Foto: Bodega Yanay
La Quebrada de Humahuaca, en la provincia de Jujuy, es mucho más que un paisaje declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sus cerros multicolores, historia milenaria y su cultura viva han sido, desde siempre, inspiración para quienes buscan dejar huella. En ese marco surge Bodega Yanay, un proyecto joven que apuesta a mostrar, a través del vino, la esencia de este territorio único del norte argentino.
El origen de un sueño
Yanay nació en Maimará, un pueblo rodeado de cerros que parecen pintados a mano, donde la vid convive con tradiciones ancestrales. El nombre elegido, de raíz quechua, significa “mi morenita” y condensa una declaración de amor: a la tierra, a la identidad local y al sueño de elaborar vinos que hablen de este lugar.
El proyecto es familiar está liderado por Andrea y Ariel Meyer, quienes desde 2018 decidieron plantar viñedos y apostar por un terroir desafiante, de extrema altura. Allí, a más de 2.400 metros sobre el nivel del mar, las condiciones son exigentes: días soleados, noches frías, suelos pobres y pedregosos. Cada racimo que madura en este entorno lleva consigo la fuerza de la montaña.
La Quebrada de Humahuaca: historia y patrimonio
La Quebrada ha sido, desde tiempos ancestrales, un corredor cultural que unía al Alto Perú con el Río de la Plata. Por allí pasaron pueblos originarios, caravanas de intercambio, colonizadores y ejércitos libertadores. Cada capa de su historia quedó grabada en sus pueblos, en su música, en sus ferias y en la relación íntima con la tierra.
En 2003, la UNESCO declaró a la Quebrada de Humahuaca Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad, reconociendo tanto sus paisajes únicos como la continuidad de tradiciones vivas que llegan hasta nuestros días. Es en este escenario, cargado de memoria y belleza, donde Yanay decidió plantar sus raíces.
La finca Yanay está ubicada a 2.300 metros sobre el nivel del mar, lo que la convierte en uno de los proyectos vitivinícolas de mayor altura en Argentina. Actualmente trabajan nueve hectáreas distribuidas en dos fincas: Yanay y La Diabla.
En estos suelos pedregosos y pobres crecen variedades tintas como Malbec, Cabernet Franc, Cabernet Sauvignon, Petit Verdot, Syrah, Mourvèdre y Garnacha, y también proyectan plantar Merlot y Viognier para ampliar el abanico en el futuro.
El clima es extremo: llueve apenas tres o cuatro veces al año, lo que obliga a regar con agua de pozo, mientras que los vientos —del norte por la mañana y del sur por la tarde— contribuyen a la sanidad natural del viñedo. Estas condiciones permiten obtener uvas de gran concentración, en aromas y sabores.
Viñedo y filosofía
Con unas diez hectáreas propias, la bodega trabaja bajo una premisa clara: mínima intervención y máximo respeto por lo que ofrece la naturaleza. Se privilegian fermentaciones con levaduras nativas y una crianza que acompaña sin invadir. De esta forma, cada vino refleja con autenticidad el carácter del terruño jujeño.
Vinos con identidad
La producción de Yanay es pequeña, en torno a 25.000 botellas por añada, lo que permite mantener la atención en cada detalle. Su portafolio está compuesto por tintos que transmiten frescura, fuerza y personalidad.
Entre ellos, se destacan el Tinto Los Colores, dominado por Malbec con un toque de Garnacha, fresco y vibrante; el GSM, un corte de inspiración mediterránea con Mourvèdre, Syrah y Garnacha, que suma complejidad y textura; y el Tinto de Jujuy, un blend de Malbec, Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc que dialoga con el estilo bordelés desde un corazón norteño.
También brillan el Cabernet Sauvignon, expresivo y profundo gracias a la crianza en barricas francesas, y la Garnacha, el vino más personal de la bodega, delicado y a la vez intenso, pensado para reflejar toda la identidad del lugar.
Una nueva voz en el mapa vitivinícola argentino
Con mucha dedicación están poniendo en valor la arquitectura ancestral del lugar respetando la cultura patrimonial de la zona.
El aporte de Yanay es un proyecto — cómo otros—que resalta a Jujuy en el radar vitivinícola, mostrando que la Quebrada de Humahuaca no solo deslumbra con sus paisajes y su cultura, sino también con vinos capaces de competir en cualquier mesa del mundo.
Cada botella es un relato: habla de los cerros de colores, del silencio de la altura, del trabajo familiar y del deseo de darle al norte argentino un nuevo motivo de orgullo.
Sumado a entender que los sueños florecen cuando se cultivan con pasión.
¡Brindemos juntos!
Hacé clic en el botón SUSCRIBIRSE que ves a la derecha y sumate a la comunidad de Vinos y Pasiones para recibir gratuitamente nuestros contenidos en tu mail.
Te agradecemos que nos dejes comentarios y sugerencias para seguir mejorando.
❤️ ¿Te gustó este contenido?
Si querés apoyarnos para que sigamos creando sobre vinos, cocina y pasiones, podés invitarnos un cafecito virtual acá: https://cafecito.app/vinosypasiones
¡Gracias por ser parte de esta comunidad!
Descubre más desde Vinos y Pasiones - 10 años
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

