Como todos los 25 de octubre se celebra el Día Internacional del Espumante, y Familia Millán decide celebrarlo con la línea de vinos espumososCordero con Piel de Lobo, de la bodega mendocina Mosquita Muerta Wines(propiedad de Familia Millán), que ha logrado un posicionamiento impensado entre los consumidores argentinos,al tiempo que fue muy bien recibida en otros mercados, como el brasilero y el estadounidense. Por su precio accesible y su alta calidad, Corderocon Piel de Lobo Dulce, Cordero con Piel de Lobo Extra Brut, Cordero con Piel de Lobo Spritz y Cordero con Piel de Lobo Demi Sec ya son tendencia.
Reforzando la apuesta por esta línea, la bodega ha intervenido en la imagen de la marca con un interesante cambio en el packaging incluyendo mejoras en botella, tapón y etiquetado.
De burbuja delicada y persistente, aromas y sabores complejos y elegantes, los espumososCordero con Piel de Lobo están elaborados bajo el método Charmat, con segunda fermentación en tanques presurizadosde acero inoxidable. Obtenidos a partir de vinos base de uvas Chardonnay, Semillón, Chenin y Pedro Giménez, se caracterizan por integrar una línea joven y por su excelente relación precio/calidad.
“La bodega posee viñedos en diferentes zonas de Mendoza y trabajamos con muy buenas variedades para elaborar estos vinos espumosos. La alta calidad final del producto es una consecuencia de elaborarlos vinos base con gran cuidado y dedicación. Nuestro portfolio incluye variedades como Extra brut -donde predominan los aromas frutales y elegantes-,perfecta para un brindis o para acompañar una comida; y también Demi Sec y Dulce, para los amantes de los espumosos suaves y frutales, ideales para acompañar postres o charlas con amigos. Finalmente, nuestra última incorporación es un Spritz que, acompañado con hielo y una rodaja de cítricos,es ideal para los atardeceres y aperitivos. En todos ellos buscamos que predomine la expresión aromática frutal -propia del método Charmat-, la frescura y la elegancia, sin perder ese estilo descontracturado”.
Gustavo Sánchez, enólogo de Familia Millán.
Cuatro espumantes que son un 10
Cordero con Piel de Lobo Dulce
De color amarillo claro con reflejosverdosos, brillante y de burbujas pequeñas que persisten. En nariz es intenso y atractivo, presenta aromas de flores blancas, durazno y toques cítricos. En boca es dulce y su frescura equilibra los sabores. Es suave y persistente.
Cordero con Piel de Lobo Extra Brut
Color amarillo claro con reflejos verdosos, brillante y de burbujas pequeñas que persisten. En nariz presenta aromas de flores blancas, ananá y lima. En boca es fresco con sabores que recuerdan a manzana verde y durazno blanco. Lineal y persistente.
Cordero con Piel de Lobo Spritz
Con macerados naturales de botánicos. La combinación de flores, raíces y frutas son la inspiración y experiencia aportadas en la receta original de Casa Tapaus para su línea Terrier. De esta fusión de espumoso de alta calidad y de los macerados naturales de botánicos se obtiene este magnífico espumante Spritz.
Color salmón suave, brillante y de burbujas pequeñas que persisten. En nariz presenta aromas frutales, notas especiadas donde predomina el eneldo y un toque floral. En boca es sabroso, ligeramente dulce en combinación perfecta con su frescura y un toque ligeramente amargo, típico de los spritz.
Cordero con Piel de Lobo Blanco de Blancas Demi Sec
De color amarillo claro con reflejos verdosos, brillante y de burbujas pequeñas que persisten. En nariz es intenso y atractivo, presenta aromas de flores blancas, durazno y toques cítricos. En boca es fresco y ligeramente dulce. Es suave y persistente.
Acerca de Familia Millán
Familia Millán es una empresa familiar mendocina con varias unidades de negocios. Entreellas, se encuentra una cadena de supermercados llamada Átomo, con más de 120sucursales, cuatro bodegas (Mosquita Muerta Wines, Bodega Los Toneles, Fuego Blanco y Abrasado), una reconocida olivícola llamada Laur, destilería CasaTapaus, Carnes Millán, entre otras. Haciendo foco en las cuatro bodegas, una deellas está exclusivamente dedicada a la elaboración de vinos de alta gama. En las otras tres se elaboran vinos de todos los segmentos de precios.
