¡Feliz día del trabajador vitivinícola!


Foto: Bodega Mil Suelos

Hoy celebramos con orgullo y reconocimiento a cada persona que forma parte de la gran familia del vino en Argentina —aquellos que con su trabajo, pasión y dedicación hacen posible que cada copa cuente una historia.

Gracias a vos —viticultor, cosechador y a todos las personas que forman esta cadena— por poner el cuerpo, la experiencia y el corazón en cada etapa del proceso. Desde el cuidado de la vid en el viñedo, pasando por la fermentación, hasta la llegada de cada botella a la mesa, tu labor es el alma de nuestra cultura vitivinícola.

Argentina tiene una tradición vitivinícola que se expande por más de 19 provincias, y detrás de cada vino hay miles de manos que trabajan para que nuestra bebida nacional siga creciendo y siendo admirada en el mundo.

Reconocer su esfuerzo incansable,
Celebrar su compromiso con la calidad y la identidad del vino argentino,
Y agradecer el entusiasmo que transmiten en cada racimo, en cada fermentación y en cada copa compartida.

¡Salud por vos, tus manos y la pasión que da vida a los vinos!

Paz Levinson: sommelier, embajadora del vino e inspiración

Foto: Bob Lightowler 

Hay trayectorias que inspiran por sus logros, y otras que lo hacen por la manera en que esos logros se construyen. La de Paz Levinson pertenece, sin dudas, a ambos mundos.

Nacida en San Carlos de Bariloche, en la Patagonia argentina, en un entorno donde la naturaleza marca el ritmo y la sensibilidad se afina desde temprano, Paz inició su camino profesional con una curiosidad profunda por la gastronomía y el servicio.
Como ocurre en muchos referentes del vino, su recorrido no fue lineal ni inmediato: fue el resultado de estudio, trabajo constante y una vocación que se fue revelando paso a paso.

Su camino hacia la sommellerie se forjó desde el servicio. Fue en el contacto directo con la sala, con los comensales, con la dinámica del restaurante, donde comenzó a afinar su sensibilidad y su curiosidad por el vino. Allí, en ese espacio donde la hospitalidad se vuelve gesto y fidelización, le sugirieron profundizar sus estudios y formarse como sommelier.

Esta formación le permitió encontrar un lenguaje propio. Desde el comienzo se destacó por una mirada precisa, una gran capacidad de análisis y una comprensión del vino que va mucho más allá de la técnica. Para Paz, el vino siempre es contexto, cultura, territorio y personas. Una expresión viva que se completa en la unión con el otro y en el respeto por el oficio.


Del sur argentino al corazón de la gastronomía francesa

El salto internacional fue decisivo. Instalarse en Francia, cuna de la alta gastronomía y de una tradición vitivinícola centenaria, implicó empezar casi desde cero: adaptarse, aprender un nuevo idioma, nuevos códigos, trabajar con exigencia extrema y demostrar, día tras día, que el talento argentino podía estar a la altura de los grandes escenarios del mundo.

Fue en ese universo de excelencia donde su mirada terminó de afianzarse y expandirse. Su labor junto a Anne-Sophie Pic, una de las chefs más influyentes del mundo y figura central de Maison Pic en Valence, Francia, marcó un punto de inflexión en su recorrido. En ese entorno de altísimo compromiso, Paz profundizó una sommellerie que no solo acompaña la gastronomía, sino que dialoga con ella, integrando producto, historia, cocina y vino en una experiencia sensible y apasionante. Cada elección tiene sentido, precisión y relato, en un contexto donde la cocina y el vino se encuentran como lenguajes complementarios.

Esa forma de entender el vino —como experiencia, como lenguaje y como cultura— encuentra raíces profundas en su capacitación. Además de la sommellerie, Paz estudió Letras, una base que atraviesa su manera de pensar y comunicar. En su enfoque, el vino no se limita a describirse: se interpreta, se narra y se contextualiza. El terroir es historia, la copa es un texto abierto y el servicio, un acto de traducción sensible entre el vino y quien lo bebe.


