Chile y sus regiones del vino

Viñedos de Cachapoal


Para comprender los vinos de Chile, primero es necesario conocer el territorio en el que nacen. Su particular geografía, la diversidad de climas y la influencia de la cordillera de los Andes y del océano Pacífico contribuyen a explicar la variedad de estilos que ofrece su vitivinicultura.
Chile se extiende a lo largo del extremo suroccidental de América del Sur, entre la cordillera de los Andes, al este, y el océano Pacífico, al oeste. Es un país de extraordinaria longitud y una franja de territorio relativamente angosta, con importantes variaciones de relieve, temperatura y precipitaciones de norte a sur. Estas diferencias tienen una influencia directa en las condiciones de cultivo de la vid.

Mapa: Winefolly

La cordillera de los Andes constituye uno de los elementos fundamentales para comprender la vitivinicultura chilena. Sus montañas influyen en las temperaturas, la circulación de los vientos y la disponibilidad de agua, mientras que la altitud permite encontrar condiciones particulares para el cultivo en determinadas zonas. Por su parte, el océano Pacífico ejerce una importante influencia moderadora en las áreas costeras, donde las brisas y las temperaturas más frescas pueden favorecer una maduración más lenta de las uvas y contribuir a conservar su acidez.


Clima

El clima también cambia de manera significativa a lo largo del país. En el norte predominan las condiciones áridas y semiáridas, mientras que en la zona central se encuentran amplias áreas de clima mediterráneo, con veranos secos y precipitaciones concentradas principalmente en los meses de invierno. Hacia el sur, las lluvias aumentan y las condiciones se vuelven más frescas y húmedas, aunque existen diferencias entre localidades y zonas de cultivo.
La vitivinicultura se concentra principalmente en la zona central, aunque se ha extendido hacia áreas del norte y del sur, donde los productores exploran nuevas condiciones de cultivo y diferentes expresiones de las variedades. Para interpretar esta diversidad, resulta útil observar el territorio de este a oeste: las zonas próximas a los Andes, las áreas interiores situadas entre las cordilleras y los sectores cercanos al océano Pacífico presentan condiciones que pueden dar lugar a vinos muy diferentes.


Historia de la vitivinicultura

La historia del vino en Chile se remonta al siglo XVI, cuando los conquistadores españoles introdujeron la vid en el territorio. Su cultivo estuvo vinculado tanto a las necesidades religiosas de la Iglesia católica, que requería vino para celebrar la misa, como al consumo cotidiano de la población colonial.
En los alrededores de Santiago comenzaron a establecerse viñedos que, con el tiempo, se extendieron hacia otras zonas del territorio. Durante los primeros siglos, la producción se destinó principalmente al mercado interno, aunque también existió un comercio con regiones vecinas.
Las técnicas de cultivo y elaboración se mantuvieron durante mucho tiempo ligadas a las tradiciones traídas desde España. La uva se cosechaba manualmente, se pisaba en lagares y el mosto fermentaba en recipientes que también se utilizaban para conservar el vino. La vitivinicultura fue adquiriendo importancia económica y cultural. Durante el período colonial, las restricciones comerciales impuestas por la Corona española condicionaron el desarrollo de los mercados para los vinos locales.
Sin embargo, una transformación decisiva comenzó a mediados del siglo XIX, cuando el crecimiento económico de Chile y la apertura comercial favorecieron las inversiones en vitivinicultura. Familias empresarias comenzaron a importar variedades europeas, especialmente francesas, incorporaron equipamiento y contrataron especialistas extranjeros.
Se construyeron bodegas y se adoptaron técnicas de elaboración que buscaban mejorar la calidad y la conservación de los vinos. En este contexto surgieron algunas de las grandes bodegas históricas del país, como Viña Carmen, fundada en 1850, y posteriormente Santa Rita, Concha y Toro y Undurraga. Esta etapa marcó el paso de una producción predominantemente tradicional hacia una industria vitivinícola más moderna.

