Gouda: tradición, sabor y maridajes




El queso Gouda es uno de los clásicos que conquista paladares en todo el mundo. Su presencia en tablas, en sándwiches y en platos distinguidos lo convierte en un producto versátil y profundamente relacionado con la cultura gastronómica europea. Ahora ¿qué hay detrás de este queso icónico? Su historia, sus cualidades organolépticas y sus maridajes con vinos y otras bebidas merecen ser contados con atención y pasión.

Un origen antiguo con identidad propia

Aunque hoy en día el nombre Gouda se reconoce globalmente, no debe confundirse con Den Haag ni con Rotterdam: su origen se remonta a la ciudad de Gouda, en la provincia de Holanda Meridional, situada en un paisaje plano de pastos y canales que desde la Edad Media fue ideal para la producción de leche de vaca y, por ende, de queso, en los Países Bajos (Netherlands). Allí, desde al menos el siglo XII, se comercializaban quesos en mercados que se convirtieron en un punto de encuentro para productores y consumidores, consolidando la reputación del queso que llevaba el nombre de su lugar de intercambio.
La presencia de ríos como el Gouwe y el IJssel facilitó el transporte de productos y consolidó a Gouda como un punto estratégico de comercio entre Ámsterdam y Róterdam.

En sus inicios, la elaboración de queso en la región era una práctica rural transmitida de madres a hijas; cada granja producía sus quesos y los llevaba a mercados locales.
A partir de fines del siglo XIV y principios del XV, la ciudad obtuvo derechos de mercado que consolidaron su papel como centro de comercio de productos lácteos en el condado de Holanda. Para mediados del siglo XVI, el queso producido en los alrededores comenzó a imponerse en mercados extranjeros, por ejemplo en Amberes, lo que impulsó aún más su reputación internacional.

El mercado de quesos de Gouda, que existe desde ese tiempo, se convirtió en un evento semanal en la plaza principal de la ciudad, donde los agricultores traían sus ruedas y negociaban los precios con un ritual tradicional llamado handjeklap (aplaudir las manos entre comprador y vendedor para sellar el acuerdo). Aunque hoy día el mercado original ya no funciona como comercio real —la venta mayorista moderna se hace fuera de la plaza—, la tradición se mantiene viva como espectáculo cultural y turístico cada jueves de primavera y verano, con demostraciones de peso de quesos y vestimentas históricas que evocan ese pasado vibrante.

Visitantes de la ciudad no solo encuentran quesos de todos los estilos —desde jóvenes y suaves hasta añejos y densos— sino también museos dedicados a la historia local, espacios interactivos que cuentan la evolución de la manufactura y plazas que evocan el origen comercial de este producto emblemático.


De joven a añejo: la evolución de sus sabores

Una de las grandes virtudes del Gouda es su amplitud de perfiles según el tiempo de maduración:

  • Los Gouda jóvenes son suaves, cremosos, con notas lácteas frescas y un perfil dulce y delicado. Su textura es elástica y fácil de cortar.
  • Los semicurados muestran ya una mayor densidad, sabores más pronunciados y un dulzor con toques de nuez.
  • Los curados o añejos desarrollan una complejidad mayor, con sabores intensos, ligeramente caramelizados, notas tostadas y un carácter que recuerda a frutos secos. Su textura es más firme, quebradiza y profunda.

Este abanico de gustos permite encontrar un Gouda adecuado para cada momento de degustación, desde una tabla informal hasta una preparación gastronómica más elaborada.


Armonías que realzan el Gouda

La versatilidad del Gouda se expresa también en sus maridajes, especialmente con vinos y cervezas que potencian sus distintas edades:

Con un Gouda joven, los vinos blancos frescos son aliados naturales. Un Chardonnay sin madera o un Sauvignon Blanc realzan la cremosidad sin opacar la delicadeza del queso. También espumantes secos ofrecen una convivencia vivaz bordeando la acidez justa.
Cervezas claras y frescas, como una blonde ale o una pilsner, acompañan su suavidad y cremosidad sin opacar sus notas lácteas.

Para Gouda semicurado, o ahumado vinos blancos con más cuerpo —como un Viognier o un Chenin Blanc con crianza ligera— funcionan bien, así como tintos ligeros de baja tanicidad, por ejemplo Pinot Noir joven. Cervezas de mayor cuerpo, como una amber ale o una saison, dialogan bien con sus matices de nuez y su estructura más marcada.

