En el universo del vino argentino, la Bodega Weinert ocupa un lugar singular. No por seguir tendencias, sino por haber construido, a lo largo del tiempo, una identidad basada en la paciencia, la coherencia y el respeto por los procesos largos. Desde su bodega centenaria en Luján de Cuyo, el proyecto sostiene una manera de hacer vino donde el tiempo no se acelera y la elegancia se cultiva.
Weinert, el valor del tiempo
La historia de Weinert comienza en los años ‘70, cuando Don Bernardo C. Weinert, un empresario brasileño de origen alemán, llegó a Mendoza movido por un amor profundo por el vino y la convicción de que en esas tierras fértiles podía nacer algo verdaderamente trascendente. Su mirada, formada entre la cultura europea y el espíritu emprendedor, encontró en Mendoza un territorio ideal: clima seco, amplitud térmica, suelos generosos y una tradición vitivinícola que aún tenía mucho por revelar.
Fascinado por ese potencial y por el ritmo pausado que impone la elaboración de grandes vinos, adquirió una antigua bodega construida en 1890 en Carrodilla, Luján de Cuyo. Allí decidió apostar por una filosofía clara: elaborar vinos pensados para el largo plazo, respetando los tiempos de la crianza y priorizando la expresión del terroir por sobre las modas. Desde sus inicios, Weinert se consolidó como un proyecto donde la paciencia, la consistencia y la nobleza de los materiales son tan importantes como la uva misma.
La herencia alemana de Don Bernardo Weinert se refleja con precisión en la filosofía de la bodega. El respeto por el orden, la precisión y el trabajo meticuloso conviven con una profunda valoración del tiempo como aliado fundamental del vino. En Weinert, nada se apura: las largas crianzas, la búsqueda del equilibrio y la constancia en los procesos responden a una mirada donde la calidad se construye paso a paso, con rigor y paciencia. Esta forma de entender la vitivinicultura, más cercana a la tradición europea clásica que a la inmediatez, encontró en Mendoza un escenario perfecto para desarrollarse y dar origen a vinos de carácter sobrio, profundo y longevos.
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Fundada en 1890 por Pascual Toso, un inmigrante italiano de Canale d’Alba, la Bodega Pascual Toso es hoy una de las bodegas más antiguas y prestigiosas de Argentina. Queriendo trasladar sus conocimientos y experiencias al “nuevo mundo”, Pascual inició su camino con la producción de espumosos, convirtiéndose hasta el día de hoy en uno de los productores más importantes del país en esta categoría. Con una visión clara, vendió sus viñedos en Italia para concentrarse totalmente en producir y trabajar en los suelos argentinos, apostando al potencial de Mendoza.
A comienzos del siglo XX, pensando en expandir su proyecto, Pascual adquirió viñedos en Maipú, en la microrregión de Barrancas, y construyó allí su segunda bodega, “Las Barrancas” (Pequeño Cañón), dedicada a la producción y cultivo de uvas de alta calidad. Desde entonces, sus vinos han sido reconocidos en el mercado nacional e internacional, reflejando el potencial único de esta región emergente.
Terroir y viñedos: la magia de Barrancas
Barrancas es un terruño extremadamente flexible, capaz de adaptarse a distintas variedades de uvas, situado a 750 metros sobre el nivel del mar y a 700 metros del Río Mendoza, uno de los torrentes más importantes de la provincia. La finca cuenta con más de 300 hectáreas cultivadas y una gran diversidad de suelos: al norte, cerca del río, predominan suelos rocosos, conocidos como “pedregal”, ideales para el Cabernet Sauvignon, de los mejores de Argentina; al sur, la zona más alejada del río, se encuentran suelos arenosos perfectos para Malbec y Syrah; y en la franja media, los suelos franco-arcillosos permiten el desarrollo óptimo de las variedades blancas, como Sauvignon Blanc y Chardonnay.
El clima de Barrancas, con días cálidos y noches frescas, baja humedad relativa y calor durante el día, genera frutos concentrados y de gran calidad. riego, fundamental para el desarrollo de los viñedos, se realiza mediante métodos de goteo e inundación, utilizando aguas provenientes del deshielo de los Andes a través del Río Mendoza. Esta combinación de suelo, clima y riego permite que cada uva exprese al máximo su carácter y que cada vino cuente la historia de su origen.
