Stracciatella: el corazón cremoso del sur de Italia

Foto: Food my muse – https://foodmymuse.com/


Hay sabores que se entienden con la boca… y otros que se entienden con el corazón. La stracciatella pertenece a esa segunda categoría. Cremosa, delicada, sedosa, con una textura que se desarma suavemente en el paladar, este queso italiano se convirtió en uno de los grandes protagonistas de la gastronomía contemporánea: aparece en antipastos, tostadas, pastas, pizzas gourmet y tablas de quesos.

Muchos la conocen sin saberlo, porque es el famoso “corazón” de la burrata. Sin embargo, la stracciatella no es simplemente un relleno: es un producto con historia, con identidad regional y con una manera de elaborarse que habla de algo profundamente italiano: la capacidad de transformar lo simple en algo maravilloso.


Qué es la stracciatella

La stracciatella es un queso fresco italiano elaborado a partir de hebras de mozzarella mezcladas con crema fresca y una pizca de sal. El resultado es una preparación suave y untuosa, de sabor lácteo delicado, que combina lo mejor de dos mundos: la elasticidad de la mozzarella y la sedosidad de la crema.

Su textura es una de las claves de su encanto. No es un queso firme ni un queso totalmente untable. Es un punto intermedio que se siente delicado y liviano al mismo tiempo, y por eso se adapta tan bien tanto a recetas simples como a platos más elaborados.


El origen: de dónde viene la stracciatella

La stracciatella tiene origen en el sur de Italia, en la región de Puglia (Apulia), una tierra famosa por su tradición quesera. Allí nacieron también otros productos emblemáticos como la burrata, la mozzarella y la scamorza, entre muchos otros quesos de leche de vaca y de oveja.

Como ocurre con tantos alimentos tradicionales, su nacimiento está ligado a la cocina campesina y del aprovechamiento. En el proceso de elaboración de la mozzarella suelen quedar fragmentos de pasta que no resultan “perfectos” para ser presentados como piezas enteras. En lugar de descartarlos, los queseros los deshacen en tiras y los mezclan con crema fresca. De esa idea simple surge un producto extraordinario.


Qué significa “stracciatella”

La palabra stracciatella proviene del verbo italiano stracciare, que significa “desgarrar” o “romper en tiras”. El nombre describe exactamente el modo en que se forma el queso: hebras de mozzarella deshilachadas que se integran con crema.

Es interesante notar que el término también se usa en Italia para un helado (la clásica crema con chips de chocolate), pero se trata de productos totalmente distintos. Comparten únicamente la idea visual y conceptual de “tiras o pedacitos” integrados en una base cremosa.


Stracciatella y burrata: cuál es la diferencia

Stracciatella y burrata están íntimamente relacionadas, aunque no son lo mismo. La burrata es una pieza de mozzarella que forma una especie de “bolsita” o envoltorio, y dentro contiene stracciatella. En cambio, la stracciatella es el relleno en sí: las hebras de mozzarella con crema, servidas directamente.

Dicho de manera simple, la burrata es la estructura; la stracciatella es el corazón.


Cómo se come stracciatella y por qué es tan versátil

Una de las grandes virtudes de la stracciatella es su versatilidad. Puede ser protagonista, como entrada o acompañamiento, y en ambos casos aporta textura, cremosidad y un perfil lácteo muy fino. Se luce especialmente cuando se combina con ingredientes mediterráneos, frescos y aromáticos.

Entre las formas más clásicas de disfrutarla están el pan de masa madre tostado con un buen aceite de oliva extra virgen, los tomates frescos con albahaca o el jamón crudo con pimienta negra. También se integra muy bien en platos calientes, porque se funde suavemente y se vuelve casi una salsa natural. En pastas, en pizzas blancas, con hongos o con vegetales grillados, la stracciatella aporta un toque de encanto sin esfuerzo.


Cómo servirla: pequeños detalles que marcan la diferencia

Para disfrutarla en su mejor versión conviene sacarla de la heladera unos 10 o 15 minutos antes de servirla. Si está demasiado fría pierde parte de su aroma y su textura se vuelve menos expresiva.

