Maestros del vino: homenaje a quienes nos inspiran en Argentina

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¡Felicidades! Hoy es el día del maestro y no queremos dejar pasar esta oportunidad, de mandar un cálido saludo a todos los enseñantes.
Imagino que habrás tenido muchos y de seguro tenés, como nosotros.
En este posteo queremos presentarte a los maestros del vino.
No es fácil, hay una gran cantidad. Aún así queremos homenajear a muchos de ellos que siempre son nuestros inspiradores.
El primero es Domingo Faustino Sarmiento, el padre del aula y fue quien trabajó para que las primeras uvas crecieran en nuestro país. El impulsor número uno que logró la cepa Malbec se afincara en los viñedos.

Raúl de la Mota, Raúl de La Mota fue uno de los pioneros en la vinificación de varietales en Argentina y un referente indiscutido en la historia del vino nacional. Desde el inicio de su carrera se dedicó con ahínco a mejorar la calidad de los vinos, adoptando una filosofía de trabajo basada en la precisión, la disciplina y la innovación constante.
Se formó con Emile Peynaud, reconocido enólogo francés, de quien aprendió nuevas técnicas de vinificación que luego transmitió a generaciones de enólogos argentinos. Su visión y conocimiento lo llevaron a crear vinos emblemáticos como el Malbec Estrella Weinert 1977, considerado un hito en la historia de la Malbec argentina.

Por su trayectoria y contribuciones, fue elegido como el mejor enólogo del siglo XX en Argentina, un reconocimiento que refleja no solo su excelencia técnica, sino también su influencia duradera en la vitivinicultura del país. Aunque ya no está entre nosotros, su legado perdura en cada botella, en cada enólogo que sigue sus enseñanzas y en la historia misma del vino argentino.

Mariano Di Paola, Graduado en la prestigiosa Facultad de Enología e Industria Frutihortícola de Mendoza, es uno de los enólogos más influyentes y respetados del país. Su carrera está íntimamente ligada a La Rural y a Rutini Wines, donde desde hace más de tres décadas se desempeña como enólogo jefe, liderando un equipo que ha sabido conjugar tradición e innovación para llevar los vinos argentinos a mercados de todo el mundo.
Conocido por su espíritu inquieto y perfeccionista, sostiene una filosofía clara: “Nada tiene techo”. Para él, siempre hay una nueva meta que alcanzar, un vino mejor por descubrir y una experiencia más que ofrecer. Esa búsqueda constante se traduce en etiquetas emblemáticas como Felino, Encuentro, Apartado y Antología, que han sido reconocidas tanto en Argentina como en el extranjero.

Más allá de sus logros profesionales, Di Paola es también un referente humano: generoso con su conocimiento, cercano a su equipo y apasionado por transmitir la cultura del vino. Su estilo combina la precisión técnica con la sensibilidad artística, convencido de que el vino debe emocionar tanto como sorprender. Su filosofía: «nada tiene techo.»

Pedro Rosell. Conocido como “el señor de las burbujas”, Pedro Rosell es uno de los grandes referentes de la Argentina en materia de champagnes y espumantes. Estudioso incansable, ha dedicado su vida a perfeccionar cada detalle del método tradicional y a compartir sus conocimientos con generosidad.
Su prestigio se sostiene no solo en la calidad de los vinos que ha creado, sino también en su rol como maestro y formador. CAVE (Centro Argentino de Vinos y Espirituosas), ha dado seminarios claros, apasionados y llenos de anécdotas que hacen de la enseñanza una experiencia viva.
Visitar su bodega es encontrarse con un anfitrión excepcional: cercano, cálido y siempre dispuesto a transmitir lo que sabe. Combina la rigurosidad técnica con la humildad y la hospitalidad de un verdadero maestro.

Pedro Rosell representa la excelencia en espumantes argentinos y, al mismo tiempo, la esencia de lo que significa ser un maestro del vino: aquel que inspira, enseña y abre caminos para las nuevas generaciones.

Angel Mendoza ue enólogo jefe de Trapiche durante más de dos décadas, dejando una huella profunda en la historia de la bodega y en el estilo de los vinos argentinos. Hoy continúa su camino con Domaine St. Diego, la bodega familiar que creó en Lunlunta, Maipú, donde trabaja junto a su esposa e hijos. Allí produce vinos de identidad marcada, como Pura Sangre, Paradigma, Brut Xero y Rosé Elea, además de aceite de oliva virgen extra.
Mendoza es un defensor de la viticultura sustentable: sostiene que en el futuro los viñedos orgánicos serán casi una obligación, y ha impulsado prácticas respetuosas con el medio ambiente, como la instalación de paneles solares para lograr una bodega autosustentable. Su visión combina tradición y modernidad, siempre con la convicción de que el vino debe reflejar al terroir con elegancia y autenticidad.

Walter Bressia, comenzó su trayectoria como enólogo en Nieto Senetiner, donde adquirió experiencia y reconocimiento. Tras años de trabajo en grandes bodegas, decidió emprender su propio proyecto familiar y fundó Bressia Casa de Vinos en Agrelo, Luján de Cuyo. Allí, junto a su esposa e hijos, produce vinos que transmiten cercanía, identidad y pasión.
Su filosofía se resume en la frase en latín que adorna la bodega: “Ad astra per aspera”, que significa “al cielo llegamos con sacrificio”. Esa convicción se refleja en cada botella: esfuerzo constante, amor por la tierra y búsqueda de la excelencia.

