Alma Cabral: Argentina, en la cima de la sommellerie mundial


La Mejor Sommelier de Argentina 2025 participa en Lisboa del Concurso ASI Mejor Sommelier del Mundo 2026, una competencia internacional que reúne a profesionales de distintos países y pone a prueba la amplitud de conocimientos.

La sommellerie tiene esta semana una cita central en Lisboa. Del 11 al 17 de octubre, Portugal es sede de la 18.ª edición del Concurso ASI Mejor Sommelier del Mundo, una de las competencias más exigentes de la profesión. Entre los representantes de los diversos países se encuentra Alma Cabral Arrieta, conocida como Almita, quien llega a esta instancia después de consagrarse Mejor Sommelier de Argentina en 2025.
Su participación marca un nuevo capítulo en un recorrido profesional que combina formación, experiencia en gastronomía, servicio y comunicación. También representa una oportunidad para proyectar internacionalmente el trabajo de la sommellerie argentina, una profesión que conecta el conocimiento de las bebidas con la hospitalidad y la capacidad de acercar la cultura del vino a públicos diversos.


De la gastronomía al vino

Nacida en Asunción, Paraguay, Alma llegó a Buenos Aires a los 17 años para estudiar gastronomía. Su acercamiento al vino comenzó durante esa formación, a partir de una materia que despertó un interés que terminaría convirtiéndose en su vocación profesional. Se formó como sommelier en el Centro Argentino de Vinos y Espirituosas (CAVE) y desarrolló su trayectoria en distintos espacios de la gastronomía y el comercio del vino.
Trabajó en restaurantes y vinotecas, y durante la pandemia encontró nuevas formas de continuar su actividad a través de la enseñanza virtual. Actualmente, su recorrido reúne tareas comerciales y de formación, dos ámbitos que le permiten abordar el vino desde distintas perspectivas: el producto, el mercado, el servicio y la comunicación.

En noviembre de 2025, Cabral Arrieta se consagró Mejor Sommelier de Argentina en una competencia que reunió a 48 participantes. El reconocimiento llegó después de haber alcanzado la instancia final del certamen nacional en 2022 y le otorgó la posibilidad de representar al país en el concurso mundial.
Su recorrido refleja una característica fundamental de la profesión: la formación no termina con un título ni con un reconocimiento. El conocimiento del vino y de las bebidas exige estudio permanente, curiosidad y actualización frente a un universo que cambia con las nuevas regiones, los estilos de elaboración, los hábitos de consumo y las expectativas del público.


Las claves de la competencia

El Concurso ASI Mejor Sommelier del Mundo, organizado por la Association de la Sommellerie Internationale junto con la asociación anfitriona portuguesa, reúne a profesionales que representan a 66 países. La competencia se desarrolla a través de distintas etapas y exige un dominio amplio de los conocimientos y las habilidades que forman parte del trabajo cotidiano de un sommelier.
La cata a ciegas es una de las facetas más reconocidas de la profesión, sin embargo no resume por sí sola todo lo que se evalúa. Identificar características de un vino, interpretar su estilo y fundamentar una apreciación requiere sensibilidad sensorial, vocabulario técnico, memoria y capacidad de análisis. A eso se suman los conocimientos teóricos, el servicio, la gastronomía y la armonización, junto con la precisión y la capacidad de responder ante situaciones que demandan rapidez y seguridad.

La formación profesional abarca otras bebidas y culturas gastronómicas, así como el conocimiento de sus características, sus formas de servicio y sus posibles combinaciones con la comida.
En una competencia internacional, esa preparación debe ponerse en práctica frente a consignas exigentes y en un contexto de presión. La excelencia no depende solamente de saber mucho, sino de descifrar cada situación al detalle, comunicar con claridad y tomar decisiones con criterio profesional.


