San Valentín en Estancia Vigil


En el corazón de Los Cardales, Estancia Vigil presenta su propuesta gastronómica para celebrar el Día de los Enamorados de una forma diferente. La bodega y espacio enoturístico creada por Alejandro Vigil invita a vivir una experiencia donde el vino argentino y la alta cocina se encuentran para crear momentos únicos.


Una experiencia gastronómica de cinco tiempos



El menú diseñado para San Valentín combina técnicas contemporáneas con ingredientes premium, en una propuesta que puede disfrutarse tanto el 14 de febrero como el domingo 15. Las reservas son limitadas y deben realizarse con anticipación.

La gastronomía de autor se despliega en cinco pasos cuidadosamente pensados. El recorrido comienza con carpaccio de pulpo español acompañado de gel de cítricos, chiles del sol y papines andinos, una entrada que juega con contrastes de sabor y temperatura.

El segundo tiempo presenta fagottini de vegetales al rescoldo en consomé de shiitake y miso, una combinación que fusiona tradición europea con toques orientales.


Carpaccio de pulpo español con gel de cítricos, chiles del sol y papines andinos

Fagottini de vegetales al rescoldo en consomé de shiitake y miso

Merluza negra al Syrah-Viognier con salsa Bearnesa 

Costilla braseada en cocción larga con mousseline de papa y mollejas

Texturas de limón con espuma de espumante

Lingote de pistachos y chocolate con frutos rojos frescos y sorbet artesanal

El servicio incluye aguas y cafetería Nespresso


La experiencia se completa con la posibilidad de elegir entre tres propuestas de degustación:

El Enemigo (3 vinos – con refill):

Gran Enemigo (3 etiquetas):

Single Vineyard (4 etiquetas):

Sobre Estancia Vigil:


Impulsada por Alejandro Vigil y ubicada en Los Cardales, a pocos kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, Estancia Vigil es un proyecto enoturístico que integra restaurante, bodega, mercado gourmet y un espacio pensado para eventos. La propuesta busca recrear la esencia mendocina en el paisaje rioplatense, reflejando el espíritu y la identidad del Universo Vigil.

Más información: http://www.estanciavigil.com 
+54911-2306-5506/reservas@estanciavigil.com/Ruta 9, km 60, Los Cardales, Provincia de Buenos Aires.

Cómo catar un vino: guía práctica paso a paso



Catar un vino consiste en observarlo, olerlo y probarlo con atención para comprender sus características y, sobre todo, disfrutarlo más plenamente. Esta guía te acompaña desde lo más simple hasta cómo interpretar lo que percibís en la copa.


1. Elección de la copa

La copa adecuada permite que los aromas y sabores se perciban mejor. Para vinos blancos, busca copas más estrechas; para tintos, copas más anchas que faciliten la oxigenación.


2. Temperatura del vino


Cada tipo de vino tiene su temperatura ideal:

  • Blancos y rosados: 8–12 °C
  • Tintos jóvenes: 14–16 °C
  • Tintos robustos y añejos: 16–18 °C

3. Ambiente de cata


Busca un lugar con buena iluminación, sin olores fuertes que puedan interferir con la percepción de aromas del vino.

La cata de vinos consta de 3 pasos. Antes claro está, vamos a descorchar.  Lo primero a hacer es observar el corcho y olerlo. 
Luego nos servimos un poco en la copa que siempre, siempre la vamos a tomar del tallo o el pie para no calentar el vino.


Fase visual


Quienes estamos dotados de este maravilloso sentido, lo primero que hacemos es observar el vino.
Vas a tomar el vino por el tallo de la copa, así no calentás el vino con la temperatura de la mano, y vas a inclinar la copa unos 45 grados, contra un papel, servilleta o mantel de fondo blanco. De este modo, vas a poder dilucidar si el vino es joven o tiene sus años.
Recordá que el color tiene relación con la edad del vino. Los vinos blancos cuando son jóvenes se ven colores amarillo pálidos o verdosos, cuando ganan en edad se perciben amarillos ámbar o caramelo. En el caso de los vinos tintos tienden a mostrar rojos brillantes y vivaces dentro de la gama de los violáceos o rubí. Cuando son vinos de varios años, su colores van del granate, al teja y hasta pueden llegar a los marrones.

