Cinco curiosidades del vino que quizás no conocías

Imagen: Alicia Gamboa. Fuente: Pinterest


El vino es una de las bebidas más antiguas de la humanidad y, a lo largo de miles de años, ha estado rodeado de historia, cultura y tradiciones. Detrás de cada copa hay mucho más que uvas fermentadas: hay conocimiento, geografía, ciencia y también algunas curiosidades que sorprenden incluso a quienes disfrutan del vino con frecuencia.

A continuación, compartimos cinco datos interesantes que ayudan a entender mejor este fascinante universo.


1. El vino existe desde hace más de 8.000 años

Los registros arqueológicos más antiguos vinculados a la elaboración de vino se encontraron en la región del Cáucaso, especialmente en territorios que hoy corresponden a Georgia. Allí se descubrieron recipientes de cerámica que contenían restos de vino, lo que demuestra que ya en ese entonces las civilizaciones habían aprendido a fermentar uvas y conservar la bebida.
El vino tiene miles de años de historia. Si querés viajar aún más atrás en el tiempo, te invitamos a descubrir Georgia, considerada una de las cunas de la vitivinicultura, donde la elaboración del vino se remonta a más de 8.000 años.


2. El color del vino tinto no proviene de la pulpa

Muchas personas creen que las uvas tintas tienen pulpa roja, pero en la mayoría de los casos es clara. El color del vino tinto proviene principalmente de los pigmentos presentes en la piel de la uva. Durante la fermentación, el mosto permanece en contacto con los hollejos, lo que permite extraer color, aromas y taninos.


3. La misma variedad puede dar vinos muy diferentes

Una misma cepa puede expresar perfiles completamente distintos según el lugar donde se cultive. Factores como el clima, el suelo, la altitud o la exposición al sol influyen en el carácter final del vino. Este fenómeno se conoce como “terroir”, y explica por qué un mismo varietal puede ofrecer estilos muy diversos en diferentes regiones del mundo.


4. Las botellas no siempre fueron de vidrio

Antes de la generalización del vidrio, el vino se almacenaba y transportaba en ánforas de barro, barriles de madera o recipientes de cuero. Las botellas comenzaron a popularizarse en Europa a partir del siglo XVII, cuando la tecnología del vidrio permitió fabricar envases más resistentes y adecuados para la guarda.


5. El aroma del vino puede recordar a muchas cosas que no están en la copa

Cuando hablamos de aromas a frutas, flores, especias o incluso notas tostadas, en realidad no significa que esos elementos hayan sido agregados al vino. Los aromas se generan de forma natural a partir de compuestos químicos que se desarrollan durante el crecimiento de la uva, la fermentación y la crianza.

El mundo del vino es tan amplio como apasionante. Cada botella puede ser una puerta de entrada a la historia, la geografía y el trabajo de quienes cultivan la vid y elaboran el vino. Conocer estos detalles no solo enriquece la experiencia, sino que también permite disfrutar cada copa con una mirada más curiosa y consciente.

Ciclo vegetativo de la vid: etapas clave y su impacto en el vino


Comprender la uva y su estructura es el primer paso para entender el proceso de elaboración del vino. Cada parte del fruto —piel, pulpa y semillas— cumple un rol fundamental en el estilo, la estructura y el carácter final de esta bebida tan noble.


La uva y la especie adecuada para vinificar                                               

¿Se puede elaborar vinos con cualquier tipo de uva? No, la uva que es apta para vinificar es la Vitis Vinifera.
Esta se cultiva hace años, cuántos? Miles, de forma accidental se cree fue entre 6.000 a 5.000 a.C. El registro más antiguo pertenece a 4000 a.C. y no sólo es para hacer vino, sino como consumo fresco, pasa o mosto.

Hay aproximadamente 6.000 variedades de uvas, sin embargo solo unas pocas son utilizadas para elaborar vinos hablamos de 2.000 variedades.
La vitis vinífera es proveniente de Europa mediterránea y Asia central. También se produce América y Asia.


Ciclo Vegetativo de la Vid

Cómo todo ser vivo tiene un ciclo que comienza en la primavera en el Hemisferio Sur, entre agosto y septiembre.
Con la poda que se había realizado, empieza a brotar savia, a eso se le dice desborre o es conocido también como brotación de los pámpanos, la savia es la encargada de circular por los conductos y produce los brotes. En este momento a la planta hay que cuidarla de fríos y heladas.

En noviembre se comienzan a ver la floración de los brotes. Si el clima ayuda, la planta va a lograr una buena polinización, es decir se van a formar los granos de uva.

