Uruguay y sus regiones del vino


Uruguay presenta un clima claramente atlántico, húmedo y templado, que condiciona de manera directa tanto el trabajo en el viñedo como el estilo de sus vinos. A diferencia de otras regiones vitivinícolas de Sudamérica con mayor continentalidad y amplitud térmica, el país se caracteriza por una fuerte influencia oceánica que atraviesa todo su territorio productivo.

La cercanía al Océano Atlántico es uno de los factores climáticos más determinantes. Esta importancia marítima se manifiesta en una alta humedad relativa durante gran parte del año, en la presencia constante de brisas que recorren los viñedos y en una menor amplitud térmica entre el día y la noche. Estas condiciones generan un entorno más estable en términos de temperaturas, aunque implican mayores desafíos sanitarios en el manejo de la vid, debido a una mayor presión de enfermedades fúngicas.

Las precipitaciones en Uruguay son abundantes y se distribuyen de manera relativamente pareja a lo largo del año, sin una estación seca marcada. Este régimen de lluvias tiene un impacto directo en la vitivinicultura, ya que dificulta la concentración natural de azúcares en la uva y exige un trabajo técnico más preciso en el viñedo. Como consecuencia, los vinos suelen expresar un perfil más fresco, con graduaciones alcohólicas moderadas y una marcada tensión natural.
En cuanto a las temperaturas, el clima es templado húmedo, sin extremos pronunciados. Los veranos son cálidos aunque moderados, mientras que los inviernos resultan suaves en la mayor parte de las regiones productivas. Lo cual, favorece una maduración más lenta y progresiva de la uva, y contribuye a preservar la acidez natural y a desarrollar perfiles aromáticos más definidos y equilibrados.
El viento cumple un rol fundamental dentro de este sistema climático. Su presencia constante reduce la incidencia de hongos y contribuye a mantener el equilibrio sanitario del viñedo.

Como resultado de estas condiciones, los vinos uruguayos suelen caracterizarse por su frescura, su acidez natural bien integrada y sus perfiles frutados expresivos. En el caso de la Tannat, la variedad emblemática del país, el clima contribuye a expresar taninos más redondeados y una estructura menos extrema que en su lugar de origen. En términos generales, el estilo uruguayo se orienta más al equilibrio y a la tensión natural que a la potencia concentrada.
En definitiva, el mar atlántico define una identidad donde la frescura, la elegancia y el equilibrio se convierten en los rasgos dominantes de sus vinos.

Historia de la vitivinicultura uruguaya


La vitivinicultura en Uruguay tiene sus orígenes en sueños de migrantes vascos-franceses, italianos, españoles, alemanes, arribaron a Uruguay a partir de la segunda mitad del S XIX con el ánimo de empezar una nueva vida y una forma de autosustentarse. Con ese espíritu algunos optaron por trabajar la tierra e introdujeron distintas cepas de vid que dieron nacimiento a un país vitivinícola diverso. Fruto de su labor y arte transformaron la uva en el milagro del vino.
El gran punto de inflexión llega con la llegada del enólogo español Francisco Vidiella y, posteriormente, con la figura clave de Don Pascual Harriague, considerado uno de los padres de la vitivinicultura uruguaya. Harriague introdujo y difundió la variedad Tannat, que con el tiempo se convirtió en la cepa insignia del país. Su adaptación al terroir uruguayo fue tan notable que terminó definiendo gran parte de la identidad vitivinícola nacional.

Durante el siglo XX, la actividad se expandió principalmente en manos de pequeñas y medianas bodegas familiares, orientadas al mercado interno. Recién hacia finales del siglo XX y comienzos del XXI, la vitivinicultura uruguaya inicia un proceso de modernización técnica, con mayor foco en calidad, manejo del viñedo y proyección internacional, consolidando su posicionamiento en el mapa vitivinícola sudamericano.