Reconocimiento, competencia y liderazgo

Su participación en concursos internacionales marcó un antes y un después. El reconocimiento como Mejor Sommelier de las Américas no solo fue un logro personal, sino también un hito para la sommellerie argentina y latinoamericana. Representar a la región en competencias mundiales significó visibilizar una nueva generación de profesionales formados, comprometidos y preparados para dialogar de igual a igual con el mundo.

Más allá de los títulos y las medallas, lo que distingue a Paz es su liderazgo sereno. Siempre ejercido desde el ejemplo. Su carrera demuestra que el alto nivel puede construirse con humildad, coherencia y una ética de trabajo inquebrantable.


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La maestra, la inspiración

En lo personal, tuve el privilegio de ser su alumna en un curso avanzado de vinos en CAVE. Aún recuerdo su forma de enseñar: clara, precisa, profunda. No se trataba solo de aromas, texturas o terruños, sino del arte de escuchar verdaderamente a un vino. De comprenderlo antes de juzgarlo. De respetarlo.

Ese curso fue un punto de inflexión en mi camino. Después de esa experiencia, supe que quería ir más allá y decidí comenzar la carrera completa de sommelier, donde me recibí en el 2016. Porque Paz no solo enseña contenidos: despierta vocaciones.


Escuchar al vino, contar su historia

Paz Levinson representa una manera muy particular de entender la sommellerie: como una profesión profundamente humana. Curiosa, respetuosa, exigente, sensible. Una profesión donde el conocimiento se pone al servicio del otro, donde el vino es un puente y no un pedestal.

Desde la Patagonia argentina hasta París, su recorrido sigue inspirando a estudiantes, profesionales y amantes del vino en todo el mundo. Porque su manera de crecer en la profesión nunca perdió de vista lo esencial: el vino como encuentro, como vínculo y como vivencia compartida

Además de su trayectoria internacional, Paz mantiene un vínculo profundo con la escena argentina. Participa activamente en iniciativas como Argentina Reloaded, el proyecto que busca re-posicionar la identidad vitivinícola del país en el mundo, promoviendo formatos de comunicación contemporáneos con foco en la autenticidad, la diversidad de regiones y la innovación. Su voz contribuye a visibilizar una mirada global sin perder el arraigo con la Argentina, reforzando la idea de que el vino es, siempre, una conversación entre lugar, historia y personas.

Gracias, Paz, por mostrarnos que la excelencia puede ser silenciosa, sólida y profundamente conmovedora.
Seguís iluminando caminos —el mío y el de tantos otros— con cada paso que das.


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Día Internacional del Chocolate: historia, elaboración y la pasión de un maestro argentino


Cada 13 de septiembre el mundo celebra el Día Internacional del Chocolate, una fecha que invita a recordar el origen de este producto tan valorado y a reconocer a quienes lo elaboran con dedicación y creatividad.

Un viaje a los orígenes

La mayoría coincide en señalar su origen mexicano: el consumo del chocolate se remonta a los olmecas, que habitaron lo que hoy es Veracruz, Tabasco y Campeche. Fueron los mayas los que ampliaron su consumo y comenzaron a comercializarlo, mientras que los Aztecas aprendieron de los mayas acerca de su uso y cultivo.
Para estos pueblos, el cacao era mucho más que un alimento: se utilizaba en ceremonias religiosas, como ofrenda a los dioses y hasta como moneda de intercambio. La bebida que elaboraban a partir de los granos se conocía como xocolatl, y era espesa, amarga y especiada.

Con la llegada de los españoles a América, el cacao cruzó el Atlántico y se instaló en Europa, donde se comenzó a mezclar con azúcar y leche.
Así nació el chocolate tal como lo conocemos hoy: un producto que rápidamente conquistó palacios y, más tarde, hogares en todo el mundo.