La influencia francesa fue especialmente importante en la incorporación de variedades y conocimientos técnicos. Cabernet Sauvignon, Merlot, Sauvignon Blanc y Chardonnay, entre otras cepas, comenzaron a ocupar un lugar destacado en los viñedos chilenos. Entre las variedades introducidas desde Burdeos se encontraba el Carmenère, cuya historia terminaría convirtiéndose en uno de los episodios más singulares de la vitivinicultura del país.
Durante décadas, muchas plantas de Carmenère fueron confundidas con Merlot. El 24 de noviembre de 1994, el ampelógrafo francés Jean-Michel Boursiquot reconoció la verdadera identidad de aquellas vides durante una visita a los viñedos de Viña Carmen, en el valle del Maipo. El hallazgo permitió recuperar para la vitivinicultura internacional una variedad que se consideraba prácticamente desaparecida en su lugar de origen, Francia. A partir de entonces, el Carmenère comenzó a ganar protagonismo y se convirtió en una de las variedades emblemáticas de Chile.
Hacia fines del siglo XX, nuevas inversiones, la incorporación de tecnología y una mayor orientación hacia los mercados internacionales impulsaron otra etapa de transformación. La modernización de las bodegas, el control de las temperaturas de fermentación, el desarrollo de nuevos estilos y la exploración de diferentes zonas de cultivo contribuyeron a ampliar la diversidad y mejorar la proyección internacional de los vinos chilenos.

En la actualidad, Chile combina una larga tradición vitivinícola con una industria dinámica, que continúa explorando sus territorios y variedades. Su historia permite comprender cómo una actividad introducida durante la colonización evolucionó hasta convertirse en una de las expresiones más reconocidas de la cultura y la producción agrícola del país.


Denominaciones de origen

Chile cuenta con un sistema de zonificación vitícola que permite identificar el origen geográfico de sus vinos. Este marco está regulado por el decreto 464, que establece las denominaciones de origen y organiza el territorio vitivinícola en regiones, subregiones, zonas y áreas. Su objetivo es reconocer la procedencia de las uvas y establecer las condiciones para que esa información pueda figurar en las etiquetas.
La normativa chilena distingue tres categorías de vinos: los vinos con denominación de origen, elaborados a partir de uvas procedentes de las zonas vitícolas reconocidas y sujetos a los requisitos establecidos; los vinos sin denominación de origen, que pueden elaborarse con uvas provenientes de distintas zonas del país; y los vinos elaborados con uvas de mesa.

Para utilizar una denominación geográfica en la etiqueta, al menos el 75 % del vino debe proceder de uvas del lugar indicado.
El sistema permite reconocer grandes regiones vitivinícolas y avanzar hacia zonas más específicas. Esta diferenciación resulta especialmente interesante en Chile, donde la influencia del océano Pacífico, la cordillera de los Andes, los valles interiores y las variaciones climáticas contribuyen a una notable diversidad de estilos.

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Elaboración de los vinos espumantes: de la vid a la burbuja

Hay vinos que acompañan momentos. Y hay otros que los transforman en recuerdos. Los vinos espumantes pertenecen a este último grupo: están ligados a celebraciones, encuentros, brindis compartidos y también a instantes íntimos donde una copa alcanza para decir mucho.

Detrás de cada burbuja hay decisiones, tiempos de espera y un trabajo minucioso que comienza en el viñedo y continúa en la bodega. Comprender cómo se elabora un espumante no solo despierta curiosidad, sino que profundiza el disfrute y la conexión con el vino.

En esta nota te invitamos a descubrir, paso a paso, cómo nacen los vinos espumantes, qué métodos existen y por qué cada estilo expresa una manera distinta de entender el vino y el placer de beberlo.

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Bodega Familia Schroeder celebra el Día del Espumante


Cada cuarto viernes de octubre se festeja el Día Internacional del Espumante, una fecha para difundir el consumo de una de las bebidas más elegantes y glamorosas. Desde la Patagonia Argentina, Bodega Familia Schroeder es una gran impulsora, con la primera champañera de la región. Para celebrar a los espumantes propone las 4 líneas que forman parte de su portfolio: Deseado, Rosa de Los Vientos, H. Schroeder y Schroeder Brut Nature.


El lugar de los espumantes en la bodega

Los espumantes ocupan un lugar muy importante dentro de la identidad de Bodega Familia Schroeder. Actualmente representan aproximadamente el 30% de la producción, unas 400.000 botellas.

El terroir de San Patricio del Chañar tiene una gran incidencia en la calidad de estos espumosos. Se refleja en vinos base de muy buena acidez, complejidad frutal/mineral y estructura, muy aptos para segundas fermentaciones que culminan en productos de buen paladar, burbuja fina y persistente.


El método charmat


Las cuatro líneas de espumantes que desarrolla Bodega Familia Schroeder se realizan en su champañera, bajo el método charmat.
El método Charmat preserva y potencia las características propias del vino base, especialmente la frescura, los aromas primarios y el carácter frutal.

Una de las principales ventajas de este método es que la segunda fermentación y la toma de espuma se realizan en tanques presurizados, lo que permite controlar variables como la temperatura, la presión y el tiempo de contacto con las lías.