Un aceite de oliva virgen extra puede elevarla muchísimo, y un toque mínimo de pimienta negra recién molida le da un contraste aromático perfecto. Si la stracciatella es muy suave, una pizca de sal en escamas puede realzarla sin taparla.


Maridajes: qué vino va mejor con stracciatella

El maridaje con stracciatella es un ejercicio muy interesante, porque su textura cremosa y su delicadeza obligan a elegir vinos que acompañen con equilibrio. Al tener grasa láctea, necesita vinos con acidez para limpiar el paladar. Y con sabor sutil, conviene evitar vinos con mucha madera o con exceso de alcohol.

Los espumantes Brut son, probablemente, el maridaje más natural. La burbuja y la acidez cortan la cremosidad y dejan la boca lista para el próximo bocado. Es una combinación ideal para aperitivos, tablas y tostadas.

Los blancos frescos también funcionan de manera excelente, sobre todo cuando la stracciatella se acompaña con tomate, albahaca, cítricos o pesto. Variedades como Sauvignon Blanc, Torrontés seco, Chardonnay sin madera, Riesling o Albariño suelen dar muy buenos resultados.

Los rosados secos son otra gran opción, especialmente si se combina con jamón crudo o platos mediterráneos. Un rosado con buena frescura y sin azúcar residual acompaña con ligereza y suma elegancia.

Y aunque no sea lo primero que se piensa, los tintos livianos también pueden funcionar muy bien. La clave es elegir tintos jóvenes, sin madera marcada, con buena acidez y taninos suaves. Pinot Noir, Garnacha joven, Criolla o incluso un Sangiovese joven pueden ser aliados ideales si la stracciatella aparece en pizzas blancas, platos con hongos o combinaciones con charcutería.

En cambio, conviene evitar tintos muy estructurados, con mucha crianza o demasiado alcohólicos, porque tienden a dominar el queso y a endurecer la sensación en boca.


Una sutileza inigualable

La stracciatella es un recordatorio de que la gastronomía no necesita complicarse para ser memorable. A veces, la verdadera experiencia está en la simpleza: buen queso, buen pan, buen aceite, un vino elegido con criterio y el tiempo para disfrutar.

En ese equilibrio está su encanto. Y quizás por eso, aunque haya nacido como una solución práctica dentro de la tradición quesera del sur de Italia, hoy se convirtió en un símbolo de placer puro.

Gouda: tradición, sabor y maridajes




El queso Gouda es uno de los clásicos que conquista paladares en todo el mundo. Su presencia en tablas, en sándwiches y en platos distinguidos lo convierte en un producto versátil y profundamente relacionado con la cultura gastronómica europea. Ahora ¿qué hay detrás de este queso icónico? Su historia, sus cualidades organolépticas y sus maridajes con vinos y otras bebidas merecen ser contados con atención y pasión.

Un origen antiguo con identidad propia

Aunque hoy en día el nombre Gouda se reconoce globalmente, no debe confundirse con Den Haag ni con Rotterdam: su origen se remonta a la ciudad de Gouda, en la provincia de Holanda Meridional, situada en un paisaje plano de pastos y canales que desde la Edad Media fue ideal para la producción de leche de vaca y, por ende, de queso, en los Países Bajos (Netherlands). Allí, desde al menos el siglo XII, se comercializaban quesos en mercados que se convirtieron en un punto de encuentro para productores y consumidores, consolidando la reputación del queso que llevaba el nombre de su lugar de intercambio.
La presencia de ríos como el Gouwe y el IJssel facilitó el transporte de productos y consolidó a Gouda como un punto estratégico de comercio entre Ámsterdam y Róterdam.

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Maridajes de quesos y vinos

Foto: https://blog.borderio.com


Maridar queso con vino es una de las combinaciones más deliciosas y sofisticadas que existen. Sin embargo, muchas veces no sabemos cómo elegir el vino ideal para resaltar las características de los quesos o viceversa. Cuando se logra el maridaje perfecto, los sabores se complementan y se elevan, creando una experiencia sensorial única. Pero, ¿cómo hacerlo correctamente?