Todas las bodegas cuentan con tecnología de punta para acompañar integralmente el procesoproductivo del vino desde el viñedo hasta el producto final listo para sucomercialización.
La familia además posee más de 1000 hectáreas de viñedos plantados en las regionesvitivinícolas más prestigiosas de Mendoza, abasteciéndose así integralmente consu propia materia prima.
En relación a los portafolios de vinos, Familia Millán ha realizado grandes inversiones para alcanzar los más altos estándares de calidad de sus vinos encada uno de los segmentos de precios, complementando esa calidad con losmejores insumos, con valor de marca, posicionamiento y presentando sus marcasoficiales (Mosquita Muerta Wines, Bodega Los Toneles, Fuego Blanco y Abrasado)constantemente a la crítica internacional, logrando importantes reconocimientos por parte de Wine Advocate, Tim Atkin, Descorchados, James Suckling, entreotros.
Cada uno de los portafolios de vinos, tiene su propia concepción enológica. Además, presenta y expresa las bondades del vino desde diferentes perspectivas. Se elaboran también vinos entry level, pudiendo así completar una oferta integralde vinos de calidad, logrando cubrir todos los segmentos de precios y canalesde ventas, con total capacidad de abastecimiento.
Redes Sociales:
@mosquitamuerta wines
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Dieciocho son los productores que durante unos 100 kilómetros en el Valle Calchaquí tucumano brindan un maridaje especial entre la historia ancestral, la cultura de la Pachamama, un escenario natural incomparable y la vanguardia en la elaboración de vinos.
El turismo enológico en la provincia de Tucumán va desde Tafí del Valle hasta el Corredor de la Ruta 40 en el valle Calchaquí donde se celebra la historia y la cultura del trabajo en terruños que revelan la Ruta del Vino Tucumano.
La Ruta del Vino trepa desde los 1750 msnm hasta los 3000, y ofrece suelo franco arenoso a pedregoso, permeable, suelto, limpio y profundo, con una amplitud térmica que imprime la concentración de aromas, azúcares y colores; vientos que aseguran la sanidad de las uvas y una diversidad de cepas que sintetizan el mundo del vino. Claro que, entre las barricas, el Malbec y el Torrontés, están presentes en esta área vitivinícola de los valles donde aseguran que la exposición al sol es uno de los principales condimentos con 350 días soleados.
La variedad de emprendimientos vitivinícolas en esta propuesta, muestra también la historia de los pueblos originarios, lo ancestral, lo español y jesuita. En el valle Calchaquí existen viñedos desde fines del siglo XVI, una historia vitivinícola de muchos años.
En general, en estos viñedos, se trabaja la tierra en forma orgánica, con abonos naturales de guano y orujo. El riego es por goteo, con aguas de alta montaña o pozos profundos.
Vanguardia y tendencia
La bodega Luna de Cuarzo, creada por la primera mujer tucumana que desarrolló su emprendimiento vitivinícola; La Bodega de Los Amaichas, única del país y la tercera bodega del mundo en ser administrada y dirigida por una comunidad de un pueblo originario; junto a la historia de una familia italiana que se enamoró de este terruño y emprendió con su Finca Albarossa una propuesta de hospedaje boutique para disfrutar de los viñedos, son parte del encanto de este recorrido.
Para Silvia Gramajo hablar de su finca, de su bodega Luna de Cuarzo (RN 40, km 4305, Colalao del Valle), es hablar de su pasión en la vida. Nacida en San Miguel de Tucumán, un día decidió cambiar todo y hacia 2011 se instaló en estos suelos cubiertos de cuarzo, donde y dado que “la luna, cuando sale, es blanca como el cuarzo. Por eso elegimos este nombre para la bodega Luna de Cuarzo”, cuenta.
Los expertos definen a los suelos calchaquíes como sanos, buenos, con mucho sol y buen clima, razón por la cual “los vinos son perfumados, intensos, aromáticos que casi no necesitan barrica”, explica Silvia Gramajo y se refiere al paso por barrica de roble que se acostumbra para darle intensidad a los vinos de calidad y reflexiona: “Por algo los pueblos originarios florecieron en este valle”, dice.
