Brotación: el renacer de la vid

Foto: Alejandro Vigil

Cuando los primeros rayos de sol acarician la tierra fría, la vid despierta: brotes verdes emergen tímidamente, prometiendo nuevas hojas, flores y fruto. Es el renacer del ciclo anual, el momento en que la viña vuelve a latir.

Así la primavera se prende de la planta y ella retoma su ciclo anual.
En este proceso es importante que luego de la poda hayan quedado sólo los brotes que van a ser necesarios para de este modo evitar exceso de uvas y vegetación.
Las fechas de brotación tienen que ver con cada variedad de uva, puede variar y se dan en la primavera.

¿Qué es la brotación?

La brotación es ese instante mágico en primavera cuando, después de la poda, las yemas comenzaron a despertar y aparecen los primeros brotes. Es el punto de partida del crecimiento, el preludio de la floración y el fruto. Cada variedad de uva tiene su propio calendario: unas brotan antes, otras más tarde, dependiendo del frío, la altitud, el suelo y la ubicación geográfica.

Riesgos que acechan

Una de las mayores amenazas de esta etapa son las heladas primaverales. En regiones como Mendoza, Patagonia pueden extenderse hasta diciembre, y si los brotes están muy expuestos, pueden perderse flores, ramas o frutos enteros.
Cuando la viña está en pendiente, el aire frío se desplaza hacia abajo, lo que ayuda; los suelos más bajos suelen acumular aire frío, y eso puede ser un problema.

También hay que controlar el exceso de vegetación: si tras la poda quedaron demasiados brotes, la vid agota recursos, se reduce la calidad del fruto y aumenta el riesgo de enfermedades.

Técnicas de protección

El riesgo de las heladas es complejo, en muchos casos obliga a que enólogos/as, ingenieros agrónomos y personas encargadas de los viñedos a estar en alerta aún de madrugada.
Se suman noches sin dormir, por eso siempre es tan importante que cuando abras una botella de vino tengas en cuenta cuánto trabajo hay detrás de ella.

Hay diferentes métodos que se utilizan para combartir las heladas.

– Suelen colocarse «barreras» de aire, es decir árboles (en la Patagonia y otras regiones son muy comunes los álamos) ,arbustos o terraplenes.

– Se recomienda una poda que ubique los racimos a mayor altura del terreno esto es para proteger la vid, también que la misma se efectúe tardíamente para que la brotación se retrase.

– Riego por aspersión: por medio de aspersores se aplica una película de agua sobre las uvas que se congela y así el mismo hielo es el que protege a los frutos y a las hojas de temperaturas inferiores a los cero grados. Esta técnica tiene que tener cuidado cuando comenzar, cuando detenerla y la cantidad de agua a emplear.

– Riego de superficie: a veces se realiza un riego por inundación o “manto”, así el agua libera lentamente su calor al enfriarse, la contra es que si la helada se prolonga, se forma hielo. Si bien su costo es bajo puede traer enfermedades por humedad de las raíces.

– Calor: se brinda calor a través de calentadores, es decir tachos con carbón en las puntas de las hileras que se prenden y generan un microclima, se sube la temperatura del aire que rodea a las plantas.

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Taninos del vino: qué son, dónde se encuentran y cómo reconocerlos


Los taninos son compuestos fenólicos, presentes sobre todo en los vinos tintos, que aportan estructura, astringencia y capacidad de guarda.
Su característica principal es generar en boca una sensación de sequedad, percibiéndose ligeramente en las encías y la lengua. Esto ocurre porque los taninos se unen a las proteínas de la saliva, reduciendo la sensación de lubricación natural.
Además, cumplen un rol clave: protegen al vino gracias a su acción antioxidante y ayudan a fijar el color, trabajando en armonía con los antocianos presentes en la uva.

Dónde se encuentran

En el mundo del vino, los taninos provienen principalmente de la propia uva y de la madera. Están en las pieles, las semillas y los escobajos, partes de la uva que durante la fermentación o maceración liberan estos compuestos. También en la madera, como el roble de las barricas, aporta taninos elágicos que se integran al vino durante su crianza.
Más allá de la copa, encontramos taninos en alimentos y bebidas cotidianos como el té, el mate, el chocolate amargo, las nueces o la granada, así como en varias frutas -como el membrillo, la manzana, la pera, el caqui, la banana verde, referencias útiles para reconocer su textura.