Diferencial: tradición e innovación
El principal diferencial de Pascual Toso radica en su capacidad de conjugar historia, tradición europea e innovación. La bodega conserva técnicas centenarias, aunque también incorpora tecnología y precisión enológica para producir vinos que reflejan identidad, carácter y elegancia. Cada botella es un testimonio del sol, el clima y la paciencia en la crianza, logrando vinos que cuentan historias únicas.
Variedades de uvas
Pascual Toso cultiva las variedades más emblemáticas de Argentina, buscando que cada vino exprese la riqueza de su terroir. Entre ellas destacan el Malbec, intenso y elegante; el Cabernet Sauvignon, estructurado y potente; el Syrah, profundo y especiado; el Chardonnay, fresco y con carácter; y el Sauvignon Blanc, vibrante y aromático. Cada uva se selecciona cuidadosamente para garantizar que cada vino logre complejidad, elegancia y personalidad.
Equipo enológico
El equipo de Pascual Toso combina experiencia local y visión internacional. Rodrigo Manuel Romero, primer enólogo, supervisa los cortes de alta gama; Gisella París, experta en blancos y líneas Estate, aporta innovación; Dino Lucentini y Gabriel Abrahan garantizan excelencia en vinificación y espumantes; y Paul Hobbs, consultor internacional, suma jerarquía y distinción a los vinos premium.
A lo largo de su historia, los vinos de Pascual Toso han sido reconocidos internacionalmente, obteniendo premios y distinciones que reflejan su excelencia y prestigio. Estos galardones confirman la calidad, elegancia y consistencia de sus vinos, posicionando a la bodega como un referente destacado dentro de la vitivinicultura argentina e internacional.
Más que una bodega, Pascual Toso es un legado vivo. Entrar en sus viñedos y barricas es recorrer la historia de 135 años de vitivinicultura argentina. Cada vino no solo se degusta, se vive: es un viaje por el terroir, la historia y la pasión de una familia que transformó un sueño italiano en un icono de Mendoza. Su combinación de tradición, innovación y compromiso con la calidad sigue posicionándola como referente nacional e internacional, ofreciendo vinos que sorprenden y emocionan en cada copa.
Experiencias enoturísticas en Pascual Toso
Pascual Toso ofrece distintas propuestas para descubrir su historia, su identidad y sus vinos. Desde El Secreto de Pascual Toso, una invitación a conocer el legado de su fundador y la esencia de la bodega, hasta Un viaje en el tiempo, un recorrido sensorial que atraviesa espumosos, blancos y tintos, expresión pura de Barrancas. También se destacan las experiencias dedicadas al terroir y al Cuartel Nº5, donde se presentan selecciones exclusivas de vinos ícono acompañadas por tablas de quesos premium.
Otra propuesta es el Menú Parral: 3 pasos y 3 vinos, una experiencia que combina recorrido por la bodega, la cava y los viñedos, con un almuerzo o cena bajo el parral. Allí se disfruta de un menú de tres pasos maridado con vinos de la casa: empanadas argentinas con Pascual Toso Estate Malbec, un corte de carne con vegetales al rescoldo acompañado por Pascual Toso Reserva Cabernet Sauvignon y, para el cierre, postre regional con espumante Brut Rosé.
Otra opción es su Wine Garden, un espacio pensado para vivir la bodega de una manera relajada y diferente. Cuando cae la tarde, el jardín se convierte en el escenario ideal para disfrutar al aire libre, rodeados de viñedos y con la montaña como telón de fondo. A partir de las 19:00 horas comienza un recorrido guiado por la bodega, la cava y los viñedos, donde se comparte la historia de Pascual Toso y el proceso de elaboración de sus vinos.
Luego, el encuentro continúa en este espacio descontracturado, con una propuesta gastronómica informal pensada para compartir, conversar y dejar que la tarde fluya entre copas y paisajes. Tabla de charcutería, empanadas artesanales, panes caseros, olivas y conservas acompañan una botella de vino de la línea Estate cada dos personas.
Vinos y Fuegos
Cuando el sol empieza a despedirse y el cielo se tiñe de tonos cálidos, donde nace Vinos y Fuegos. El crepitar del fuego, los aromas de la cocina al aire libre y la calidez de las brasas crean una atmósfera única. El ritual del asado, los productos locales cocinados lentamente y el vino servido a la temperatura justa convierten el momento en una celebración de los sentidos. Más que una propuesta gastronómica: es un encuentro, un espacio para compartir historias, brindar, reír y dejarse llevar por la magia del atardecer mendocino. Un homenaje a la tradición, al paisaje y al disfrute sin apuros, donde cada copa acompaña el ritmo del fuego y cada plato encuentra su maridaje perfecto. Actividad con cupos limitados y reserva previa.
