Margarita: entre mito, glamour y tequila

Cada 22 de febrero se celebra el Día del Margarita, uno de los cócteles más icónicos del mundo. Nacido en México y rodeado de múltiples historias sobre su origen, el Margarita ha trascendido generaciones gracias a un equilibrio perfecto entre frescura, intensidad y carácter.

Su aparente simpleza —tequila, jugo de lima y licor de naranja— es, en realidad, el secreto de su grandeza. Como sucede con los grandes clásicos, la diferencia está en la calidad de los ingredientes y en la precisión de la técnica.


El origen del Margarita: entre mito y leyenda


Es oriundo de México, hay varias versiones de su origen y en todas las protagonistas son mujeres: Marjorie, Margaret o Margarita.

Una de las primeras versiones se sitúa en 1938 cuando en el restaurante «Rancho de la Gloria», Carlos Herrera crea un trago para una de sus clientas. La mujer era alérgica a varios licores, sin embargo no al tequila, la clienta se llamaba Ziegfeld Marjorie King.

Otra de las interpretaciones, también sucede en México en la Cantina Hussong de Ensenada, baja California. El camarero de la cantina estaba probando nuevos tragos, en ese momento llega Margarita Henkel, hija del entonces embajador alemán y el camarero decide ponerle su nombre.

Hay una historia que dice que Margaret Sames, de la alta sociedad de Dallas en 1948 crea este trago para sus invitados en su casa de Acapulco.

Una diferente interpretación sostiene que un camarero queda entusiasmado con una bailarina joven llamada Margarita Carmen Cansino y elabora este trago para recordarla. Tiempo después esta Margarita se convertirá en una actriz famosa en Rita Hayworth.

Se dice, que había un camarero de nombre Francisco «Pancho» Morales que crea este trago en “Tommy Place Bar”, en El Paso México. Así es como muchos creen este es el lugar en donde realmente nació este conocidísimo trago.
De cualquier forma nosotros nos gusta como aperitivo o en una noche calurosa.
Es uno de los tragos que se disfruta todo el año, aunque en el verano se impone más.


El equilibrio como clave

Un buen Margarita debe ser vibrante, fresco y armónico. El tequila aporta estructura y personalidad; la lima, acidez y tensión; el licor de naranja, redondez y profundidad.

Algunas claves para elevarlo:

  • Utilizar tequila 100 % de agave, preferentemente blanco para un perfil más fresco o reposado si se busca mayor complejidad.
  • Exprimir la lima en el momento. El jugo fresco modifica por completo el resultado.
  • Elegir un licor de naranja de calidad. Sustituir el triple sec estándar por opciones premium como Grand Marnier o Cointreau aporta mayor elegancia y mejor integración alcohólica.
  • Escarchar solo media copa con sal gruesa para que cada sorbo mantenga equilibrio.

Cuando se utilizan ingredientes de alta gama suele hablarse de una “Top Shelf Margarita” o incluso de una “Cadillac Margarita”, versiones que aportan mayor profundidad y complejidad aromática.

Aquí compartimos la receta.

Ingredientes

– Tres partes de tequila
– Dos partes de zumo de lima (o limón, si tenés)
– Una parte de triple sec (Grand Marnier o Cointreau)
– Hielo


Preparación

1- En una coctelera, colocá hielo, tres partes de tequila.
2- Dos partes de jugo de lima o sino tenés, limón. Podés invertir la receta si la deseas más liviana, es decir: dos partes de tequila y tres partes de lima o limón.
3- Luego agregá una parte de Cointreau o Grand Marnier.
4- Tapá la coctelera, shake it, batila, hasta que se enfríe y se integren los ingredientes.
5- Si te animás, podés pasar el borde de la copa por limón y luego sal.
6- Serví en una copa Martini o una que tengas linda.
7- ¡¡Disfrutá del trago, compartilo y volvelo a hacer!!