Entre sus vinos se destacan los Conjuro, Monteagrelo, Lagrima Canela y Profundo, etiquetas que han alcanzado prestigio internacional por su fineza y carácter. Bressia también fue pionero en el desarrollo de los vinos de autor en Argentina, aquellos elaborados con la libertad creativa del enólogo, sin ataduras a modas ni imposiciones comerciales.
Hoy, su bodega es un ejemplo de cómo la tradición familiar y la innovación pueden convivir, ofreciendo vinos que son testimonio del sacrificio y la pasión por la vitivinicultura argentina.

Rodolfo Montenegro. Si hay una palabra que define a Rodolfo Montenegro es innovación. Fue uno de los primeros en animarse a rescatar y trabajar con variedades que habían quedado en un segundo plano en la vitivinicultura argentina, como la Tempranillo, la Bonarda y el Viognier, dándoles un nuevo protagonismo y demostrando su enorme potencial en nuestros suelos.
Su visión se adelantó a tendencias que hoy son muy valoradas: la búsqueda de diversidad varietal, la exploración de estilos distintos y el respeto por la autenticidad del viñedo. Con esa mirada abierta y creativa, Montenegro falleció en el 2009, sin embargo se convirtió en un referente que inspira a pensar más allá de lo establecido y a revalorizar cepas que parecían olvidadas.

Más que un enólogo, es un pionero que enseñó que la innovación también se nutre de la memoria, y que la vitivinicultura argentina gana riqueza cuando se atreve a rescatar su propio patrimonio varietal.

Marcelo Canatella es Ingeniero agrónomo mendocino con más de 25 años de trayectoria en la vitivinicultura, Marcelo Canatella ha acompañado el nacimiento y desarrollo de miles de hectáreas de viñedos en distintas regiones de Argentina y Latinoamérica. Su pasión por el trabajo de campo lo llevó a especializarse en prácticas sostenibles y en el asesoramiento de proyectos vitícolas de gran calidad.

Es autor del libro “Plantación exitosa de viñedos”, una guía práctica y completa que recorre desde el análisis del suelo y la elección de variedades hasta la primera poda. El texto refleja su amplia experiencia y se ha convertido en material de consulta imprescindible para viticultores, técnicos, estudiantes y apasionados del vino.
Además, Canatella impulsa proyectos de formación y difusión, convencido de que el conocimiento es la base para una vitivinicultura sólida y sostenible. Con su trabajo, demuestra que los verdaderos maestros del vino también se encuentran en el viñedo, allí donde empieza la historia de cada botella.

Gabriela Celeste es una ingeniera agrónoma mendocina, especializada en viticultura y enología, con más de 25 años de trayectoria en la vitivinicultura argentina. Su pasión por el vino comenzó en su infancia, cuando acompañaba a su padre a la finca familiar y participaba en la cosecha de uvas. Esta conexión temprana con la tierra y la vid la llevó a estudiar en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo, donde se formó como profesional del vino.

En 1999, Gabriela fue elegida por el renombrado enólogo francés Michel Rolland para ser su socia fundadora en la consultora Eno.Rolland (hoy conocida simplemente como Eno), ubicada en Luján de Cuyo. En esta consultora, Gabriela desempeñó un papel clave en el desarrollo de estrategias enológicas y vitícolas para bodegas de Argentina y Sudamérica, consolidándose como una figura de referencia en la industria.
En 2021, Gabriela adquirió la totalidad de las acciones de Eno, marcando una nueva etapa en la empresa y reafirmando su liderazgo en la consultoría enológica. Bajo su dirección, Eno continúa ofreciendo servicios de análisis enológicos y asesoramiento en viticultura y enología, contribuyendo al crecimiento y la excelencia de numerosas bodegas.

Además de su labor en Eno, Gabriela es cofundadora de Vanguarvid, una plataforma dedicada al intercambio y aprendizaje sobre temas vitícolas y enológicos. Esta iniciativa busca democratizar el conocimiento y formar a nuevas generaciones de profesionales en el mundo del vino.
Ha desarrollado su propia línea de vinos de alta gama y aceite de oliva bajo la marca Escarlata, donde plasma su visión y estilo único, combinando tradición y vanguardia en cada botella.

Reconocida por su profesionalismo, pasión y dedicación, inspira a nuevas generaciones de enólogos

Un saludo muy afectuoso a todos los maestros, a los grandes, a los más queridos, a los exigentes, a los que se empecinan en que aprendamos, a aquellos que dulcemente nos van influenciando.
Principalmente a los maestros del vino, a quienes con mucha paciencia y mucha sabiduría nos explican la transformación de la uva en vino y todo su proceso.
Por sobre todo, a todos los que día a día, nos inspiran y nos enseñan a ser una mejor persona.

¡A todos gracias de corazón y muy feliz día!

«La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo.»
                                                                                                                            Nelson Mandela

“Entre Ríos, Entre Viñas”: dos días para celebrar los vinos de la provincia


Para revalorizar y honrar la historia vitivinícola de Entre Ríos, los próximos 12 y 13 de septiembre se desarrollará en la provincia un viaje de aromas, sabores y sentidos: llega la 5º Edición de “Entre Ríos, Entre Viñas”, encuentro que se celebrará en Bodega Robinson, Concordia.