“En Luna de Cuarzo hacemos todo nosotros. Son dos hectáreas y media de viñas, muy cuidadas, con técnicas orgánicas, algo biodinámico, con cosecha en luna llena y algunas plantas aromáticas como el burrito, el paico, lavandas, romero y jarilla que brindan sus aromas persistentes “, cuenta la dueña de la bodega.
De Italia a los valles
Quizás fue todo lo que percibió en el 2010 la familia de Giacomo Spaini junto cuando llegaron a este recorrido y se enamoraron de este terruño. Diseñaron su proyecto vitivinícola en unas 13 hectáreas con cepas Malbec y Cabernet Franc, luego con un torrontés ligero. Hoy llegan a unas 120 hectáreas al pie del cerro de La Mina (4762 msnm) donde se construyó la Finca Albarossa con su hotel boutique, una piscina y donde, “pusimos olivos alrededor del hotel porque está relacionado con este cultivo en Italia”, dice el dueño que desde el establecimiento, en el kilómetro 4282 de la RN 40, cerca de Colalao del Valle, de Amaicha del Valle y de la Ciudad Sagrada de Los Quilmes, producen sus vinos y las botellas se lucen con las etiquetas creadas por el artista tucumano Enrique Salvatierra.
Además de los vinos, las fincas y los viñedos, en este recorrido se conocen los artesanos ceramistas, los textiles, las travesías en 4×4, cabalgatas, senderismo y podemos decir que las propuestas llegan literalmente hasta el cielo, porque a tan sólo 24 Km. de la Ruta Nacional 40 sobre la RP 307, está Ampimpa con su Observatorio, uno de los mejores para conocer los astros.
Experiencia ancestral
Sobre la importancia del terruño en el Valle Calchaquí, es en la bodega Comunitaria Los Amaicha (Ruta Provincial 307 km 115, Amaicha del Valle), donde se expresa la riqueza ancestral de este suelo. Gabriela Balderrama quien junto con Micaela Lera recibe a los visitantes, cuenta que este emprendimiento es único en la Argentina y el tercero en el mundo por ser una bodega administrada y dirigida por una comunidad de un pueblo originario, en este caso de Amaicha del Valle, que se rige con una organización integrada por un consejo de ancianos y un cacique hoy, Miguel Flores.
Son 40 productores de uva de distintos pueblos del valle como Amaicha del Valle, Los Zazos, Ampimpa, Encalilla, El Paso, Colalao del Valle, hasta la Ciudad Sagrada de Los Quilmes quienes participan en esta bodega donde se procesan entre 16 mil y 18 mil kilos por vendimia para elaborar “un vino muy natural”, dice Balderrama y aclara que es casi orgánico. En cuanto al riego, siempre esperamos que el deshielo traiga agua”, comenta.
“La gente que visita la bodega se emociona mucho con el trabajo de la comunidad Amaicha, y con la celebración de la Pachamama que se realiza en agosto “es muy importante y en momentos como estos tiempos difíciles, es una gran paz interior que uno vuelve a sentir”, reflexiona.
Cómo llegar a la Ruta del Vino Tucumano
Desde San Miguel de Tucumán, por Ruta Provincial 307 hacia Tafí del Valle, por la Cuesta del Infiernillo hasta Amaicha del Valle, y acceso a Ruta Nacional 40 rumbo Norte hasta Colalao del Valle.
Los Amaicha: la fuerza ancestral
La comunidad de Amaicha del Valle tiene la fuerza que le imprime la historia y ostenta la propiedad de sus tierras desde el principio de los tiempos. Tras la llegada de los españoles lograron mantener la propiedad de sus tierras mediante Cédula Real de 1716.
Fue hacia 2015 cuando surgió el proyecto y en 2016 fundaron este emprendimiento, la primera bodega dirigida por un pueblo originario y la tercera en el mundo.
Cada 1ro de agosto se celebra la Pachamama, la veneración a la Madre Tierra que se realiza cada año. Desde el principio de la pandemia, el pueblo mantuvo los cuidados preventivos y aplicando los protocolos, de manera que en la actualidad se puede visitar, se recorre la finca, se conocen los cuidados de los viñedos y el proceso del vino y hasta su degustación para lo cual cuentan con una sala especial, aunque en este momento se desarrolla al aire libre.
Una de las personas con más experiencia en este proyecto es Gabriela Balderrama quien recibe a los visitantes y cuenta que en la finca y en la bodega todos aprendieron el trabajo que desarrollan.