El vino argentino en una escena internacional

Representar a un país productor como Argentina implica llevar al escenario internacional la diversidad de sus regiones, variedades y estilos. El Malbec ocupa un lugar destacado en el reconocimiento global de nuestros vinos, si bien la vitivinicultura argentina ofrece una realidad mucho más amplia: desde los vinos de altura del Noroeste y los paisajes del Valle Calchaquí hasta la diversidad de Mendoza, San Juan, la Patagonia y otras regiones que continúan desarrollando sus propias identidades.
En una entrevista publicada por Wines of Argentina después de ganar el certamen nacional, Alma destacó la importancia de explorar esa diversidad. Entre sus referencias mencionó los Malbec de altura y los blancos del Valle de Uco, los Cabernet Sauvignon de la Primera Zona y los vinos del Noroeste, además de nuevas expresiones de provincias como Córdoba, Entre Ríos y Buenos Aires.

Esa mirada resulta especialmente relevante en una competencia de este calibre. El conocimiento de los vinos argentinos forma parte de la preparación, sumado a la capacidad de comprender otras tradiciones, reconocer estilos y comunicar las particularidades de cada origen.
La representación nacional, por lo tanto, es una oportunidad para compartir la complejidad de un mapa vitivinícola en expansión y mostrar el trabajo de productores que construyen identidad en territorios muy diferentes.


El valor del trabajo en equipo

Detrás de una competencia de esta magnitud hay meses de estudio, entrenamiento y preparación. La instancia internacional requiere una red de apoyo que permita afrontar las exigencias logísticas y profesionales de una experiencia de este nivel.
La Asociación Argentina de Sommeliers acompaña a Alma en este desafío y destacó públicamente el trabajo, el compromiso y la dedicación que implica llegar a Lisboa. En ese acompañamiento participan las bodegas Trapiche, Finca Las Moras y El Esteco, mencionadas por la asociación entre quienes apoyan esta etapa de capacitación.
El concurso constituye, además, un espacio de intercambio entre profesionales de distintas partes del mundo. Más allá del resultado, estos concursos contribuyen a fortalecer vínculos, compartir conocimientos y dar visibilidad a una profesión cuyo papel resulta fundamental en la gastronomía, la hospitalidad y la cultura del vino.


El camino del sommelier

El desafío de Alma Cabral en Lisboa nos hace volver sobre una pregunta: ¿qué significa ser sommelier hoy? La respuesta incluye el conocimiento técnico, la capacidad de reconocer y describir bebidas, el dominio del servicio y una formación amplia. Requiere escucha, sensibilidad y herramientas para comprender a quien está del otro lado de la mesa.
Un sommelier recomienda bebidas, difunde sus historias, comparte las historias de quienes las elaboran, interpreta preferencias, traduce información, propone descubrimientos y puede contribuir a que una persona se acerque a un vino o región que hasta entonces desconocía. En esa tarea, el conocimiento adquiere sentido cuando se convierte en comunicación y servicio.
Mientras el certamen avanza en Lisboa, la participación de Alma representa a la sommellerie argentina en un escenario internacional de máxima exigencia. La competencia continuará durante la semana y la final está prevista para el viernes 16 de octubre en el Coliseu dos Recreios.

El resultado tendrá su propio lugar en la historia del concurso. El recorrido hasta llegar allí habla de preparación, perseverancia y compromiso con una profesión que exige aprender constantemente. Por sobre todo recuerda que detrás de cada copa hay mucho más que un vino: hay conocimiento, territorio, cultura y personas capaces de transmitirlo.

Argentina recibió el primer viaje oficial del WSET a Sudamérica


Del 19 al 26 de septiembre, Argentina recibió por primera vez un viaje oficial del Wine & Spirit Education Trust (WSET) a Sudamérica. La iniciativa, organizada por Wines of Argentina, reunió a 15 educadores y referentes internacionales vinculados con la educación, la comunicación y el comercio del vino, provenientes de Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Brasil, Hong Kong y China.
El WSET Educators Trip Argentina 2026 tuvo como objetivo profundizar el conocimiento sobre la vitivinicultura argentina y fortalecer la presencia del país en los contenidos educativos internacionales de WSET. La delegación recorrió distintas zonas productoras de Mendoza y la Patagonia, en un programa que combinó seminarios, degustaciones, visitas a bodegas y encuentros con productores.

