
Catar un vino es realizar el ejercicio intelectual de estar atentos que tiene esta noble bebida para ofrecernos. Cuando nos disponemos a realizar esta experiencia, de evaluación sensorial, estamos haciendo la práctica de evocar, medir, analizar e interpretar un vino o cualquier otra bebida o alimento.
Hoy vamos a hablar de los aromas que a medida que cates un vino vas a ir descubriendo.
Aromas primarios, secundarios y terciarios.
Sabemos que las primeras veces no es fácil distinguirlos.
La clave, es no desistir y cuando tomes una copa de vino (siempre por el tallo), acerques bien la nariz e inspires para ver qué sentís. Cerrá los ojos, inspirá y volvé a hacerlo. Es un modo de ir entrenando el olfato.
La primera nariz en la cata de un vino la hacés sin agitar la copa. Luego vas a girar la copa suavemente, desde la mesa, o si te animás, con la copa elevada. Y ahí en «la segunda nariz», vas a sentir otras fragancias.
Aromas primarios: son los aromas propios de la variedad de la uva, y se sienten más en los vinos jóvenes. Aroma a fruta, notas florales a jazmín y vegetales. Se perciben en los vinos blancos notas a ananá, pera, algunos cítricos. En tintos, aromas a violetas, ciruela, frutas rojas, frutillas, moras, algo de pimienta. Todo tiene que ver con la memoria olfativa de cada persona. Si no sabés a qué huelen las moras u otras frutas, claramente no vas a distinguir este aroma.
Aromas secundarios: son los típicos de la fermentación alcohólica y de la fermentación maloláctica (cuando el mosto pasa de tener el ácido málico al ácido láctico) que no sucede en todos los vinos, eso lo decide el enólogo. Estos aromas le dan cierta estructura al vino.
Vas a sentir aromas lácticos, o a levadura, manteca o mantequilla, algo de crema o nata.
Aromas terciarios: son los aromas que le otorga la crianza en madera, es decir cuando el vino tiene una guarda por barrica de roble francés, americano, fudres o toneles (los bien grandes). A estos aromas se los denomina a veces como el bouquet.
Sólo en algunos vinos blancos que han pasado por madera, aroma a flores secas, coco, y en los tintos aromas a tostado, ahumado, a vainilla, notas balsámicas: a pino, a eucalipto.
La lista sigue, quisimos hacerlo sencillo para empezar a entrenar tu nariz.
Tips sencillos de qué sentir al catar un vino.
Cómo todo en la vida, tenés que darte tiempo, es de a poco. Un entrenamiento, que la mayoría de las veces es apasionante.
Una buena sugerencia, puede ser que lleves notas de cata, cómo hacemos los sommeliers o como muchos amantes del vino. Eso ayuda a modo de guía y a ir creando tu propio registro de aromas.
Lo más recomendable es entrenar la vista, el olfato y el gusto; cuantos más vinos puedas ir probando, mejor se aprenderá a catar.
Finalmente dejate llevar por tu intuición.
«El mundo está lleno de pequeñas alegrías, el arte consiste en saber distinguirlas.»
Li Po
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