“Arraigados al sistema Charmat, ofrecemos productos de un interesante y complejo perfil frutal (fruta blanca, roja, floral), como así también de sutiles dejos de frutos secos y crianza sobre levaduras. Siendo la primera fábrica de espumosos de la Provincia, estamos muy contentos de poder ofrecer una amplia gama de estilos y productos para diferentes consumidores  y ocasiones”. Señala Mariano Dieletti, enólogo de la bodega.

Línea Deseado:  joven y versátil

La línea Deseado se distingue por su perfil fresco, frutal y aromático, con marcada expresión de flores y fruta fresca. Son espumosos de carácter joven, fáciles de disfrutar y pensados para un consumo más descontracturado, ideales para quienes buscan una propuesta versátil y vibrante.

Deseado Rosé

Espumante elaborado por método Charmat, con burbuja fina y persistente. Es 90% torrontés riojano y 10% malbec. Presenta notas frutales y florales, dulzura natural del mosto y equilibrio gracias a su guarda sobre borras.

Deseado Torrontés

Este espumoso es 100% torrontés riojano. Se caracteriza por  aromas intensos a flores blancas y frutas tropicales. De gran frescura en boca y dulzura natural que lo convierte en un espumante expresivo y fácil de beber.


Deseado Extra Brut

Un espumante 40% Chardonnay,  40% Pinot Noir y 20% Sauvignon Blanc. Es de color amarillo pálido con destellos dorados, burbuja muy fina y persistente.  En nariz es elegante y complejo, con notas frutales, florales y delicados toques de pan y frutos secos. En boca resulta fresco, cítrico y cremoso, con un largo final.


Línea Rosa de Los Vientos: complejidad y elegancia

Esta línea  propone un perfil de mayor complejidad y elegancia, gracias a sus seis meses de contacto con las lías, que aportan volumen en boca y delicadas notas de panificación. Sin perder frescura ni expresión frutal, se enriquece con la presencia del Pinot Noir, que suma aromas de frutos rojos y un carácter distintivo.

Rosa de Los Vientos Rosé Nature de Pinot Noir

Elaborado por método Charmat, es 100% Pinot Noir. De color rosa delicado, con burbuja fina y persistente. En nariz despliega notas de frutos rojos frescos y sutiles matices de panificación. En boca es fresco, con buena acidez, volumen y un final elegante.


Línea H. Schroeder: un homenaje al fundador de la bodega

La línea H. Schroeder representa un paso más en términos de complejidad y elaboración, con espumantes creados a partir de distintas combinaciones de Pinot Noir y Chardonnay. Su nombre rinde homenaje a Herman Heinz Teodoro Schroeder, fundador de la bodega, y refleja el espíritu pionero y la búsqueda de excelencia.

H. Schroeder Extra Brut

Espumante 50% Pinot Noir 50% Chardonnay, elaborado  mediante técnicas tradicionales, con vinos base de baja graduación alcohólica y fermentación controlada. Permanecen de 8 a 10 meses sobre lías, lo que aporta estructura, textura y complejidad, manteniendo frescura y equilibrio.


H. Schroeder Brut Nature

De carácter más seco y sofisticado es 80% Pinot Noir, 20% Chardonnay. Con crianza sobre lías de 8 a 10 meses. Presenta notas delicadas de panificación, volumen en boca y un perfil elegante, sin perder la frescura y expresión frutal del Pinot Noir y la fineza del Chardonnay.

H. Schroeder Brut Rosé

Elaborado con 90% Pinot Noir y 10% Chardonnay. Presenta un delicado color rosado, burbuja fina y persistente. En nariz se destacan los frutos rojos frescos junto a sutiles notas de panificación. En boca es elegante, fresco y equilibrado, con buena acidez y volumen, reflejando la complejidad que caracteriza a la línea.


Línea Schroeder:  El sello distintivo de la bodega

La línea Schroeder es el emblema de los espumosos de la bodega y representa una elaboración de mayor complejidad dentro del portfolio. Se realiza mediante el método Charmat lungo, con más de 12 meses de contacto con finas lías. Este tiempo de crianza aporta volumen, textura y complejidad, sin perder frescura ni la expresión varietal.

Schroeder Brut Nature

Espumante 60% Pinot Noir y 40% Chardonnay, elaborado exclusivamente con el mosto flor de racimos enteros, sin despalillar, lo que le otorga estructura y elegancia. Tras una fermentación controlada y un largo período de crianza sobre lías, desarrolla delicadas notas de panificación, buena acidez y un perfil sofisticado. En boca es voluminoso, fresco y equilibrado, con un final persistente.