La delegación contó con la participación institucional de Christine Kamine, Head of Market Development for the Americas del WSET, y estuvo integrada por 15 profesionales vinculados al comercio, la comunicación y la educación del vino. Entre ellos participaron referentes de Estados Unidos, Brasil, Canadá, Reino Unido, Hong Kong y China, provenientes de distribuidoras, escuelas de vino, organismos del sector, empresas vinculadas al comercio y medios especializados.

Desde Estados Unidos participaron Michael McNelis, de Allied Beverage Group; Claudia Chamberlain, de Berry Bros. & Rudd; Monica Marin-Spicher, de The Wine House LA; y May Matta-Aliah, de In the Grape. Brasil estuvo representado por Thiago Mendes y Bianca Veratti, de Eno Cultura; mientras que desde Canadá participaron Andrea Eby, de Vinsanity Consulting; Robert Miller, de The Vine Agency; y Ana Gallegos Barcenas, de SAQ Montreal / Ana Wine Co.
La delegación incluyó a Leona De Pasquale, escritora y jurado internacional; Ed Wicks, de WSET London School; y Timothy Bradley, de Oxford Wine School, por el Reino Unido. Desde Hong Kong y China participaron Anna Peng, de Vats Liquor Chain Store, y Corinne Mui, de Corvino Wine School.

Durante la semana, los participantes pudieron conocer diferentes regiones, climas, variedades y estilos de vinos argentinos. El recorrido incluyó vinos de altura, expresiones de clima frío y distintas interpretaciones de variedades como Malbec y Torrontés, además de Cabernet Franc, Pinot Noir, blancos, espumosos y variedades Criollas. La propuesta permitió mostrar una Argentina vitivinícola que va mucho más allá de una única variedad y que continúa ampliando la diversidad de sus regiones y estilos.
La Patagonia tuvo un lugar destacado dentro del programa. Entre el 24 y el 26 de septiembre, los especialistas recorrieron bodegas de Neuquén y Río Negro, con visitas a distintas zonas productivas y la posibilidad de conocer proyectos y vinos de la región. Para Wines of Argentina, mostrar estos territorios forma parte de una estrategia destinada a comunicar la diversidad del vino argentino región por región y fortalecer el posicionamiento de nuevos orígenes en los mercados internacionales.

Uno de los aspectos más interesantes de la visita fue justamente la posibilidad de reunir, en un mismo recorrido, diferentes geografías y propuestas vitivinícolas.
Las apreciaciones de los visitantes destacaron la diversidad de estilos, técnicas y filosofías de elaboración que encontraron en el país, así como la variedad de condiciones climáticas. También señalaron el crecimiento de variedades diferentes al Malbec y el potencial que estas expresiones pueden tener en los mercados internacionales.

La presencia de educadores certificados por WSET adquiere especial relevancia por su vínculo con la formación profesional del vino en distintos mercados. El contacto directo con productores, regiones y vinos argentinos permite que ese conocimiento pueda trasladarse luego a aulas, comercios y espacios de formación en diferentes países.
Para la vitivinicultura argentina, este tipo de iniciativas representa una gran oportunidad para que quienes enseñan y trabajan con vino en otros mercados conozcan de primera mano la evolución del país, sus distintas regiones y las nuevas expresiones que están surgiendo.

Argentina vuelve así a poner en primer plano una de sus grandes fortalezas: la diversidad. Desde los vinos de altura hasta las regiones australes, desde las variedades tradicionales hasta las Criollas y los nuevos estilos, el mapa vitivinícola argentino continúa ampliándose y ofreciendo nuevas historias para conocer, estudiar y compartir.

Andrea Ferreyra, la primera argentina nominada a Winemaker of the Year

Foto: Vinómanos

La vitivinicultura argentina vuelve a estar presente entre los grandes nombres del vino internacional. Andrea Ferreyra, responsable enológica de Finca La Celia, en el Valle de Uco, fue nominada a Winemaker of the Year 2026 por Wine Enthusiast, en el marco de la 27.ª edición de los Wine Star Awards.
La nominación tiene además un significado especial: Ferreyra es la primera mujer argentina en alcanzar esta instancia y la cuarta profesional de nuestro país en integrar esta categoría. Antes de ella, Jorge Riccitelli fue reconocido en 2012, mientras que Juan Pablo Murgia y Alejandro Vigil fueron nominados en 2023 y 2025, respectivamente.


