Mendoza y sus acequias: agua, vida y un legado que sigue presente



Mendoza es conocida por sus viñedos, su desierto al pie de los Andes y también por un elemento que muchas veces pasa desapercibido: las acequias. Estos canales de riego no son solo infraestructura, sino un verdadero patrimonio cultural y productivo que permitió a la región dejar de ser un árido valle para convertirse en un oasis agrícola y vitivinícola.


¿Cómo son las acequias?

Son canales prolongados que atraviesan toda la ciudad de Mendoza, van hacia la zona rural y son las que toman el agua de deshielo.
Mendoza posee un clima semi árido y fueron los Huarpes- los pueblos originariosquienes encauzaron el agua proveniente de la cordillera de los Andes. Ellos a su vez vieron este aprovechamiento del Imperio Incaico. Varios de estos canales recibían el nombre del Cacique dueño de la tierra.
Ya en ese entonces y actualmente, los habitantes pueden regar los cultivos agrícolas, viñedos y logran potabilizar el agua que beben.
Según Jorge Ricardo Ponte- investigador y especialista en historia social y urbana de Mendoza- sostiene que el hoy en día canal Cacique Guaymallén se debería llamar Cacique Goazap.


Los Huarpes: guardianes del agua

Antes de la llegada de los españoles, los Huarpes, ya habían desarrollado un sofisticado sistema de riego para sus cultivos. Aprovechaban el relieve del terreno y las corrientes de los ríos para construir canales que llevaban el agua a sus chacras y huertas. Su conocimiento del territorio y del manejo del agua convirtió al valle en un lugar fértil en medio del desierto, sentando las bases del sistema de acequias que hoy conocemos.

Su legado se refleja en la distribución precisa, ordenada del agua y la organización comunitaria, principios que se mantuvieron incluso después de la colonización. Gracias a los Huarpes, la región pudo sostenerse y desarrollarse, dejando un patrimonio vivo que sigue nutriendo viñedos, frutales y plazas hasta el día de hoy.

Un oasis en medio del desierto

Mendoza tiene un clima semiárido, con muy poca lluvia anual. Sin las acequias, la agricultura sería prácticamente imposible. Gracias a estos canales, el agua de montaña se distribuye eficientemente, permitiendo que miles de hectáreas con vides, fincas y frutales prosperen donde, de otro modo, solo habría desierto. Incluso en la ciudad, las acequias recorren las calles y plazas, regando árboles y espacios verdes, y dejando una huella distintiva en el paisaje urbano.


Acequias en otras provincias

Mendoza posee 500 kilómetros de acequias. Sin embargo, no es la única región argentina con este tipo de riego tradicional. San Juan, La Rioja, Catamarca y Salta también mantienen redes de acequias que abastecen campos y comunidades, mostrando cómo la gestión del agua ha sido clave para el desarrollo agrícola en zonas áridas de todo el país.

Un patrimonio vivo

A diferencia de otros lugares donde sistemas similares desaparecieron con la urbanización, en Mendoza y en otras provincias las acequias siguen vigentes y funcionales, conectando lo urbano, lo rural y demostrando siglos de tradición en el manejo comunitario del agua.
Son símbolos de identidad, memoria histórica y sostenibilidad, y representan un vínculo profundo entre la tradición indígena, la colonización y la producción moderna.

Cuando visites Mendoza, alguna ciudad cuyana y otras del norte del país, siempre tené en cuenta que estos canales son los que forman parte de la identidad y sostén de un pueblo. Cuidalos y valoralos. Está en todos y todas preservar el patrimonio de nuestra tierra.

Fuentes consultadas: https://museouniversitariomendoza.wordpress.com/2019/10/17/sistema-de-acequias-y-arboleda-urbana-como-patrimonio-cultural/
https://www.losandes.com.ar/acequias-oasis-gano-desierto-674394/

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Vinos cordobeses al pie del cerro Champaquí



En el Valle de Traslasierra, provincia de Córdoba, emerge un proyecto vitivinícola que conjuga memoria familiar, sensibilidad estética y una profunda conexión con el paisaje: la Bodega Noble de San Javier, liderada por Nicolás Jascalevich elabora una línea de vinos que refleja la fuerza y autenticidad del paisaje cordobés, al pie del cerro Champaquí.

San Javier
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En 2001 compraron tierras en San Javier y comenzaron a soñar con Las Jarillas, una hostería que sería puerta de entrada para dar vida también al vino.

Durante sus años de formación, Nicolás estudió Licenciatura en Alimentos y viajó por Europa, donde observó modelos de bodegas familiares con producción boutique y atención al visitante. Esa experiencia le permitió concebir un proyecto que mostrara lo íntimo, lo local, lo sensible.