Portfolio de Bodega Familia Schroeder

Saurus Estate (compuesta por siete varietales: Pinot Noir, Malbec, Cabernet Sauvignon, Merlot, Pinot Noir Rosé, Chardonnay y Sauvignon Blanc, y un Red Blend), Saurus Select (seis varietales Pinot Noir, Cabernet Sauvignon, Malbec, Merlot, Chardonnay y Sauvignon Blanc, más un blend de tintas), Barrel Fermented (Cabernet Franc, Malbec, Pinot Noir y Chardonnay) y Familia Schroeder (dos blends de tintas más cuatro varietales: Merlot, Malbec, Pinot Noir y Cabernet Sauvignon).
Y cuatro líneas de espumantes: Deseado, Rosa de los Vientos, H. Schroeder y Schroeder.

Datos de contacto:

WhatsApp: 299 4548920

Página web: www.familiaschroeder.com

Octubre Rosa: cuando el vino también puede acompañar una causa

Susana Balbo Wines renueva su compromiso con la concientización sobre el cáncer de mama junto a Fundavita. La iniciativa, que cumple seis años, invita a transformar un gesto cotidiano en una oportunidad para acompañar y dar visibilidad a una causa que nos involucra a todos.

Octubre es un mes que nos invita a hablar de prevención, cuidado y acompañamiento. En ese contexto, distintas organizaciones y empresas impulsan iniciativas para contribuir a la concientización sobre el cáncer de mama y recordar la importancia de los controles de salud.
Desde el mundo del vino, Susana Balbo Wines vuelve a sumarse a esta conversación con una nueva edición de Octubre Rosa, la campaña que desarrolla junto a Fundavita, organización mendocina que trabaja en la prevención del cáncer y el acompañamiento de pacientes oncológicos.

La propuesta se articula alrededor de CRIOS Rosé de Malbec Octubre Rosa, una edición especial cuya compra contribuye a la ayuda solidaria. De esta manera, la bodega vincula uno de sus vinos con una acción que busca trascender el producto y mantener presente un mensaje fundamental: la importancia de la prevención y del acompañamiento.


Seis años construyendo lazos

La relación entre Susana Balbo Wines y Fundavita cumple seis años. La continuidad de esta colaboración permite renovar cada octubre el compromiso con la concientización y acercar la causa a nuevos públicos.
Susana Balbo es reconocida por ser la primera mujer enóloga de Argentina y por haber desarrollado una carrera que abrió camino para otras mujeres en el sector vitivinícola. Su historia forma parte de una transformación que amplió las oportunidades de participación femenina en un ámbito históricamente asociado a los hombres.

En esta edición, el mensaje elegido es “Entre nosotras, creamos lazos que ayudan”. La frase pone el foco en la importancia de acompañarse, conversar y generar espacios en los que el cuidado de la salud tenga un lugar prioritario.


Un rosado con un mensaje especial

CRIOS Rosé de Malbec, está elaborado con uvas Malbec del Valle de Uco, Mendoza. Un vino que se presenta como un rosado fresco, seco y delicado, con aromas y sabores que recuerdan a frutillas.
Su perfil versátil permite acompañar pescados, ensaladas frescas y preparaciones con pollo.

La campaña además suma una idea que reúne vino, diseño e ilustración. En colaboración con la marca VER y la ilustradora Vik Arrieta, se desarrolló una tote bag de edición limitada. La bolsa se entrega como obsequio con la compra de una caja de CRIOS Rosé de Malbec Octubre Rosa en la tienda oficial de la bodega.


La importancia de acompañar

Octubre Rosa nos recuerda que la prevención y el cuidado requieren atención durante todo el año. Hablar del tema, compartir información confiable y acompañar a quienes necesitan realizar una consulta médica son gestos que pueden contribuir a generar conciencia.
En este sentido, los proyectos impulsados desde distintos ámbitos de la sociedad pueden ayudar a mantener estas conversaciones presentes en la vida cotidiana.

Desde Susana Balbo Wines, la campaña junto a Fundavita vuelve a reunir al vino con un mensaje que trasciende la mesa: la importancia de construir redes de acompañamiento y de dar lugar a conversaciones necesarias.

El compromiso con el cuidado de la salud no se limita a un mes del calendario, sino que se construye a través de acciones sostenidas en el tiempo.

Críos Malbec está disponible en vinotecas, y comprando 6 botellas en la Tienda Online de Susana Balbo incluye de regalo la tote bag de VER por Vik Arrieta.

Pulenta Estate Albariño 2025: una interpretación andina

Pulenta Estate presenta su primer Albariño, un vino que nace de una pregunta que acompañó al equipo de la bodega durante varios años: ¿cómo se expresaría una variedad profundamente asociada al océano en un paisaje marcado por la cordillera?