Degustaciones, charlas y otras actividades

Allí, los visitantes podrán degustar vinos de Bodega Vulliez SermetBodega los Aromitos,  Bodega Alonso Saénz,  Bodega Cinco Ceibos, Bodega Los pioneros, Finca Los BayosBodega Altos del PalmarEcovert CampagneCabañas del viñedoFisolo Viñedo y Bodega BoutiqueViñas entrerrianas, Familia Lugea CouraultColinas de Baco y Pampa Azul, entre otros proyectos de la provincia. 

Durante los dos días del encuentro, se ofrecerán charlas para que los asistentes puedan conocer más sobre el enoturismo en la provincia, el patrimonio histórico vitivinícola de Entre Ríos, el uso de ⁠levaduras autóctonas y el potencial exportador de las bodegas locales.

También habrá visitas guiadas por Bodega Robinson, música en vivo, stands de emprendedores con productos de la ruta del vino y un salón con food trucks.

Las entradas para “Entre Ríos, Entre Viñas” están disponibles a través de Passline (link de entrada para el viernes / link de entradas para el sábado

El renacimiento de Bodega Robinson

En pleno auge vitivinícola en la Argentina, los hermanos Alberto y Horacio Robinson fundaron la bodega en 1890 en Villa Zorraquín. Tenía una extensión de más de 500 hectáreas y muy rápidamente se convirtió en líder de la provincia. 

En ese momento Entre Ríos cultivaba más cepas que Mendoza y San Juan, y Concordia era el tercer puerto de mayor movimiento de la Argentina. 

De hecho, Robinson contaba con 29 cubas hechas de algarrobo, de cinco mil litros cada una, y ocho ánforas de material revestidas interiormente con cerámica vitrificada para estacionar los vinos. 

Además del vino de mesa, producía blancos y rosados y grappa. En Buenos Aires había largas filas en las tiendas Harrods y Gath & Chaves para comprar su exclusivo vino “de postre”.

En 1936 se promulgó en Argentina la ley de zonificación de la producción. Hasta ese momento, Entre Ríos era una de las provincias más importantes del país en la elaboración de vinos, y contaba con casi 4000 hectáreas de viñedos registradas y más de 114 bodegas.

Esta ley prohibió la producción de vinos en suelo entrerriano y recién en 1998, cuando fue derogada, ese escenario se revirtió.

La bodega siguió funcionando hasta los años ´50, aunque en la clandestinidad. Y recién hace tres décadas volvió a tomar vida cuando Emilio Negri la compró y la fue restaurando poco a poco, con ayuda de su hijo Agustín, respetando lo que había quedado (la inconmovible estructura original, las ánforas y las cubas) e incorporando cosas que fue comprando sin saber qué destino les daría. 


Sobre la Asociación de Vitivinicultores de Entre Ríos (AVER):

Es la Asociación que nuclea a los productores de vinos de Entre Ríos que promueven la siembra y cosecha de la vid en la provincia. Además, de la elaboración, el almacenamiento, la crianza y el embotellamiento de vinos originados en la provincia. También fomentan la capacitación técnica, la cooperación entre productores y el estado. Asimismo, impulsan actividades formativas y contribuyen a la mejora de calidad de vida en zonas rurales. Por otro lado, son los defensores de la sostenibilidad ambiental y paisajística del cultivo de la vid y fomentan la conservación de cultivos tradicionales aunque también invitan a la permanente modernización.

Santiago Mayorga en el Día del Enólogo: “El rol del enólogo argentino es único en el mundo”


El Día del Enólogo, que cada año se celebra en Argentina el 7 de septiembre, rinde homenaje a quienes transforman la uva en vino y, al mismo tiempo, imprimen carácter a una de las bebidas más ligadas a la cultura del país. En esa doble función, hacedor y narrador, se mueve Santiago Mayorga, enólogo principal de Nieto Senetiner, que este año comparte su visión sobre el presente y futuro de la vitivinicultura.

“Es una profesión que honra a quienes cuidan y transforman algo tan noble como la uva en vino, y que refleja la diversidad de estilos e historias detrás de cada botella”, sostiene Mayorga, ingeniero agrónomo devenido en enólogo. Su recorrido comenzó en 2003 junto a su padre, con asesorías en viñedos y viajes formativos por Sudáfrica, y se enriqueció con maestros como Annabelle Sielecki y colegas como Roberto González, además de la inspiración temprana de su propio padre. Hoy, reconoce que la figura del enólogo cambió de manera radical, dejó de estar asociada sólo al laboratorio para convertirse también en embajador y comunicador del vino.

El desafío, explica, es mantenerse actualizado en un mercado dinámico, capaz de interpretar tendencias globales y al mismo tiempo preservar la identidad de los varietales y los terroirs argentinos. “La diferencia en Argentina es que el enólogo tiene un rol visible. El consumidor reconoce su nombre en la etiqueta y eso genera una conexión especial”, apunta.

En Nieto Senetiner, Mayorga impulsa lo que define como una historia en movimiento: una bodega con más de 130 años de trayectoria que se actualiza constantemente. Desde la renovación de su portafolio en 2020, el lanzamiento de la línea Nieto Senetiner Patrimonial, hasta la expansión en el Valle de Uco con la línea Don Nicanor, la marca busca dialogar con nuevas generaciones sin perder sus raíces, entendiendo sus formas de acercarse al vino y su situación de consumo. En ese camino se destacan innovaciones como vinos naranjos, criollas ligeras y cocktails listos para servir, junto con clásicos como el Malbec de Villa Blanca, emblema de la casa.