Raleos

Se llama así a la técnica que emplea el enólogo cuando necesita «corregir» la cantidad de racimos.
Diciembre es la época del envero, es decir cuando el grano cambia de color y toma los colores propios de la variedad. Este es el momento que se le hacen deshojes a la planta para lograr una buena insolación.

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Cómo catar un vino: guía práctica paso a paso



Catar un vino consiste en observarlo, olerlo y probarlo con atención para comprender sus características y, sobre todo, disfrutarlo más plenamente. Esta guía te acompaña desde lo más simple hasta cómo interpretar lo que percibís en la copa.


1. Elección de la copa

La copa adecuada permite que los aromas y sabores se perciban mejor. Para vinos blancos, busca copas más estrechas; para tintos, copas más anchas que faciliten la oxigenación.


2. Temperatura del vino


Cada tipo de vino tiene su temperatura ideal:

  • Blancos y rosados: 8–12 °C
  • Tintos jóvenes: 14–16 °C
  • Tintos robustos y añejos: 16–18 °C

3. Ambiente de cata


Busca un lugar con buena iluminación, sin olores fuertes que puedan interferir con la percepción de aromas del vino.

La cata de vinos consta de 3 pasos. Antes claro está, vamos a descorchar.  Lo primero a hacer es observar el corcho y olerlo. 
Luego nos servimos un poco en la copa que siempre, siempre la vamos a tomar del tallo o el pie para no calentar el vino.


Fase visual


Quienes estamos dotados de este maravilloso sentido, lo primero que hacemos es observar el vino.
Vas a tomar el vino por el tallo de la copa, así no calentás el vino con la temperatura de la mano, y vas a inclinar la copa unos 45 grados, contra un papel, servilleta o mantel de fondo blanco. De este modo, vas a poder dilucidar si el vino es joven o tiene sus años.
Recordá que el color tiene relación con la edad del vino. Los vinos blancos cuando son jóvenes se ven colores amarillo pálidos o verdosos, cuando ganan en edad se perciben amarillos ámbar o caramelo. En el caso de los vinos tintos tienden a mostrar rojos brillantes y vivaces dentro de la gama de los violáceos o rubí. Cuando son vinos de varios años, su colores van del granate, al teja y hasta pueden llegar a los marrones.

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En esta fase vamos a hablar de la intensidad del color, esto puede deberse a la variedad de uva utilizada, los trabajos que se realizan en el viñedo y en la bodega. Entonces ¿Cómo hacemos para ver la intensidad? Eso se ve nuevamente inclinando la copa a unos 45 grados, colocando tu mano abajo y según cómo se observen los dedos a través de la copa se clasificará la intensidad como baja, media o alta.
Cuando hablamos de reflejos en los tinos cómo se puede ver en la figura se ven en el borde o en el arco superior y en los blancos en la parte que se le dice arco o herradura de la parte inferior de la copa.
Finalmente en esta fase debés haber escuchado hablar de las lágrimas o piernas que es el nombre que se les da a las gotas del vino que caen por las paredes de la copa.


Fase olfativa


El sentido del olfato tiene dos vías: una es la nasal directa que es lo que aspiramos por la nariz y la retronasal, desde la cavidad bucal, cuando tragamos el vino.
A la hora de oler un vino, hacemos una primera nariz que es acercar la nariz a la copa y hacer tres inspiraciones profundas.
En esta etapa se analiza la limpidez del vino, en la primera nariz, si el vino no tiene algún defecto (de tenerlo no se continúa con la cata).

Luego vamos a girar la copa para que el vino se oxigene y libere más aromas.
Volvemos a oler y aquí podemos apreciar otros aromas.
Se evalúa la intensidad, es decir la potencia aromática del vino. Se describe como baja, media o alta.
Vas a detenerte en la complejidad o carácter del vino. Puede ser un vino simple, de complejidad media, media-alta o complejo. 
En cuestión de aromas hablamos de aromas primarios: los que son de la uva, secundarios los que provienen de la elaboración y fermentación en barrica y los aromas terciarios: propios de la evolución en botella y la crianza en madera, en las barricas.
En los vinos blancos vas a encontrar aroma o notas a frutas blancas, como ananá, aroma a cítricos, pueden haber notas florales. En los tintos frutas rojas ciruelas, frutillas o moras y paso a paso vas a ir descubriendo otros sabores.
Cuando el vino tiene paso por barrica se distinguen aroma a cedro, tostado, algo de vainilla.