Hoy, la bodega apuesta a un volumen contenido, hecho con intención: entre 15.000 y 18.000 botellas por año provienen de unas pocas hectáreas de viñedo bajo manejo orgánico. Nicolás pone el acento en la calidad por encima de la escala.

El edificio de la bodega y la cava fue construido alrededor de 2010, con un diseño que integra armoniosamente materiales locales y reciclados —una estética sobria que busca mimetizarse con el entorno, sin aristas que compitan con la naturaleza.
Los viñedos se encuentran entre 900 y  1.100 metros de altura, lo cual favorece a la uva. Porque tiene el suficiente fresco de mañana y noche.
Sol a pleno casi todos los días del año y noches frescas. Son las condiciones que requieren este tipo de uvas para hacer grandes vinos”, destaca Nicolas .

La producción se divide en tres líneas:

  • Una línea joven, sin paso por madera, que busca transmitir la frescura del terruño
  • Una línea reserva, con crianza moderada en barricas, para aportar profundidad
  • Un gran reserva, que pasa más tiempo en madera, buscando un carácter más estructurado

Uno de los rasgos distintivos del proyecto es su énfasis en la mínima intervención. En muchos de sus vinos —y especialmente en su línea joven— se evita el uso de madera para que la uva exprese con honestidad su origen. Vinificaciones en acero inoxidable, estiba prudente, respetuosa y manejo orgánico son parte del sello.

En el Noble San Javier Blend, por ejemplo, se combina Malbec (50 %), Merlot (30 %) y Syrah (20 %) para lograr armonía entre fruta y carácter. En nariz se perciben notas frutales intensas, con matices herbales que evocan el orégano o el tomillo serrano; en boca mantiene frescura, equilibrio y taninos suaves.

El Malbec puro de la bodega aspira justamente a ser un emblema local: sin madera, fresco, directo, pero con suficiente carácter para reivindicar al terroir de Traslasierra.

Además, la bodega ha adquirido una finca nueva para expandir, experimentando con variedades y cultivos complementarios como lavanda, lo que suma un componente sensorial al entorno y potencia el valor paisajístico del sitio.

La bodega también cuenta con una hostería de ensueño. Jascalevich en sus viajes conoció a un francés: Nicolas Joly, que fue quien lo hizo interesar en la biodinámica (método que busca el equilibrio de la planta aunque sin usar herbicidas ni productos químicos).

San Javier se encuentra a 195 Km de la capital de Córdoba y a 41 kilómetros de la localidad de Merlo en la provincia de San Luis. Así que si estás cerca de ahí no podés perderte de visitar la bodega.


Enoturismo con esencia serrana

Visitar la Hostería y Bodega Noble San Javier es sumergirse en la tranquilidad de las sierras y disfrutar del contacto directo con la naturaleza.
La hostería Las Jarillas, construida con adobe, piedras y maderas regionales recicladas, ofrece un entorno rústico y cuidado donde los huéspedes se despiertan con vistas al valle. La bodega está al lado, rodeada de jardines aromáticos, y el recorrido incluye viñedos, sala de barricas, un espacio de degustación íntimo. Una oportunidad de disfrutar del descanso, la gastronomía regional y experiencias sensoriales entre viñedos, lavandas y frutales.

Horarios de visita:
Lunes a sábado, de 10:00 a 13:00 hs y de 16:00 a 19:00 hs.
Se recomienda reservar con anticipación para garantizar lugar en las degustaciones.


Te dejamos esta frase que aparece en el  facebook de la bodega: «Hay que guardar pocos vinos y tener muchos momentos con vinos».


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Bodega Vulliez Sermet y los viñedos del Litoral

Viajar, aprender sobre la cultura, los rincones de Argentina y comunicarlos es algo que nos apasiona. Descubrir nuevos lugares llena el alma, las personas y espacios forman parte de la identidad de los pueblos. Conocerlos te vuelve más sabio, saber qué hicieron en determinado momento de la vida que no se presentó sencillo, cómo lo resolvieron y salieron adelante.

Hoy te presentamos a la Bodega Vulliez Sermet que se encuentra en la localidad de Colón, en la provincia de Entre Ríos.
Una bodega que también cuenta con cabañas y piscina justo al lado de los viñedos.
Para descubrir un rincón de nuestro hermoso Litoral y además probar vinos varietales, de corte y espumosos.

Historia de la vitivinicultura de Entre Ríos

A estas tierras llegaron muchos suizos, del cantón de Valais, franceses de Alta Saboya e italianos del Piamonte. allá por el siglo XIX y ellos fueron quienes dieron impulso a la región y a la plantación de vides. Plantaron las variedades Malbec, Isabella, California, Cabernet Sauvignon, Tannat, Pinot Blanc y Semillón en blancas.