Los Gouda curados o añejos piden estructuras más intensas. Tintos con fruta madura y taninos suaves —como un Merlot o un Zinfandel— se integran con los sabores tostados del queso.
En el universo de las cervezas, stouts no demasiado dulces y brown ales robustas encuentran un contrapunto interesante. También vinos generosos —como un Oporto Tawny— pueden crear una experiencia de contraste y armonía al mismo tiempo.

El Gouda es un puente entre siglos de tradición y la mesa contemporánea. Su historia, ligada a mercados comunitarios y a prácticas artesanales, se traduce actualmente en productos que van desde lo delicado hasta lo profundo. Combinarlo con vinos adecuados y explorarlo en recetas diversas enriquece cualquier experiencia gastronómica. Si lo invitás a tu próxima tabla o menú, descubrí cómo cambia y seduce con cada bocado.


Recetas para disfrutar Gouda con estilo

El Gouda no se limita a la tabla de quesos; su sabor se presta para entrar en la cocina con resultados memorables

Gratinado de papas y Gouda curado
Una versión reconfortante y elegante de un clásico. Rodajas finas de papa se disponen en capas con Gouda curado rallado, crema y leche perfumadas con ajo y tomillo. La cocción lenta en horno permite que el queso se funda y gratine, logrando una superficie dorada y un interior cremoso, intenso y profundo.

Sándwich caliente de Gouda y manzana
Rebanadas de pan artesanal, Gouda semicurado fundido y láminas finas de manzana verde ofrecen un equilibrio perfecto entre salado, dulce y ácido. Un toque de mostaza Dijon suma carácter y realza el perfil del queso, dando como resultado un sándwich simple, expresivo y muy versátil.

Crostini de Gouda ahumado y pimientos
Una entrada delicada y sabrosa que destaca el carácter del Gouda ahumado. El queso se funde suavemente con un toque de crema o queso crema natural, apenas lo necesario para lograr una textura untuosa, y se combina con pimientos rojos asados y cebolla cocida lentamente. La mezcla se dispone sobre pan tostado y se lleva brevemente al horno para integrar sabores y lograr un contraste equilibrado entre crocancia e intensidad aromática.

El Gouda es un puente entre siglos de tradición y la mesa contemporánea. Su historia, ligada a mercados comunitarios y a prácticas artesanales, se traduce actualmente en productos que van desde lo delicado hasta lo profundo.
Combinarlo con vinos adecuados y explorarlo en recetas diversas enriquece cualquier experiencia gastronómica. Si lo invitás a tu próxima tabla o menú, descubrí cómo cambia y seduce con cada bocado.


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Maridajes de quesos y vinos

Foto: https://blog.borderio.com


Maridar queso con vino es una de las combinaciones más deliciosas y sofisticadas que existen. Sin embargo, muchas veces no sabemos cómo elegir el vino ideal para resaltar las características de los quesos o viceversa. Cuando se logra el maridaje perfecto, los sabores se complementan y se elevan, creando una experiencia sensorial única. Pero, ¿cómo hacerlo correctamente?

En este artículo, te ayudamos a descubrir las mejores combinaciones, desde las clásicas hasta algunas opciones más atrevidas, para que puedas sorprender a tus invitados o disfrutar de una velada perfecta con tus quesos y vinos favoritos.
¡Seguí leyendo y convertite en un experto en maridajes!

¿Qué tener en cuenta al maridar queso y vino?

Para entender cómo lograr un buen maridaje, es importante conocer algunas reglas básicas y considerar las características tanto del queso como del vino. La textura, el sabor y la intensidad de ambos elementos juegan un papel crucial en la elección adecuada. Aquí te dejamos algunas pautas generales que pueden ayudarte:

Aventura en los contrastes: Si bien la armonía es importante, a veces los contrastes pueden ser una sorpresa agradable. Un queso azul con un vino dulce como un Oporto o un Malamado (Malbec a la manera de Oporto de Zuccardi Wines) puede ofrecer un maridaje fascinante.

Equilibrio entre intensidad y textura: Un vino robusto como un Cabernet Sauvignon puede desentonar con un queso suave, mientras que un vino ligero y afrutado como un Sauvignon Blanc puede complementar perfectamente un queso fresco.

Apreciación de la acidez: La acidez del vino, especialmente en vinos blancos y espumosos, puede cortar la cremosidad de los quesos más grasos, creando un balance perfecto en el paladar.