«No sólo de pan vive el hombre. De vez en cuando, también necesita un trago.»
                                                                                                                  Woody Allen

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Stracciatella: el corazón cremoso del sur de Italia

Foto: Food my muse – https://foodmymuse.com/


Hay sabores que se entienden con la boca… y otros que se entienden con el corazón. La stracciatella pertenece a esa segunda categoría. Cremosa, delicada, sedosa, con una textura que se desarma suavemente en el paladar, este queso italiano se convirtió en uno de los grandes protagonistas de la gastronomía contemporánea: aparece en antipastos, tostadas, pastas, pizzas gourmet y tablas de quesos.

Muchos la conocen sin saberlo, porque es el famoso “corazón” de la burrata. Sin embargo, la stracciatella no es simplemente un relleno: es un producto con historia, con identidad regional y con una manera de elaborarse que habla de algo profundamente italiano: la capacidad de transformar lo simple en algo maravilloso.


Qué es la stracciatella

La stracciatella es un queso fresco italiano elaborado a partir de hebras de mozzarella mezcladas con crema fresca y una pizca de sal. El resultado es una preparación suave y untuosa, de sabor lácteo delicado, que combina lo mejor de dos mundos: la elasticidad de la mozzarella y la sedosidad de la crema.

Su textura es una de las claves de su encanto. No es un queso firme ni un queso totalmente untable. Es un punto intermedio que se siente delicado y liviano al mismo tiempo, y por eso se adapta tan bien tanto a recetas simples como a platos más elaborados.


El origen: de dónde viene la stracciatella

La stracciatella tiene origen en el sur de Italia, en la región de Puglia (Apulia), una tierra famosa por su tradición quesera. Allí nacieron también otros productos emblemáticos como la burrata, la mozzarella y la scamorza, entre muchos otros quesos de leche de vaca y de oveja.

Como ocurre con tantos alimentos tradicionales, su nacimiento está ligado a la cocina campesina y del aprovechamiento. En el proceso de elaboración de la mozzarella suelen quedar fragmentos de pasta que no resultan “perfectos” para ser presentados como piezas enteras. En lugar de descartarlos, los queseros los deshacen en tiras y los mezclan con crema fresca. De esa idea simple surge un producto extraordinario.


Qué significa “stracciatella”

La palabra stracciatella proviene del verbo italiano stracciare, que significa “desgarrar” o “romper en tiras”. El nombre describe exactamente el modo en que se forma el queso: hebras de mozzarella deshilachadas que se integran con crema.

Es interesante notar que el término también se usa en Italia para un helado (la clásica crema con chips de chocolate), pero se trata de productos totalmente distintos. Comparten únicamente la idea visual y conceptual de “tiras o pedacitos” integrados en una base cremosa.


Stracciatella y burrata: cuál es la diferencia

Stracciatella y burrata están íntimamente relacionadas, aunque no son lo mismo. La burrata es una pieza de mozzarella que forma una especie de “bolsita” o envoltorio, y dentro contiene stracciatella. En cambio, la stracciatella es el relleno en sí: las hebras de mozzarella con crema, servidas directamente.

Dicho de manera simple, la burrata es la estructura; la stracciatella es el corazón.


Cómo se come stracciatella y por qué es tan versátil

Una de las grandes virtudes de la stracciatella es su versatilidad. Puede ser protagonista, como entrada o acompañamiento, y en ambos casos aporta textura, cremosidad y un perfil lácteo muy fino. Se luce especialmente cuando se combina con ingredientes mediterráneos, frescos y aromáticos.

Entre las formas más clásicas de disfrutarla están el pan de masa madre tostado con un buen aceite de oliva extra virgen, los tomates frescos con albahaca o el jamón crudo con pimienta negra. También se integra muy bien en platos calientes, porque se funde suavemente y se vuelve casi una salsa natural. En pastas, en pizzas blancas, con hongos o con vegetales grillados, la stracciatella aporta un toque de encanto sin esfuerzo.