Cómo se sienten en boca

Los taninos se perciben a través del tacto en boca. Su principal manifestación es la astringencia, esa sensación de sequedad o “agarre” que deja el vino sobre encías, paladar y laterales de la lengua. Pueden aportar un leve amargor, aunque su aporte esencial está en la estructura, el cuerpo y la persistencia. Cuando los taninos son suaves y maduros, la textura resulta sedosa; cuando son verdes o excesivos, se perciben más ásperos y rugosos.

Del viñedo a la copa

El tipo de tanino que encontramos en un vino está determinado desde la uva y el trabajo en bodega. Aquí entra en juego la llamada madurez fenólica, que es el momento en el que los compuestos presentes en la piel y las semillas —entre ellos taninos y antocianos— alcanzan el equilibrio ideal. No se trata solo de que la uva tenga el nivel de azúcar adecuado para fermentar; se trata de que los taninos estén maduros, menos ásperos, con semillas que ya no son verdes ni amargas, y pieles que liberen color y textura de forma más armoniosa. Una buena madurez fenólica permite elaborar vinos con taninos más dulces, redondos y elegantes.
La decisión sobre despalillar o no los racimos, el tiempo y la temperatura de maceración, las técnicas de remontaje o pigeage, el tipo de prensado y la crianza en barrica o en botella influyen en el resultado final. Con el tiempo, los taninos tienden a polimerizarse, es decir, a integrarse entre sí, volviéndose más suaves. En vinos de guarda, este proceso a menudo genera posos en el fondo de la botella, una señal natural de evolución.


Variedades y estilos

No todas las variedades de uva entregan la misma cantidad de taninos. Cepas como Cabernet Sauvignon, Nebbiolo, Tannat o Petit Verdot se destacan por su carácter firme y estructurado. Otras como el Malbec, el Tempranillo o la Syrah tienen niveles medios, mientras que Pinot Noir o Gamay suelen ofrecer vinos de taninos más bajos y delicados. Los blancos, salvo los de maceración con pieles o los que pasan por madera, casi no presentan taninos perceptibles.


Cómo reconocer y suavizar los taninos

Identificarlos es sencillo con un poco de práctica. Basta con sostener el vino en boca, friccionar la lengua contra las encías y notar si aparece una sensación de sequedad y de textura rugosa. Para quienes prefieren taninos más amables, airear el vino en una decantadora o en la copa, servirlo a la temperatura adecuada y acompañarlo con comidas ricas en grasas o proteínas -como carnes, quesos curados o estofados- ayuda a suavizar su impacto. Estos alimentos interactúan con los taninos, reduciendo la astringencia y potenciando el disfrute.

Mitos y verdades

Existe la creencia de que un vino con muchos taninos es automáticamente de mejor calidad, cuando en realidad lo más importante es el equilibrio con el resto de los componentes: fruta, acidez y alcohol. Solemos asociar los taninos con los vinos tintos, pero lo cierto es que el vino blanco también puede contenerlos, aunque en menor medida. Durante su elaboración, los blancos generalmente tienen muy poco contacto con las pieles, por lo que su carga tánica es mínima. Sin embargo, cuando pasan tiempo en barrica, adquieren taninos provenientes de la madera. Estos taninos, incluso en pequeñas concentraciones, juegan un papel fundamental: actúan como conservantes naturales al prevenir la oxidación.
Otro mito frecuente es que los taninos provocan dolor de cabeza; no hay evidencia directa de ello, ya que las causas más comunes suelen estar relacionadas con la deshidratación, las histaminas o el exceso de consumo.