De cara al futuro, proyecta un vino argentino cada vez más diverso y consolidado en la alta gama. “Tenemos un enorme potencial en variedades blancas y tintos ligeros, pero el Malbec seguirá siendo nuestra carta de presentación. También vemos crecer alternativas de bajo o cero alcohol, o el vermouth, siempre con un horizonte sustentable”, concluye.

En un día que homenajea a quienes dan identidad al vino argentino, la voz de Santiago Mayorga recuerda que la enología es tanto técnica como relato, un oficio que transforma la uva, pero también la manera en que los argentinos nos contamos al mundo a través de una copa.

Acerca de Nieto Senetiner

Con más de 130 años de historia, Nieto Senetiner es referente por su trayectoria y calidad. Reconocida por estar en constante evolución, con el compromiso de mantenerse siempre en movimiento.

De calidad excepcional y un portafolio de marcas reconocidas que invita a explorar y descubrir un verdadero ícono del vino argentino.

Crème Brûlée: Historia y receta de la clásica crema francesa

Cremebrulee


La crème brûlée, que en francés significa «crema quemada», es un postre emblemático de la gastronomía francesa con raíces que se remontan al siglo XVII. Aunque Francia es la más reconocida por su versión refinada, hay preparaciones similares en otros países: la “Trinity Cream” en Inglaterra y la “Crema Catalana” en España, donde también se caramelizaba la superficie con azúcar. Su característica distintiva es el contraste entre la crema suave y sedosa y la capa crujiente de azúcar caramelizado, lo que la convierte en un clásico irresistible de restaurantes y hogares de todo el mundo.

Ingredientes


– 250  ml  crema de leche o nata
– 250 ml. de leche
– 70 gr de azúcar
– 4 yemas de huevo
– esencia de vainilla

Preparación

1- Calentá sin hervir la leche y la crema de leche.
2- Batí las yemas con el azúcar y agregá la vainilla.
3- A la  leche y la crema, incorporá las yemas ya batidas. Volcá la preparación en recipientes individuales.
4- Cociná en el horno a 120 grados durante media hora a una hora hasta que la crema coagule.
5- Dejá que se enfrié, cubrí los recipientes con papel film, llevalos a la heladera por aproximadamente tres horas.
6- Cuando estés por servir espolvoreá con azúcar y quemá con un soplete o plancha hasta que quede una costra crocante, hasta que el azúcar se convierte en caramelo.

Nuestra sugerencia de maridaje es

Amalaya

Amalaya Blanco Torrontés Dulce natural
85 % y 15 % de Riesling.
Fresco y dulce ideal para este postre.
Amalaya en lengua indígena quiere
decir «esperanza de un milagro».
La Bodega Amalaya se sitúa en los
Valles Calchaquíes, en la localidad
de Cafayate, en la provincia de Salta.

SalenteinLateHarvest

Salentein Single Vineyard Late Harvest de
Sauvignon Blanc  
                                                                               
En nariz con notas a durazno y miel.
En boca untuoso, fresco con buen equilibrio.
De la bodega Salentein, en Valle de Uco.
Con uvas que provienen de viñedos a una
altura de 1235 metros sobre el nivel del mar,
en Tupungato, provincia de Mendoza.

«El Corazón de una madre es un abismo profundo en cuyo fondo siempre encontrarás el perdón».
                                              Honoré de Balzac

La Primavera se viste de Rosado de Montaña -Andeluna Rosé Malbec 2025


Llega la primavera y Andeluna viste la estación de Rosado de Montaña con su Andeluna Edición Limitada Rosé elaborado con uvas Malbec, cosecha 2025. Un vino diferente, proveniente de Gualtallary, una de las zonas más frías de Mendoza, donde la variedad emblemática de Argentina se siente muy a gusto y expresa su tipicidad.

Desde su concepción, Andeluna Edición Limitada Rosé está pensado para ser un vino rosado. “Para elaborar un vino Rosé de muy buena calidad, es muy importante definir con exactitud el punto de cosecha para que la uva tenga un buen nivel de acidez, pero a su vez una correcta concentración de precursores aromáticos”, describe Jimena López Campos, Gerente de Enología de Andeluna. “La sanidad de la uva es primordial. Es necesaria la cosecha manual a muy tempranas horas en la madrugada y un prensado muy suave y rápido para que el color “rosado” del mosto que sale de la prensa sea sutil y delicado. Las temperaturas durante la fermentación fueron bajas de manera de favorecer el perfil frutado y expresivo del vino”.

Andeluna Edición Limitada Rosé – Malbec 2025 es un vino ideal para tomarlo muy fresco, con la primavera. “Hoy hay una tendencia mundial en el consumidor que se inclina por vinos más livianos, más frescos, sobre todo en épocas con temperaturas cálidas”, explica la enóloga.“Ésta fue una vendimia con condiciones climáticas que, a pesar de temperaturas elevadas, nos dio rosados con expresión frutal y equilibrio”.

Andeluna Edición Limitada Rosé – Malbec se distingue por la delicada y elegante presentación, etiqueta de tonos plata y azules – que representa el azul profundo del cielo de Gualtallary, fusionado con los sutiles azules de la cordillera de Los Andes y las gamas de grises de la luna – y cápsula plateada.