Una carrera ligada al vino

Andrea Ferreyra cuenta con más de dos décadas de experiencia en la actividad vitivinícola argentina. Es Licenciada en Enología por la Universidad Juan Agustín Maza y realizó un posgrado en Management de Calidad del Viñedo al Vino.
Su vínculo con Finca La Celia comenzó en 2006, cuando se incorporó como segunda enóloga. Seis años después asumió como jefa de Enología, convirtiéndose en la primera mujer en liderar el área técnica de esta bodega histórica del Valle de Uco.
Finca La Celia fue fundada en 1890 y es considerada la primera bodega del Valle de Uco. Desde allí, Ferreyra desarrolla una mirada enológica centrada en la expresión del lugar, con especial atención a las particularidades del clima y los suelos de Mendoza.
Su trabajo acompañó una evolución en la identidad de La Celia: es la primera bodega de la zona y la primera en producir Malbec en el Valle de Uco. Es una bodega moderna y sustentable, con una filosofía de trabajo basada en la excelencia, la pasión por el vino, la innovación, la sustentabilidad y la integridad.


Wine Enthusiast

Los Wine Star Awards de Wine Enthusiast reconocen a personas y organizaciones que realizan contribuciones sobresalientes en el ámbito del vino y las bebidas. Para la edición 2026, los nominados fueron seleccionados a partir de propuestas realizadas por las distintas áreas de la publicación y posteriormente sometidos a un proceso de votación y selección.
En la categoría Winemaker of the Year, Andrea Ferreyra comparte la nominación con profesionales de Australia, Estados Unidos, Italia y Austria.
En su presentación, Wine Enthusiast señala que Ferreyra está al frente de la primera bodega del Valle de Uco y destaca sus más de veinte años de experiencia en algunas de las principales bodegas argentinas. Remarca su trabajo sobre el clima y los suelos de Argentina y en la búsqueda de vinos de gran pureza.
Para Andrea, la nominación representa además una ocasión para dar visibilidad al trabajo colectivo detrás de cada vino y al potencial de los terruños argentinos.


Las mujeres del vino

Que Andrea Ferreyra sea la primera mujer argentina nominada en esta categoría suma una dimensión particular a este galardón.
Su recorrido muestra cómo las mujeres han ido ocupando distintos espacios de responsabilidad dentro del sector vitivinícola. En su caso, el camino comenzó mucho antes de esta nominación y se construyó a partir de formación, experiencia y trabajo en bodega.
Su trayectoria internacional ya había recibido otros reconocimientos. Entre ellos se encuentra el premio a Best Woman Winemaker de los Sakura Japan Women’s Wine Awards, que puso en valor su labor como enóloga en el escenario internacional.


Argentina, Mendoza y el Valle de Uco

Cada premio internacional a un profesional argentino permite volver la mirada hacia los terruños donde se construyen nuestros vinos.
En este caso, el escenario es el Valle de Uco, una de las regiones vitivinícolas de mayor proyección de Mendoza. La altura, la diversidad de suelos y las condiciones climáticas de sus distintos sectores han convertido a la región en un territorio de exploración y expresión para numerosas bodegas y enólogos.
La mirada de Ferreyra se suma a esa historia desde el Sur del Valle de Uco, interpretando sus características a través de vinos que buscan expresar el lugar con elegancia y precisión.


La expectativa continúa

Los ganadores de los Wine Star Awards 2026 serán anunciados en la edición especial Best of Year de Wine Enthusiast y posteriormente homenajeados durante la gala anual prevista para enero de 2027.
Para Argentina, es una nueva oportunidad para mostrar que detrás de nuestros vinos hay personas, territorios, conocimiento y muchas historias que vale la pena seguir descubriendo.