Clasificación del vino

La vitivinicultura uruguaya se encuentra regulada por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INAVI), organismo encargado de velar por la calidad y el origen de los vinos del país. Dentro de su sistema de clasificación, se distinguen los Vinos de Calidad Preferente (VCP), elaborados exclusivamente a partir de uvas Vitis vinifera y considerados la categoría de mayor calidad, y los vinos destinados al consumo cotidiano.
Más allá de esta clasificación oficial, Uruguay ha puesto un creciente énfasis en la valorización del origen a través de las indicaciones geográficas. que cumplen un papel fundamental en la construcción de la identidad de sus vinos.
Estas permiten asociar cada vino a un territorio específico, reconociendo la incidencia de factores como el clima, los suelos y las tradiciones vitivinícolas locales. De esta manera, el origen se convierte en una herramienta clave para comprender la diversidad de estilos que ofrece el país y las particularidades de cada región productora.
La identidad de las regiones vitivinícolas se ha construido gracias al trabajo de sus productores y al reconocimiento alcanzado por la calidad y el estilo de sus vinos. Funcionan como una herramienta de diferenciación y comunicación, y como una forma de expresar la diversidad de un territorio que, si bien posee un tamaño relativamente pequeño, ofrece una notable riqueza de paisajes y perfiles enológicos.

Hay que destacar que el concepto de terroir ha cobrado una importancia creciente, impulsando el reconocimiento de zonas con características propias y fortaleciendo la identidad de la vitivinicultura uruguaya. A ello se suma el protagonismo de variedades como la Tannat, considerado la cepa emblemática del país, junto con otras variedades.

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Sopa de pescado casera: receta fácil y maridajes ideales


Hay recetas que no pasan de moda, solo esperan el momento justo para volver a la mesa.
Esta sopa de pescado es una de ellas: simple, reconfortante y profundamente ligada a esos días en que el cuerpo pide calor, mar y cocina casera.
Desde el archivo de Vinos y Pasiones, la recuperamos hoy con la misma intención con la que fue pensada: disfrutar sin complicaciones y maridar la vida cotidiana con buenos sabores.

Ingredientes
– 300 gr. pescado blanco en filetes (merluza, lenguado o mero)
– 1 cebolla
– 1 tomate maduro
– 1 dientes de ajo
– perejil picado
– aceite de oliva virgen
– pimienta si es blanca mejor sino pimienta negra
– sal
– 1/2 vaso de vino blanco
– agua o caldo c/n

Preparación
1- Picá la cebolla y el ajo bien pequeños, salpimentá.
2- En una sarten caliente con aceite de oliva salteá la cebolla y el ajo.
3- Agregá el pescado en trozos (no importa si son grandes, porque después lo vas a procesar) , incorporá el  tomate y corregí la sal si fuera necesario, incorporá el vino y dejá evaporar.
4- Cociná por 10 minutos.
5- Procesá con la minipimer o procesadora.
6- De acuerdo a cómo quieras la sopa, si más espesa o líquida le
agregás agua o caldo.
7- Rectificá el condimento, emplatá y decorá con perejil o croutones.

Adrianna Vineyard “White Stones” Chardonnay
De la Bodega Catena Zapata
Este Chardonnay de altura proviene del reconocido
viñedo Adrianna, en el Valle de Uco, una de las zonas
más prestigiosas de la Argentina para blancos de gran precisión.
En nariz combina notas de cítricos como lima y pomelo, frutas
blancas y flores delicadas, junto con sutiles aportes de su paso
por madera, que suman vainilla y leves notas cremosas sin
perder protagonismo de la fruta.En boca es elegante y tenso,
con una acidez muy bien integrada y una textura envolvente.
Su final es largo, fresco y levemente salino, lo que refuerza
su carácter gastronómico.

Oldvineyard

Otro muy buen acuerdo podría ser con un rosado de
la Patagonia. De la Bodega Humberto Canale, el
Old Vineyard Rosé de Pinot Noir.
La Pinot Noir es una de las cepas insignias de la región, de viñedos más antiguos de la Patagonia. Vino fresco y delicado.
Es un homenaje a la nieta Sol de Guillermo Barzi. Es un vino que nace de estacas reproducidas de los viñedos de Pinot Noir que datan de 1969. Los plantines crecieron bajo la plenitud del sol patagónico y en suelos calcáreos aluvionales de los valles de Rio Negro madurando con lentitud y firmeza.
Temperatura de servicio, fresco recordá de 7 a 9 grados.



«Una comida bien preparada tiene sabores delicados, que hay que retener en la boca para apreciarlos.»
Tennesse Williams



Gracias por acompañarnos en este viaje de sabores.
Nos leemos pronto en Vinos y Pasiones.