Fase gustativa


Y aquí viene la parte más interesante.
La lengua detecta cuatro clase de sabores: el dulce, el ácido, el salado y el amargo. Y cabe destacar que la sensibilidad de lo dulce y de lo ácido es muy variable en las personas y en los catadores.
En el proceso de catar, se distinguen tres etapas: el ataque que sucede en los primeros segundos, la evolución o los cambios en las sensaciones y el final de boca que es cuando se termina de catar el vino y aún después de ser arrojado o escupido.
El dulce se siente en la punta de la lengua, el salado en los bordes, el ácido en los costados y el amargo en la parte posterior.
Buscá el equilibrio entre el sabor inicial y el retrogusto (es el conjunto de sensaciones gustativas y aromáticas que perduran en la boca y la garganta después de tomar un poco de cualquier bebida).
Un vino es equilibrado cuando el alcohol, la acidez y los taninos se integran de un modo uniforme.

Por último, practicá, practicá y practicá, olé todo, y sobre todo, presta atención a cada aroma. No somos de oler los alimentos y hacerlo es un gran entrenamiento. Olé todo, los perfumes, las verdulerías, a que huele tu ciudad, olé tu cocina, un perfume, las especias. Andá con los sentidos despiertos.

Aprender a catar un vino no significa buscar respuestas correctas, sino desarrollar el propio criterio y la sensibilidad. Con el tiempo, cada copa se vuelve una experiencia más consciente, más placentera y más personal.


¡Entrená tu nariz!


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¡Qué tengas un gran día! ¡Muchas gracias por tu linda compañía!

Vendimia: Un ritual de pasión y tradición


Foto: Acovi Asociación de Cooperativas vitivinícolas Argentinas


La vendimia es más que un momento en el calendario: es un ritual que une tierra, historia y pasiones. A través de siglos de tradición vitivinícola, la vendimia se ha convertido en símbolo de renovación, trabajo colectivo y celebración de la abundancia. Cada año, cuando los racimos maduros son cuidadosamente recogidos bajo el sol, se pone en movimiento un ciclo que une al viñedo con la bodega y a la gente con sus raíces. Esta festividad, profundamente arraigada en la cultura argentina, transforma la simple cosecha de uvas en una experiencia colectiva donde lo agrícola se entrelaza con lo social, lo espiritual y lo festivo.

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Vinos con velo en Argentina: un estilo que despierta

Foto: Wines of Argentina

En el fascinante mundo del vino, hay estilos que emocionan por su historia, otros por su innovación, y algunos- como los vinos con velo- por su capacidad de reunir ambos mundos en una misma copa.

Durante siglos, regiones como Jerez en España o Jura en Francia mantuvieron viva durante siglos esta técnica de crianza biológica, donde un velo de flor, una capa de levaduras naturales, cubre la superficie del vino mientras reposa en barricas sin llenar completamente. Hoy, esta práctica ancestral está cobrando vida nueva en Argentina, de la mano de enólogos curiosos, apasionados y decididos a ir más allá de los estilos tradicionales.


¿Qué es un vino con velo?

Los vinos de crianza biológica son aquellos que desarrollan un velo de levaduras en su superficie mientras envejecen. Este «velo» se forma cuando el vino entra en contacto con el oxígeno en barricas no completamente llenas. Es decir el vino no se lo protege del todo. Las levaduras se activan y generan una capa protectora que:

  • Evita la oxidación directa, sin impedir la microoxigenación.
  • Aporta sabores y aromas únicos, como almendra, pan, flores secas, curry, heno y salinidad.
  • Genera un vino más seco, profundo, complejo y gastronómico.

No es una crianza común ni rápida: requiere paciencia, tiempo, condiciones muy específicas y sensibilidad enológica. Se protege al vino, aunque sin encerrarlo. Se lo deja evolucionar, transformarse.

Es un acto de dejar que la naturaleza también se exprese.


De Europa al Nuevo Mundo

Este estilo tiene raíces profundas en:

  • Jerez (España), con sus Finos y Manzanillas.
  • Jura (Francia), donde nace el célebre Vin Jaune, también en Rousillon, sur de Francia. con fuerte influencia catalana y tradiciones vinícolas ancestrales.
  • Algunas zonas de Italia, Hungría y Georgia, con crianzas similares.

Sin embargo en la última década, Argentina comenzó a explorar con entusiasmo esta técnica, demostrando que nuestros suelos y condiciones climáticas, especialmente en Mendoza y San Juan, son ideales para la aparición y mantenimiento del velo de flor.