El arte de elaborar chocolate

Detrás de cada tableta hay un proceso complejo y fascinante. Todo comienza con la cosecha de las mazorcas de cacao. Dentro se encuentran las semillas, recubiertas por una pulpa blanca y mucilaginosa. Una vez extraídas, se inicia la fermentación, un proceso natural de varios días en el que la pulpa se transforma y los granos desarrollan sus precursores de aroma y sabor. Luego se secan al sol y se preparan para su envío.

Hoy, varios chocolateros trabajan con cacao ya importado y seleccionado, de esta manera suelen recibir los granos ya fermentados y secos en origen.
A partir de allí continúa la magia: los granos se tuestan a temperaturas controladas para desarrollar sus aromas y se descascarillan, separando la cáscara de los nibs, los trozos de cacao puro.

Estos nibs se muelen hasta formar una pasta espesa y homogénea, conocida como pasta o licor de cacao. Durante la molienda, la fricción genera calor, fundiendo la manteca de cacao natural de los granos y creando esa textura líquida y aromática que es la base de cualquier chocolate.

A partir de la pasta de cacao, según la proporción de manteca de cacao, azúcar, leche u otros ingredientes que se agreguen, se pueden elaborar los distintos tipos de chocolate que conocemos: desde tabletas y bombones hasta creaciones más sofisticadas.
El conchado es una parte vital de la fabricación del chocolate. Consiste en mezclar, moler y moldear continuamente la masa de chocolate durante un periodo prolongado. En el proceso se utiliza la concha, una máquina especialmente diseñada para este fin. Esta máquina es esencial para refinar el chocolate, garantizando una textura suave y uniforme.

El paso final es el templado, un proceso de enfriamiento y calentamiento controlado que estabiliza los cristales de manteca de cacao, otorgando al chocolate su brillo, firmeza y textura perfecta. Solo después de este paso, el chocolate está listo para moldearse en tabletas, bombones o creaciones más sofisticadas.
Además, existen mil combinaciones posibles que permiten que el chocolate se exprese en todo su esplendor, ya sea en bombones o en tabletas: con especias, sal, frutas, pasas, liofilizados (frutas deshidratadas por frío que conservan su sabor y textura crocante), flores y una infinidad de productos que potencian su versatilidad.

Diego Armanini: 25 años de oficio y una visión sustentable

En Argentina, el chocolate tiene apasionados representantes que mantienen viva esta tradición y la enriquecen con propuestas innovadoras. Entre ellos se destaca Diego Armanini, maestro chocolatero con más de 25 años de experiencia.

Nació en Tucumán, desde chico le inculcaron el amor por la cocina y la importancia de trabajar con ingredientes nobles.
Tuvo una fábrica de mermeladas orgánicas en su provincia con su familia, quienes le inculcaron el amor por la gastronomía. Ha realizado y sigue capacitándose con varios cursos de perfeccionamiento en distintas escuelas gastronómicas, siempre investigando y buscando nuevos sabores y texturas. Pertenece a la comunidad internacional Slow Food.
Hoy lidera y es el maestro chocolatero de Rústico Chocolate, su emprendimiento propio super cuidado que combina técnica, pasión y un fuerte compromiso con la sustentabilidad.

Lo que distingue a Rústico es su apuesta por un chocolate agroecológico, con granos provenientes de la región de Guayas, en Ecuador. Templan y moldean el chocolate a mano, respetando el cacao sus tiempos y todos sus caprichos, así llegan al sabor perfecto.
Como suele decir Diego, “todo producto que se fermenta puede unirse”, y esa filosofía se refleja en sus chocolates. De allí nacen creaciones con cristales de Malbec, donde el fruto de la vid se enlaza con el cacao en una combinación inesperada y emocionante. Textura, frescura y cultura argentina en un mismo bocado.