En este artículo, te ayudamos a descubrir las mejores combinaciones, desde las clásicas hasta algunas opciones más atrevidas, para que puedas sorprender a tus invitados o disfrutar de una velada perfecta con tus quesos y vinos favoritos.
¡Seguí leyendo y convertite en un experto en maridajes!

¿Qué tener en cuenta al maridar queso y vino?

Para entender cómo lograr un buen maridaje, es importante conocer algunas reglas básicas y considerar las características tanto del queso como del vino. La textura, el sabor y la intensidad de ambos elementos juegan un papel crucial en la elección adecuada. Aquí te dejamos algunas pautas generales que pueden ayudarte:

Aventura en los contrastes: Si bien la armonía es importante, a veces los contrastes pueden ser una sorpresa agradable. Un queso azul con un vino dulce como un Oporto o un Malamado (Malbec a la manera de Oporto de Zuccardi Wines) puede ofrecer un maridaje fascinante.

Equilibrio entre intensidad y textura: Un vino robusto como un Cabernet Sauvignon puede desentonar con un queso suave, mientras que un vino ligero y afrutado como un Sauvignon Blanc puede complementar perfectamente un queso fresco.

Apreciación de la acidez: La acidez del vino, especialmente en vinos blancos y espumosos, puede cortar la cremosidad de los quesos más grasos, creando un balance perfecto en el paladar.


Maridajes Clásicos: quesos y vinos que nunca fallan

  1. Quesos duros y tintos robustos: Si estás disfrutando de un queso curado o semi-curado como el Manchego, un Parmesano o un Goya (provincia de Corrientes), un vino tinto con cuerpo como un Malbec, un Cabernet Sauvignon o un Tempranillo será el compañero ideal. La estructura del vino resalta la intensidad del queso, creando un maridaje equilibrado.
  2. Quesos cremosos y vinos frescos: Los quesos cremosos como el Brie o el Camembert, con su suavidad y textura rica, se maridan perfectamente con vinos blancos frescos como el Chardonnay o el Sauvignon Blanc. La acidez y frescura de estos vinos contrastan con la cremosidad de los quesos, ofreciendo una experiencia refrescante.
  3. Los quesos de cabra, frescos o ligeramente madurados, se caracterizan por su acidez marcada, notas herbales y una textura que puede ir desde cremosa hasta más firme según su estacionamiento. Para acompañarlos, nada mejor que vinos blancos aromáticos y vibrantes como un Sauvignon Blanc, un Torrontés o incluso un Albariño.
    Si el queso de cabra está más maduro o presenta corteza enmohecida, podés optar por un Chenin Blanc o un Viognier, que aportan mayor volumen en boca y notas florales que armonizan de forma elegante.
  4. Quesos azules y vinos dulces: El queso Roquefort (Francia), queso Azul, o el Gorgonzola (Italia), con su sabor fuerte y picante, se complementa maravillosamente con vinos dulces como el Sauternes o el Oporto. El dulzor del vino suaviza la potencia del queso y crea un contraste espectacular en el paladar.

Maridajes atrevidos: Rompiendo las reglas

No tengas miedo de experimentar. A veces, un maridaje no convencional puede ser la clave para una experiencia memorable. Aquí te dejamos algunas ideas para salir de lo tradicional:

  • Vino espumoso y queso curado: Aunque es común ver vinos espumosos con quesos frescos, ¿por qué no probarlo con quesos curados como el Sardo Argentino, Grana Padano o el Pecorino? Las burbujas del espumoso corta la intensidad salada de los quesos, creando una combinación sorprendente.
  • Vino rosado y quesos ahumados: Los vinos rosados, frescos y afrutados, pueden combinar muy bien con quesos ahumados como el Provolone ahumado o el Gouda. La fruta del vino y el toque ahumado del queso se equilibran perfectamente.

Consejos para un maridaje perfecto

Variedad de quesos: Ofrecé una variedad de quesos y vinos para explorar diferentes combinaciones. Esto puede convertir una simple cata en una experiencia divertida.

Probá antes de servir: Si estás organizando una comida, probá los maridajes antes para asegurarte de que la combinación funciona. Más allá que cada maridaje es subjetivo, lo que para una persona resulta interesante para otra puede que no.

