El maravilloso fenómeno del lloro de la vid

Cuando empiezan los días más cálidos, la vid inicia un ciclo nuevo lleno de vida y promesas. Uno de los fenómenos más fascinantes que se observa en este momento es el llamado “lloro de la vid”. Se trata de las primeras señales visibles del despertar de la planta después del reposo invernal.

El lloro de la vid ocurre cuando, tras la poda, comienzan a aparecer gotas transparentes en los cortes de los sarmientos. Este “llanto” no es más que la savia que empieza a moverse nuevamente por el interior de la planta, impulsada por el incremento de las temperaturas y la actividad en las raíces. Es una respuesta natural de la vid a los cambios en el ambiente: el suelo se calienta, las raíces absorben agua y minerales, y el flujo de savia se restablece, preparando a la planta para el inicio de un nuevo ciclo vegetativo.

Este momento marca el fin del letargo invernal. Durante los meses fríos, la vid reduce su actividad metabólica para protegerse de las bajas temperaturas. Sin embargo, cuando el clima se vuelve más cálido, las raíces reanudan su labor de absorber nutrientes y agua, generando presión interna. La savia, rica en azúcares, minerales y hormonas vegetales, comienza a circular y, al encontrar los cortes de la poda, sale en forma de pequeñas lágrimas.

El lloro de la vid es mucho más que un espectáculo visual. Es un indicador de la salud de la planta y de la correcta transición entre estaciones. También es una señal para los viticultores: anuncia el comienzo de las tareas de campo más intensas, como la supervisión del brote de las yemas, el control de plagas y el seguimiento del desarrollo de los futuros racimos.

Este fenómeno tiene una profunda carga simbólica para quienes trabajan la tierra.
Cada gota representa el inicio de una nueva oportunidad, el renacer de un ciclo que culminará meses después con la cosecha. Observar este proceso es comprender el ritmo de la naturaleza, su delicado equilibrio y la relación íntima entre el trabajo del hombre y la vida de la vid.

Suele extenderse durante una semana o hasta diez días, dependiendo de las condiciones climáticas de cada región. Durante este período, la vid comienza a movilizar sus reservas internas y a prepararse para una nueva temporada productiva, en la que los brotes se desarrollarán, florecerán y, finalmente, darán origen a los racimos de uvas.

Así como la vid despierta después del reposo, que vos también puedas reencontrarte con tu esencia, renovar tus fuerzas y dar lo mejor de vos, dejando florecer una versión más plena y auténtica de quien sos.

«De eso se trata, de coincidir con gente que te haga ver las cosas que tú no ves. Que te enseñe a mirar con otros ojos

Mario Benedetti


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