Maridajes Clásicos: quesos y vinos que nunca fallan

  1. Quesos duros y tintos robustos: Si estás disfrutando de un queso curado o semi-curado como el Manchego, un Parmesano o un Goya (provincia de Corrientes), un vino tinto con cuerpo como un Malbec, un Cabernet Sauvignon o un Tempranillo será el compañero ideal. La estructura del vino resalta la intensidad del queso, creando un maridaje equilibrado.
  2. Quesos cremosos y vinos frescos: Los quesos cremosos como el Brie o el Camembert, con su suavidad y textura rica, se maridan perfectamente con vinos blancos frescos como el Chardonnay o el Sauvignon Blanc. La acidez y frescura de estos vinos contrastan con la cremosidad de los quesos, ofreciendo una experiencia refrescante.
  3. Los quesos de cabra, frescos o ligeramente madurados, se caracterizan por su acidez marcada, notas herbales y una textura que puede ir desde cremosa hasta más firme según su estacionamiento. Para acompañarlos, nada mejor que vinos blancos aromáticos y vibrantes como un Sauvignon Blanc, un Torrontés o incluso un Albariño.
    Si el queso de cabra está más maduro o presenta corteza enmohecida, podés optar por un Chenin Blanc o un Viognier, que aportan mayor volumen en boca y notas florales que armonizan de forma elegante.
  4. Quesos azules y vinos dulces: El queso Roquefort (Francia), queso Azul, o el Gorgonzola (Italia), con su sabor fuerte y picante, se complementa maravillosamente con vinos dulces como el Sauternes o el Oporto. El dulzor del vino suaviza la potencia del queso y crea un contraste espectacular en el paladar.

Maridajes atrevidos: Rompiendo las reglas

No tengas miedo de experimentar. A veces, un maridaje no convencional puede ser la clave para una experiencia memorable. Aquí te dejamos algunas ideas para salir de lo tradicional:

  • Vino espumoso y queso curado: Aunque es común ver vinos espumosos con quesos frescos, ¿por qué no probarlo con quesos curados como el Sardo Argentino, Grana Padano o el Pecorino? Las burbujas del espumoso corta la intensidad salada de los quesos, creando una combinación sorprendente.
  • Vino rosado y quesos ahumados: Los vinos rosados, frescos y afrutados, pueden combinar muy bien con quesos ahumados como el Provolone ahumado o el Gouda. La fruta del vino y el toque ahumado del queso se equilibran perfectamente.

Consejos para un maridaje perfecto

Variedad de quesos: Ofrecé una variedad de quesos y vinos para explorar diferentes combinaciones. Esto puede convertir una simple cata en una experiencia divertida.

Probá antes de servir: Si estás organizando una comida, probá los maridajes antes para asegurarte de que la combinación funciona. Más allá que cada maridaje es subjetivo, lo que para una persona resulta interesante para otra puede que no.

Temperatura de servicio: Asegurate de servir tanto el queso como el vino a la temperatura adecuada. El queso debe a temperatura de servicio de unos 16-18ºC para liberar sus aromas, y el vino debe estar servido a la temperatura correcta según su tipo.

Acompañamientos para una tabla de quesos perfecta

Una buena tabla de quesos no solo destaca por la variedad de quesos que ofrece, sino también por los acompañamientos que la hacen más divertida al paladar. Aquí te dejamos algunas ideas para darle ese toque especial:

Panes y galletitas

Incluir diferentes texturas es clave. Ofrecé una selección de panes frescos (de campo, masa madre) junto con galletitas neutras, para no opacar el protagonismo de los quesos.

Frutos secos y semillas

Nueces, almendras, avellanas o pistachos aportan un contraste crocante ideal para quesos cremosos y de pasta dura.

Frutas frescas y deshidratadas

Las uvas y los higos frescos son clásicos que combinan a la perfección con quesos semicurados y azules. También quedan genial otras frutas frescas como peras o manzanas, y frutas deshidratadas como orejones o dátiles.

Miel y mermeladas

Una buena miel artesanal aporta un contraste dulce que realza los quesos intensos, mientras que mermeladas de frutos rojos o chutney de cebolla hacen que cada bocado sea una experiencia única.

Otros detalles para darle un plus

Si querés ir un paso más allá, incorporá aceitunas marinadas, tomate confitado o unas ramas de romero para darle color y aroma a tu tabla.

Consejo final

Recordá que menos es más: no hace falta saturar la tabla, sino pensar en crear variedad de sabores y texturas para acompañar cada queso. El secreto está en la armonía de todos los elementos para convertir tu tabla de quesos en una experiencia irresistible.

Aclaración: es probable que reconozcas todas las cepas arriba mencionadas. Sin embargo, el queso Parmesano sugiere maridarlo con un Chianti, que no es una cepa, sino un vino que se da muy bien en la zona de la Toscana, en Italia. La cepa con la cual está elaborado  es la Sangiovese en un 85 a 100 %, muchas veces se le agrega parte de la Cabernet Sauvignon.
En Argentina se elaboran vinos con la Sangiovese.

