Elaboración de vinos blancos

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Cosecha

El proceso de cosecha en Argentina es de febrero a abril. Cuando la uva está lo suficientemente madura es cosechada.
La cosecha puede ser manual, la uva es cortada con tijeras y por obreros o mecánicamente, por medio de una máquina que está diseñada para cortarla.
No siempre se puede realizar mecánicamente por el terreno y ahí está el hombre cosechando.
Uno de los aspectos más importantes a la hora de cosechar es la temperatura. A veces se cosecha de noche o bien temprano a la mañana para evitar fermentaciones espontáneas.
Desde ya que se relaciona con cómo está la semilla (si está crocante) es momento, sino hay que esperar. A la vez el grado de dulzor de la uva.


La uva llega a la bodega

Hacé de cuenta que estás en cualquier provincia argentina en donde se cultiva la vid.
Vamos a ver cómo trabajan y veremos que la uva es cosechada en bins (pequeñas cajas plásticas de 18 de kilos) a veces es transportada a granel y es llevada enseguida a la bodega para que no se oxide.
Una vez la uva llega a la bodega es depositada en los lagares.
El lagar es un recipiente en forma de pirámide invertida. Es posible se le aplique anhídrido sulfuroso. Este aditivo se utiliza desde tiempos inmemoriables.
La función es que es antioxidante y conservante.


Mesa de selección: una etapa clave en vinos de alta gama

En bodegas orientadas a vinos de alta gama, la selección de la uva puede realizarse en una o incluso dos mesas de selección.
La primera se enfoca en el racimo entero, descartando aquellos que no cumplen con el estándar de calidad.
La segunda mesa se utiliza luego del despalillado y permite una selección grano por grano, logrando una materia prima más precisa y homogénea.
Este doble proceso aporta mayor pureza, fineza y definición al vino final, y es una práctica habitual en elaboraciones de alta gama.


Despalillado

El lagar cuenta con un tornillo sin fin, que lleva la uva a una máquina despalilladora. Esta máquina aprieta suavemente la uva sin romperla, aunque lo suficiente para no romper las semillas y separar el escobajo.
Por medio del despalillado se separa el raspón (parte leñosa) de la uva.


Maceración

Se trata de llevar la uva a bajas temperaturas con los hollejos para que liberen aromas.
La idea es realizar la refrigeración lo más rápido posible por unas tres horas, la temperatura debe ser de aproximadamente 5 ° grados. De este modo el jugo de la uva logra color.


Prensado

El momento en el cual la uva es apretada suavemente para separar el líquido de las partes sólidas. Antigüamente se hacía el pisando la uva con los pies.
Para hacer ésto se utiliza la prensa. El objetivo es que la uva llegue a la prensa sin el escobajo (la parte leñosa) porque esto podría darle notas amargas al futuro vino.
Hay varios tipos de prensa, las que más se emplean hoy en día es la prensa neumática y la hidráulica.
El prensado en los vinos blancos es donde priman las diferencias de vinos blancos y tintos.
Vinos blancos: se realiza enseguida luego del despalillado.
Vinos tintos: se hace una vez terminada la fermentación.


Desfangado

Luego del prensado, el mosto se deja reposar a baja temperatura para que las partículas sólidas en suspensión se depositen en el fondo del recipiente.
Este proceso, conocido como desfangado, permite obtener un mosto más limpio, favoreciendo fermentaciones más controladas y aromas más definidos.
El desfangado puede realizarse de manera estática o mediante técnicas más modernas, según el estilo de vino que se desee elaborar.

Fermentación alcohólica

Una vez que se obtuvo el jugo, tambien llamado mosto, se lleva a los tanques de fermentación donde fermenta a una temperatura baja, entre 15 y 20 grados, de 15 a 20 días. Mediante este proceso el mosto va ganando los aromas frutales de la variedad.
Cuando la fermentación finaliza, las levaduras mueren y se van (precipitan) al fondo del tanque junto con otros elementos sólidos.
La fermentación se puede hacer en grandes tanques de acero inoxidable o en piletas de hormigón que pueden estar revestidas o no de epoxi. También puede la fermentación hacerse en barricas de roble.


Fermentación malolática

En la fermentación maloláctica el ácido málico (el ácido que se encuentra en varias frutas) se convierte en ácido láctico. En esta fermentación no accionan las levaduras. El resultado es la disminución del ácido y aparece el ácido láctico. Para ser más claros es lo que sentimos al comer una manzana verde (ácido málico) vs lo que saboreamos al comer yogur (ácido láctico).
Este proceso da vinos con aroma a manteca, notas lácticas y en sabor se presentan notas untuosas como más volúmen (estructura del vino).
La fermentación maloláctica no se emplea en todos los vinos blancos, lo decide el enólogo y tendrá que ver con el estilo de vino que desea elaborar.


