“Este vino tiene mucha estructura” es una frase que seguramente escuchaste en una cata o en una charla con sommeliers. Es una expresión habitual en el lenguaje del vino, pero no siempre está clara para quienes comienzan a explorar este universo.
En esta nota te invitamos a descubrir qué significa realmente, cómo identificarla y por qué es tan importante para entender, describir y disfrutar un vino.
¿Qué es la estructura en un vino?
La estructura es, en esencia, la columna vertebral del vino. Es lo que le da firmeza, volumen, peso y equilibrio en boca. La percibimos cuando el vino llena el paladar con presencia, sin ser plano ni diluido, y cuando sus componentes están integrados de forma armoniosa.
Los pilares fundamentales de la estructura son:
- El alcohol, que aporta sensación de cuerpo y calidez.
- La acidez, que otorga frescura, tensión y prolonga la vida del vino.
- Los taninos, que brindan textura, firmeza y potencial de guarda, especialmente en los tintos.
- La concentración de fruta, que equilibra y completa el perfil sensorial.
Un vino estructurado no necesariamente es pesado o difícil de tomar. Puede ser elegante, profundo, complejo y tener un largo final. Lo que importa es la armonía entre sus componentes y su capacidad de sostenerse en el tiempo.
Variedades estructuradas: algunas protagonistas en Argentina
Hay variedades de uvas que, por su composición natural, tienden a generar vinos más estructurados. En el contexto de la vitivinicultura argentina, algunas se destacan por su intensidad, volumen y capacidad de guarda:
- Malbec: la cepa emblemática de Argentina. Dependiendo de la zona y la vinificación, puede ser jugosa y frutal o mostrar una estructura notable, con taninos sedosos y buena acidez. Los Malbecs de altura (como los del Valle de Uco o Salta) suelen tener una estructura más marcada.
- Cabernet Sauvignon: de taninos firmes, acidez marcada y gran longevidad. Es ideal para la crianza en barrica y para maridar con carnes intensas.
- Petit Verdot: una variedad potente, con color profundo, estructura firme y excelente desarrollo en cortes o blends. Su presencia es cada vez más valorada por los enólogos argentinos.
- Tannat: originaria del suroeste de Francia, encontró en el norte argentino, Entre Ríos y Buenos Aires (y también en Uruguay) un suelo fértil para expresar su carácter. Sus taninos son notorios, su cuerpo es robusto y su envejecimiento en madera la transforma en una opción ideal para los amantes de los vinos potentes.
- Syrah, Bonarda, Tempranillo o algunos blends tintos bien diseñados también pueden mostrar una gran estructura, sobre todo si provienen de zonas con amplitud térmica y suelos pobres que favorecen una maduración lenta y equilibrada.
Maridajes para vinos estructurados
Un vino estructurado necesita un plato que le haga frente. De lo contrario, puede opacar la comida o sentirse fuera de lugar. Algunas ideas de maridaje para este estilo de vinos:
- Carnes rojas a la parrilla o al horno, especialmente con grasa o cocción prolongada.
- Guisos tradicionales, como un estofado, un cordero braseado o un ossobuco.
- Quesos curados, duros o picantes.
- Platos especiados, con reducción de vino tinto o salsas intensas.
- Cocina regional con influencia andina o criolla, que combine sabores potentes y texturas.
También es interesante probar estos vinos por copa, dándoles tiempo en la copa o decantándolos si lo necesitan. Son vinos para disfrutar con pausa, dejando que evolucionen y cuenten su historia.
¿Por qué es importante hablar de estructura?
Comprender la estructura de un vino permite no solo disfrutarlo más, sino también comunicarlo con claridad. Es una herramienta fundamental para sommeliers, comunicadores del vino y equipos de gastronomía, porque permite traducir una experiencia sensorial en palabras comprensibles para los comensales y clientes.
Además, es una forma de formar al consumidor: cuando alguien aprende a reconocer la estructura, comienza a descubrir un nuevo mundo de matices, y puede elegir con más criterio qué vino le gusta, cuándo tomarlo y con qué acompañarlo.
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