Te compartimos el video de Remy (en la película Ratatouille) cuando le da de probar queso y fruta a su hermano.

Esperamos te haya gustado esta «petite» entrada y si vas a comer un rico queso que lo disfrutes mucho y maridalo con algunas de las variedades aquí sugeridas.

«El vino siembra poesía en los corazones»

Dante Alighieri

¡Muchas gracias por tu compañía!

 
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Provoleta, sabor a fuego: el queso que se volvió tradición

La provoleta de la foto fue preparada por Pablo Bruno (mi hermano), en uno de esos asados que celebran lo simple y lo delicioso.

La provoleta es un clásico de la gastronomía argentina y un infaltable en las parrilladas. Se trata de un disco de queso provolone cocido a la parrilla, que logra una textura crocante por fuera y cremosa por dentro, ideal para compartir como entrada antes del asado.

Origen e historia

La provoleta fue creada en Argentina a mediados del siglo XX por Natalio Alba, un inmigrante italiano originario de Calabria. Alba se instaló primero en la provincia de Santa Fe y luego en Córdoba, donde trabajó en la industria láctea. Apasionado por el queso y por la cultura argentina del asado, buscó adaptar el provolone italiano a las costumbres locales, dando origen a un nuevo producto: el queso provolone hilado argentino, pensado especialmente para resistir la cocción directa sobre las brasas.

Su idea fue crear un queso que pudiera fundirse sin desarmarse por completo, manteniendo su forma durante el cocinado a la parrilla. Así nació la provoleta, en formato de disco, con un espesor suficiente para lograr una costra dorada en el exterior y un interior suave y elástico.

Alba registró su creación y también impulsó la producción industrial del queso en su planta de Arroyo Algodón, Córdoba. A lo largo del tiempo, el nombre «provoleta» se volvió de uso común en todo el país, incluso más allá del control de marca.

Características de la provoleta

Para todas las personas que aman el queso, este en particular cuenta con un encanto especial. Crocante por fuera y bien cremosa por dentro, es el deleite de muchos asados.

En Argentina y Uruguay, antes de la carne a la parrilla se suele consumir la provoleta, que es el nombre coloquial que remite a la primera marca comercial registrada: Provoleta®, correspondiente al queso Provolone Hilado Argentino creado y patentado por Natalio Alba en 1940. Son pequeños discos (de 10 a 15 cm de diámetro y de 1 a 2 cm de grosor) producidos localmente, que se cocinan hasta que se derriten, ya sea directamente sobre la parrilla, sobre piedras especiales o envueltos en papel de aluminio. Suelen acompañarse de chimichurri o formar parte de una picada.

La provoleta se elabora con queso provolone semiduro, de sabor intenso, con notas ligeramente picantes si está curado. Su formato y consistencia permiten que al asarse conserve su forma y a la vez se funda en el interior.

Maridajes ideales

La provoleta, con su intensidad y textura grasa, necesita vinos con buena acidez y frescura que limpien el paladar y acompañen sus sabores. Algunas combinaciones recomendadas

Torrontés o Viognier: si se prefiere un blanco, estos varietales ofrecen acidez y aromas expresivos que contrastan de manera refrescante con la untuosidad del queso caliente.

Malbec joven: sus notas de frutas rojas y taninos suaves acompañan muy bien la textura fundente del queso.

Cabernet Sauvignon joven y frutado: su carácter fresco y estructurado realza los condimentos como el chimichurri o el ají molido sin competir con el queso.

Syrah joven: ideal si se busca un vino con fruta madura, toques especiados y taninos pulidos que complementen la crocancia exterior de la provoleta.

Receta básica de provoleta a la parrilla

Ingredientes:

  • 1 disco de provoleta (provolone hilado argentino)
  • Orégano seco
  • Ají molido o pimienta
  • Chimichurri (opcional)
  • Aceite de oliva

Preparación:

  1. Calentar bien la parrilla.
  2. Colocar la provoleta sobre una plancha de hierro, cazuela de hierro o directamente sobre la rejilla si se prefiere una costra más crocante.
  3. Cocinar a fuego medio-alto hasta que los bordes se doren y el centro comience a fundirse. Dar vuelta con una espátula ancha para dorar ambos lados.
  4. Condimentar con orégano, ají molido y un chorrito de aceite de oliva.
  5. Servir caliente, acompañada con pan y, si se desea, un poco de chimichurri.