“Buscamos cuidar las plantas para que sirvan muchos años, dice Gabriela Balderrama y explica que los vinos se conocen con la marca “Sumak Kawsay”, en lengua Ka Kan, que en castellano significa “Buen Vivir”. Son elaborados con uva Criolla y con Malbec, con el que buscamos tener un Malbec auténtico, que mantenga las propiedades de esta cepa, pero con las características de la zona, aroma, sabor y buen cuerpo”, explica Balderrama quien detalla además que el cuidado de las plantas también reside en obtener un rinde de entre un 20 o 30 por ciento de producción de fruta respecto de lo que exigen otros viñateros a sus vides.
La bodega fue diseñada con el concepto ancestral de recintos circulares de piedra y cuenta con un área de recepción, otra de degustación, la sala de elaboración y cava, y recibieron el reconocimiento de la “Marca Tucumán” que otorga el Instituto de Desarrollo Productivo tucumano.
De vinos y quesos
La finca Luna de Cuarzo fue diseñada “dentro de la Pacha”, dice su dueña, la experta Graciela Gramajo, y describe que su bodega es subterránea, no sólo la cava sino también la sala de elaboración donde “veneramos las propiedades de la tierra y nuestra deidad la Pachamama, de la cual somos parte y respetamos”.
“En el Valle Calchaquí el paisaje es parte del enoturismo. La tierra, el clima, el sol son tan especiales que se logra mucha calidad en los vinos, no cantidad, sino calidad”, puntualiza.
Con las líneas de vinos de autor que elaboran en esta bodega como “Faustino del Pozo y Desata, se logró un Torrontés con mucho perfume y un Cosecha Tardía que es un boom de muy alta calidad”, cuenta.
En cuanto a la línea “Bio” (por su producción biodinámica que se rige con los ciclos de la luna), el Torrontés es seco y el “13. Malbec”, el nombre se debe a que se guarda durante 13 lunas en tanque”.
Vale destacar que en el Valle de Choromoro (Ruta 311, km 3 – Trancas) hay proyectos agronómicos con mucho potencial vitivinícola.
“Hay una tendencia muy fuerte en la juventud que gusta de los vinos menos complejos. En los Valles, los vinos casi no necesitan pasar por barrica, son perfumados, intensos, aromáticos, tanto que en el concurso Vino Sub 30 logramos la medalla de Oro en la cosecha tardía y en Mendoza, logramos la medalla Gran Oro para nuestro Torrontés seco”.
Claro que en la zona también son famosos los quesos tafinistos. Surgidos con recetas de varios siglos, de cuando se instalaron los jesuitas en Tafí del Valle, hoy cada estancia elabora su queso y son ideales para maridar con los Malbec. En este caso muchos eligen el Luna de Cuarzo Gran Reserva, un vino de guarda donde, dicen, que se sienten los secretos calchaquíes.
Vinos y bodegas para conocer
Caminando, degustando o hasta en bicicleta son las diversas opciones para conocer las fincas, las uvas, los vinos y vivir la experiencia de recorrer la Ruta del Vino Tucumano en las diferentes épocas del año, desde la vendimia, la poda en invierno y el raleo. Pero también conocer a sus hacedores, los propios dueños de cada finca y los expertos que acompañan para contar los datos, los encantos y la pasión de este producto de la tierra.
Bodega Vertientes Tintas (Av. Cesareo Segura s/n – camino principal al dique Los Zazos – Amaicha del Valle).
Como llegar a la Ruta del Vino Tucumano
Desde San Miguel de Tucumán, por Ruta Provincial 307 hacia Tafí del Valle, por la Cuesta del Infiernillo hasta Amaicha del Valle, y acceso a Ruta Nacional 40 rumbo Norte hasta Colalao del Valle.
Tucumán invita a quedarse, a recorrer con calma, a disfrutar el vino y la comida en el mismo lugar donde nacen. Porque aquí, el vino no es solo una bebida: es una forma de contar la historia del norte argentino.
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El vino tinto es el resultado de un proceso apasionante donde la ciencia, la técnica y la sensibilidad se encuentran. Cada botella guarda la historia de su viñedo, de las decisiones del enólogo y del tiempo que le dio forma.