Reconocimientos y presencia en Buenos Aires

En la edición 2022 del Mundial del Alfajor, el chocolate negro de Rústico obtuvo la medalla de oro al mejor chocolate, un reconocimiento que confirma la calidad y el trabajo detrás de cada creación.

Quienes quieran vivir esta experiencia pueden visitar su local en el barrio porteño de Palermo, en Godoy Cruz 1823, un espacio donde se respira dedicación, pasión y amor por el cacao.

Un homenaje en su día


Celebrar el Día Internacional del Chocolate es también reconocer a quienes, como Diego, transforman un fruto milenario en piezas únicas que despiertan emociones.
El chocolate no es solo un alimento: es historia, cultura y un puente que une tradición con innovación. Es el resultado de un delicado proceso artesanal, de manos que respetan la tierra y de miradas que buscan sorprender.
Cada tableta, bombón o creación es un recordatorio de que en lo simple puede habitar lo extraordinario, y que un pequeño bocado puede hacernos viajar en el tiempo, conectar con los orígenes y descubrir nuevos maridajes de sabor.

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Día del Ingeniero Agrónomo: homenaje a Gabriela Celeste


En el Día del Ingeniero Agrónomo, celebramos a Gabriela Celeste, una profesional clave en la vitivinicultura argentina. Ingeniera agrónoma, enóloga, pionera y apasionada, su trabajo ha marcado una diferencia en el mundo del vino. Conocé su historia y su enorme aporte al sector.

En el Día del Ingeniero Agrónomo rendimos homenaje a una mujer que admiramos profundamente y que está dejando una huella invaluable en la vitivinicultura argentina: Gabriela Celeste.

Gabriela es ingeniera agrónoma y enóloga. Su historia es una combinación de vocación, pasión y espíritu pionero. Discípula directa de Michel Rolland, uno de los enólogos más influyentes del mundo, fue elegida por él para acompañarlo como socia fundadora de la consultora Eno Rolland, nacida en 1999, que hoy es una referencia clave en la enología del Nuevo Mundo. Desde entonces, Gabriela lidera esta consultora, asesorando proyectos vitivinícolas con una mirada estratégica y comprometida.

Una profesional inquieta, creativa y cercana

Gabriela no se detiene. Es multifacética, arriesgada, apasionada de la vida. Se define por su filosofía de ir siempre por más, con libertad, optimismo y templanza. Confía en la gente y mantiene una actitud generosa y accesible, algo que quienes la conocen destacan con admiración.

En paralelo a su trabajo como asesora, en 1999 dio vida a su propio proyecto de vinos de alta gama: Escarlata, una marca personal que fue relanzada con fuerza en 2014 y que expresa su sensibilidad, conocimiento y estilo.

Apostar a compartir el saber

Celeste, siempre fiel a su vocación de formar y acompañar, está actualmente trabajando junto a Marcelo Canatella en Vanguarvid. En 2021, fundó fundaron esta plataforma de capacitación online, libre y gratuita, destinada a estudiantes, profesionales y apasionados por el vino y la viticultura.

Vanguarvid es un espacio valioso donde el conocimiento se comparte sin barreras, contribuyendo a la formación de quienes buscan profundizar en el mundo del vino y la viticultura desde cualquier lugar del mundo.

Una referente que inspira

Gabriela Celeste es una de esas mujeres que transforman. Por su experiencia, su sensibilidad y su forma de vincularse con el mundo del vino, se ha convertido en una referente ineludible. Su nombre merece ser celebrado no solo hoy, sino cada vez que hablamos de innovación, compromiso y pasión en el vino argentino.

