Imagen: vía Pinterest.
El risotto tiene su origen en el norte de Italia, especialmente en regiones como Lombardía y el Piamonte, donde el cultivo de arroz encontró condiciones ideales gracias a los suelos húmedos.
Más que una receta, el risotto es una técnica. La cocción lenta, la incorporación gradual del caldo y el movimiento constante permiten liberar el almidón del arroz, logrando esa textura cremosa tan característica.
En esta versión, los hongos aportan profundidad y un perfil aromático ligado al bosque, dando como resultado un plato elegante y reconfortante.
Detalles que hacen la diferencia
– Finalizar con el proceso de “mantecar” para lograr la textura ideal
– Utilizar arroz Arborio o Carnaroli, ricos en almidón
– Mantener el caldo siempre caliente
– Remover de manera constante pero suave
– Respetar el punto al dente
Ingredientes (2–3 personas)
– 200 g de arroz Arborio o Carnaroli
– 300 g de hongos (champiñones, portobellos o mix)
– 1 litro de caldo (de verduras o pollo)
– 1/2 cebolla o 1 echalote
– 1 diente de ajo
– 1/2 vaso de vino blanco
– 40 g de manteca
– 40 g de queso parmesano rallado
– Aceite de oliva
– Sal y pimienta
– Perejil fresco (opcional)
Preparación
1- Preparar los hongos. Saltearlos en aceite de oliva y un poco de manteca hasta que estén dorados y hayan perdido su humedad. Reservar.
2- Rehogar la cebolla y el ajo a fuego bajo hasta que estén transparentes.
3- Nacarar el arroz Incorporar el arroz y mezclar durante 1 o 2 minutos hasta que los granos estén brillantes.
4- Desglasar con vino. Añadir el vino blanco y dejar evaporar el alcohol.
5- Cocción del risotto. Agregar el caldo caliente de a poco, mezclando suavemente. Esperar que el líquido se absorba antes de volver a incorporar más.
6- Incorporar los hongos. A mitad de cocción, sumar los hongos reservados.
7- Mantecar. Cuando el arroz esté al dente, retirar del fuego y añadir la manteca y el parmesano. Mezclar hasta lograr una textura cremosa.
8- Reposo y servicio: dejar reposar un minuto antes de servir. El risotto debe llegar a la mesa cremoso, con movimiento, nunca seco.
Podés maridar este fabuloso risotto con vinos que acompañen su cremosidad y respeten la delicadeza de los hongos, como un Chardonnay con buen volumen o un Pinot Noir elegante y fresco.
Bramare Valle de Uco Chardonnay
de Viña Cobos se presenta con un color amarillo
brillante con reflejos dorados, limpio y de buena
intensidad. En nariz es expresivo y complejo, con
notas de frutas blancas como pera y manzana,
notas cítricas, flores blancas y una delicada integración
de vainilla y tostados aportados por su paso por madera,
Matices minerales propios de su origen en altura.
En boca ofrece una entrada amplia y envolvente, con
textura cremosa y una acidez fresca que aporta tensión.
De final largo donde reaparecen las notas frutales y un
sutil recuerdo a manteca y frutos secos.
Es un vino elegante y gastronómico, sus notas van
de acuerdo con el carácter terroso de los hongos,
logrando un maridaje armónico y sofisticado.
Alisa Pinot Noir
De la Bodega Noemia se presenta con un color rojo rubí
de intensidad media con reflejos delicados.
En nariz es sutil y elegante, con predominio de frutas
rojas frescas como cereza y frambuesa, acompañadas
por notas florales y un matiz especiado y terroso que
aporta complejidad.
En boca muestra una entrada suave y equilibrada, con
taninos finos, acidez fresca y un cuerpo ligero a medio
que le otorga fluidez y delicadeza.
De final persistente y armonioso; es un vino de gran
fineza, ideal para acompañar un risotto de hongos,
ya que su frescura equilibra la cremosidad del plato,
mientras sus notas terrosas y frutales se integran con
los sabores del bosque, generando un muy buen acuerdo.
El risotto de hongos es una invitación a volver a lo esencial: cocinar con tiempo, atención y respeto por cada ingrediente. Es un plato que habla de técnica, también de sensibilidad, de esos pequeños gestos que transforman una preparación simple en una experiencia profunda.
En su aparente sencillez, revela la importancia del proceso, del detalle y del disfrute consciente. Porque, al final, cocinar no es solo alimentar, sino crear momentos que permanecen.
Descubre más desde Vinos y Pasiones - 10 años
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.