En esta nota te invitamos a descubrir cómo se elabora un vino tinto, paso a paso: desde la cosecha de la uva hasta su embotellado, explorando qué sucede en cada etapa y cómo influye en el color, el aroma y la textura del vino final.
Cosecha: el punto de partida
Todo comienza en el viñedo. La madurez de la uva es clave: el momento de la cosecha se define según el equilibrio entre azúcares, acidez, taninos y aromas.
La vendimia puede ser manual —ideal para vinos de alta gama, donde se seleccionan solo los racimos óptimos— o mecánica, más rápida y eficiente para grandes superficies. Una vez recolectadas, las uvas se trasladan con cuidado a la bodega, evitando roturas y oxidaciones.
Recepción y selección en bodega
Al llegar a la bodega, las uvas se pesan, se registran y —en algunos casos —pasan por una mesa de selección, donde se eliminan hojas, restos vegetales o racimos dañados. Este paso asegura que solo la mejor materia prima continúe en el proceso. Este paso no lo tienen todas las bodegas, salvo las que elaboran vinos de alta calidad. Las uvas son colocadas en una cinta en movimiento y el personal va seleccionando las mejores. Se quitan ramas que hayan quedado, las que están en mal estado y las que no crecieron.
Despalillado y estrujado
El despalillado separa los granos del raspón (la parte leñosa del racimo). Aunque algunos enólogos optan por conservar una pequeña proporción para aportar estructura y frescura, en la mayoría de los tintos se retira completamente para evitar notas vegetales o astringentes.
Luego se realiza el estrujado, que rompe suavemente las bayas sin aplastar las semillas, liberando el jugo y los compuestos que darán origen al mosto.
Maceración y fermentación alcohólica
Luego el siguiente paso es trasladar las uvas a un depósito, cuba o tanque de acero inoxidable, también son muy utilizadas las piletas de cemento o bines de plásticos para llevar a cabo microvinificaciones. Este recipiente no debe ser llenado del todo, puesto que cuando se produce la fermentación (ebullición) la masa aumenta de volumen y va a ocupar parte de este espacio vacío. En esta fase, el mosto y los hollejos (pieles) permanecen juntos dentro de los tanques de fermentación. Allí ocurre la maceración, el proceso mediante el cual se extraen los pigmentos, taninos y aromas de la piel de la uva.
Simultáneamente, gracias a las levaduras, se lleva a cabo la fermentación alcohólica, transformando los azúcares naturales del jugo en alcohol y dióxido de carbono.
El control de la temperatura es fundamental: suele mantenerse entre 24 y 28 °C para conservar los aromas y lograr una buena extracción. Durante este tiempo se realizan remontajes o bazuqueos, que ayudan a mantener el sombrero de pieles húmedo y en contacto con el mosto. Toda uva por dentro (pulpa) – no tiene color. Entonces se va a necesitar de las pieles para extraer el color del vino. Es el momento en el cual la pulpa entra en contacto con las pieles. La maceración del vino es fundamental para la extracción de aromas, color y taninos. Los taninos que se encuentran en los escobajos, las semillas y en los hollejos aportan astringencia, sabor y complejidad al vino. Son antioxidantes naturales que en parte ayudan a conservar el vino. El proceso de fermentación lleva entre 10 y 14 días. Remontaje: Se emplea en la elaboración de vinos tintos. El anhídrido carbónico que se desprende cuando ocurre la fermentación, produce que las pieles de las uvas se eleven y forman, lo que se llama el sombrero. Esta masa da color y taninos al futuro vino. En esta acción se bombea líquido de abajo del tanque y se lo echa sobre este sombrero, así se logra un color parejo del mosto. Battonage: Es un trabajo que consiste poner en suspesión las lías (levaduras muertas que se depositan en el fondo) removiendo el vino con un bastón (batôn en francés) para beneficiarlos de todas sus propiedades. SI bien se utiliza más en blancos, hay enólogos que lo emplean en tintos.
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Quien se adentra en el mundo del vino pronto descubre que detrás de cada color hay una historia. No todos los tintos son iguales, y esa gama que va del rubí al violáceo, del granate al teja, tiene un protagonista clave: los antocianos.
¿Qué son los antocianos?
Los antocianos son compuestos fenólicos pertenecientes a la familia de los flavonoides. Son pigmentos naturales que se encuentran principalmente en las pieles u hollejos de las uvas tintas. En contacto con el mosto durante la maceración, estos compuestos se disuelven y dan al vino su característico color.