El Albariño construyó gran parte de su identidad internacional en regiones de fuerte influencia oceánica, especialmente en las Rías Baixas españolas y el norte de Portugal. Frescura, acidez y expresión aromática se convirtieron en algunas de las características más reconocibles de la variedad.
En Pulenta Estate, sin embargo, el desafío nunca fue reproducir ese perfil, sino explorar una interpretación diferente.


Un Albariño de montaña

El proyecto comenzó en 2019 en Alto Agrelo, Mendoza, con una plantación experimental de apenas 395 vides conducidas en un sistema bajo, inspirado en antiguas formas de conducción de la vid en la provincia.
Más que el comienzo de un nuevo producto, aquella pequeña parcela fue concebida como un espacio de observación y aprendizaje: entender cómo se adaptaba la variedad a un clima continental, seco, con intensa radiación solar y marcada amplitud térmica.
En 2021 llegó la primera microvinificación y, con ella, una señal alentadora. El vino mostraba frescura, tensión y una personalidad diferente a las expresiones oceánicas que habían inspirado inicialmente la investigación.

A partir de esos resultados, en 2022 Pulenta Estate decidió ampliar el proyecto con la plantación de una hectárea en espaldero alto, buscando un equilibrio entre la exposición solar y la protección necesaria para preservar la frescura y los precursores aromáticos de la variedad.

Durante las siguientes vendimias, ambos viñedos permitieron trabajar en paralelo con distintas arquitecturas de planta y ensayar diferentes decisiones de vinificación hasta definir el estilo buscado.

“Descubrimos con admiración la resiliencia de la variedad: sus pieles gruesas parecían naturalmente esculpidas para resistir la intensidad del sol de montaña sin perder la frescura”, explica Javier Lo Forte, Head Winemaker.


La cosecha 2025: Una identidad propia

Seis años después de aquellas primeras 395 plantas, la cosecha 2025 marcó un punto de inflexión.

El equipo enológico encontró finalmente el equilibrio que había buscado desde el inicio del proyecto: un vino que conserva la frescura y elegancia aromática propias del Albariño, pero que incorpora la estructura, el volumen y la identidad del paisaje mendocino.

“Uno de los grandes desafíos fue encontrar el momento preciso de cosecha para preservar la acidez natural y la frescura que buscábamos. Trabajamos mucho el manejo de la canopia para proteger los racimos de la intensidad del sol de Alto Agrelo y, en ese proceso, descubrimos una característica que nos sorprendió del Albariño: el grosor de sus pieles y su enorme capacidad para adaptarse a la radiación solar de Mendoza.” Javier Lo Forte.

En bodega se descartó deliberadamente el uso de madera para mantener la expresión más pura posible de la fruta. La fermentación se realizó en vasijas de concreto y tanques de acero inoxidable. El concreto permitió trabajar sobre la textura y el volumen, mientras que el acero inoxidable contribuyó a preservar la frescura y la nitidez aromática. Posteriormente, el vino permaneció entre dos y tres meses sobre sus borras finas, un trabajo destinado a aportar sucrosidad, volumen y textura sin resignar tensión.

El resultado es un vino de perfil fresco y elegante, con expresión de fruta blanca y flores, marcada tensión y una boca de gran textura y volumen. Su equilibrio entre frescura y estructura le otorga además una marcada versatilidad gastronómica.


Del océano a los Andes

La llegada del Albariño se inscribe en la búsqueda permanente de Pulenta Estate por profundizar la interpretación de sus viñedos y explorar variedades capaces de encontrar una expresión singular en Mendoza.

“Siempre buscamos explorar vinos y variedades que primero nos entusiasmen a nosotros. Estamos convencidos de que, si algo nos gusta y nos moviliza, ese entusiasmo después se comparte con nuestro público. Veníamos probando Albariños desde hacía tiempo y teníamos ganas de hacer nuestra propia interpretación: un vino que conservara la expresión característica de la variedad, pero que al mismo tiempo tuviera la elegancia y el estilo de Pulenta Estate.” Comentó Edu Pulenta, Gerente Comercial de la bodega.

En un escenario en el que los vinos blancos argentinos atraviesan un proceso de creciente diversidad, el Albariño abre un nuevo territorio de exploración. Para Pulenta Estate, ese territorio comienza en Alto Agrelo.
No se trata de replicar el carácter de los grandes Albariños oceánicos, sino de sumar una nueva interpretación a la historia de la variedad.

Una marcada por el sol, la aridez, la amplitud térmica y la cercanía de la Cordillera de los Andes.

Pulenta Estate Albariño 2025. Una variedad oceánica. Una interpretación andina.