Cómo servirla: pequeños detalles que marcan la diferencia

Para disfrutarla en su mejor versión conviene sacarla de la heladera unos 10 o 15 minutos antes de servirla. Si está demasiado fría pierde parte de su aroma y su textura se vuelve menos expresiva.

Un aceite de oliva virgen extra puede elevarla muchísimo, y un toque mínimo de pimienta negra recién molida le da un contraste aromático perfecto. Si la stracciatella es muy suave, una pizca de sal en escamas puede realzarla sin taparla.


Maridajes: qué vino va mejor con stracciatella

El maridaje con stracciatella es un ejercicio muy interesante, porque su textura cremosa y su delicadeza obligan a elegir vinos que acompañen con equilibrio. Al tener grasa láctea, necesita vinos con acidez para limpiar el paladar. Y con sabor sutil, conviene evitar vinos con mucha madera o con exceso de alcohol.

Los espumantes Brut son, probablemente, el maridaje más natural. La burbuja y la acidez cortan la cremosidad y dejan la boca lista para el próximo bocado. Es una combinación ideal para aperitivos, tablas y tostadas.

Los blancos frescos también funcionan de manera excelente, sobre todo cuando la stracciatella se acompaña con tomate, albahaca, cítricos o pesto. Variedades como Sauvignon Blanc, Torrontés seco, Chardonnay sin madera, Riesling o Albariño suelen dar muy buenos resultados.

Los rosados secos son otra gran opción, especialmente si se combina con jamón crudo o platos mediterráneos. Un rosado con buena frescura y sin azúcar residual acompaña con ligereza y suma elegancia.

Y aunque no sea lo primero que se piensa, los tintos livianos también pueden funcionar muy bien. La clave es elegir tintos jóvenes, sin madera marcada, con buena acidez y taninos suaves. Pinot Noir, Garnacha joven, Criolla o incluso un Sangiovese joven pueden ser aliados ideales si la stracciatella aparece en pizzas blancas, platos con hongos o combinaciones con charcutería.

En cambio, conviene evitar tintos muy estructurados, con mucha crianza o demasiado alcohólicos, porque tienden a dominar el queso y a endurecer la sensación en boca.


Una sutileza inigualable

La stracciatella es un recordatorio de que la gastronomía no necesita complicarse para ser memorable. A veces, la verdadera experiencia está en la simpleza: buen queso, buen pan, buen aceite, un vino elegido con criterio y el tiempo para disfrutar.

En ese equilibrio está su encanto. Y quizás por eso, aunque haya nacido como una solución práctica dentro de la tradición quesera del sur de Italia, hoy se convirtió en un símbolo de placer puro.

Antigal Winery & Estates inicia el año con dos nuevos lanzamientos


Se trata de Uno Pinot Grigio y Puro Uno Extra Brut, que renuevan la línea UNO con frescura, versatilidad y autenticidad.


Antigal Winery & Estates, uno de los primeros establecimientos vitivinícolas de Argentina y ganadora del Wine Star Awards 2023 como Mejor Bodega del Nuevo Mundo, inicia el año con dos lanzamientos que amplían a la línea UNO: Uno Pinot Grigio y Puro Uno Extra Brut.

Ambas etiquetas reflejan la identidad de la marca y su búsqueda constante de frescura, elegancia y expresión de origen.

“Estos lanzamientos marcan el inicio de un año muy especial para la bodega. Buscamos seguir diversificando nuestro portfolio, explorando nuevas expresiones y ampliando las ocasiones de consumo, siempre con el foco puesto en el origen y la calidad. Y esto es solo el comienzo: en 2026 vamos a presentar nuevas propuestas que continúan este camino de innovación y crecimiento”, adelanta Paula “Pupi” González, enóloga de Antigal Winery & Estates.


Uno Pinot Grigio: Nueva expresión, misma esencia

Proveniente del Valle de Uco, Uno Pinot Grigio se incorpora al portfolio como una nueva interpretación dentro de la línea. Se trata de un vino fresco, vibrante y versátil, que reafirma el espíritu de UNO: energía, autenticidad y carácter en cada copa.