Temperatura de servicio: Asegurate de servir tanto el queso como el vino a la temperatura adecuada. El queso debe a temperatura de servicio de unos 16-18ºC para liberar sus aromas, y el vino debe estar servido a la temperatura correcta según su tipo.

Acompañamientos para una tabla de quesos perfecta

Una buena tabla de quesos no solo destaca por la variedad de quesos que ofrece, sino también por los acompañamientos que la hacen más divertida al paladar. Aquí te dejamos algunas ideas para darle ese toque especial:

Panes y galletitas

Incluir diferentes texturas es clave. Ofrecé una selección de panes frescos (de campo, masa madre) junto con galletitas neutras, para no opacar el protagonismo de los quesos.

Frutos secos y semillas

Nueces, almendras, avellanas o pistachos aportan un contraste crocante ideal para quesos cremosos y de pasta dura.

Frutas frescas y deshidratadas

Las uvas y los higos frescos son clásicos que combinan a la perfección con quesos semicurados y azules. También quedan genial otras frutas frescas como peras o manzanas, y frutas deshidratadas como orejones o dátiles.

Miel y mermeladas

Una buena miel artesanal aporta un contraste dulce que realza los quesos intensos, mientras que mermeladas de frutos rojos o chutney de cebolla hacen que cada bocado sea una experiencia única.

Otros detalles para darle un plus

Si querés ir un paso más allá, incorporá aceitunas marinadas, tomate confitado o unas ramas de romero para darle color y aroma a tu tabla.

Consejo final

Recordá que menos es más: no hace falta saturar la tabla, sino pensar en crear variedad de sabores y texturas para acompañar cada queso. El secreto está en la armonía de todos los elementos para convertir tu tabla de quesos en una experiencia irresistible.

Aclaración: es probable que reconozcas todas las cepas arriba mencionadas. Sin embargo, el queso Parmesano sugiere maridarlo con un Chianti, que no es una cepa, sino un vino que se da muy bien en la zona de la Toscana, en Italia. La cepa con la cual está elaborado  es la Sangiovese en un 85 a 100 %, muchas veces se le agrega parte de la Cabernet Sauvignon.
En Argentina se elaboran vinos con la Sangiovese.

Te compartimos el video de Remy (en la película Ratatouille) cuando le da de probar queso y fruta a su hermano.

Esperamos te haya gustado esta «petite» entrada y si vas a comer un rico queso que lo disfrutes mucho y maridalo con algunas de las variedades aquí sugeridas.

«El vino siembra poesía en los corazones»

Dante Alighieri

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Provoleta, sabor a fuego: el queso que se volvió tradición

La provoleta de la foto fue preparada por Pablo Bruno (mi hermano), en uno de esos asados que celebran lo simple y lo delicioso.

La provoleta es un clásico de la gastronomía argentina y un infaltable en las parrilladas. Se trata de un disco de queso provolone cocido a la parrilla, que logra una textura crocante por fuera y cremosa por dentro, ideal para compartir como entrada antes del asado.

Origen e historia

La provoleta fue creada en Argentina a mediados del siglo XX por Natalio Alba, un inmigrante italiano originario de Calabria. Alba se instaló primero en la provincia de Santa Fe y luego en Córdoba, donde trabajó en la industria láctea. Apasionado por el queso y por la cultura argentina del asado, buscó adaptar el provolone italiano a las costumbres locales, dando origen a un nuevo producto: el queso provolone hilado argentino, pensado especialmente para resistir la cocción directa sobre las brasas.

Su idea fue crear un queso que pudiera fundirse sin desarmarse por completo, manteniendo su forma durante el cocinado a la parrilla. Así nació la provoleta, en formato de disco, con un espesor suficiente para lograr una costra dorada en el exterior y un interior suave y elástico.

Alba registró su creación y también impulsó la producción industrial del queso en su planta de Arroyo Algodón, Córdoba. A lo largo del tiempo, el nombre «provoleta» se volvió de uso común en todo el país, incluso más allá del control de marca.

Características de la provoleta

Para todas las personas que aman el queso, este en particular cuenta con un encanto especial. Crocante por fuera y bien cremosa por dentro, es el deleite de muchos asados.