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En esta fase vamos a hablar de la intensidad del color, esto puede deberse a la variedad de uva utilizada, los trabajos que se realizan en el viñedo y en la bodega. Entonces ¿Cómo hacemos para ver la intensidad? Eso se ve nuevamente inclinando la copa a unos 45 grados, colocando tu mano abajo y según cómo se observen los dedos a través de la copa se clasificará la intensidad como baja, media o alta.
Cuando hablamos de reflejos en los tinos cómo se puede ver en la figura se ven en el borde o en el arco superior y en los blancos en la parte que se le dice arco o herradura de la parte inferior de la copa.
Finalmente en esta fase debés haber escuchado hablar de las lágrimas o piernas que es el nombre que se les da a las gotas del vino que caen por las paredes de la copa.


Fase olfativa


El sentido del olfato tiene dos vías: una es la nasal directa que es lo que aspiramos por la nariz y la retronasal, desde la cavidad bucal, cuando tragamos el vino.
A la hora de oler un vino, hacemos una primera nariz que es acercar la nariz a la copa y hacer tres inspiraciones profundas.
En esta etapa se analiza la limpidez del vino, en la primera nariz, si el vino no tiene algún defecto (de tenerlo no se continúa con la cata).

Luego vamos a girar la copa para que el vino se oxigene y libere más aromas.
Volvemos a oler y aquí podemos apreciar otros aromas.
Se evalúa la intensidad, es decir la potencia aromática del vino. Se describe como baja, media o alta.
Vas a detenerte en la complejidad o carácter del vino. Puede ser un vino simple, de complejidad media, media-alta o complejo. 
En cuestión de aromas hablamos de aromas primarios: los que son de la uva, secundarios los que provienen de la elaboración y fermentación en barrica y los aromas terciarios: propios de la evolución en botella y la crianza en madera, en las barricas.
En los vinos blancos vas a encontrar aroma o notas a frutas blancas, como ananá, aroma a cítricos, pueden haber notas florales. En los tintos frutas rojas ciruelas, frutillas o moras y paso a paso vas a ir descubriendo otros sabores.
Cuando el vino tiene paso por barrica se distinguen aroma a cedro, tostado, algo de vainilla.


Fase gustativa


Y aquí viene la parte más interesante.
La lengua detecta cuatro clase de sabores: el dulce, el ácido, el salado y el amargo. Y cabe destacar que la sensibilidad de lo dulce y de lo ácido es muy variable en las personas y en los catadores.
En el proceso de catar, se distinguen tres etapas: el ataque que sucede en los primeros segundos, la evolución o los cambios en las sensaciones y el final de boca que es cuando se termina de catar el vino y aún después de ser arrojado o escupido.
El dulce se siente en la punta de la lengua, el salado en los bordes, el ácido en los costados y el amargo en la parte posterior.
Buscá el equilibrio entre el sabor inicial y el retrogusto (es el conjunto de sensaciones gustativas y aromáticas que perduran en la boca y la garganta después de tomar un poco de cualquier bebida).
Un vino es equilibrado cuando el alcohol, la acidez y los taninos se integran de un modo uniforme.

Por último, practicá, practicá y practicá, olé todo, y sobre todo, presta atención a cada aroma. No somos de oler los alimentos y hacerlo es un gran entrenamiento. Olé todo, los perfumes, las verdulerías, a que huele tu ciudad, olé tu cocina, un perfume, las especias. Andá con los sentidos despiertos.