Sobre Andeluna

Andeluna elabora Vinos de Montaña. Está ubicada en Gualtallary, uno de los terruños más propicios de la provincia de Mendoza para elaborar vinos de alta gama y con identidad propia. La bodega se encuentra bajo la conducción de la Familia Barale desde el año 2013, siguiendo principios de responsabilidad y sustentabilidad de los recursos, así como también orientando sus vinos a las tendencias internacionales de consumo. La enología está a cargo de Jimena López Campos.

www.andeluna.com.ar / @bodegaandeluna

Andeluna Edición Limitada Rosé – Malbec 2025

FICHA TÉCNICA

Honramos con pasión el suelo, la altura, los Andes y la Luna.

La altura precisa, el aire de la cordillera, el sol, el trabajo de nuestra gente dan a estos vinos elegancia, balance, amabilidad. Este vino representa la magia de su entorno, la expresión de su lugar.

Somos Andeluna. Somos Vino de Montaña

Composición Varietal: 100% Malbec

Vinificación: Selección de granos en forma manual. Prensado Neumático. Desborre previo estático a baja temperatura. Fermentación por medio de levaduras seleccionadas en vasijas de acero inoxidable a temperatura controlada que oscila los 14 ºC. Sin paso por madera ni Fermentación Maloláctica.

Datos Técnicos

ALC: 12,2%
pH: 3,09
AV: 0,19
AZ: 1,80
A.T: 5,90

Notas de Cata: Es un vino de matiz muy elegante rosa violáceo pero muy tenue. De aromas a frutos rojos, y flores blancas, muy intensas. De muy buena entrada en boca, fresco, con una acidez balanceada que invita a seguir tomando.

Maridaje: Solo como aperitivo  o acompañado de una ensalada , quesos suaves o platos mediterráneos. Servir a 7-8 °C.

Gerente de Enología: Jimena López Campos

La herencia vitivinícola de los inmigrantes

Las primeras vides llegaron desde Chile y se plantaron en Santiago del Estero, con la finalidad de tener vino para la misa. De a poco la vid fue viajando a Tucumán, Salta, el Norte y luego a Cuyo. 

Después de siglos la vitivinicultura tuvo su punto de inflexión y se dio con la llegada de los inmigrantes.

Hoy 4 de septiembre se celebra el Día del Inmigrante, una fecha que nos llama a poner en valor la gran ifluencia y contribución que diferentes comunidades extranjeras han hecho al desarrollo de la actividad vitivinícola en nuestra Argentina.
Inmigrantes italianos, franceses, españoles, suizos y alemanes han sabido transformar nuestra tierra en una de las principales productoras de vino a nivel mundial.

Los italianos fueron pioneros en la vitivinicultura argentina, trayendo consigo técnicas de cultivo y vinificación de sus regiones natales, como Piamonte y Toscana. Introdujeron cepas como Nebbiolo, Sangiovese, Barbera, Casavecchia, la Pinot Grigio una uva típica del Norte italiano. y establecieron las primeras bodegas familiares en Mendoza y San Juan, regiones que hoy son el corazón del vino argentino.
Su enfoque en la calidad y el amor por la tierra se reflejan en la pasión con la que generaciones posteriores han continuado este legado. También queda en la arquitectura de las primeras bodegas.
Italianos del Friuli, Piamonte, Toscana aportaron su experiencia y artesanía a las bodegas argentinas. Su inquebrantable atención al detalle y su compromiso con las prácticas tradicionales de vinificación como por ejemplo los passitos han contribuido a forjar la reputación de los vinos argentinos.
A finales del siglo XIX, un grupo de familias provenientes de la región italiana de Friuli llegó a la provincia de Córdoba, trayendo consigo sus costumbres, su idioma y una fuerte tradición agrícola. Se instalaron en la estancia jesuita de Caroya, donde fundaron lo que hoy se conoce como Colonia Caroya, convirtiéndose con el tiempo en uno de los asentamientos friulanos más grandes del mundo.

Los friulanos no solo transformaron la economía local con el cultivo de la vid, sino que también introdujeron técnicas de elaboración de vinos, embutidos, dulces y conservas. Su conocimiento y dedicación dieron origen a una identidad enogastronómica única, que aún hoy define a la región.

La llegada de inmigrantes franceses a fines del siglo XIX marcó un punto de inflexión en la vitivinicultura argentina. Procedentes de regiones vitivinícolas de renombre como Bordeaux y Champagne, introdujeron variedades como Malbec, que encontró en Argentina su lugar en el mundo, la Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc y Merlot. Su influencia se extiende más allá de las uvas, ya que también trajeron avances en la tecnología de vinificación, ayudando a elevar los estándares de calidad en todo el país. San Rafael se convirtió así en un polo vitivinícola dinámico, donde el encuentro entre tradición francesa y paisaje mendocino sentó las bases para vinos con identidad propia. La influencia de estos inmigrantes no solo se vio en los viñedos, sino también en el desarrollo urbano, la educación agrícola y la formación de generaciones que heredaron un espíritu innovador.
Además, franceses de la Alta Saboya llegaron a Entre Ríos.
Posteriormente un famoso flyingwinemaker francés, de Pomerol llegó al país en 1988 e invitó a sus amigos creando – diez años después – una maravillosa aventura francesa.

Los españoles, especialmente aquellos provenientes de regiones como Galicia y La Rioja, aportaron su vasta experiencia en la viticultura y variedades como Tempranillo, y la Garnacha también contribuyeron a la expansión de la actividad en zonas como La Rioja argentina y otras regiones de Cuyo. Su herencia cultural y su fuerte ética de trabajo siguen siendo una parte esencial de la identidad vitivinícola argentina.
La llegada del ferrocarril a la ciudad de San Juan en 1885 facilitó las comunicaciones y el transporte, a partir de entonces esta provincia ganadera, agrícola y vitivinícola recibió a familias completas de inmigrantes españoles. En su nuevo lugar, se transformaron en una de las mayores colectividades. Se dedicaron a la elaboración de vinos, de pasas y a comercializar el aguardiente.