Una experiencia que invita a detenerse, a mirar el paisaje con otros ojos y a disfrutar del vino como se merece: sin apuros y en buena compañía.
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Hablar de la Bodega Catena Zapata es hacer un homenaje a la vitivinicultura argentina y a sus pioneros. Con típica forma de pirámide Maya se encuentra en la localidad de Agrelo, Luján de Cuyo, área que es conocida como la Primera Zona.
Un abuelo italiano
El punto de partida de la familia Catena tiene que ver con la región de Le Marche y con el abuelo de Nicolas Catena Zapata. Nicola Catena partió del centro este de Italia en 1898, de Le Marche una localidad del Adriático que se desarrolla entre el mar y las montañas, pasando por el campo y las colinas, de paisajes bien variados. Este joven que ayudaba a su papá con las pequeñas huertas y viñedos de la familia, con sólo 20 años y su valija cargada de sueños, emigró a Argentina en busca de un futuro mejor. Llegó a Mendoza y cumplió uno de esos sueños: tener un viñedo propio. En 1902 concreta esto plantando la uva Malbec a orillas del río Tunuyán. Vaya a saber si alguien le comentó o Nicola mismo tenía la intuición que el Malbec – que hasta entonces se empleaba como uva de corte en Bordeaux- podía expresarse de otra manera en suelo argentino. Este presentimiento se materializó un siglo más tarde.
Domingo Vicente Catena y Angélica Zapata, un matrimonio que forjó una marca
Hijo de Nicola era un exitoso viticultor y muy conocido por vender sus blends en los bistros más elegantes de Buenos Aires. Estos blends eran elaborados con uva proveniente de La Consulta. Domingo estaba convencido que podía sacar la mejor versión del Malbec, igualando a los mejores de Francia. Angélica era maestra, se casó con Domingo Catena en 1934 tuvieron cuatro hijos y con ellos nació el acervo Catena Zapata. Gracias a ellos comenzó otra etapa en la bodega con muchos desafíos.
Nicolás Catena
Nicolás Catena ya tenía 22 años cuando su padre le consultó si debían cosechar, él le dijo que no y su papá no estuvo de acuerdo. Nicolás como su padre sabía que el Malbec podía ofrecer otros aromas y sabores que los que conocían en el Viejo Mundo. Siempre investigó, estudió y siguió investigando para dar con los mejores vinos. Su papá creía que los lugares más fríos iban a dar vinos de mejor calidad. Así fue cómo Nicolás se dedicó a estudiar al Malbec de lleno.
A principios de los 80, decidió viajar e instalarse en California, donde los estadounidenses estaban empeñados en lograr una diferencia con sus vinos con respecto a Europa. Hasta ese entonces, nadie en el mundo se había atrevido a desafiar el predominio de Francia como productor de calidad – excepto los californianos, quienes habían decidido elaborar un Cabernet Sauvignon y un Chardonnay que pudiesen competir con los mejores vinos europeos. California, y en especial la región de Napa Valley, fueron una auténtica inspiración para Nicolás y su esposa Elena, quienes solían pasar los fines de semana allí, con su hija menor Adrianna, que acababa de nacer. Nicolás Catena Zapata regresó a Mendoza con una visión en mente: una Visión Californiana.
Una vez en su tierra Nicolás se dedicó a identificar las zonas más aptas para la plantación de viñedos. Convencido de que la única manera de dar un gran salto cualitativo era arriesgarse y superar los límites tradicionales del cultivo de la vid, en 1992 decidió plantar vides en Gualtallary Alto, a 1.500 msnm. Este viñedo, el más alto de Tupungato, disfruta de un clima frío y seco, protegido de las heladas por las montañas circundantes. Además, cuenta con una leve colina y una montaña pequeña que aportan diversidad de suelos y exposición solar. Nicolás lo llamó “Adrianna”, en honor a su hija menor, fortaleciendo así un proyecto que combina innovación, raíz familiar y pasión por la excelencia. En 1994 hicieron la primera cosecha Malbec de zona fría y resultó un éxito. Vinos con aromas y sabores novedosos.