Aprender a catar un vino no significa buscar respuestas correctas, sino desarrollar el propio criterio y la sensibilidad. Con el tiempo, cada copa se vuelve una experiencia más consciente, más placentera y más personal.


¡Entrená tu nariz!


Si te interesa profundizar en la cata y entrenar el paladar con mayor seguridad, podés conocer el eBook de Cata de Vinos, donde desarrollo cada fase con más detalle, ejemplos prácticos y ejercicios simples para aplicar en casa. Es un material pensado para quienes disfrutan del vino y quieren entender mejor lo que sucede en la copa.

eBook de Cata de Vinos https://vinosypasiones.com/ebook-cata-de-vinos/

¡Qué tengas un gran día! ¡Muchas gracias por tu linda compañía!

Vendimia: Un ritual de pasión y tradición


Foto: Acovi Asociación de Cooperativas vitivinícolas Argentinas


La vendimia es más que un momento en el calendario: es un ritual que une tierra, historia y pasiones. A través de siglos de tradición vitivinícola, la vendimia se ha convertido en símbolo de renovación, trabajo colectivo y celebración de la abundancia. Cada año, cuando los racimos maduros son cuidadosamente recogidos bajo el sol, se pone en movimiento un ciclo que une al viñedo con la bodega y a la gente con sus raíces. Esta festividad, profundamente arraigada en la cultura argentina, transforma la simple cosecha de uvas en una experiencia colectiva donde lo agrícola se entrelaza con lo social, lo espiritual y lo festivo.

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¡Feliz día del trabajador vitivinícola!


Foto: Bodega Mil Suelos

Hoy celebramos con orgullo y reconocimiento a cada persona que forma parte de la gran familia del vino en Argentina —aquellos que con su trabajo, pasión y dedicación hacen posible que cada copa cuente una historia.

Gracias a vos —viticultor, cosechador y a todos las personas que forman esta cadena— por poner el cuerpo, la experiencia y el corazón en cada etapa del proceso. Desde el cuidado de la vid en el viñedo, pasando por la fermentación, hasta la llegada de cada botella a la mesa, tu labor es el alma de nuestra cultura vitivinícola.

Argentina tiene una tradición vitivinícola que se expande por más de 19 provincias, y detrás de cada vino hay miles de manos que trabajan para que nuestra bebida nacional siga creciendo y siendo admirada en el mundo.

Reconocer su esfuerzo incansable,
Celebrar su compromiso con la calidad y la identidad del vino argentino,
Y agradecer el entusiasmo que transmiten en cada racimo, en cada fermentación y en cada copa compartida.

¡Salud por vos, tus manos y la pasión que da vida a los vinos!

Gouda: tradición, sabor y maridajes




El queso Gouda es uno de los clásicos que conquista paladares en todo el mundo. Su presencia en tablas, en sándwiches y en platos distinguidos lo convierte en un producto versátil y profundamente relacionado con la cultura gastronómica europea. Ahora ¿qué hay detrás de este queso icónico? Su historia, sus cualidades organolépticas y sus maridajes con vinos y otras bebidas merecen ser contados con atención y pasión.

Un origen antiguo con identidad propia

Aunque hoy en día el nombre Gouda se reconoce globalmente, no debe confundirse con Den Haag ni con Rotterdam: su origen se remonta a la ciudad de Gouda, en la provincia de Holanda Meridional, situada en un paisaje plano de pastos y canales que desde la Edad Media fue ideal para la producción de leche de vaca y, por ende, de queso, en los Países Bajos (Netherlands). Allí, desde al menos el siglo XII, se comercializaban quesos en mercados que se convirtieron en un punto de encuentro para productores y consumidores, consolidando la reputación del queso que llevaba el nombre de su lugar de intercambio.
La presencia de ríos como el Gouwe y el IJssel facilitó el transporte de productos y consolidó a Gouda como un punto estratégico de comercio entre Ámsterdam y Róterdam.

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