Aunque en menor número, los inmigrantes suizos jugaron un rol importante en la introducción de prácticas de viticultura sostenible y en el desarrollo de la vinificación. Establecidos principalmente en Mendoza, en el sur del país, y en 1874 en Entre Ríos -Colón y San José-. La tradición del vino llegó de la mano de los colonos, del cantón de Valais que poblaron la provincia y comenzaron con la producción artesanal marcando costumbres en el terruño.
Suizos de Lausana llegaron a San Rafael, Mendoza en 1952.
Luego del 2009 otro grupo de suizos inversores descubrieron esta tierra apasionante como el sitio perfecto para implementar su visión de hospitalidad y servicio. Así nos brindan sus valores alpinos a los Andes.

La influencia alemana en la vitivinicultura argentina se ha centrado en la innovación y la diversificación. Los alemanes, muchos de ellos provenientes de regiones vitivinícolas como el Rhin y Mosela, trajeron consigo un enfoque científico al cultivo de la vid y la producción de vino. Introdujeron cepas blancas como Riesling y Gewürztraminer, que prosperaron en climas más fríos, y sus técnicas modernas contribuyeron a la evolución de la vitivinicultura en regiones como el sur de Mendoza y el Valle de Río Negro.

Los inmigrantes libaneses y turcos en la vitivinicultura argentina es una faceta menos conocida, aunque no menos significativa. Trajeron consigo una rica tradición cultural y un enfoque distintivo en la agricultura.

En 1989 un grupo austríaco compra viñedos y una bodega en Mendoza apostando a los desafíos de hacer vino en Argentina.

La historia de la vitivinicultura argentina es, en gran medida, la vida y pasiones de sus inmigrantes. Cada comunidad ha dejado una marca de amor y respeto por esta gran actividad, compartieron además de sus conocimientos y técnicas, su dedicación y trabajo por el vino.

En este Día del Inmigrante, rendimos homenaje a esos pioneros que, con su labor, han construido la base sobre la cual se levanta hoy la vitivinicultura argentina.

Taninos del vino: qué son, dónde se encuentran y cómo reconocerlos


Los taninos son compuestos fenólicos, presentes sobre todo en los vinos tintos, que aportan estructura, astringencia y capacidad de guarda.
Su característica principal es generar en boca una sensación de sequedad, percibiéndose ligeramente en las encías y la lengua. Esto ocurre porque los taninos se unen a las proteínas de la saliva, reduciendo la sensación de lubricación natural.
Además, cumplen un rol clave: protegen al vino gracias a su acción antioxidante y ayudan a fijar el color, trabajando en armonía con los antocianos presentes en la uva.

Dónde se encuentran

En el mundo del vino, los taninos provienen principalmente de la propia uva y de la madera. Están en las pieles, las semillas y los escobajos, partes de la uva que durante la fermentación o maceración liberan estos compuestos. También en la madera, como el roble de las barricas, aporta taninos elágicos que se integran al vino durante su crianza.
Más allá de la copa, encontramos taninos en alimentos y bebidas cotidianos como el té, el mate, el chocolate amargo, las nueces o la granada, así como en varias frutas -como el membrillo, la manzana, la pera, el caqui, la banana verde, referencias útiles para reconocer su textura.

Cómo se sienten en boca

Los taninos se perciben a través del tacto en boca. Su principal manifestación es la astringencia, esa sensación de sequedad o “agarre” que deja el vino sobre encías, paladar y laterales de la lengua. Pueden aportar un leve amargor, aunque su aporte esencial está en la estructura, el cuerpo y la persistencia. Cuando los taninos son suaves y maduros, la textura resulta sedosa; cuando son verdes o excesivos, se perciben más ásperos y rugosos.

Del viñedo a la copa

El tipo de tanino que encontramos en un vino está determinado desde la uva y el trabajo en bodega. Aquí entra en juego la llamada madurez fenólica, que es el momento en el que los compuestos presentes en la piel y las semillas —entre ellos taninos y antocianos— alcanzan el equilibrio ideal. No se trata solo de que la uva tenga el nivel de azúcar adecuado para fermentar; se trata de que los taninos estén maduros, menos ásperos, con semillas que ya no son verdes ni amargas, y pieles que liberen color y textura de forma más armoniosa. Una buena madurez fenólica permite elaborar vinos con taninos más dulces, redondos y elegantes.
La decisión sobre despalillar o no los racimos, el tiempo y la temperatura de maceración, las técnicas de remontaje o pigeage, el tipo de prensado y la crianza en barrica o en botella influyen en el resultado final. Con el tiempo, los taninos tienden a polimerizarse, es decir, a integrarse entre sí, volviéndose más suaves. En vinos de guarda, este proceso a menudo genera posos en el fondo de la botella, una señal natural de evolución.


Variedades y estilos

No todas las variedades de uva entregan la misma cantidad de taninos. Cepas como Cabernet Sauvignon, Nebbiolo, Tannat o Petit Verdot se destacan por su carácter firme y estructurado. Otras como el Malbec, el Tempranillo o la Syrah tienen niveles medios, mientras que Pinot Noir o Gamay suelen ofrecer vinos de taninos más bajos y delicados. Los blancos, salvo los de maceración con pieles o los que pasan por madera, casi no presentan taninos perceptibles.


