Wapisa y su bodega submarina: vinos criados en el mar argentino

Foto: Bodega Wapisa

Se conoce que muchos vinos tienen crianza en diferentes maderas o materiales, como ser: barro, cerámica y cemento. Materiales que cuentan con variados tamaños.
Actualmente se contempla conservar vinos en el océano. Esta práctica comenzó gracias a un hallazgo ocurrido en el 2010. En ese momento varias botellas de Champagne fueron descubiertas en el fondo del mar en un buque, en el archipiélago de Aaland, entre Suecia y Finlandia. Muchas de esas botellas eran de Veuve Clicquot (la casa de Champagne ubicada en Reims), algunas fueron devueltas y otras fueron abiertas con la gran sorpresa de constatar que el líquido estaba en buenas condiciones y bebible.

Esto generó que tanto enólogos, como especialistas y sommeliers entiendan que la evolución del vino en el mar hace que esta bebida envejezca más rápidamente que si lo hiciera en barrica, fudre, tonel o en otros materiales. Sostienen, que tres años de envejecimiento en una bodega equivalen a un año en el mar, además que es guardado en condiciones muy óptimas.


Vinos con el mar de testigo

El ambiente marino es un sitio bastante ideal para la guarda de los vinos, porque brinda temperaturas bajas, constantes y no hay ni ruidos, ni luz, factores que muchas veces juegan en contra de la evolución del vino.
Wapisa (ballena en yámana, lengua de los pueblos originarios de Tierra del Fuego) la bodega que se ubica en la localidad de San Javier, provincia de Río Negro eligió aventurarse a con este tipo de crianza y el éxito no demoró en llegar.

Luego de investigaciones en la zona, los dueños de Wapisa se unieron a Claudio Barbieri de Cota Cero – empresa de buceo -comenzaron a trabajar con la agencia local sobre respeto del ecosistema submarino y dieron inicio a este gran proyecto. Para eso, se construyeron jaulas de acero inoxidable y se colocaron cierres de cera especiales para los corchos de las botellas.
Así 1.500 botellas de Malbec 2017 fueron sumergidas en el Golfo San Matías, a 10 metros. En agosto del 2020 se descorcharon y se realizó la primera cata.
El resultado y el añejamiento del vino fue maravilloso. Después de ocho meses cobijado por el mar, el vino estaba más complejo, con aromas secundarios y terciarios. Conservaba su expresión frutal y con un final prolongado. Sumado a que presentaban unas notas minerales y un punto de salinidad excelente.

Todavía hay mucho por seguir investigando, de todas formas ésta acción ya fue el punto de partida para una manera distinta de conservar el vino.

Patricia Ortiz y Jorge Lascano son los propietarios de la finca Los Acantilados de la Bodega Wapisa, un terreno de 120 hectáreas de viñedos situados en San Javier, Viedma, a tres kilómetros del río Negro y a 30 de la costa atlántica.

Ahora ya sabés que el vino puede ser guardado en las profundidades del mar y aún así expresar sus mejores aromas y sabores.

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