Desde Vinos y Pasiones celebramos este reconocimiento a Andrea Ferreyra y seguimos brindando por el talento argentino que encuentra nuevos caminos para llegar al mundo.

Pedro Rosell: un maestro de los vinos espumantes

Foto: Bodega Cruzat

Enólogo, ingeniero agrónomo, docente y uno de los grandes referentes de los vinos espumantes argentinos, Pedro Rosell dedicó más de seis décadas al vino. Pero su legado no está solamente en las botellas que elaboró: también está en todo lo que enseñó.


Hay personas que uno recuerda por todo lo que saben y otras que, además, recuerda por su manera de enseñar. Pedro Rosell pertenecía a ese segundo grupo. Tuve la oportunidad de escucharlo varias veces conversar sobre vinos espumantes y siempre me llamó especialmente la atención su manera de transmitir el conocimiento. Era profundamente técnico, sin embargo lograba explicar temas complejos con una claridad extraordinaria.

Pedro Rosell falleció el 24 de septiembre de 2026, a los 90 años. Con él se va uno de los grandes referentes de los vinos espumantes de la Argentina, un profesional cuya trayectoria atravesó más de seis décadas de nuestra vitivinicultura.


Una vida dedicada al conocimiento

Nacido en Mendoza en 1936, Rosell creció en una familia vinculada al vino. Su padre tenía una destilería y, según contó años más tarde, su curiosidad por la elaboración comenzó siendo muy pequeño. En una fiesta de fin de año, después de beber todo lo que había quedado en las copas, terminó emborrachándose. Su padre, lejos de alejarlo de ese universo, le compró un pequeño equipo de destilación de juguete.
A partir de entonces comenzó a experimentar. Destilaba vino y elaboraba un aguardiente con cáscara rallada de naranja amarga, inspirado en el Cointreau, que compartía con sus amigos en pequeños dedales. La anécdota tiene algo de juego infantil, aunque revela una curiosidad temprana por descubrir qué podía hacerse con una bebida y cómo podía transformarse.
Ese interés se convertiría con los años en una profunda vocación profesional. Rosell se formó como enólogo y posteriormente se graduó como ingeniero agrónomo en la Universidad Nacional de Cuyo. Su vínculo con la universidad no terminó con sus estudios. Participó en las cátedras de Química Orgánica y Biológica y de Microbiología de la Facultad de Ciencias Agrarias. La docencia sería una constante a lo largo de su vida profesional.

Más tarde viajó a Francia para perfeccionarse en enología. Allí estudió en Burdeos y tuvo como maestro a Émile Peynaud, una de las figuras fundamentales de la enología del siglo XX. Aquella experiencia fue decisiva y le permitió incorporar conocimientos y una mirada que luego trasladaría a su trabajo en la Argentina, basada en el rigor técnico, la observación, la precisión y el respeto por los tiempos de elaboración.


Cuando encontró su gran pasión

Los vinos espumantes ocuparon un lugar central en su carrera. A fines de la década de 1970 comenzó una etapa fundamental en Navarro Correas, donde trabajó en el desarrollo de espumantes y realizó ensayos con distintas variedades. Chardonnay y Pinot Noir fueron ganando protagonismo en su búsqueda de calidad.
En una entrevista publicada por La Nación en 2020, Rosell explicaba con enorme claridad cuestiones que muchas veces pueden resultar complejas para quienes se acercan al mundo de los espumantes: la segunda fermentación, las diferencias entre el método Charmat y el método tradicional, el licor de expedición, la crianza sobre borras y hasta la importancia de lavar correctamente una copa.

Esa capacidad de explicar formaba parte de su manera de entender el vino. Pedro no guardaba el conocimiento para sí: lo compartía, lo hacía accesible y encontraba en la enseñanza una forma de acercar a otros al mundo de los espumantes.


El maestro de las burbujas

Con el paso de los años, su nombre quedó asociado a algunos de los proyectos más importantes de la categoría en la Argentina. Fue asesor de distintas bodegas, participó en el desarrollo de Rosell Boher y, en 2004, fundó Bodega Cruzat junto con empresarios chilenos. El proyecto nació con una definición muy precisa: elaborar exclusivamente espumantes de alta gama mediante el método tradicional, con segunda fermentación en botella.