Fue Joseph Favre, un inmigrante suizo quien en 1874 dio inicio a la actividad vitivinícola en la colonia de San José. Tal cual como habían hecho sus abuelos en Europa, construyó su casa y la bodega al lado.
Entre 1894 y 1916 el país en términos de cultivo de la vid creció un 700 %. Para esa época, Entre Ríos era la cuarta productora nacional de vinos y uvas. Poseían 115 bodegas y 2.500 hectáreas de vides. Parte de esa producción se comercializaba en la provincia y a través de los puertos por el transporte marítimo. Se llevaban los productos a Buenos Aires, Rosario y Santa Fe. Y además se exportaba a Uruguay y Brasil.

En esa época había una fuerte cultura del vino y de todo lo relacionado con él. Concordia, Federación y San José eran grandes centros de esta actividad.
Sin embargo, esta floreciente obra a mediados de 1930 comenzó a mermar. Las provincias cordilleranas empezaban a presionar para tener en sus territorios la uva para la vinificación. La crisis de 1930 y posteriormente una ley de 1.936 del presidente Agustín P. Justo prohibió toda comercialización del vino que no fuera de origen cuyano.

Tristemente -contado por padres y abuelos – muchas bodegas de la zona tuvieron que tirar litros de vino a la calle cuando llegaron inspectores a cumplir con la ley. Muchos propietarios conservaron las vides, no así las bodegas. Algunos continuaron elaborando vino patero.
En el lugar de la vitivinicultura creció la citricultura, los cultivos de arroz, la ganadería y en los últimos años la soja.

Cerca del cambio de siglo, en 1998 gracias a la fuerza y la gestión del legislador Augusto Alasino, la actividad volvió a tomar el lugar que le habían arrebatado.
Jesús Vulliez en 2002 compró la vieja bodega a las nietas de Favre, situada en la ruta nacional 165
Esta bodega fue una de las tantas que quedó dejada de lado con la ley de prohibición.

Para alegría de muchos, la ley fue levantada en 1997 y la familia decidió traer a la luz ese preciado propósito de los abuelos.
En el 2003 se comenzó a restaurar la Bodega (la primera luego de la anulación de la ley) y se plantaron tres hectáreas de viñedos.
Actualmente la bodega cuenta con tecnología de avanzada, además que ha conseguido numerosos premios. Recibe visitas para que conozcas los viñedos, la elaboración de los vinos y con la opción de alojarse en unas hermosas cabañas.

Ubicación

La Bodega Vulliez Sermet se encuentra en la Ruta nacional N° 135, en el km 8, frente al acceso de Colón. Mail: bodega@vulliezsermet.com Te: (3447) 505095

Esperamos te haya gustado la entrada.

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Bodega del Desierto, vinos de La Pampa

Foto: gentileza Patagonia Vinos.

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Hoy te presentamos la Bodega del Desierto que se halla en la provincia de La Pampa, en la localidad de 25 de Mayo, el extremo oeste de la ruta provincial N° 20 en la Patagonia Argentina.
Contra todos los pronósticos, allá por el 2001 cuando un grupo de emprendedores apasionados pensaron en plantar vides. La pregunta fue ¿vinos en La Pampa? Muchas personas decían que no era posible, sin embargo desde bodega del Desierto confiaron y escucharon a un grupo de expertos que le decían que si se podían plantar vinos en esta provincia y en esa localidad. Y ese fue el comienzo de un hermosa aventura.

La Bodega del Desierto es la prueba que nada está dicho en varios órdenes de la vida y sobre todo cuando nos referimos a áreas vitivinícolas. Por el contrario, la provincia de La Pampa presenta condiciones ambientales sumamente favorables para el desarrollo de la producción vitivinícola.



Terroir pampeano

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Región austral y de vientos predominantes. En pleno desierto patagónico, en el Alto Valle del Río Colorado, los suelos son áridos, aluvionales, ricos en minerales y pedregosos.
Las viñas están conducidas por espaldero, reciben más de 2.000 horas de sol. Se hallan en un desierto soleado, ventoso, muy seco y con enormes diferencias de temperatura entre el día y la noche. Gracias al río Colorado (el más importante de la provincia y su límite sur con Río Negro) puede desarrollarse la vitivinicultura con muy buenas condiciones.
Con este tipo de terruño los vinos suelen ser de personalidad y con complejidad.
El régimen de pluviometría es de 180 milímetros anuales.

Las 140 hectáreas actuales se plantaron en dos grandes etapas. En 2001, las primeras variedades fueron de Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Merlot, Syrah y Chardonnay. Dos años más tarde, se Pinot Noir, Malbec, Sauvignon Blanc y Viognier.