Tupac Guantay: viajar para descubrir los sabores del territorio


Chef, comunicador y viajero incansable, Tupac Guantay recorre la Argentina para descubrir las historias y los sabores que dan identidad a cada territorio. En esta entrevista comparte sus raíces cafayateñas y su mirada sobre la riqueza gastronómica del país.


Tupac Guantay es chef, comunicador y un apasionado narrador de las historias que se esconden detrás de cada plato. Nacido en Cafayate, en el corazón de los Valles Calchaquíes salteños, lleva en su identidad la riqueza cultural, gastronómica y vitivinícola del norte argentino, una región donde la comida es también memoria, territorio y tradición.

Muchos lo conocimos a través de sus trabajos en televisión y especialmente por sus recorridos para El Gourmet, donde tuvo la oportunidad de viajar por gran parte de la Argentina descubriendo cocinas regionales, productores, cocineros, artesanos y sabores que reflejan la diversidad de nuestro país. En cada destino supo ir más allá de las recetas para contar las historias de las personas que mantienen vivas las tradiciones y construyen la identidad gastronómica argentina.

Su mirada integra tres mundos que pocas veces aparecen unidos con tanta naturalidad: la gastronomía, el vino y el turismo. Por eso, conversar con Tupac es también emprender un viaje por los paisajes, los productos y las culturas que dan forma a la mesa argentina.

En esta entrevista nos comparte recuerdos de su Cafayate natal, reflexiones sobre los sabores que merecen mayor reconocimiento y algunas de las experiencias que más lo marcaron durante sus recorridos por el país.

«El territorio no es solo el fondo de la escena, sino el ingrediente principal.»

Cafayate es reconocido por sus vinos, pero ¿qué otros productos, ingredientes o tradiciones gastronómicas creés que merecen una mayor visibilidad?

El maíz, sin dudas. Es un ingrediente central en toda la cocina del noroeste y todavía no tiene el reconocimiento que merece fuera de la región.
Y después hay todo un universo de bebidas fermentadas ancestrales que están casi invisibilizadas: la aloja o la chicha, que se hace con algarroba o con maíz; la añapa, una bebida fría de algarroba dulce que se toma en verano y que para mí es uno de los sabores más puros del NOA.

Son preparaciones con siglos de historia que sobreviven en las comunidades pero que casi no aparecen en los circuitos gastronómicos formales. Merecen estar en la conversación y merecen respeto.


Después de recorrer tantas regiones del país, ¿qué descubriste sobre la identidad gastronómica argentina que más te sorprendió?

Que no existe una sola identidad sino muchas, y que eso es exactamente la riqueza.
Recorrí el país de punta a punta y en cada lugar encontré algo que me sacudió. En el norte, una señora en los Valles Calchaquíes preparando el mejor locro que probé en mi vida, sin ser chef, sin concepto, solo memoria y producto. En la Patagonia, un pescador de mejillones en el sur del Atlántico que me explicó cómo el agua fría y las corrientes cambian completamente el sabor del producto, con una precisión que cualquier profesional envidiaría.

En el Litoral, la cocina del río: el surubí, el pacú y las hierbas del monte que casi nadie conoce fuera de esa región. En Cuyo, los productores de aceite de oliva y los secaderos de tomates y pimientos que trabajan con el sol seco de la cordillera exactamente igual que hace generaciones. Y en el centro, la cocina de campo, el asado como ritual social y no como técnica, donde lo importante no es el corte sino quién está alrededor del fuego.

Lo que más me sorprendió es la vigencia de todo eso en lugares donde nadie los está mirando. El gran desafío de la gastronomía argentina es aprender a poner en valor esas cocinas sin folclorizarlas ni vaciarlas de sentido.


¿Hay algún productor, cocinero o historia que te haya marcado especialmente durante tus viajes? ¿Por qué?

Sería injusto nombrar uno solo, porque en cada lugar que visité encontré algo que me dejó una marca.
Lo que sí puedo decir es que en todos ellos hay un denominador común: el intercambio de saberes entre generaciones que se replica, que no se corta.

Una abuela que le enseña a su nieta cómo secar el pimiento al sol en los Valles Calchaquíes. Un pescador del sur que le explica a su hijo en qué momento del año los mejillones están en su punto. Un productor de aceite de oliva en Mendoza que aprendió a leer el olivo mirando a su padre.
Esa transmisión silenciosa, sin libros ni escuelas de cocina, es para mí la forma más sofisticada de gastronomía que existe. Me cambió la manera de pensar la cocina de autor y me enseñó que la humildad frente al ingrediente es el primer paso de cualquier receta.