Cruzat se convirtió en una expresión de esa filosofía. La búsqueda del lugar adecuado, la elección de las variedades, el trabajo con las levaduras, los tiempos de crianza y la atención a cada detalle formaban parte de una concepción enológica que Rosell sostuvo durante años.


Entender un espumante para poder disfrutarlo

Hay algo que resulta especialmente interesante al volver hoy sobre sus palabras. Pedro podía expresarse sobre cuestiones profundamente técnicas y, pocos minutos después, estar explicando cómo disfrutar mejor una copa. En aquella entrevista de 2020 hablaba de la burbuja, de la temperatura de servicio, de las copas y de la relación entre el espumante y la comida. El conocimiento no aparecía como una barrera, sino como una herramienta para disfrutar más.

Y quizás esa sea una de las enseñanzas más valiosas que dejó. El conocimiento del vino no debería alejarnos del placer, sino acercarnos a él. Entender qué sucede dentro de una botella, cómo se elabora un espumante o por qué una determinada copa modifica nuestra percepción puede hacer que una copa sea todavía más interesante.


Una huella que permanece

Pedro Rosell perteneció a una generación que contribuyó a transformar la percepción y la calidad de los espumantes argentinos.
Para quienes tuvimos la oportunidad de escucharlo, despedir a Pedro Rosell es despedir a un gran maestro. Yo tuve la suerte de escucharlo varias veces charlar sobre espumantes y cada encuentro me dejaba algo nuevo. Su conocimiento era enorme, lo que más recuerdo es su manera de transmitirlo: clara, apasionada, precisa y profundamente pedagógica. todavía hoy, cuando les explico a mis alumnos cuáles son las condiciones que debe reunir la uva para elaborar un buen espumante, me acuerdo de él y de sus palabras. Se me eriza la piel y, al mismo tiempo, sonrío, como él lo hacía, con aquella sonrisa pícara que también forma parte de mi recuerdo.

Pedro Rosell hizo de los espumantes una especialidad y de la transmisión del conocimiento una parte esencial de su legado.
Desde Vinos y Pasiones, nuestro reconocimiento y profundo agradecimiento a un gran maestro del vino argentino, cuya pasión por enseñar y compartir el conocimiento seguirá dejando huella en quienes tuvimos la oportunidad de escucharlo y aprender de él.

Tupac Guantay: viajar para descubrir los sabores del territorio


Chef, comunicador y viajero incansable, Tupac Guantay recorre la Argentina para descubrir las historias y los sabores que dan identidad a cada territorio. En esta entrevista comparte sus raíces cafayateñas y su mirada sobre la riqueza gastronómica del país.


Tupac Guantay es chef, comunicador y un apasionado narrador de las historias que se esconden detrás de cada plato. Nacido en Cafayate, en el corazón de los Valles Calchaquíes salteños, lleva en su identidad la riqueza cultural, gastronómica y vitivinícola del norte argentino, una región donde la comida es también memoria, territorio y tradición.

Muchos lo conocimos a través de sus trabajos en televisión y especialmente por sus recorridos para El Gourmet, donde tuvo la oportunidad de viajar por gran parte de la Argentina descubriendo cocinas regionales, productores, cocineros, artesanos y sabores que reflejan la diversidad de nuestro país. En cada destino supo ir más allá de las recetas para contar las historias de las personas que mantienen vivas las tradiciones y construyen la identidad gastronómica argentina.

Su mirada integra tres mundos que pocas veces aparecen unidos con tanta naturalidad: la gastronomía, el vino y el turismo. Por eso, conversar con Tupac es también emprender un viaje por los paisajes, los productos y las culturas que dan forma a la mesa argentina.

En esta entrevista nos comparte recuerdos de su Cafayate natal, reflexiones sobre los sabores que merecen mayor reconocimiento y algunas de las experiencias que más lo marcaron durante sus recorridos por el país.