De perfil frutado y textura fluida, invita a disfrutarlo en múltiples ocasiones. La altura de los viñedos, la composición de los suelos y la marcada amplitud térmica del Valle de Uco permiten una maduración lenta que potencia su expresión varietal y su equilibrio natural.

En nariz se destacan notas de pera, jazmín y flores blancas; en boca es delicado, refrescante y de final floral persistente.


Puro Uno 2025

El espumante Puro Uno Extra Brut 2025 se relanza como una auténtica celebración del origen, donde naturaleza y técnica se integran para dar vida a un producto contemporáneo, versátil y refinado.

Elaborado a partir de un corte de 80% Chardonnay y 20% Pinot Noir, provenientes de La Arboleda y Altamira (Valle de Uco), expresa la frescura y elegancia de estos dos terruños emblemáticos.

Se produce bajo el método Charmat Lungo, con 110 días de contacto sobre lías, lo que aporta cremosidad, complejidad y burbujas finas y persistentes. El resultado es un espumante equilibrado y vibrante, con aromas de flores blancas y durazno blanco, acompañados por sutiles notas de pan tostado.

La elevada acidez natural que aporta la altura del Valle de Uco garantiza frescura, elegancia y potencial de guarda, consolidando su posicionamiento dentro del segmento premium.


Identidad y crecimiento

Con estos lanzamientos, Antigal continúa fortaleciendo la línea UNO y reafirmando su compromiso con la calidad y la innovación. Desde vinos frescos y gastronómicos hasta espumantes de perfil contemporáneo, la marca consolida una propuesta versátil que combina expresión de origen, diseño distintivo y gran valor percibido.

Ambos productos están disponibles en vinotecas de todo el país y en la tienda online de Antigal (www.tienda.antigal.com)


Acerca de Antigal Winery & Estates

Antigal es una de las bodegas más antiguas de Argentina. Fundada en 1897, en Maipú -primera zona vitivinícola de Mendoza a los pies de la Cordillera de los Andes-, sus principales viñedos están ubicados en Valle de Uco, en Gualtallary y La Arboleda. 

El casco histórico de finales del siglo XIX fue completamente renovado cambiando una elaboración de vino a granel por alta gama. La búsqueda de la excelencia es el motor que impulsa el éxito de la bodega. En todos los niveles, Antigal crea vinos de gran calidad y equilibrados que expresan la esencia del terruño mendocino.  

Con sus vinos distribuidos por todo el mundo, UNO Malbec está en el top 10 de malbecs argentinos más vendidos en Estados Unidos.

En el 2023, ganó Wine Star Awards como la Mejor Bodega del Nuevo Mundo por la prestigiosa revista norteamericana Wine Enthusiast.

Su inconfundible etiqueta metálica con el número 1 ha sido premiada mundialmente por su elegancia y originalidad.

Francia y sus regiones del vino

Saint Emilion, Bordeaux

Hablar del vino en Francia es hablar de identidad, de paisaje y de tradición. La vitivinicultura francesa tiene raíces que se hunden en la antigüedad, cuando los griegos, alrededor del siglo VI a.C., introdujeron las primeras vides en la actual Provenza, a través del puerto de Massalia (hoy Marsella). Más tarde, fueron los romanos quienes expandieron el cultivo de la vid por gran parte del territorio, comprendiendo rápidamente el enorme potencial de estas tierras para la producción de vino.

Durante la Edad Media, los monasterios jugaron un rol clave en el desarrollo vitivinícola. Monjes benedictinos y cistercienses no solo cultivaron viñedos, sino que observaron con meticulosidad los suelos, las exposiciones solares y los microclimas. Gracias a ellos comenzó a gestarse el concepto de terroir, esa idea tan francesa que entiende al vino como la expresión única de un lugar. En Borgoña, esta observación detallada dio origen a la delimitación de parcelas que aún hoy definen algunos de los vinos más prestigiosos del mundo.