Una forma sencilla de entender la sensación de los taninos en el paladar consiste en preparar una taza de té negro y probarla a distintos tiempos de infusión: al minuto, a los dos minutos y a los cinco minutos. Luego de un tiempo se lo va a sentir bastante astringente, esos son los taninos.
Otra manera es probar un sorbo de un vino tinto tánico y acompañarlo con un trozo de queso luego volver a probar el vino. La sensación de sequedad disminuirá, demostrando cómo el maridaje interactúa con los taninos para redondear la experiencia.

En definitiva, los taninos son, en cierto modo, el esqueleto del vino tinto. Sostienen su estructura, le dan carácter, actúan como conservantes naturales y preparan al vino para el paso del tiempo. Comprenderlos no solo permite apreciar mejor la calidad de un vino, sino también disfrutar de la complejidad que cada copa puede ofrecer.
En el equilibrio de estos compuestos está gran parte de la magia de un buen vino.

El maravilloso fenómeno del lloro de la vid

Cuando empiezan los días más cálidos, la vid inicia un ciclo nuevo lleno de vida y promesas. Uno de los fenómenos más fascinantes que se observa en este momento es el llamado “lloro de la vid”. Se trata de las primeras señales visibles del despertar de la planta después del reposo invernal.

El lloro de la vid ocurre cuando, tras la poda, comienzan a aparecer gotas transparentes en los cortes de los sarmientos. Este “llanto” no es más que la savia que empieza a moverse nuevamente por el interior de la planta, impulsada por el incremento de las temperaturas y la actividad en las raíces. Es una respuesta natural de la vid a los cambios en el ambiente: el suelo se calienta, las raíces absorben agua y minerales, y el flujo de savia se restablece, preparando a la planta para el inicio de un nuevo ciclo vegetativo.

Este momento marca el fin del letargo invernal. Durante los meses fríos, la vid reduce su actividad metabólica para protegerse de las bajas temperaturas. Sin embargo, cuando el clima se vuelve más cálido, las raíces reanudan su labor de absorber nutrientes y agua, generando presión interna. La savia, rica en azúcares, minerales y hormonas vegetales, comienza a circular y, al encontrar los cortes de la poda, sale en forma de pequeñas lágrimas.

El lloro de la vid es mucho más que un espectáculo visual. Es un indicador de la salud de la planta y de la correcta transición entre estaciones. También es una señal para los viticultores: anuncia el comienzo de las tareas de campo más intensas, como la supervisión del brote de las yemas, el control de plagas y el seguimiento del desarrollo de los futuros racimos.

Este fenómeno tiene una profunda carga simbólica para quienes trabajan la tierra.
Cada gota representa el inicio de una nueva oportunidad, el renacer de un ciclo que culminará meses después con la cosecha. Observar este proceso es comprender el ritmo de la naturaleza, su delicado equilibrio y la relación íntima entre el trabajo del hombre y la vida de la vid.

Suele extenderse durante una semana o hasta diez días, dependiendo de las condiciones climáticas de cada región. Durante este período, la vid comienza a movilizar sus reservas internas y a prepararse para una nueva temporada productiva, en la que los brotes se desarrollarán, florecerán y, finalmente, darán origen a los racimos de uvas.

Así como la vid despierta después del reposo, que vos también puedas reencontrarte con tu esencia, renovar tus fuerzas y dar lo mejor de vos, dejando florecer una versión más plena y auténtica de quien sos.

«De eso se trata, de coincidir con gente que te haga ver las cosas que tú no ves. Que te enseñe a mirar con otros ojos

Mario Benedetti


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Brindemos por el Día del Prosecco



Hoy, 13 de agosto, celebramos esas burbujas italianas que invitan a disfrutar la vida con frescura y alegría.

El Prosecco se elabora principalmente con la uva Glera, trabajada bajo el método Charmat-Martinotti, en el que la segunda fermentación ocurre en tanques de acero inoxidable. Este proceso conserva toda su vivacidad, realzando sus aromas frutales, como pera y manzana verde, y sus delicadas notas florales, que lo hacen tan fácil de disfrutar.

Un poco de historia

El Prosecco tiene raíces antiguas. Su nombre proviene de la localidad de Prosecco, cerca de Trieste, y ya era mencionado en escritos del siglo XVIII. Sin embargo, fue durante el siglo XX que comenzó a ganar popularidad más allá de Italia, gracias a su frescura, versatilidad y accesibilidad.