En el 2003 se añadieron varietales de Pinot Noir, Sauvignon Blanc y Viognier.
Se incorporaron barricas de roble de Francia y Estados Unidos y se reutilizó un instalación de 2500 metros cuadrados con el objetivo de utilizarla para la elaboración y el almacenamiento. Su capacidad de molienda es de alrededor de 1.5 millones de kilos.

El enólogo Sebastián Cavagnaro está trabajando día a día en los viñedos de la línea de vinos  Desierto 25, Desierto Pampa y los espumantes Pampa Mía.
Desde el año 2003 la bodega cuenta con el  asesoramiento del enólogo Paul Hobbs.

Maridajes

Los vinos de Bodega del Desierto tienen una identidad vibrante y marcada por el clima extremo de la región. Sus tintos, como el Cabernet Franc o el Syrah, maridan muy bien con carnes asadas, cordero patagónico bondiola braseada con reducción de vino tinto, o incluso con platos vegetarianos de sabor profundo, como berenjenas grilladas con especias, risotto de hongos especiado o empanadas bien condimentadas. En cambio, los blancos como el Sauvignon Blanc o el Chardonnay, con buena acidez y frescura, son ideales para acompañar pescados, ensaladas con quesos de cabra o platos de cocina asiática suave.

Bodega del Desierto entiende que cada año que transcurre la tierra ofrece su amabilidad y muestra secretos nuevos que se trasladan a vinos de aromas seductores y atractivos.
La Pampa y sus viñedos ofrecen un mapa vivitinícola diferente y fascinante por conocer.

Ruta Provincial 34 km. 2 – Colonia 25 de Mayo.
Te:  (0299) 494 8870

Fuente: http://www.bodegadeldesierto.com.ar/

Esperamos te haya gustado esta entrada y hayas viajado virtualmente a esta provincia de Argentina y a sus viñedos.

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Fernando Dupont, vinos con la impronta de la Quebrada de Humahuaca

La Quebrada de Humahuaca es Patrimonio de la Humanidad, cómo si esto fuera poco, en su corazón cobija bodegas que expresan su mejor versión.
Una de ellas lleva el nombre de su dueño: Fernando Dupont y se halla  en la banda del río Grande.

Transitando un camino de ripio, muy pintoresco y luego de cruzar un puente de madera llegás a la bodega boutique de Fernando Dupont. Quien en el 2001 decidió dejar la localidad de Quilmes, en la provincia de Buenos Aires para embarcarse en este apasionante proyecto.

Instalados en el 2003 probaron con uvas tintas por recomendación del ingeniero Freddy Sosa. Sus padres de Tarija decían que en Bolivia estas cepas se daban muy bien.
Así fue como de a poco plantaron Malbec, Cabernet Sauvignon y Syrah.
La bodega fue construida de adobe, por dentro es fresca y sencilla, está al pie de la magnífica vista del cerro la Paleta del Pintor.
Son sólo 7 hectáreas de viñedos en donde hay 25.000 plantas y producen aproximadamente 28.000 botelllas al año de vinos varietales.

Altura extrema


Los viñedos se encuentran en Maimará, a casi 2400 metros de altura sobre el nivel del mar. Esta ubicación da vinos con personalidad, complejos, de mucho color, oscuros, con cuerpo y con alto contenido de alcohol.
El terroir se expresa todos los años distintos.
Cuando llegaron Dupont y su familia no había experiencia sobre plantaciones de vid. Sin embargo, el clima bien y el suelo ideal lograron que las plantas además de recibir mucho sol tengan una excelente sanidad.
También hay gran amplitud térmica- favoreciendo la madurez de la uva- , los suelos son pedregosos y bastante minerales. Y el agua que utilizan es agua subterránea.
La asesoría enológica está a cargo del winemaker salteño Marcos Etchart.
Utilizan madera de roble francés para la crianza de los vinos.

Elaboran el Pasacana, el Sikuri, el Punta Corral y el rosado Rosa de Maimará.
Vinos verdaderamente exquisitos, diferentes, de caracter otorgado por el clima y el terroir de la quebrada. Probalos te van a encantar.
Si amás el vino con historia, personalidad y un fuerte sentido de lugar, tenés que conocer los vinos de Fernando Dupont.


Visitas


Podés visitar la bodega de lunes a sábados de 9 a 18 horas con reserva previa.
Si vas en verano, consultá por el estado del río.
Te: (0388) 154 73 1918
info@bodegafernandodupont.com

Esperamos te haya gustado la nota y que puedas visitar pronto tan hermosa bodega.
¡Muchas gracias por tus visitas y tus comentarios!