Para saber más sobre su trabajo:

LinkedIn: Gabriela Celeste
Instagram / Facebook: @gabrielaceleste15

Bodega Noemia: La joya patagónica de Hans Vinding Diers y sus Malbecs de culto

Foto gentileza: Andres Rosberg

De las grandes alianzas, las buenas uniones salen maravillosos resultados. Así fue como la condesa Noemí Marone Cinzano y Hans Vinding Diers,  decidieron aunar pasiones y encontraron un viejo viñedo de Malbec y lo recompusieron.
Se aquerenciaron en la localidad de Mainqué, en el Valle Azul, provincia de Río Negro y crearon en el 2001 la Bodega Noemía.
Continuaron juntos en este hermoso proyecto por 18 años, actualmente Hans, su mujer y sus hijos son los únicos dueños. La condensa sigue con sus proyectos propios en Europa.


De Stellenbosch a la Patagonia: la travesía de Hans

Stellenbosch es un sitio renombrado de Sudáfrica en donde se establecieron los padres de Hans para trabajar en la bodega de un amigo en Rustenburg. Allí nació Hans y su hermano y vivieron en Sudáfrica hasta que Hans tuvo cuatro años.
Corría el 1973 y la familia se muda a otra meca del vino, Bordeaux. Ese mundo tan especial del vino lo abrazó durante su infancia.
Teniendo 18 años sus padres lo mandaron a hacer vino a Australia, a otro gran lugar  en donde creó vinos junto a  Murray Tyrrell, más conocido como «el rey de Hunter Valley», en su bodega Tyrrell’s Wines.
Hans se enamoró de una australiana, quien a su vez lo hizo interesar en el mundo del vino.
Después de dos años volvió a Graves, a Francia, a trabajar en el Chateau de su padre. Allí estaba su primo Peter Sisseck (hacedor del prestigioso Pingus) con quien trabajaron los viñedos codo a codo. El resto del año Hans partía a otro destino vitivinícola a aprovechar otra cosecha y ampliar sus conocimientos.

Con mucha experiencia y trabajando en una empresa inglesa, en 1998 le proponen hacer un joint venture con vinos de Argentina.
Hans aceptó creyendo que era en Mendoza y al final resultó ser en la Patagonia, desde la  Bodega Canale lo habían convocado. Allí realizó el Marcus Reserva en 1998 y luego continuó haciendo consultoría.

El hallazgo de Mainqué: amor a primera vista con el Malbec

Fue en el 2000 que este danés intrépido, explorador y curioso encontró el famoso viñedo del 1932 en Mainqué, un paraje de la provincia de Río Negro.
Con la ayuda de Marcelo Mirás y Oscar Ferrari inspector del INV, conocieron unos viñedos extraordinarios en donde Hans probó la uva de Malbec y fue amor a primera vista.  Lo que lo enamoró fueron esos viñedos antiguos, con el paso del tiempo marcado en cada viña. Viñedos de 1932, un lujo.
Después de mucho trabajo de campo, investigación, más trabajo y la ayuda de Noemí -su prima -hicieron Malbecs que les trajo muchas alegrías.
Los vinificaron a modo de juego, esas «picardías», las embotellaron y las llevaron a una feria muy conocida en Europa. El vino de esas botellas no pasó desapercibido y emocionó a muchas personas influyentes del vino.

Así fue que las botellas de Malbecs, dos años después de todo ese proceso las mostró en una feria en el 2003 y ese fue un antes y un después en la historia de Noemía. Fue un instante en que la vida dió un giro de 360°.
Ese viñedo, de 1932 de donde había creado Malbecs increíbles hizo que se enamorara del lugar, y aún habiendo hecho más de 48 cosechas en muchísima zonas del globo, no sólo en Uruguay y en Chile, sino también en Sudáfrica, España, Hungría, Portugal y Francia, eligió la hermosa Patagonia argentina para elaborar vinos excepcionales.

Canales, riego y el alma del valle


Cesare Cipolletti era un ingeniero hidráulico italiano que vino a la Argentina cuando en 1888 lo contrataron en Mendoza para el régimen de riego. El motivo fue construir las tomas de riego de los ríos Tunuyán y Mendoza.
Luego fue convocado por el gobierno de San Juan para realizar el dique derivador La Puntilla en el río San Juan.
Realizó estudios importantes en las cuencas del río Limay, Río Negro y Neuquén. Fue el creador del sistema de riego del Alto Valle de Río Negro. Gracias a él, el agua llegó a muchísimas chacras para regar miles de hectáreas.