Trasiego

El trasiego es la técnica mediante la cual el vino se transfiere de un recipiente a otro, generalmente de tanque a tanque, con el objetivo principal de separar el líquido de los sólidos que se depositan durante la fermentación, conocidos como lías.
Este proceso permite que el vino se aclare de manera natural, evitando sabores amargos o notas indeseadas que pueden aportar las lías en exceso.
El trasiego también ayuda a oxigenar ligeramente el vino, favoreciendo su evolución y desarrollo aromático, y es una etapa clave para vinos blancos de calidad.
Dependiendo del estilo de vino y de la bodega, se puede realizar una o varias veces durante la crianza antes del embotellado.


Battonage

En algunos vinos blancos, especialmente los que se crían sobre lías, se realiza el battonage, que consiste en remover suavemente las lías finas de manera periódica.
Esta técnica ayuda a que el vino desarrolle mayor complejidad aromática y volumen en boca, aportando notas más cremosas y elegantes sin necesidad de contacto con madera adicional.
El enólogo decide la frecuencia del battonage según el estilo del vino, la variedad de uva y el perfil aromático que se desea lograr.


Clarificación y filtrado

Una vez que el vino ha pasado por todos los procesos anteriores, llega el momento de clarificar, filtrar y estabilizar.
La clarificación consiste en eliminar partículas en suspensión, como restos de levaduras muertas, que podrían afectar la transparencia y la estabilidad del vino. Para ello se utilizan distintos agentes clarificantes o métodos naturales que ayudan a que estas partículas se depositen en el fondo del recipiente.

El filtrado, por su parte, permite eliminar cualquier sólido residual y obtener un vino limpio y brillante, listo para la crianza o el embotellado. Este paso también contribuye a que el vino sea más estable microbiológicamente, evitando fermentaciones no deseadas dentro de la botella.

La combinación de clarificación y filtrado asegura que el vino presente color, aromas y sabor nítidos, respetando el estilo deseado por el enólogo y preparando la base para la crianza en roble o el embotellado final.


Roble sí o no

El vino puede pasar un tiempo en barricas de roble, aunque en el caso de los vinos blancos este contacto suele ser menor que en los tintos. En Argentina, la legislación no establece tiempos obligatorios, pero es habitual que se considere reserva a un vino con unos 6 meses en roble y gran reserva a uno con 12 meses.
Durante este tiempo, el vino interactúa con la madera, adquiriendo notas de vainilla, tostado o especias, y se oxigena lentamente, aportando mayor estructura y redondez en boca. El tipo de roble y el nivel de tostado de la barrica permiten al enólogo adaptar el perfil del vino según la variedad y el estilo deseado.


Embotellado

Una vez que el vino ha pasado por todos los procesos de fermentación, trasiego, clarificación y, si corresponde, crianza en roble, llega el momento del embotellado, etapa en la que el vino se prepara para su conservación y consumo.
En esta fase, el vino se traslada cuidadosamente a botellas de vidrio, generalmente transparentes para los blancos, de manera que se pueda apreciar su color y claridad. Antes del llenado, se realizan controles de temperatura, filtrado final y, en algunos casos, microoxigenación, para garantizar que el vino mantenga su aroma y sabor intactos hasta que llegue al consumidor.

Luego del embotellado, las botellas se cierran con corcho natural, tapa roscada o corcho sintético, dependiendo del estilo del vino y del mercado al que se dirige. Esta etapa también incluye etiquetado y almacenamiento temporal bajo condiciones controladas de temperatura y luz, para preservar la calidad del vino hasta su salida al mercado.

El objetivo final del embotellado es que, al abrir la botella, el consumidor pueda disfrutar plenamente de los aromas, sabores y color que el enólogo buscó desarrollar durante todo el proceso.

Hasta aquí un resumen de lo que implica la elaboración de los vinos blancos.

Esperamos te haya gustado la entrada.
Cualquier duda que tengas podés preguntarnos.


Para nosotros es un placer comunicar todo lo que tenga que ver con el ámbito enogastronómico.

«Me gusta la gente que con su energía, contagia»


Mario Benedetti

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Tabulé fresco para los días cálidos

Foto: Salada de Tabule – Global Society, vía Pinterest

Cuando sube la temperatura, nuestro cuerpo nos pide comidas frescas, livianas y llenas de sabor. Las ensaladas se transforman en protagonistas de la mesa y nos inspiran a jugar con ingredientes sencillos y aromáticos. Hoy te compartimos una receta deliciosa y refrescante: el clásico Tabulé, perfecto para los días cálidos.


Qué es el Tabulé

El tabulé es una ensalada originaria del Mediterráneo Oriental, hecha con ingredientes frescos como perejil, tomate, bulgur (trigo burgol), limón, aceite de oliva y menta fresca. En su forma tradicional, el perejil es la estrella, aportando color, aroma y nutrientes, mientras que el bulgur acompaña sutilmente sin opacar los sabores.