Cómo reconocer y suavizar los taninos

Identificarlos es sencillo con un poco de práctica. Basta con sostener el vino en boca, friccionar la lengua contra las encías y notar si aparece una sensación de sequedad y de textura rugosa. Para quienes prefieren taninos más amables, airear el vino en una decantadora o en la copa, servirlo a la temperatura adecuada y acompañarlo con comidas ricas en grasas o proteínas -como carnes, quesos curados o estofados- ayuda a suavizar su impacto. Estos alimentos interactúan con los taninos, reduciendo la astringencia y potenciando el disfrute.

Mitos y verdades

Existe la creencia de que un vino con muchos taninos es automáticamente de mejor calidad, cuando en realidad lo más importante es el equilibrio con el resto de los componentes: fruta, acidez y alcohol. Solemos asociar los taninos con los vinos tintos, pero lo cierto es que el vino blanco también puede contenerlos, aunque en menor medida. Durante su elaboración, los blancos generalmente tienen muy poco contacto con las pieles, por lo que su carga tánica es mínima. Sin embargo, cuando pasan tiempo en barrica, adquieren taninos provenientes de la madera. Estos taninos, incluso en pequeñas concentraciones, juegan un papel fundamental: actúan como conservantes naturales al prevenir la oxidación.
Otro mito frecuente es que los taninos provocan dolor de cabeza; no hay evidencia directa de ello, ya que las causas más comunes suelen estar relacionadas con la deshidratación, las histaminas o el exceso de consumo.

Una forma sencilla de entender la sensación de los taninos en el paladar consiste en preparar una taza de té negro y probarla a distintos tiempos de infusión: al minuto, a los dos minutos y a los cinco minutos. Luego de un tiempo se lo va a sentir bastante astringente, esos son los taninos.
Otra manera es probar un sorbo de un vino tinto tánico y acompañarlo con un trozo de queso luego volver a probar el vino. La sensación de sequedad disminuirá, demostrando cómo el maridaje interactúa con los taninos para redondear la experiencia.

En definitiva, los taninos son, en cierto modo, el esqueleto del vino tinto. Sostienen su estructura, le dan carácter, actúan como conservantes naturales y preparan al vino para el paso del tiempo. Comprenderlos no solo permite apreciar mejor la calidad de un vino, sino también disfrutar de la complejidad que cada copa puede ofrecer.
En el equilibrio de estos compuestos está gran parte de la magia de un buen vino.

UNO Malbec, el vino emblema de Antigal, cumple 20 años

Antigal Winery & Estates, unos de los primeros establecimientos vitivinícolas de Argentina y ganadora del premio Wine Star Awards 2023 como mejor bodega del nuevo mundo, celebra el 20 aniversario de UNO Malbec con una edición especial que refleja la excelencia cultivada a lo largo de dos décadas.

UNO 20 aniversario es un homenaje a nuestro pasado, una celebración de lo que somos y una promesa de lo que vendrá. Es una expresión de nuestro desafío por crear vinos que expresan con autenticidad el carácter único de su origen.

Esta edición especial nace del encuentro de distintas añadas, combinando la elegancia y profundidad de nuestras cosechas más emblemáticas con la frescura y carácter de la nueva vendimia, para crear más que un vino, una síntesis del tiempo.

“Cada componente de este blend de añadas aporta energía, textura y equilibro, dando como resultado un Malbec de múltiples dimensiones, que honra nuestro pasado y proyecta con claridad nuestro futuro. Este Malbec, tuvo su paso por huevos de concreto, barricas y ánforas. No seguimos una fórmula única, sino un proceso guiado por la sensibilidad, la precisión y la visión de nuestro equipo enológico” describe Paula González, Chief Winemaker de Antigal Winery & Estates.

Uno Malbec 20 Aniversario presenta un packaging especial, diseñado especialmente para conmemorar este hito de la marca. Este assemblage de añadas fue elaborado en una partida limitada de tan solo 5.000 botellas, disponibles exclusivamente en el mercado argentino. Se encuentra disponible en vinotecas de todo el país y en la tienda oficial de antigal: tienda.antigal.com

Para más información ingresar en https://unoaniversario-antigal.carrd.co/

El maravilloso fenómeno del lloro de la vid

Cuando empiezan los días más cálidos, la vid inicia un ciclo nuevo lleno de vida y promesas. Uno de los fenómenos más fascinantes que se observa en este momento es el llamado “lloro de la vid”. Se trata de las primeras señales visibles del despertar de la planta después del reposo invernal.

El lloro de la vid ocurre cuando, tras la poda, comienzan a aparecer gotas transparentes en los cortes de los sarmientos. Este “llanto” no es más que la savia que empieza a moverse nuevamente por el interior de la planta, impulsada por el incremento de las temperaturas y la actividad en las raíces. Es una respuesta natural de la vid a los cambios en el ambiente: el suelo se calienta, las raíces absorben agua y minerales, y el flujo de savia se restablece, preparando a la planta para el inicio de un nuevo ciclo vegetativo.

Este momento marca el fin del letargo invernal. Durante los meses fríos, la vid reduce su actividad metabólica para protegerse de las bajas temperaturas. Sin embargo, cuando el clima se vuelve más cálido, las raíces reanudan su labor de absorber nutrientes y agua, generando presión interna. La savia, rica en azúcares, minerales y hormonas vegetales, comienza a circular y, al encontrar los cortes de la poda, sale en forma de pequeñas lágrimas.

