historia, identidad y una notable capacidad de adaptación a las formas de comer contemporáneas.

La palabra quinoa proviene del quechua y suele asociarse a la idea de “grano madre”, reflejo del lugar central que ocupaba en la alimentación de las civilizaciones andinas. Durante el Imperio Inca, era considerada un alimento sagrado y no solo formaba parte de la dieta cotidiana, sino que también se utilizaba con fines rituales y medicinales.
En tiempos más recientes, su valor nutricional ha sido ampliamente reconocido a nivel internacional. En 2013, la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) declaró el Año Internacional de la Quinoa, destacándola como un cultivo para contribuir a la seguridad alimentaria.

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Sauvignon Blanc: fresca, vibrante y más vigente que nunca


Cada primer viernes de mayo, el mundo del vino celebra el Día Internacional del Sauvignon Blanc, una cepa que ha sabido posicionarse como una de las más expresivas y versátiles del escenario vitivinícola.

Su origen nos lleva, una vez más, a Francia. En el Valle del Loire encuentra algunas de sus denominaciones más emblemáticas, como Sancerre y Pouilly-Fumé.
Dentro de Bordeaux, especialmente en zonas como Graves y Pessac-Léognan, el Sauvignon Blanc suele formar parte de assemblages con Semillón. Estos vinos presentan mayor volumen en boca, más estructura y una textura diferente, sin perder frescura. En contraste, en regiones como Sauternes y Barsac, junto a esta misma variedad, nacen algunos de los vinos dulces más reconocidos del mundo: verdaderos néctares que conquistan desde el primer sorbo.

El nombre Sauvignon proviene del francés “sauvage”, que remite a lo salvaje, a lo natural. Y no es un dato menor: esta cepa, junto con la Cabernet Franc, es progenitora de la Cabernet Sauvignon, una de las variedades más difundidas a nivel global.

Describir al Sauvignon Blanc no es tarea simple. Cada terroir le imprime un carácter particular, y en esa diversidad reside gran parte de su encanto.
En el Loire, especialmente en Sancerre y Pouilly-Fumé, la cepa alcanza una de sus expresiones más refinadas. Son vinos de gran elegancia, con aromas que remiten a frutas cítricas, notas herbales y una marcada mineralidad que suele evocarse como piedra mojada. En boca se presentan ligeros, con una acidez vibrante que los vuelve envolventes y persistentes.

El término “Fumé”, presente en Pouilly-Fumé, hace referencia a un carácter ahumado asociado al terroir. No se trata de madera, sino de una expresión propia del suelo que aporta complejidad aromática.

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Sauvignon Blanc: nuevas expresiones en Argentina

Cada año, el primer viernes de mayo se celebra el Día del Sauvignon Blanc, una fecha que invita a redescubrir una de las variedades blancas más reconocidas del mundo. Originaria de la región francesa de Burdeos, esta cepa se caracteriza por su perfil refrescante, su intensidad aromática y su gran afinidad con la gastronomía, cualidades que explican su creciente presencia en las mesas argentinas.

En un contexto donde los consumidores buscan vinos más frescos, expresivos y fáciles de disfrutar, el Sauvignon Blanc se consolidó como una opción versátil y contemporánea. Su estilo vibrante —con notas que pueden ir desde hierbas y flores blancas hasta frutas cítricas o tropicales— responde directamente a las condiciones climáticas y al momento de su cosecha, lo que permite una amplia diversidad de expresiones según la región.

En Argentina, esta variedad se cultiva en la mayoría de las provincias vitivinícolas y ocupa hoy el tercer lugar entre los varietales blancos más consumidos del país, reflejando su creciente aceptación y su capacidad de adaptarse a distintos estilos de consumo y ocasiones.

En ese recorrido por los paisajes nacionales, dos etiquetas permiten descubrir cómo esta cepa puede expresarse de maneras únicas y complementarias.


Malma Sauvignon Blanc

Desde la Patagonia, Chacra La Papay Sauvignon Blanc, de Bodega Malma, refleja el carácter distintivo de los viñedos de San Patricio del Chañar, una región reconocida por su amplitud térmica y sus condiciones climáticas que favorecen vinos frescos, intensos y de gran expresión aromática.