Decidió desarrollar su propia selección clonal de Malbec, plantando 135 clones en el viñedo La Pirámide de Agrelo. De estos 135 clones iniciales, finalmente se seleccionaron los cinco mejores – los que daban granos más pequeños, rendimientos balanceados y mejores sabores, y se los plantó en diferentes microclimas, en diferentes altitudes del Valle de Uco. Actualmente, los “Catena cuttings”, como se denomina a la selección de plantas Malbec de Catena, juegan un importante rol en el perfil de sabores, elegancia y tipicidad de los vinos Malbec de la familia.
La Revolución del Terroir: Ciencia, parcelas y colaboración
Al aplicar la teoría francesa que atribuye la calidad del vino al terroir, los Catena descubrieron que los suelos aluvionales de Mendoza no eran homogéneos. Identificaron diferencias significativas en la composición física y química de pequeñas parcelas dentro de un mismo viñedo.
Este hallazgo llevó a la creación del Catena Institute of Wine, fundado por Laura Catena con el objetivo de estudiar y clasificar cada parcela para elaborar vinos que reflejen la pureza y singularidad de cada terreno. Con la ayuda de Alejandro Vigil, Ingeniero agrónomo y Enólogo Jefe de Catena, canaliza su energía creativa tratando de desafiar los límites de la viticultura y enología tradicionales. Ernesto Bajda que no sólo posee una amplia experiencia en cuanto al manejo del viñedo, sino también un conocimiento “único” acerca de las herramientas precisas que se necesitan para identificar la variabilidad en los viñedos; Fernando Buscema, Director del Catena Institute of Wine, y Luis Reginato, Director de Viñedos de Catena. Los Catena han llevado a cabo un riguroso trabajo de investigación para comprender a fondo el terroir argentino, las características de Mendoza y cada aspecto de sus viñedos, con el fin de elaborar vinos capaces de competir con los mejores del mundo. Desde el Instituto se brega por una filosofía centrada en la trazabilidad, el control total del proceso barrica por barrica, la precisión en viñedo y la exploración de nuevos terroirs, con el objetivo de crear vinos que reflejen con fidelidad su origen.
Bajo esta visión, se desarrollaron proyectos como «White Stones» y «White Bones», que muestran cómo cada parcela puede expresar su singularidad en el vino final. Estas iniciativas no solo han elevado la calidad de los vinos de Catena Zapata, sino que también han consolidado a la bodega como referente mundial en viticultura científica y sostenible.
Foto: Bodega Catena Zapata
Angélica Cocina maestra: Toda una experiencia gastronómica
Dentro de esta emblemática bodega, Angélica Cocina Maestra ofrece una experiencia culinaria única que celebra la riqueza de los productos mendocinos.
Nombrado en honor a Angélica Zapata, madre de Nicolás Catena Zapata, el restaurante rinde homenaje a su legado y pasión por la excelencia.
La propuesta gastronómica de Angélica Cocina Maestra se centra en la filosofía «Wine First», donde el vino es el protagonista y la cocina lo acompaña y realza. Los menús degustación, que varían entre 7 y 12 pasos, están diseñados para ofrecer una inmersión profunda en los sabores y aromas que definen a Mendoza.
Cada plato refleja la diversidad y riqueza de los ingredientes locales, combinados con técnicas culinarias modernas que respetan las tradiciones argentinas.
El restaurante se encuentra en el sótano de esta bodega histórica, renovada con materiales autóctonos como ladrillos artesanales, madera reciclada y durmientes de vías de tren. La arquitectura, inspirada en una villa toscana, crea un ambiente cálido y acogedor que invita a disfrutar de la comida en armonía con la naturaleza circundante.
Reconocimiento Internacional
Angélica Cocina Maestra ha sido galardonado con una estrella Michelin, destacando la calidad y creatividad de su propuesta gastronómica y consolidando a Catena Zapata como referente de la viticultura y gastronomía argentina.
Enoturismo en Bodega Catena Zapata
Las visitas guiadas están diseñadas para grupos pequeños, permitiendo una atención personalizada y una inmersión profunda en el mundo del vino. Durante el recorrido, los visitantes pueden conocer la historia de la bodega, explorar sus instalaciones y degustar una selección de sus vinos emblemáticos.
Las visitas están disponibles de martes a sábado, en distintos horarios a lo largo del día. Se recomienda realizar una reserva previa para garantizar la disponibilidad y disfrutar de la experiencia de manera óptima.
Ubicación
La bodega se encuentra en Cobos s/n, Agrelo, Luján de Cuyo, Mendoza. Te invitamos a vivir una experiencia única, donde la historia, la innovación y el sabor se combinan en cada visita.