Los pioneros en Argentina

A partir de 2014, algunos enólogos comenzaron a notar la aparición espontánea del velo en barricas que no se habían llenado del todo. Lo que en principio pareció un accidente, despertó una oportunidad y curiosidad. Acá no hubo una guía sobre cómo actuar, sí mucha intuición, propia del ADN argento. Así los enólogos, tradujeron esta práctica a nuestro paisaje, clima, e identidad vitivinícola. Y allí comenzó la exploración:


Alejandro Vigil – Bodega Aleanna

En 2008, cuando en Argentina casi nadie hablaba de vinos criados bajo velo, Alejandro Vigil decidió experimentar con su Chardonnay El Enemigo, inspirado en los vinos del Jura.
Vigil implementó la crianza bajo una cobertura natural de levaduras, conocida como velo o flor, permitiendo que el vino evolucione protegido aunque en contacto con el oxígeno.
“Hago chardonnay con una cobertura de levadura —flor de velo— similar a cómo se hace en el Jura. Me encantan las notas florales y la profundidad de esos vinos”, suele explicar.
El resultado es un Chardonnay con mayor complejidad, textura y carácter, donde aparecen notas salinas, florales y una profundidad poco habitual en blancos argentinos. Con esta decisión, Vigil no solo creó un vino singular, sino que se convirtió en uno de los referentes pioneros de la crianza biológica en el país.


David Bonomi – Per Se

Con su proyecto Volare de Flor, David Bonomi sorprendió al mercado en 2014 al elaborar uno de los primeros vinos argentinos criados bajo velo. En un momento en que casi nadie hablaba de crianza biológica, su apuesta fue tan audaz como visionaria.
El velo apareció de manera espontánea en barricas no completamente llenas y, lejos de verlo como un defecto, Bonomi decidió observar y dejar que el tiempo hiciera su trabajo. Así nació un vino seco, profundo, con marcada salinidad y una complejidad aromática poco habitual en blancos argentinos. Volare de Flor se convirtió en un hito que abrió camino a otros enólogos a explorar este estilo en el país.


Juan Pablo Michelini – Bodega Altar Uco

Con su línea Altar Uco, Juan Pablo Michelini detectó velo de manera espontánea en un vino blanco y decidió profundizar en la técnica, elaborando un Pedro Giménez bajo flor.
Michelini, lo abordó con cuidado y paciencia, dejando que la crianza biológica revelara todo su potencial. El resultado son vinos vibrantes, secos, intensos y con identidad, que muestran una complejidad aromática poco habitual en blancos argentinos y destacan la personalidad de su terruño. Ideal para una larga charla de sobremesa


Eduardo Soler – Ver Sacrum

Con su proyecto Ver Sacrum, Eduardo Soler aplica su mirada atenta a las variedades mediterráneas y a los métodos tradicionales, sin embargo también se anima a experimentar con la crianza biológica.
En sus vinos, la presencia de velo aporta frescura y complejidad, generando texturas y aromas distintos a lo habitual, resaltando la identidad de cada variedad y del terruño. Su enfoque combina respeto por la tradición con la búsqueda de expresión y singularidad, ofreciendo vinos con carácter, elegancia y personalidad propia.


Matt Berrondo (Finca Anguita)

Matt continúa cultivando y perfeccionando esta técnica. Ha ido incrementando la cantidad de barricas que dieron lugar a la crianza bajo flor con velo “madre”, incluso armando soleras y replicando este enfoque en barricas de 160 y 225 litros, con la intención de construir una base sólida para futuras elaboraciones bajo crianza biológica. Este tipo de trabajo artesanal requiere mucha paciencia, sensibilidad y control, pues el velo es extremadamente frágil: pequeñas perturbaciones pueden destruirlo.
Su enfoque ha ayudado a expandir la visión del vino argentino, integrando métodos ancestrales con la identidad propia del terroir.


Gabriel Campana (Valle de Calamuchita)

Gabriel Campana es una figura destacada de la vitivinicultura cordobesa que se ha sumergido en la crianza biológica desde una mirada personal y ligada al paisaje de su tierra natal. Nacido en Colonia Caroya, en el corazón de Córdoba, Campana ha desarrollado proyectos donde la expresión del vino va más allá de la variedad para transmitir el carácter del viñedo y las condiciones del entorno.
Gabriel elabora etiquetas como El Raro Velo, un Sauvignon Blanc con velo producido en partidas muy limitadas que busca recuperar una sensación de simpleza y pureza, con acidez natural marcada, baja intervención y una frescura definida por su origen serrano.