El lloro de la vid es mucho más que un espectáculo visual. Es un indicador de la salud de la planta y de la correcta transición entre estaciones. También es una señal para los viticultores: anuncia el comienzo de las tareas de campo más intensas, como la supervisión del brote de las yemas, el control de plagas y el seguimiento del desarrollo de los futuros racimos.

Este fenómeno tiene una profunda carga simbólica para quienes trabajan la tierra.
Cada gota representa el inicio de una nueva oportunidad, el renacer de un ciclo que culminará meses después con la cosecha. Observar este proceso es comprender el ritmo de la naturaleza, su delicado equilibrio y la relación íntima entre el trabajo del hombre y la vida de la vid.

Suele extenderse durante una semana o hasta diez días, dependiendo de las condiciones climáticas de cada región. Durante este período, la vid comienza a movilizar sus reservas internas y a prepararse para una nueva temporada productiva, en la que los brotes se desarrollarán, florecerán y, finalmente, darán origen a los racimos de uvas.

Así como la vid despierta después del reposo, que vos también puedas reencontrarte con tu esencia, renovar tus fuerzas y dar lo mejor de vos, dejando florecer una versión más plena y auténtica de quien sos.

«De eso se trata, de coincidir con gente que te haga ver las cosas que tú no ves. Que te enseñe a mirar con otros ojos

Mario Benedetti

Pasta frola para despertar suspiros


Hay sabores que no solo se saborean, sino que también nos transportan a momentos y recuerdos. La pasta frola es uno de esos dulces: un clásico que combina historia, cultura y tradición.

Origen

La pasta frola es un dulce de masa quebrada con relleno, típicamente dulce de membrillo, aunque también puede llevar dulce de batata, membrillo con nuez, dulce de leche o frutas.
Su origen se remonta a Italia, donde se conocen como crostata o torta crostata.
Los inmigrantes italianos llevaron la receta a América del Sur, especialmente a Argentina, Uruguay y Paraguay, donde se popularizó y se adaptó a los gustos locales.

Historia y evolución

En Italia, los pasteleros genoveses crearon la crostata con una masa quebrada llamada pasta frolla, utilizada tanto para platos salados como dulces. Con la llegada de la caña de azúcar, la receta se transformó en dulce, incorporando frutas, mermeladas y crema pastelera, y se caracterizó por sus tiras decorativas.

Al llegar a América, la receta se adaptó a los productos locales: el relleno de membrillo y batata se consolidó como tradicional, dando lugar a la versión que conocemos hoy en día, presente en hogares, panaderías y confiterías de Argentina.

Un dulce que despierta recuerdos

Más allá de su sabor, la pasta frola es un símbolo de fusión cultural y tradición familiar. Cada porción evoca tardes de merienda, charlas compartidas, el placer de lo simple y delicioso.

Hemos hecho esta receta unas cuántas veces y sale exquisita. La versión es de Jimena Monteverde, de su libro «Cualquiera puede cocinar».
A veces el tiempo no alcanza para dedicarnos a la cocina, ¿no te pasa? Sin embargo eso no significa que tengamos que perdernos de disfrutar ricos platos y dulzuras irresistibles.
Por eso, te compartimos esta receta fácil, deliciosa y perfecta para darse un gusto en cualquier momento.

¡Anímate a prepararla! Vas a ver que es bien sencilla y el resultado es puro amor en cada bocado.

Ingredientes


– 150 grs. de manteca
– 250 grs. de harina común
– 150 grs. de harina leudante
– 150 grs. de azúcar
– 1 cda. de ralladura de limón
– 1 cda. de esencia de vainilla
– 1 huevo
– 1 yema
– 8 cucharadas de leche
– 1/2 kilo de membrillo o batata (sabemos que en España no se consigue). Que sea
membrillo entonces!
– 8 cucharadas de agua

Preparación


Para la masa
1-Batí en un bol la manteca bien blanda con el azúcar, hasta formar una crema
2- Luego incorporá la esencia de vainilla, la ralladura de limón, la yema y el huevo e integrá bien todos los elementos.
3- Agregá las dos harinas y las cucharadas de leche.
4- Con la ayuda de una espátula o con la mano, formá la masa.
5- Una vez lista reservá en la heladera.

Para el relleno


1-Calentá el membrillo en el mircrondas o en una cacerola, junto con el agua hasta que se derrita (a fuego bajo que no se te queme).
2- En una mesa espolvoreada con harina estirá la masa del tamaño de la tartera (no te olvides de los bordes).
3- Enrollá con el palo la masa y desenrollala sobre la tartera, presiona con los dedos la masa. Si se te rompe, unila, no te hagas problema.
4- Reservá masa para las tiras.
5- Enseguida volcá el membrillo sobre la masa y con una cuchara esparcí, el dulce.
6- Finalmente estirá el bollo de masa que guardaste y cortá tiras sw un centímetro de ancho, ponelas sobre el membrillo, dejando 2 o 3 centímetros entre cada una. Repetí la operación, aunque en sentido contrario, formando el enrejado típico.
7- Una vez que finalizaste con las tiras podés pincelarlas con huevo batido.
8- Llevá a horno moderado por 30 o 40 minutos.
9- Disfrutala, no te van a quedar ni las migas!

«Las personas a quienes les gusta comer siempre son las mejores.»
                                                                                                  Julia Child

¡Muchas gracias por compartir nuestras entradas!