Visitar Catena Zapata es adentrarse en más de un siglo de historia y visión. Cada viñedo, barrica y botella refleja el esfuerzo de generaciones que supieron combinar tradición, innovación y foco en los valores. Desde Nicola hasta Laura, la familia Catena nos enseña que soñar en grande y apostar por la excelencia puede transformar no solo un vino, sino toda una región y un país. Una experiencia que invita a celebrar el presente del vino argentino y a brindar por todo lo que aún está por venir.
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El Este de Mendoza – conformado por los departamentos de San Martín, Junín, Rivadavia, La Paz y Santa Rosa– es una de las regiones vitivinícolas más extensas y, a la vez, menos visibilizadas del mapa del vino argentino. Con cerca de 70.000 hectáreas cultivadas, esta zona combina la fuerza de la tradición, el peso de la historia y una energía joven que hoy impulsa una verdadera revolución silenciosa enológica.
Tierra de próceres, tierra de vino
No es casual que el General San Martín haya elegido estas tierras para construir su chacra y establecer su hogar rural. Buscaba un espacio de paz y productividad para el descanso tras una vida consagrada a la libertad de los pueblos. Esa elección no fue azarosa: aquí encontró un suelo fértil, agua en abundancia y una comunidad laboriosa.
Su legado permanece vivo en cada rincón del Este. La ruta sanmartiniana conecta postas coloniales como la Chacra de Los Barriales, el imponente Museo de las Bóvedas, el evocador Paseo de la Patria y otros sitios históricos que invitan a recorrer no solo paisajes, sino también los valores que marcaron la identidad nacional: coraje, trabajo y visión de futuro.
Viñas que resisten y se reinventan
En esta región floreció una de las zonas más productivas de la vitivinicultura argentina, gracias a su clima seco, sus suelos profundos y la cultura del trabajo transmitida de generación en generación.
Durante décadas, el Este fue sinónimo de volumen, con una fuerte presencia de uvas rosadas como Cereza, Criolla Grande y Moscatel. También se destaca la blanca Pedro Giménez, variedad emblemática que aún hoy sigue siendo clave por su versatilidad, rusticidad y fuerte arraigo en las prácticas tradicionales.
Pero en los últimos años, esta realidad comenzó a transformarse: una nueva generación de enólogos está poniendo en valor ese patrimonio olvidado y buscando extraer de él todo su potencial expresivo. No es una moda, es una toma de conciencia sobre el valor del origen, del trabajo rural y del cuidado de las viñas viejas.
Más allá del vino, esta región ofrece una experiencia profunda y auténtica para quien se atreva a salirse del circuito tradicional. Caminar sus senderos rurales, descubrir bodegas familiares con historia y corazón, dejarse llevar por los aromas de un almuerzo casero bajo una parra o emocionarse en una fiesta vendimial con raíces comunitarias… todo eso es el Este mendocino.
Aquí, la hospitalidad es una bandera. La gente abre las puertas de sus casas, de sus viñas y de sus recuerdos. Cada copa servida cuenta una historia. Cada paisaje, seco, amplio, luminoso, guarda secretos que solo se revelan con el tiempo.
Una región que merece ser redescubierta
El Este mendocino pide ser apreciado en toda su autenticidad y con el corazón abierto. Es una tierra que resiste, que se reinventa y que late al ritmo de su historia, de su gente y de sus vinos.
Hoy, mientras crecen los proyectos enológicos, se multiplican las rutas del vino alternativo y se fortalece el enoturismo, esta región se prepara para un nuevo capítulo: uno donde la memoria y la innovación se dan la mano, para brindar por todo lo que fue, y todo lo que aún puede ser.
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En un mundo donde la rapidez y el rendimiento muchas veces guían las decisiones, hay proyectos que apuestan a lo esencial: a escuchar la tierra, a respetar los ciclos naturales y a cultivar con sentido. Chakana Wines, en Agrelo (Mendoza), es una de las bodegas pioneras en viticultura orgánica y biodinámica en Argentina.
Desde Vinos y Pasiones, celebramos su compromiso con una agricultura regenerativa, su arquitectura inspirada en los saberes andinos y su forma de producir vinos que cuentan historias auténticas. Esta es una invitación a descubrir Chakana desde sus raíces.
Fundada en 2002 por Juan Pelizzatti, Chakana nace con una misión clara: elaborar vinos que reflejen su origen y que, al mismo tiempo, estén en armonía con la naturaleza y las personas.