«El territorio no es solo el fondo de la escena, sino el ingrediente principal.»

Cafayate es reconocido por sus vinos, pero ¿qué otros productos, ingredientes o tradiciones gastronómicas creés que merecen una mayor visibilidad?

El maíz, sin dudas. Es un ingrediente central en toda la cocina del noroeste y todavía no tiene el reconocimiento que merece fuera de la región.
Y después hay todo un universo de bebidas fermentadas ancestrales que están casi invisibilizadas: la aloja o la chicha, que se hace con algarroba o con maíz; la añapa, una bebida fría de algarroba dulce que se toma en verano y que para mí es uno de los sabores más puros del NOA.

Son preparaciones con siglos de historia que sobreviven en las comunidades pero que casi no aparecen en los circuitos gastronómicos formales. Merecen estar en la conversación y merecen respeto.


Después de recorrer tantas regiones del país, ¿qué descubriste sobre la identidad gastronómica argentina que más te sorprendió?

Que no existe una sola identidad sino muchas, y que eso es exactamente la riqueza.
Recorrí el país de punta a punta y en cada lugar encontré algo que me sacudió. En el norte, una señora en los Valles Calchaquíes preparando el mejor locro que probé en mi vida, sin ser chef, sin concepto, solo memoria y producto. En la Patagonia, un pescador de mejillones en el sur del Atlántico que me explicó cómo el agua fría y las corrientes cambian completamente el sabor del producto, con una precisión que cualquier profesional envidiaría.

En el Litoral, la cocina del río: el surubí, el pacú y las hierbas del monte que casi nadie conoce fuera de esa región. En Cuyo, los productores de aceite de oliva y los secaderos de tomates y pimientos que trabajan con el sol seco de la cordillera exactamente igual que hace generaciones. Y en el centro, la cocina de campo, el asado como ritual social y no como técnica, donde lo importante no es el corte sino quién está alrededor del fuego.

Lo que más me sorprendió es la vigencia de todo eso en lugares donde nadie los está mirando. El gran desafío de la gastronomía argentina es aprender a poner en valor esas cocinas sin folclorizarlas ni vaciarlas de sentido.


¿Hay algún productor, cocinero o historia que te haya marcado especialmente durante tus viajes? ¿Por qué?

Sería injusto nombrar uno solo, porque en cada lugar que visité encontré algo que me dejó una marca.
Lo que sí puedo decir es que en todos ellos hay un denominador común: el intercambio de saberes entre generaciones que se replica, que no se corta.

Una abuela que le enseña a su nieta cómo secar el pimiento al sol en los Valles Calchaquíes. Un pescador del sur que le explica a su hijo en qué momento del año los mejillones están en su punto. Un productor de aceite de oliva en Mendoza que aprendió a leer el olivo mirando a su padre.
Esa transmisión silenciosa, sin libros ni escuelas de cocina, es para mí la forma más sofisticada de gastronomía que existe. Me cambió la manera de pensar la cocina de autor y me enseñó que la humildad frente al ingrediente es el primer paso de cualquier receta.


Si tuvieras que invitar a alguien a conocer Argentina a través de cinco sabores, ¿cuáles elegirías?

Norte: un locro norteño bien hecho, con maíz blanco, cuero de cerdo y las especias del valle. El plato que más nos define como pueblo.

Sur: una buena centolla, langostinos o mejillones patagónicos, con el frío del Atlántico todavía encima. Un sabor que te recuerda que Argentina también es mar y viento sur.

Este: el surubí del Litoral, a la parrilla o en escabeche, con yuyos del monte y limón. Una cocina de río que merece mucho más protagonismo del que tiene.

Oeste: aceite de oliva de Cuyo, en su punto exacto de cosecha temprana, con pan. Simple y perfecto. El sol seco de la cordillera en una botella.

Y el que los une a todos: un buen mate cocido con yuyos del monte, preparado por alguien que sabe. No es un plato, no es un vino, pero es el sabor más argentino que existe. El único que cruza todas las geografías y todas las mesas.