La provoleta no es solo un queso a la parrilla: es un ritual compartido, una deliciosa antesala que despierta los sentidos y abre el apetito para el banquete argentino por excelencia. Con raíces italianas y espíritu criollo, se ganó un lugar permanente en la mesa de los asados, combinando sencillez, sabor y tradición. Porque en cada provoleta bien hecha, hay un homenaje al fuego, al encuentro y a la pasión por la buena comida.

¡Esperamos te haya gustado esta entrada y que pronto disfrutes una deliciosa provoleta a la parrilla!

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Queso Goya, una historia nacida a orillas del río Paraná

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La historia del queso Goya nace a fines del siglo XIX,  en la provincia de Corrientes, en el noroeste argentino y a unos 220 kilómetros de la ciudad de Corrientes.
Gregoria Morales junto a su marido Bernardo Olivera atendía un almacén de ramos generales sobre las márgenes del río Paraná.
Los buques que partían de Buenos Aires hacia Asunción, paraban en esta zona y en el almacén se proveían de algunos productos entre los que estaba un queso particular y muy sabroso, porque era elaborado con la leche de las vacas que comían el fruto de las palmeras Yatay. El queso cobró fama a tal punto que todos los compradores que pasaban por ahí exclamaban: «vamos a lo de Goya». Así aquel almacén de ramos generales dio origen al nombre del pueblo.

Con el pasar de los años, el queso fue cambiando y evolucionando. Alrededor del 1924 había diferentes tipos de queso Goya de diferentes lugares.
Actualmente el queso Goya se elabora en la región pampeana también.
Es un queso de pasta dura y semi graso, con aroma bien desarrollado, de sabor salado y algo picante. Para maridar con un buen Malbec, también con un Cabernet Sauvignon joven, sin crianza en madera.

Goya es la segunda ciudad más poblada de la provincia de Corrientes, Argentina, ubicada a orillas del río Paraná y distante a 224 kilómetros de la ciudad de Corrientes.

Esperamos te haya gustado la entrada y que puedas disfrutar de un Goya o de otro queso de tu agrado.

¡Muchas gracias por tus visitas y tus lindos comentarios!

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  1. Avatar de Claudia
    Claudia

    Muy interesante la historia de este queso que a simple vista parece un queso manchego, nunca lo habia escuchado,muchas gracias , intentare consegurlo ¿ podria madirarse con un vino cosecha tardia ? gracias claudia

    Me gusta

  2. Avatar de Verónica Bruno

    Me alegro te haya gustado la historia. Buena idea, de hecho es muy común la costumbre europea comer un plato de quesos como postre. Porqué no maridarlo con un vino dulce. Hacelo y luego nos contás.
    Muchas gracias por tu comentario!!

    Me gusta

  3. Avatar de Verónica Bruno

    Hola Clau, muchas gracias por tu comentario. ¡¡Nos alegra que el artículo te haya resultado interesante!!

    Me gusta

  4. Avatar de Guille
    Guille

    La ciudad también lleva el nombre de doña Goya!
    Osea mi querida «Goya-Corrientes»
    Gracias

    Me gusta

    1. Avatar de Verónica Bruno

      ¡Así es Guille la hermosa ciudad de Goya, provincia de Corrientes! ¡Gracias por visitarnos y por tu comentario!

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  5. Avatar de Ivan Fonteina

    Hola. Tiene algo en particular la fecha 1924? Hay algún documento que hace alusión a estos quesos en esas fechas? Es importante. Muchas gracias!!!

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    1. Avatar de Verónica Bruno

      Muy buenos días Ivan, por lo que hemos podido ver esta fecha se repite en varios documentos o páginas, sin embargo no hemos encontrado algún documento que hace alusión a estos quesos.
      Podés consultar en la Subsecretaría de alimentos y bebidas, su dirección de e-mail es: alimentos@magyp.gob.ar .
      O también quien sabe muchísimos de quesos es Betty Coste. Su instagram es @betty.coste, mail a @quesarte_argentina.
      ¡Muchas gracias por tu consulta y esperamos puedas dar con la información!
      ¡Saludos!

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  6. Avatar de
    Anónimo

    Excelente nota, en la actualidad los quesos que se hacen en forma artesanal, sobre todo en la zona rural, tienen ese sabor particular de la leche, debido al consumo de los vacunos de los cocos de la palmera Yatay, que hay en la zona de Goya. Saludos cordiales

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    1. Avatar de Equipo Vinos y Pasiones

      ¡Muchas gracias, qué bueno que te haya gustado la nota!
      Excelente aporte. Gracias, qué detalle interesante, no sabía que los vacunos consumen los frutos de la plamera Yatay.
      ¡Saludos!

      Me gusta

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