
La Patagonia argentina siempre seduce por sus paisajes imponentes, su naturaleza auténtica y su clima desafiante. En la provincia de Chubut, ese entorno extremo ha dado lugar a una propuesta vitivinícola única, donde el enoturismo se fusiona con la aventura, la gastronomía regional y la historia de un pueblo que celebra sus raíces.
Entre las chacras, ríos y montañas del Valle de Trevelin, a solo 12 kilómetros de la plaza principal de la localidad, se levanta Viñas del Nant y Fall, un proyecto familiar que desde 2009 ha demostrado que la vitivinicultura más austral de Argentina no solo es posible, sino también capaz de producir vinos con identidad propia.
El origen de un sueño patagónico
La historia de Viñas del Nant y Fall nació del espíritu emprendedor de la familia Rodríguez-Bianchi, quienes adquirieron una chacra junto al arroyo Nant y Fall —un curso de agua cuyo nombre en galés e inglés se traduce como “arroyo de las cascadas”— y transformaron, con esfuerzo, lo que era matorral y maleza en un vergel productivo.
Desde su primera cosecha en 2016, la bodega se planteó como pionera en el Valle de Trevelin, una región que requiere ingenio para cultivar vides debido a las heladas frecuentes, los veranos breves y la amplitud térmica patagónica. Lejos de limitar la viticultura, estos factores se convierten en un sello distintivo: las uvas desarrollan perfiles aromáticos intensos y una acidez vibrante, características que se reflejan en los vinos de la bodega.
Un entorno natural
Además del paisaje de montañas, bosques y cursos de agua, Viñas del Nant y Fall se encuentra cerca de atractivos como el Parque Nacional Los Alerces —declarado Patrimonio de la Humanidad— y las Cascadas Nant y Fall, que invitan a explorar la naturaleza más allá de los viñedos. En primavera y otoño, la chacra colindante con Tulipanes Patagonia ofrece un estallido de color que transforma el entorno en un espectáculo visual para los visitantes.
En sus casi tres hectáreas de viñedos, plantadas a unos 340 metros sobre el nivel del mar, Viñas del Nant y Fall cultiva variedades que se adaptan especialmente al clima frío de la región, como Pinot Noir, tanto tinto como rosado, Gewürztraminer, Riesling y Chardonnay.
La cosecha llega generalmente en abril, aunque nunca hay una fecha exacta: es el clima quien marca el ritmo, y puede variar de un año a otro hasta en 15 días, influyendo de igual manera los distintos procesos del viñedo y la maduración de cada uva.
La bodega cuenta con instalaciones para prensa, despalillado, embotellado y crianza, lo que permite producir actualmente alrededor de 10.000 botellas anuales, manteniendo la calidad artesanal y la expresión del terruño patagónico.
Loris Basso, Presidente de la Comunidad Friulana en el mundo y Embajador de la enogastronomía del Friuli, viajó hasta Trevelin para otorgarles una distinción que reconoce a Viñas del Nant y Fall como el viñedo de raíces friulanas más austral del planeta, celebrando así la combinación de tradición familiar y pasión patagónica en cada botella.
Experiencias que conectan con la tierra
Visitar Viñas del Nant y Fall es vivir un enoturismo integral que va más allá de la degustación de vinos. La propuesta de la chacra incluye una variedad de actividades diseñadas para disfrutar del entorno de forma auténtica:
Degustaciones guiadas
Las catas se realizan en una sala especialmente preparada, acompañadas por un guía que comparte no solo los perfiles sensoriales de cada vino, sino también la historia del proyecto, las características del clima y la filosofía de producción.
Visitas a los viñedos y recorridos explicativos
Los visitantes tienen la oportunidad de recorrer las vides, conocer los métodos de protección contra heladas y entender el desafío de la viticultura austral y cómo ésta condiciona cada decisión en el viñedo.
Gastronomía de regional
Dentro de la chacra funciona el restaurante Sangre Tinta y el almacén gourmet Tanino, donde se puede maridar la degustación de vinos con productos locales, desde delicatessen regionales hasta platos que reflejan los sabores de la Patagonia.
Opciones de alojamiento y contacto con la naturaleza
Para quienes buscan prolongar la experiencia, la antigua bodega transformada en hospedaje —“La Bodeguita”— ofrece alojamiento entre viñedos. También es posible acampar o estacionar un motorhome en espacios preparados dentro del predio, disfrutando de la serenidad del arroyo y las noches estrelladas del sur argentino.
Experiencias al aire libre
La chacra incluye zonas de pesca deportiva en estanques alimentados por el arroyo, huerta orgánica con productos de estación y espacios recreativos con parrillas y áreas al aire libre para compartir un día en contacto con la naturaleza.
Un destino que crece con la región
Viñas del Nant y Fall no solo representa un proyecto vitivinícola familiar en una latitud extrema, sino también un punto de encuentro para quienes desean explorar el enoturismo patagónico, combinando historia, paisaje, sabores y experiencias que enriquecen cualquier visita.
En un territorio donde el clima es un reto constante, la pasión y la dedicación familiar dieron lugar a una propuesta que invita a descubrir una Patagonia menos conocida, sin embargo profundamente protagonista.