Mainqué y un terroir muy especial


Si hay algo que destaca en esta región son las largas horas de luz que recibe la uva, además de la marcada amplitud térmica y la calidad del agua.
Sus suelos son fabulosos, fluviales, pobres y con algo de calcáreo.
La bodega cuenta con certificaciones Orgánicas y Biodinámicas, como resultado del trabajo realizado en la viña y en la bodega. En cada práctica se tiene mucho cuidado y se le imprime  mucho respeto, logrando actividades no invasivas y naturales.

Las viñas están plantadas principalmente con Malbec, hay algunas parcelas de Pinot Noir y de Cabernet Sauvignon.
El sistema de riego es por inundación de aguas del Río Negro hasta 4 veces al año, a través de un ingenioso sistema de canales que datan de hace casi dos siglos atrás.

Biodinámica en acción: respeto profundo por la tierra


La biodinámica, tal como se practica en Bodega Noemía, se basa en los principios filosóficos y agrícolas de Rudolf Steiner, pensador austríaco nacido en 1861, fundador de la antroposofía. Steiner fue un visionario que entendía la agricultura como una actividad profundamente conectada con la tierra, el cosmos y la espiritualidad. En 1924, ofreció una serie de conferencias para agricultores preocupados por el empobrecimiento del suelo y la pérdida de vitalidad de los alimentos, y así nació el concepto de agricultura biodinámica, incluso antes de que existiera formalmente la agricultura orgánica.

Para Steiner, el campo no debía considerarse como una simple fábrica de productos, sino como un organismo vivo, en el que suelo, plantas, animales, seres humanos y cosmos están en permanente interacción. Esta visión holística transformó el modo de concebir la relación con la tierra.
En Noemía, estos principios se aplican con coherencia y respeto:
Se utilizan preparados biodinámicos —composts elaborados con materiales naturales como estiércol, cuarzo o plantas medicinales— que fortalecen el suelo y revitalizan los cultivos. También se rige el trabajo de la viña por un calendario astronómico, el cual determina los momentos ideales para sembrar, podar, cosechar o embotellar, siguiendo la posición de la luna y otros astros.

Entre las prácticas más simbólicas se encuentra la enterración de cuernos de vaca rellenos de estiércol en otoño, que luego se desentierran en primavera. El humus obtenido se utiliza como abono para nutrir la viña, con una profunda carga simbólica y energética.

La biodinámica no solo evita el uso de productos químicos, sino que propone una relación respetuosa y espiritual con la tierra, fomentando la biodiversidad y el equilibrio natural. En Noemía, esta filosofía no es una moda, sino un compromiso real con la vida, el terroir y el futuro del planeta.

Un equipo con alma

Cada una de las personas que conforman el equipo de la bodega son esenciales y eso es lo desde Noemía se proyecta y transmite. Cada una de estas personas son el apoyo para llevar a cabo los vinos y la filosofía de esta bodega.
Cada día, ellos y ellas son los encargados desde que, sale el sol hasta que se esconde, de velar por los viñedos, los suelos y el cuidado de cada planta para lograr los vinos que tanto se aprecian en Argentina y en el mundo.
Noemía, Mainqué y sus vinos están catalogados como uno de los mejores del país.
Noemía tiene un halo especial, los viñedos y el terroir abrazan al universo y nos brindan unos vinos maravillos con sólo tomarlos te enamorás de la Patagonia al primer sorbo.

¡Gracias por leer!
Si esta historia te emocionó tanto como a nosotros, te invitamos a dejar tu comentario y compartirla con quienes también aman el vino y sus historias.
¡Salud por los vinos que nos conectan con la tierra y con la vida!

¡Qué tengas un día espléndido!