El término antociano fue propuesto en 1927 por el farmacéutico alemán Adolf T. Lewandoski (1804–1881), quien lo utilizó para describir el pigmento azul presente en la col lombarda (Brassica oleracea). Desde entonces, el nombre se aplica a una amplia familia de pigmentos vegetales que colorean desde las flores hasta las frutas y, por supuesto, el vino.
Además, su tonalidad puede variar según el pH, la variedad de uva y las condiciones del viñedo. En ambientes más ácidos, el vino presenta tonos más rojizos; en medios menos ácidos, los colores viran hacia el azul o el violáceo.
Dónde se encuentran y cómo actúan
En las uvas tintas, los antocianos se concentran en la piel, mientras que la pulpa suele ser incolora (excepto en variedades tintoreras). Durante la maceración, cuando el mosto permanece en contacto con las pieles, los antocianos se liberan y se combinan con otros compuestos fenólicos, como los taninos. El resultado es un vino con mayor estructura, color e intensidad aromática.
Factores que influyen en su concentración
La cantidad de antocianos en una uva depende de múltiples factores:
La variedad: cepas como Malbec, Cabernet Sauvignon o Syrah suelen tener una alta concentración de antocianos.
La madurez: cuanto más madura está la uva, más pigmentos acumula.
La exposición solar: la luz favorece su desarrollo, por eso los viñedos bien expuestos suelen producir vinos más intensos en color.
El manejo del viñedo: prácticas como la poda, la densidad de plantación o el riego influyen en la formación de estos compuestos.
El color como identidad
El color del vino es una carta de presentación. Nos habla de la variedad, del clima y del estilo del productor. Un tinto joven y vibrante, de tono violáceo, refleja juventud y frescura; mientras que los tonos teja o ambarinos delatan la evolución del vino en la botella. En algunos laboratorios se analiza la concentración de antocianos para confirmar la variedad de uva o evaluar la calidad del vino.
Antocianos y salud
Diversos estudios científicos asocian los antocianos con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, ya que ayudan a neutralizar los radicales libres. Sin embargo, es importante recordar que el vino se disfruta mejor por placer y cultura, no por sus posibles beneficios. Como siempre, el consumo moderado es la mejor elección.
En la copa: una invitación a observar
La próxima vez que sostengas una copa de vino, detenete un instante a mirar su color. Pensá que esos reflejos intensos o profundos son el resultado del trabajo de la naturaleza, del sol, del viñedo y de los antocianos. Ellos son los artistas silenciosos que pintan cada copa con matices únicos.
Los antocianos son mucho más que pigmentos; son parte esencial de la identidad del vino, uniendo ciencia, arte y emoción en cada botella.
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En la vida, como en los cítricos, las madres son fuente de frescura, vitalidad y múltiples propiedades que nos acompañan en cada etapa. Por eso, en su día, nada mejor que honrarlas con un vino que refleje su esencia: el Torrontés Naranjo de Bodega Valle de La Puerta.
Al igual que una madre, este vino combina fortaleza y delicadeza. Posee la frescura de un blanco, pero con la estructura y el carácter de un tinto, gracias a su fermentación en contacto con hollejos y semillas, un proceso que realza su profundidad y complejidad. Es un tributo a aquellas que, con sabiduría y dedicación, logran equilibrar fortaleza y ternura.
Javier Collovati – ingeniero agrónomo y Winemaker de Valle de La Puerta- , nos invitan a descubrir este varietal único:
“Es un vino de color salmón, anaranjado pálido, limpio y con reflejos cobrizos. En nariz, despierta elegantes aromas a durazno blanco y frutas cítricas, con sutiles notas de miel, ruda y jazmín. En boca, es suave y dulce, con una textura sedosa y una frescura que lo hace vibrante y especial.”
Este Torrontés Naranjo es versátil y se adapta a todos los momentos. Ideal para acompañar una mesa compartida, marida a la perfección con quesos, carnes a la brasa, pescados, langostinos o arroz con vegetales.
Un compañero ideal para celebrar en familia y convertirse en el regalo perfecto para brindar por esas mujeres que, como él, dejan una huella imborrable.
Por su fuerza, dulzura y esa magia que todo lo transforma… ¡Salud por ellas!
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