En Argentina y Uruguay, antes de la carne a la parrilla se suele consumir la provoleta, que es el nombre coloquial que remite a la primera marca comercial registrada: Provoleta®, correspondiente al queso Provolone Hilado Argentino creado y patentado por Natalio Alba en 1940. Son pequeños discos (de 10 a 15 cm de diámetro y de 1 a 2 cm de grosor) producidos localmente, que se cocinan hasta que se derriten, ya sea directamente sobre la parrilla, sobre piedras especiales o envueltos en papel de aluminio. Suelen acompañarse de chimichurri o formar parte de una picada.

La provoleta se elabora con queso provolone semiduro, de sabor intenso, con notas ligeramente picantes si está curado. Su formato y consistencia permiten que al asarse conserve su forma y a la vez se funda en el interior.

Maridajes ideales

La provoleta, con su intensidad y textura grasa, necesita vinos con buena acidez y frescura que limpien el paladar y acompañen sus sabores. Algunas combinaciones recomendadas

Torrontés o Viognier: si se prefiere un blanco, estos varietales ofrecen acidez y aromas expresivos que contrastan de manera refrescante con la untuosidad del queso caliente.

Malbec joven: sus notas de frutas rojas y taninos suaves acompañan muy bien la textura fundente del queso.

Cabernet Sauvignon joven y frutado: su carácter fresco y estructurado realza los condimentos como el chimichurri o el ají molido sin competir con el queso.

Syrah joven: ideal si se busca un vino con fruta madura, toques especiados y taninos pulidos que complementen la crocancia exterior de la provoleta.

Receta básica de provoleta a la parrilla

Ingredientes:

  • 1 disco de provoleta (provolone hilado argentino)
  • Orégano seco
  • Ají molido o pimienta
  • Chimichurri (opcional)
  • Aceite de oliva

Preparación:

  1. Calentar bien la parrilla.
  2. Colocar la provoleta sobre una plancha de hierro, cazuela de hierro o directamente sobre la rejilla si se prefiere una costra más crocante.
  3. Cocinar a fuego medio-alto hasta que los bordes se doren y el centro comience a fundirse. Dar vuelta con una espátula ancha para dorar ambos lados.
  4. Condimentar con orégano, ají molido y un chorrito de aceite de oliva.
  5. Servir caliente, acompañada con pan y, si se desea, un poco de chimichurri.

La provoleta no es solo un queso a la parrilla: es un ritual compartido, una deliciosa antesala que despierta los sentidos y abre el apetito para el banquete argentino por excelencia. Con raíces italianas y espíritu criollo, se ganó un lugar permanente en la mesa de los asados, combinando sencillez, sabor y tradición. Porque en cada provoleta bien hecha, hay un homenaje al fuego, al encuentro y a la pasión por la buena comida.

¡Esperamos te haya gustado esta entrada y que pronto disfrutes una deliciosa provoleta a la parrilla!

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Día Mundial del Queso: cuánto se consume y cuáles son los favoritos de los argentinos


Santa Rosa, la primera quesería de la Argentina dedicada exclusivamente a la elaboración de quesos, presenta datos sobre las preferencias y consumo de los argentinos aportados por Nielsen & Kantar en diciembre de 2024.

Según dicha información, en los últimos años el consumo anual de queso en la Argentina se mantuvo en 12 kg por persona. La preferencia según categorías es muy marcada: blandos (57%), semiduros (31%), duros (9%) y especiales (3%).

“Gracias al fenómeno de la gourmetización, liderado por las nuevas generaciones, existe un interés creciente por distintos estilos de quesos. Allí es donde se abren dos ventanas de oportunidad: fortalecer el posicionamiento de los duros e impulsar el consumo de los especiales, una categoría que tiene una frecuencia de compra comparativamente baja, de aproximadamente cada 6 meses”, comenta Sofía Ruano, Gerente de Marketing de Santa Rosa.

A nivel nacional, CABA y GBA son las zonas de mayor consumo de queso, en todas las categorías, seguidas por centro del país y NOA. La producción se centra en Santa Fe y Córdoba, provincias que son la cuenca lechera del país.