Ingredientes (2 porciones)

  • 8 cucharadas de trigo burgol
  • 1 pepino
  • 1 tomate perita
  • 1 puñado de perejil fresco
  • Unas hojas de menta fresca
  • 12 tomates cherry (para decorar)
  • Jugo de limón
  • Aceite de oliva extra virgen
  • Sal y pimienta


Preparación

  1. Remojar el bulgur: Colocar el trigo burgol en un bol con agua fría durante una hora para que se hidrate y quede ligero.
  2. Escurrir y enfriar: Escurrir bien el bulgur. No es necesario cocinarlo si se hidrató correctamente. Llevarlo a la heladera un rato si se desea bien frío.
  3. Cortar los vegetales: Picar el pepino y el tomate en cubos pequeños.
  4. Picar las hierbas: Lavar y picar finamente el perejil y la menta fresca.
  5. Mezclar todo: En un bol grande, combinar el bulgur, los vegetales y las hierbas. Condimentar con jugo de limón, aceite de oliva, sal y pimienta al gusto.
  6. Presentación: Servir el tabulé en una fuente y decorar con los tomates cherry.

Te sugerimos dos vinos blancos que pueden ser muy buen acuerdo con este tabulé.

Zuccardi Fósil Chardonnay
De Zuccardi Wines. Proviene del
Valle de Uco y refleja con claridad su
terroir: clima frío, suelos calcáreos
que aportan frescura y mineralidad.
En nariz despliega aromas delicados de manzana
verde, pera y un toque sutil herbal. En boca es
vibrante, con acidez marcada, mineralidad y
textura equilibrada, que mantiene su carácter
fresco y seco.
Por qué va con el tabulé: Su frescura realza
la ligereza del plato y la mineralidad acompaña
perfectamente las hierbas frescas como el perejil y la menta.


Susana Balbo Blanco Limited Edition
de Susana Balbo Wines
Gualtallary Torrontés
Este Torrontés de Gualtallary es elegante y complejo.
Sus uvas, cultivadas en suelos pobres y calcáreos,
concentran sabores y aromas que hacen de este
vino una experiencia delicada y expresiva.
Destaca por notas a durazno blanco, melón y
un toque cítrico, con un perfil fresco y equilibrado.
En boca mantiene buena estructura, frescura y
matices herbales sutiles que suman complejidad.
Por qué va con el tabulé: Su perfil aromático y
frutal armoniza con la acidez del limón y la
frescura de las hierbas, creando un maridaje
ligero y refrescante.


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Lo que el vino y la gastronomía nos enseñaron sobre las personas

Foto: Turismo Salta


El vino, la gastronomía y el enoturismo hablan de sabores y territorios, sobre todo hablan de personas.
De encuentros, de historias y de la forma en que elegimos compartir.
De quienes siembran con paciencia.
De quienes cocinan pensando en otros.
De quienes sirven una mesa con atención, aun en días difíciles.
De quienes brindan para celebrar, también para sostenerse.

Este año me volvió a enseñar que el vino no es solo lo que hay en la copa, sino lo que sucede alrededor de ella. Las conversaciones que se habilitan, los silencios compartidos, las historias que se cuentan sin apuro.

La gastronomía me recordó que dar de comer es un acto profundo. Que cocinar es cuidar. Que una mesa bien armada puede ser refugio, encuentro y abrazo. Y que el verdadero lujo no siempre está en lo rebuscado, sino en lo auténtico.

El vino, por su parte, me enseñó a escuchar. A entender que cada botella trae detrás decisiones, tiempos, errores, aprendizajes y sueños. Que no hay vinos iguales, como no hay personas iguales. Y que eso es justamente lo que los hace valiosos.

Aprendí que las personas que trabajan con pasión dejan huella. Que la hospitalidad no se finge. Que el compromiso se siente. Y que cuando hay coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, todo fluye distinto.

También entendí que beber y comer con conciencia no es una moda, sino una forma de estar presentes. Elegir mejor, disfrutar más, compartir con sentido.

Empezamos este nuevo año con la certeza de que el vino y la gastronomía son puentes. Puentes entre culturas, generaciones, emociones y momentos de la vida.

Y que, al final, lo más importante no es qué se sirve en la mesa, sino quiénes se sientan alrededor de ella y cómo nos miramos.

Brindamos por eso.
Por las personas.
Por los encuentros.
Seguir aprendiendo, copa a copa, plato a plato.

Que este 2026 nos encuentre abiertos a las posibilidades, a los encuentros y a seguir compartiendo la buena mesa y excelentes vinos.
Un abrazo grande y muy buen comienzo de año.

Bienvenido, 2026.

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