La Mejor Sommelier de Argentina 2025 participa en Lisboa del Concurso ASI Mejor Sommelier del Mundo 2026, una competencia internacional que reúne a profesionales de distintos países y pone a prueba la amplitud de conocimientos.
La sommellerie tiene esta semana una cita central en Lisboa. Del 11 al 17 de octubre, Portugal es sede de la 18.ª edición del Concurso ASI Mejor Sommelier del Mundo, una de las competencias más exigentes de la profesión. Entre los representantes de los diversos países se encuentra Alma Cabral Arrieta, conocida como Almita, quien llega a esta instancia después de consagrarse Mejor Sommelier de Argentina en 2025.
Su participación marca un nuevo capítulo en un recorrido profesional que combina formación, experiencia en gastronomía, servicio y comunicación. También representa una oportunidad para proyectar internacionalmente el trabajo de la sommellerie argentina, una profesión que conecta el conocimiento de las bebidas con la hospitalidad y la capacidad de acercar la cultura del vino a públicos diversos.
De la gastronomía al vino
Nacida en Asunción, Paraguay, Alma llegó a Buenos Aires a los 17 años para estudiar gastronomía. Su acercamiento al vino comenzó durante esa formación, a partir de una materia que despertó un interés que terminaría convirtiéndose en su vocación profesional. Se formó como sommelier en el Centro Argentino de Vinos y Espirituosas (CAVE) y desarrolló su trayectoria en distintos espacios de la gastronomía y el comercio del vino.
Trabajó en restaurantes y vinotecas, y durante la pandemia encontró nuevas formas de continuar su actividad a través de la enseñanza virtual. Actualmente, su recorrido reúne tareas comerciales y de formación, dos ámbitos que le permiten abordar el vino desde distintas perspectivas: el producto, el mercado, el servicio y la comunicación.
En noviembre de 2025, Cabral Arrieta se consagró Mejor Sommelier de Argentina en una competencia que reunió a 48 participantes. El reconocimiento llegó después de haber alcanzado la instancia final del certamen nacional en 2022 y le otorgó la posibilidad de representar al país en el concurso mundial.
Su recorrido refleja una característica fundamental de la profesión: la formación no termina con un título ni con un reconocimiento. El conocimiento del vino y de las bebidas exige estudio permanente, curiosidad y actualización frente a un universo que cambia con las nuevas regiones, los estilos de elaboración, los hábitos de consumo y las expectativas del público.
Las claves de la competencia
El Concurso ASI Mejor Sommelier del Mundo, organizado por la Association de la Sommellerie Internationale junto con la asociación anfitriona portuguesa, reúne a profesionales que representan a 66 países. La competencia se desarrolla a través de distintas etapas y exige un dominio amplio de los conocimientos y las habilidades que forman parte del trabajo cotidiano de un sommelier.
La cata a ciegas es una de las facetas más reconocidas de la profesión, sin embargo no resume por sí sola todo lo que se evalúa. Identificar características de un vino, interpretar su estilo y fundamentar una apreciación requiere sensibilidad sensorial, vocabulario técnico, memoria y capacidad de análisis. A eso se suman los conocimientos teóricos, el servicio, la gastronomía y la armonización, junto con la precisión y la capacidad de responder ante situaciones que demandan rapidez y seguridad.
La formación profesional abarca otras bebidas y culturas gastronómicas, así como el conocimiento de sus características, sus formas de servicio y sus posibles combinaciones con la comida.
En una competencia internacional, esa preparación debe ponerse en práctica frente a consignas exigentes y en un contexto de presión. La excelencia no depende solamente de saber mucho, sino de descifrar cada situación al detalle, comunicar con claridad y tomar decisiones con criterio profesional.
El vino argentino en una escena internacional
Representar a un país productor como Argentina implica llevar al escenario internacional la diversidad de sus regiones, variedades y estilos. El Malbec ocupa un lugar destacado en el reconocimiento global de nuestros vinos, si bien la vitivinicultura argentina ofrece una realidad mucho más amplia: desde los vinos de altura del Noroeste y los paisajes del Valle Calchaquí hasta la diversidad de Mendoza, San Juan, la Patagonia y otras regiones que continúan desarrollando sus propias identidades.
En una entrevista publicada por Wines of Argentina después de ganar el certamen nacional, Alma destacó la importancia de explorar esa diversidad. Entre sus referencias mencionó los Malbec de altura y los blancos del Valle de Uco, los Cabernet Sauvignon de la Primera Zona y los vinos del Noroeste, además de nuevas expresiones de provincias como Córdoba, Entre Ríos y Buenos Aires.
Esa mirada resulta especialmente relevante en una competencia de este calibre. El conocimiento de los vinos argentinos forma parte de la preparación, sumado a la capacidad de comprender otras tradiciones, reconocer estilos y comunicar las particularidades de cada origen.
La representación nacional, por lo tanto, es una oportunidad para compartir la complejidad de un mapa vitivinícola en expansión y mostrar el trabajo de productores que construyen identidad en territorios muy diferentes.
El valor del trabajo en equipo
Detrás de una competencia de esta magnitud hay meses de estudio, entrenamiento y preparación. La instancia internacional requiere una red de apoyo que permita afrontar las exigencias logísticas y profesionales de una experiencia de este nivel.
La Asociación Argentina de Sommeliers acompaña a Alma en este desafío y destacó públicamente el trabajo, el compromiso y la dedicación que implica llegar a Lisboa. En ese acompañamiento participan las bodegas Trapiche, Finca Las Moras y El Esteco, mencionadas por la asociación entre quienes apoyan esta etapa de capacitación.
El concurso constituye, además, un espacio de intercambio entre profesionales de distintas partes del mundo. Más allá del resultado, estos concursos contribuyen a fortalecer vínculos, compartir conocimientos y dar visibilidad a una profesión cuyo papel resulta fundamental en la gastronomía, la hospitalidad y la cultura del vino.
El camino del sommelier
El desafío de Alma Cabral en Lisboa nos hace volver sobre una pregunta: ¿qué significa ser sommelier hoy? La respuesta incluye el conocimiento técnico, la capacidad de reconocer y describir bebidas, el dominio del servicio y una formación amplia. Requiere escucha, sensibilidad y herramientas para comprender a quien está del otro lado de la mesa.
Un sommelier recomienda bebidas, difunde sus historias, comparte las historias de quienes las elaboran, interpreta preferencias, traduce información, propone descubrimientos y puede contribuir a que una persona se acerque a un vino o región que hasta entonces desconocía. En esa tarea, el conocimiento adquiere sentido cuando se convierte en comunicación y servicio.
Mientras el certamen avanza en Lisboa, la participación de Alma representa a la sommellerie argentina en un escenario internacional de máxima exigencia. La competencia continuará durante la semana y la final está prevista para el viernes 16 de octubre en el Coliseu dos Recreios.
El resultado tendrá su propio lugar en la historia del concurso. El recorrido hasta llegar allí habla de preparación, perseverancia y compromiso con una profesión que exige aprender constantemente. Por sobre todo recuerda que detrás de cada copa hay mucho más que un vino: hay conocimiento, territorio, cultura y personas capaces de transmitirlo.