Con el paso de los siglos, el vino se consolidó como parte fundamental de la cultura francesa. En la corte, en las ciudades y en el campo, el vino era símbolo de estatus, de celebración y vida cotidiana. Ya en los siglos XVII y XVIII, regiones como Burdeos comenzaron a estructurar su comercio internacional, exportando vinos a Inglaterra, Países Bajos y otros mercados europeos, sentando las bases del prestigio global que aún conserva.

El siglo XIX trajo consigo uno de los mayores desafíos: la filoxera, una plaga que devastó los viñedos franceses. Este momento crítico obligó a replantear prácticas vitícolas, injertar sobre portainjertos americanos y modernizar técnicas de cultivo. De esta crisis nació una vitivinicultura más consciente y organizada, que luego daría lugar, en el siglo XX, al sistema de denominaciones de origen controladas (AOC), creado para proteger la identidad y calidad de los vinos según su procedencia.

Hoy, Francia sigue siendo un faro para el mundo del vino. Sus estilos y normas han influenciado a países productores de todos los continentes. Pero más allá del prestigio, lo que define a la vitivinicultura francesa es ese profundo respeto por la tierra, por la tradición y por la transmisión de saberes de generación en generación.


El clima: el gran arquitecto del vino francés

Es difícil entender el vino francés sin detenernos en su clima. Francia posee una diversidad climática notable, y es justamente esa variedad la que le permite ofrecer estilos tan distintos, desde espumosos vibrantes hasta tintos de gran estructura y blancos delicados.

En términos generales, el país se mueve entre tres grandes influencias: el clima oceánico, el continental y el mediterráneo. En el oeste, cerca del Atlántico, el clima oceánico aporta temperaturas moderadas y lluvias regulares, como ocurre en Burdeos, donde estas condiciones favorecen una maduración lenta y equilibrada de las uvas. Hacia el interior, en Borgoña o Champagne, predomina un clima continental, con inviernos fríos, veranos cálidos y marcadas amplitudes térmicas, que permiten vinos de gran frescura y precisión aromática. Más al sur, el clima mediterráneo se hace sentir en zonas como el Ródano Sur o Provenza, con mayor insolación, veranos secos y vientos que ayudan a mantener sanos los viñedos.

Esta combinación de climas se traduce en una enorme riqueza estilística. La latitud también juega un papel fundamental: muchas regiones francesas se encuentran cerca del límite norte para el cultivo de la vid, lo que explica la búsqueda constante de equilibrio entre madurez y acidez. Por eso, cada vendimia es un desafío y una aventura distinta, donde el clima marca el carácter del año.

Además, factores como la cercanía a ríos, montañas y mares generan microclimas únicos. El Loira, el Ródano, el Garona o el Mar Mediterráneo no solo embellecen el paisaje, sino que influyen directamente en la temperatura, la humedad y la ventilación de los viñedos. Es en esta interacción entre clima, suelo y saber humano donde nace el famoso terroir francés.

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Syrah: historia, origen y la leyenda detrás de una uva emblemática

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La Syrah, también conocida como Shiraz en algunos países, es una de las uvas más fascinantes y reconocidas del mundo del vino. Su historia está rodeada de misterio y relatos populares que han contribuido a su encanto.
Una de las leyendas más difundidas sostiene que esta uva habría sido utilizada en la Última Cena, aunque no existe evidencia histórica que lo respalde. Lo que sí se sabe es que en la región de Judea hace más de dos mil años se cultivaban otras variedades locales, mientras que la Syrah como tal se consolidó mucho después.

Los estudios genéticos modernos han determinado que la Syrah es fruto del cruce entre dos antiguas uvas francesas: la Dureza y la Mondeuse Blanche.
Con el tiempo, esta cepa se expandió por el mundo, adaptándose a climas cálidos y fríos, y adoptando en países como Australia el nombre de Shiraz. Este recorrido global convirtió a la Syrah en un símbolo de elegancia y potencia, capaz de crear vinos que despiertan pasiones y que se reconocen instantáneamente por su carácter distintivo.

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