En el ranking de consumo de Santa Rosa de la categoría se ubican:  

Provoleta: El 1 queso icónico de la parrilla argentina. Tiene un tiempo mínimo de maduración de 3 meses que le permite alcanzar su textura crujiente por fuera y suave por dentro, y su sabor levemente picante.
Ideal para cocinar a la plancha, en sartén o plancha para conseguir su característica capa crujiente.

Reggianito: Elaborado con leche de vaca, con una maduración mínima de 6 meses, lo que le confiere un sabor afrutado y ligeramente picante.
Ideal para tablas de quesos, para complementar pastas y realzar los sabores de preparaciones calientes, ya que gratina muy bien.

Se sugiere combinarlo con miel y/o frutos secos para equilibrar su característica salada y picante.

Azul: De textura suave y con mohos internos, con una maduración mínima de 45 días.
Es un excelente compañero culinario, que permite la creación de las variaciones más exquisitas. También se disfruta junto con pasas, dátiles, orejones o higos negros.

Sardo: De larga maduración (mínimo 5 meses), elaborado con leche de vaca. Con el paso del tiempo se transforma en un queso más firme, afrutado, intenso y picante.
Para preparar platos donde se desee un sabor más pronunciado y definido.
Ideal para rallar, asar, hacer sándwiches o como aperitivo. En el caso de los más maduros, maridarlos con miel es una buena opción.
Con los de mediana maduración resulta muy agradable maridarlos con higos negros o dátiles, dada su alta cremosidad y sabores lácteos.

Provolone: Queso de larga maduración (mínimo 7 meses) elaborado con leche de vaca. De sabor pronunciado y especiado.
Imprescindible para tablas de quesos y para realzar los sabores de pastas y ensaladas.
Se sugiere acompañarlo con frutas frescas como peras o uvas blancas para aportar frescura y equilibrar su picante y baja humedad.

Introducción del queso en Sudamérica y Argentina

El queso es un alimento con una larga historia. Se trata de un producto versátil y apreciado en la gastronomía global, con una gran amplitud de tipos y sabores según la región y los métodos de producción. Se estima que en el mundo hay más de 2000 variedades. 

Si bien el queso llegó a América con los conquistadores, recién en 1788 comenzó en Argentina la actividad lechera como alternativa a la baja rentabilidad de las granjas dedicadas a la venta de carne y cuero en la provincia de Buenos Aires. Los primeros quesos argentinos fueron el Tambo (o Tambero) en la provincia de Buenos Aires, el Tafí en Tucumán y el queso Goya en el Litoral. Para 1869, Buenos Aires contaba con 22 queserías y 210 empleados. Hoy, hay más de 1.000 queserías que emplean cerca de 70.000 personas, produciendo quesos artesanales e industriales de diversas leches. Con un potencial enorme, la industria quesera argentina tiene el gran desafío de aumentar aún más el consumo interno para capitalizar tanto su tradición de más de 100 años, como su innovación continua en la elaboración de quesos.

Santa Rosa tiene tres fábricas en Santa Fé, dedicadas exclusivamente a la elaboración de quesos; Las Parejas -donde sólo se produce queso Azul-, fábrica San Jerónimo -para los tipos de queso Provolone, Sardo, Reggianito, Atuel y Provoleta- y Colonia Nueva -donde se producen Sardo, Reggianito y se finaliza el proceso de Provolone y Provoleta parrillera.

Acerca de Santa Rosa
Santa Rosa es la primera quesería del país con más de 100 años de historia dedicados con exclusividad a la elaboración de quesos. Como muchas empresas  argentinas que se esfuerzan día a día, Santa Rosa tiene el mismo compromiso puesto al servicio de ofrecer a  los amantes de la buena mesa el verdadero sabor del queso. Para lograrlo, elaboran cuidadosamente cada  variedad, respetando minuciosamente los correctos tiempos de maduración, buscando que cada una de las  variedades sean -por su textura, aroma y sabor- fieles exponentes de su tipo. Su porfolio  de productos incluye clásicos como Provolone y Reggianito, Sardo, Atuel, Fontina, Azul, Provoleta parrillera, Provoleta ahumada, Pategrás, Fondue de queso y Pimienta negra.