Si tuvieras que invitar a alguien a conocer Argentina a través de cinco sabores, ¿cuáles elegirías?

Norte: un locro norteño bien hecho, con maíz blanco, cuero de cerdo y las especias del valle. El plato que más nos define como pueblo.

Sur: una buena centolla, langostinos o mejillones patagónicos, con el frío del Atlántico todavía encima. Un sabor que te recuerda que Argentina también es mar y viento sur.

Este: el surubí del Litoral, a la parrilla o en escabeche, con yuyos del monte y limón. Una cocina de río que merece mucho más protagonismo del que tiene.

Oeste: aceite de oliva de Cuyo, en su punto exacto de cosecha temprana, con pan. Simple y perfecto. El sol seco de la cordillera en una botella.

Y el que los une a todos: un buen mate cocido con yuyos del monte, preparado por alguien que sabe. No es un plato, no es un vino, pero es el sabor más argentino que existe. El único que cruza todas las geografías y todas las mesas.

Elaboración de los vinos rosados

Rosado
Imagen: Wine Folly


El vino rosado suele generar dudas. Algunos lo confunden con el antiguo clarete o lo asocian a un vino de menor calidad. Sin embargo, esto no podría estar más lejos de la realidad.

Lo cierto es que toda uva, en su interior, tiene pulpa blanca. Y aunque el vino rosado puede elaborarse mezclando uvas blancas y tintas, lo más habitual es que se utilicen uvas tintas mediante procesos que permiten extraer sólo una parte del color de las pieles.


¿Cómo se elabora un vino rosado?

La vinificación del vino rosado se parece mucho a la del vino blanco. Todo comienza con la llegada de las uvas a la bodega, donde se colocan en los lagares (recipientes con forma de pirámide invertida). Desde allí, un tornillo sin fin las traslada a la despalilladora, que separa los granos del raspón.


Prensado o sangrado: dos caminos posibles

  • Prensado directo: Similar al vino blanco, donde se prensa la uva y se fermenta el jugo obtenido con mínimo contacto con las pieles.
  • Maceración corta: el jugo permanece en contacto con las pieles durante unas horas, extrayendo color y algo de estructura. Es el método más común para rosados frutados y expresivos.
  • Sangrado (saignée): Se deja el mosto y las pieles en un tanque durante un breve período. Luego, se extrae parte del jugo por gravedad, sin prensar. Este mosto ya tiene algo de color.

Cuanto mayor es el tiempo de maceración con los hollejos, más intenso será el color del vino. Por eso, controlar esta etapa es esencial.



El papel del enólogo

Podemos pensar al enólogo como un artista. Observa con paciencia la evolución del mosto, evaluando su color, aroma y estructura. Cuando considera que el punto de maceración es óptimo, separa el mosto de las pieles para comenzar la fermentación.


Maceración controlada

La maceración puede durar desde unas pocas horas hasta dos días, en recipientes refrigerados a temperaturas cercanas a los 10 °C. Este control evita fermentaciones indeseadas por levaduras o bacterias antes de tiempo.

Durante este proceso, los antocianos (pigmentos naturales presentes en la piel de la uva) se disuelven parcialmente en el jugo, dándole ese color rosado tan característico.


Fermentación y embotellado

La fermentación se realiza a temperaturas controladas, al igual que en los vinos blancos, para preservar los aromas frutales y la frescura. Luego, el vino pasa por procesos de clarificación, estabilización y filtrado.

En general, los rosados están listos para ser embotellados y consumidos jóvenes, lo que resalta aún más su carácter vibrante y alegre.


¿Cuándo tomar un vino rosado?

Muchas veces se lo asocia al verano, pero el rosado es un comodín todo terreno. Tiene la frescura de un blanco y un poco más de estructura, lo que le permite maridar con múltiples platos:

  • Como aperitivo
  • Con carnes blancas o de cerdo
  • Ensaladas, pizzas y picadas
  • Platos vegetarianos o con atún rojo
  • Currys y gastronomía asiática
  • Postres, si es un rosado dulce o espumante

La temperatura ideal para servirlo es entre 8 °C y 10 °C. Como siempre, lo importante es disfrutarlo como a vos más te guste.