Con 150 hectáreas propias y presencia en regiones clave como Agrelo, Altamira y Gualtallary, Chakana ha evolucionado desde una viticultura convencional hacia una propuesta regenerativa, con certificaciones biodinámicas, orgánicas y veganas.
Chakana es una bodega plena de identidad, con el propósito de despertar conciencia sobre la necesidad de cuidar y recuperar nuestros suelos y sus ecosistemas.
Agricultura biodinámica: de la teoría a la práctica
En Chakana, el trabajo en el viñedo se rige por los principios del agroecosistema: compostaje, abonos verdes, preparados biodinámicos y observación de los ciclos lunares. La Biodinámica es una filosofía de vida que asegura prácticas de cultivo auto-sustentables, con el objetivo de conformar una individualidad agrícola que fortalezca las aptitudes del productor y sus relaciones con su entorno natural y social.
Sus viñedos son un refugio de biodiversidad: conviven cubiertas vegetales, cultivos rotativos, insectos beneficiosos y aves silvestres. La Finca Nuna, en Agrelo, fue la primera en recibir la certificación Demeter.
“Nuestro objetivo no es solo hacer vino, sino regenerar el paisaje y construir un modelo de producción más justo y sano”, afirman desde el equipo técnico.
Su vitivinicultura es bajo la mínima intervención, llevada a cabo con prácticas orgánicas y biodinámicas certificadas. En sus fincas conviven junto a las viñas, la avena, centeno, trigo, alfalfa, cabras, ovejas, gallinas y microorganismos entre otros seres.
Si visitás el blog de la bodega vas a encontrar un calendario biodinámico que funciona como guía para planificar las tareas en el viñedo o en tu propio jardín. Está basado en los movimientos lunares y planetarios, e indica los momentos más propicios para el desarrollo de las plantas y las cosechas.
Cada línea de Chakana expresa una búsqueda concreta, ligada al lugar, al método y al espíritu de quien lo elabora:
Nuna: vinos de finca biodinámica, honestos y expresivos
Sobrenatural: vinos sin sulfitos añadidos, con mínima intervención
Ayni: línea ícono, que honra el principio andino de reciprocidad
Estate Selection: cuvées provenientes de parcelas seleccionadas
Chakana Collection: línea de perfil internacional y elegante
Una arquitectura inspirada en la cosmovisión andina
En abril de 2025 Chakana inauguró su nuevo centro de visitas, diseñado por el estudio Mora Hughes. El proyecto se inspira en la chakana andina, símbolo que representa la conexión entre el cielo, la tierra y el ser humano.
Un puente de hormigón conecta los espacios de cata, galería y cocina, integrando la experiencia sensorial con el paisaje majestuoso de los Andes.
En esta bodega nada se pierde, todo se transforma. El equipo enológico está formado por Leo Julián, Cachorro Bloise y Emilia Thomas. Cada uno aporta su experiencia y visión para acompañar la filosofía biodinámica de la bodega y lograr vinos con carácter, frescura y autenticidad. Su trabajo es fundamental para traducir la esencia del terroir en cada botella.
Variedades cultivadas y estilo de vinos
Elaboran vinos de Sauvignon Blanc, Torrontés y Chardonnay en blancas; Bonarda, Malbec, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Tannat en tintas. Esta diversidad permite expresar diferentes perfiles y características del terroir mendocino, desde frescura y aromas frutales hasta estructura y complejidad, que se reflejan en sus distintas líneas de vino.
Chakana es también un proyecto social. Desde 2020 acompaña a las familias de trabajadores con el desarrollo de huertas biodinámicas comunitarias. Produce compost, semillas y alimentos para consumo propio y venta, promoviendo la soberanía alimentaria. Además, está certificada por For Life, un sello de comercio justo y responsabilidad social. Los vinos de Chakana han sido reconocidos por críticos internacionales y publicaciones especializadas. Ayni Malbec ha figurado entre los mejores del mundo en los Decanter World Wine Awards.
Con presencia en más de 30 países, Chakana representa una nueva forma de hacer vino argentino: respetuosa, consciente y profundamente conectada con su entorno.
En cada botella de Chakana hay más que vino: hay una filosofía, un modo de vivir, un compromiso con el planeta.
Si buscás descubrir una bodega que cultiva con conciencia y te invita a reconectar con lo esencial, Chakana es una experiencia transformadora.
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