Pablo Marino – Solo Contigo y Berracos

Pablo Marino desarrolló su proyecto Solo Contigo en Los Chacayes, Valle de Uco.
Su blanco Solo Contigo Neelands White Blend, un corte de 60% Semillón, 20% Chardonnay, 10% Pedro Giménez y 10% Torrontés, refleja la frescura y el carácter de la zona a 1.200 msnm. La vendimia se realiza manual, en cajas de 16 kg, y la vinificación combina fermentación en barricas de 500 litros con una crianza mixta: el 50% en barricas de roble francés de segundo y tercer uso durante 15 meses, y el otro 50% bajo velo (crianza biológica) en tanque de acero inoxidable, para luego reposar 3 meses en tanque. El resultado es un vino que conjuga elegancia, complejidad aromática y frescura, con la expresión auténtica del terruño del Valle de Uco.


Finca Las Moras – San Juan

Desde San Juan, Finca Las Moras sorprendió con su Pedro Giménez “Pedrito”, un vino blanco elaborado bajo velo durante 18 meses. Esta crianza biológica le aporta al vino una frescura vibrante, tensión en boca y matices aromáticos complejos, donde se perciben delicadas notas salinas, frutas blancas maduras y un ligero toque de frutos secos. “Pedrito” refleja tanto la tipicidad de la variedad como la singularidad del terruño sanjuanino, ofreciendo un blanco elegante, auténtico y con personalidad, que invita a descubrir nuevas posibilidades de expresión dentro de los vinos argentinos bajo velo.


José Luis Pepe Miano junto a Juan Pablo Michelini- Amansado Wines

Bajo la guía del enólogo José Luis Miano y con la asesoría de Juan Pablo Michelini, ha explorado la crianza biológica con propuestas innovadoras. Su Pedro Ximénez de Flor en ánfora se cría durante dos años bajo velo, desarrollando un blanco de aromas profundos, textura envolvente y matices elegantes de frutos secos y frescura vibrante. 100% Pedro Ximénez de un viejo parral de Valle de Uco, El Zampal, Tupungato, Mendoza. Criado bajo velo 24 meses en Ánfora de porcelanato italiana claiver de 450 lts.
De tonos doradosm algo turbio, de nariz delicada y profunda con notas a la jalea de membrillo, flores blancas y piel de naranja. En boca es algo salino y tenso, de gran volumen, largo y persistente.


Puerta del Abra – Balcarce, Buenos Aires

ubicada en Balcarce, Buenos Aires, se destaca por su apuesta audaz en una zona poco tradicional para la vitivinicultura argentina. La bodega ha experimentado con crianza biológica, logrando que sus vinos blancos desarrollen frescura, tensión en boca y aromas delicadamente complejos, donde se perciben notas de frutos blancos, hierbas y un ligero toque salino que recuerda la cercanía del océano Atlántico.

Su enfoque artesanal y el cuidado de cada etapa de la elaboración permiten que la flor actúe como una capa protectora viva, potenciando los matices del terruño y generando vinos originales, con carácter y personalidad, muy valorados por conocedores que buscan experiencias distintas dentro de la vitivinicultura argentina.


Condiciones ideales para el desarrollo del velo en Argentina

Nuestro clima seco, la sanidad de las uvas y el trabajo enológico de precisión crean las condiciones ideales para esta técnica:

  • No hay que fortificar el vino (como en Jerez), porque el velo aparece naturalmente.
  • Las barricas permiten una microoxigenación suave.
  • El resultado es una expresión única del terroir argentino con alma europea.



Maridajes y estilo

Los vinos con velo son intensos, secos, a veces salinos. Invitan a maridajes que salgan del molde:

  • Quesos curados, frutos secos, jamón crudo.
  • Platos asiáticos, cocina de mar, sopas especiadas.
  • También como aperitivo, con olivas, pan de masa madre o platos vegetarianos complejos.


¿Por qué importan estos vinos?

Porque muestran otra cara del vino argentino. Una más libre, experimental, y a la vez profundamente conectada con las raíces. Son vinos para exploradores del paladar, para quienes buscan nuevas emociones en cada copa. Y también son una muestra del talento y la creatividad que caracterizan a nuestra generación de enólogos.

Son vinos que cuentan historias. Que hablan del tiempo, de la espera, de lo que sucede cuando el hombre deja que la naturaleza actúe.

Hoy, Argentina se suma a ese relato global, con vinos que no solo sorprenden, sino que emocionan.


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