Rosados en el mundo y en Argentina

En nuestro país, se elaboran excelentes rosados en todas las regiones vitivinícolas: desde Jujuy y Salta hasta la Patagonia, pasando por Mendoza, San Juan, Córdoba, Entre Ríos y Buenos Aires.

Los enólogos pueden producir rosados con cualquier uva tinta: Malbec, Pinot Noir, Syrah, Cabernet Franc, Tannat, Petit Verdot… ¡las posibilidades son infinitas!

A nivel internacional, la región de Provence en Francia es la cuna de los rosados más elegantes y refrescantes. España, especialmente en La Rioja, también ofrece rosados de gran calidad, incluso con categoría Gran Reserva.


La vie en rose

El vino rosado es una invitación a ver la vida con otros ojos. Fresco, versátil y cada vez más valorado, deja atrás los prejuicios y se posiciona como una opción moderna, alegre y gastronómica.

Gracias por acompañarnos en esta nota.
¡Que tengas un día genial y emprendedor!

Y como siempre, gracias por inspirarnos a sacar nuestra mejor versión.

3 respuestas a «Elaboración de los vinos rosados»

  1. Avatar de
    Anónimo

    EXELENTE APORTE

    Me gusta

    1. Avatar de Verónica Bruno

      ¡Muchas gracias!

      Me gusta

    2. Avatar de Verónica Bruno

Nieto Senetiner presenta la única línea de vinos sin alcohol de Argentina


Los consumidores se adaptan a nuevas tendencias de consumo. Ya sea por bienestar, salud, deporte, conciencia al manejar o simplemente por una elección personal, el crecimiento de las alternativas sin alcohol refleja un cambio en la manera de vincularse con bebidas tradicionalmente asociadas al alcohol.

En ese contexto, Nieto Senetiner completa su propuesta 0% con tres nuevas etiquetas: Chardonnay, Malbec Rosé y Malbec–Pinot Noir, que se suman al Brut lanzado en 2025 y consolidan la única línea de vinos sin alcohol de Argentina.

La propuesta busca ampliar las posibilidades de elección del vino. Un almuerzo laboral, una comida entre semana o una reunión con amigos pueden requerir decisiones diferentes según cada contexto. Nieto Senetiner 0% acompaña esas ocasiones, porque hoy disfrutar del vino también puede significar elegir cuándo, cómo y con qué acompañar cada momento.

«Con el lanzamiento del Brut entendimos que existía un consumidor que seguía valorando profundamente el ritual del vino, pero que en determinados momentos buscaba una opción sin alcohol. Esta línea amplía las ocasiones de consumo y nos permite acompañar nuevas formas de disfrute, para que el vino pueda estar presente en cualquier momento y sin restricciones», señala Delfina D’Alessandro, Gerente de Marketing de Nieto Senetiner.

A nivel global, las bebidas sin alcohol dejaron de ser una tendencia emergente para consolidarse como una categoría en expansión. En mercados donde el segmento está más desarrollado, acumula varios años consecutivos de crecimiento a doble dígito. Solo en Estados Unidos, las ventas de vinos sin alcohol aumentaron un 22% en el último año.

«Nuestro desafío fue elaborar una propuesta sin alcohol que mantuviera la esencia del vino desde su origen. Trabajamos con uvas provenientes de Mendoza, principalmente del Valle de Uco, para conservar la identidad y los atributos que caracterizan a cada varietal. El resultado es un vino 0% alcohol y 100% vino que respeta su naturaleza y ofrece una alternativa para quienes buscan nuevas formas de disfrutarlo, con tan solo 20 calorías por copa«, señala Santiago Mayorga, enólogo de la bodega.

La línea 0% es una expresión de la Historia en Movimiento que define a Nieto Senetiner desde hace más de 130 años: la capacidad de evolucionar junto a los consumidores, interpretar los cambios culturales y explorar nuevas maneras de disfrutar el vino sin perder autenticidad ni calidad.


Acerca de Nieto Senetiner

Con más de 130 años de historia, Nieto Senetiner es referente por su trayectoria y calidad. Reconocida por estar en constante evolución, con el compromiso de mantenerse siempre en movimiento.

De calidad excepcional y un portafolio de marcas reconocidas que invita a explorar y descubrir un verdadero ícono del vino argentino.