«Chacra La Papay es el nombre de nuestro viñedo y por lo tanto esta línea de vinos ofrece de manera directa la expresión aromática nítida y elegante de nuestros vinos, con un cuerpo suave y equilibrado», cuentan desde la bodega.

Este estilo se traduce en un vino vibrante, con notas cítricas y herbales y una frescura marcada, ideal para acompañar pescados, mariscos o platos de inspiración vegetal.


Pulenta Estate Sauvignon Blanc

Por su parte, desde el corazón de Luján de Cuyo, en Mendoza, el Sauvignon Blanc de Pulenta Estate ofrece otra mirada sobre la variedad. Elaborado con uvas provenientes de viñedos ubicados a casi mil metros sobre el nivel del mar, se caracteriza por su elegancia, su perfil frutado y su acidez equilibrada, cualidades que lo convierten en un vino especialmente versátil en la mesa.

«Hacer un gran vino es un acto de generosidad, de pensar siempre en el otro que lo degustará. Nuestra misión es producir series limitadas de grandes vinos, elaborados con orgullo en Argentina», aseguran.

Así, en el marco del Día del Sauvignon Blanc, esta cepa se presenta como una invitación a explorar estilos, regiones y experiencias. Ya sea en una comida informal, en una celebración especial o simplemente para disfrutar de una copa al final del día, el Sauvignon Blanc confirma su lugar como uno de los grandes protagonistas del vino contemporáneo.

Marselan, la uva tinta que conjuga lo mejor de los dos mundos


La Marselan es una variedad de uva relativamente nueva que ha comenzado a ganar reconocimiento en el mundo vitivinícola. Surgida en Francia en 1961, esta uva es el resultado de un cruce entre dos variedades clásicas: Cabernet Sauvignon y Grenache. Creada originalmente por el ampelógrafo francés Paul Truel, Marselan nació con el objetivo de combinar las cualidades de ambas variedades y obtener una uva resistente y de gran expresión aromática.


Características de la Marselan

Esta uva presenta granos pequeños y racimos compactos, lo que le permite concentrar sabores intensos y equilibrados. Suele ofrecer aromas afrutados y especiados, con notas que recuerdan a frutos negros como las moras y los arándanos, y también a la cereza. Su perfil aromático es complejo, destacando además algunos toques florales y de hierbas mediterráneas, características que la convierten en una opción versátil y distintiva.

En boca, los vinos elaborados con Marselan son sedosos, con taninos suaves y redondos, resultado de su combinación con la estructura de la Cabernet Sauvignon y el carácter amable de la Garnacha. Esto hace que los vinos Marselan se sientan elegantes y agradables al paladar, manteniendo buena acidez y una excelente capacidad de guarda.


Adaptabilidad y producción

Marselan es una variedad que ha demostrado adaptarse bien a climas cálidos y secos, por lo que su cultivo se ha extendido a diversas regiones fuera de Francia, incluyendo España, Brasil, Argentina y Estados Unidos. En Argentina, por ejemplo, se está experimentando con esta uva en áreas como Mendoza, donde sus condiciones de crecimiento la han convertido en una alternativa interesante para enólogos y productores. También en Entre Ríos y Santiago del Estero.


Maridajes Ideales

Los vinos de Marselan son ideales para acompañar carnes rojas, asados, platos de caza y quesos curados, aunque también resultan interesantes con platos mediterráneos que incluyan hierbas aromáticas y especias. carnes asadas o vegetales a la provenzal. También, con cerdo o chorizo y o con quesos fuertes de aromas intensos.


Un futuro prometedor

Con su mezcla única de genética y carácter, la uva Marselan ha demostrado ser una excelente candidata para aquellos que buscan nuevas experiencias en el mundo del vino. Su historia como cruce experimental y su capacidad para acomodarse a distintos terroirs la perfilan como una variedad llena de sorpresas por descubrir.

¡Esperamos te haya gustado la entrada y si probaste un vino de esta uva, nos escribas en los comentarios!