A diferencia del champagne, que se fermenta en botella, el Prosecco utiliza el método Charmat, es decir partiendo de un vino base se realiza la segunda fermentación en tanques de acero inoxidable, lo que preserva la fruta y el aroma natural de la uva. Su tradición está protegida por la Denominación de Origen Controlada (DOC y DOCG), con epicentro en las colinas de Conegliano-Valdobbiadene y otras zonas del noreste de Italia, especialmente Véneto y Friuli-Venezia Giulia. La combinación de suelos, brisas y clima fresco le otorga ese carácter vibrante y elegante que lo distingue.

Mi experiencia en Italia

Tuve la oportunidad de degustarlo por primera vez en Rímini, junto a mi compañera de ferias de turismo, Marta Sanchez. Después de largas jornadas de trabajo, nos escabullíamos por las calles de esta hermosa ciudad veraniega para vivir el aperitivo italiano: una copa de Prosecco fresco, risas y ese ambiente encantador que solo Italia sabe crear.

¿Por qué celebramos el Día del Prosecco?

Cada 13 de agosto, Italia y los amantes del vino en todo el mundo celebran el Día del Prosecco, en reconocimiento a su historia, su tradición y su capacidad de acompañar momentos de celebración. Es un recordatorio de que el vino no es solo una bebida, sino una experiencia cultural que une gente, historias y paisajes.

Un brindis por las burbujas, los viajes y esos momentos que se convierten en recuerdos imborrables.

El decantador: historia y magia para el vino


El decantador es un recipiente de vidrio o cristal, generalmente con una base ancha y un cuello estrecho, diseñado para contener y servir vino. Su forma particular no es casual: está pensado para facilitar la separación del vino de sus sedimentos y para permitir que el vino “respire”, mejorando así su aroma y sabor.

Su origen se remonta a más de 2.000 años atrás, en la época romana, cuando ya se valoraba la importancia de separar el vino de sus sedimentos y de oxigenarlo para potenciar sus cualidades. En aquellos tiempos, los decantadores eran similares a ánforas, y el vino se almacenaba en vasijas hechas de diversos materiales como barro, madera, plata, cristal de roca e incluso porcelana china.

A finales del siglo I d.C., los romanos introdujeron la técnica del soplado del vidrio, revolucionando la creación de recipientes como los decantadores. Durante el Renacimiento, la innovación en el diseño y elaboración de decantadores de vidrio fue adoptada por artesanos de Alemania, Francia y Gran Bretaña, quienes les dieron formas artísticas que combinaban funcionalidad y estética.

Hoy en día, el decantador sigue siendo un aliado indispensable para los amantes del vino. Es especialmente útil para vinos tintos jóvenes que necesitan aireación o para vinos añejos con sedimentos. Más allá de su función práctica, aporta elegancia y ceremonia al momento de disfrutar una copa.

El decantador en el servicio de vino

El uso del decantador en el servicio no es solo una cuestión estética, sino una práctica que mejora significativamente la experiencia del comensal. Al decantar un vino, se buscan principalmente dos objetivos: separar el vino de posibles sedimentos y favorecer la oxigenación, lo que potencia los aromas y suaviza los taninos.

Aunque muchas personas creen que no todos los vinos requieren decantación, en vinos con estructura marcada, añejos o que han permanecido años en botella, este proceso ayuda a que el vino se exprese mejor y despliegue toda su complejidad.

En restaurantes y eventos, el decantador aporta elegancia y solemnidad al momento de servir, transformando el acto de beber vino en un ritual que invita a disfrutar con calma y atención. El proceso de decantación debe hacerse con cuidado y paciencia, evitando agitar el vino para no mezclar los sedimentos.

El decantador no solo transforma el vino, sino que convierte cada copa en una experiencia especial, uniendo tradición, ciencia y placer en cada sorbo.

Esperamos te haya gustado esta nota, desde ya te decimos es un placer tenerte como lector apasionado.

«El vino siembra poesía en los corazones»
                                                        Dante Alighieri