Eolo Malbec 2019, nacido de un viñedo centenario con la sabiduría del tiempo

Eolo Malbec 2019, el vino emblema de Bodega Trivento, está listo para deleitar a los paladares más exigentes. Nacido en Luján de Cuyo, tradicional región vitivinícola de Mendoza, finaliza su guarda de más de 3 años en roble francés, para llegar a los mercados del mundo a partir de septiembre de 2022.

La cosecha 2019 es la fina y franca expresión del centenario viñedo de 4 hectáreas ubicado en un terreno elevado sobre la vera norte del río Mendoza, a 983 m.s.n.m., destinado especialmente para esta etiqueta.

“La cosecha 2019 es el esperado desenlace de un año de trabajo que, acompañado por las benevolencias del clima, refleja equilibrio y delicadeza”, Según Germán Di Césare, director enológico de Trivento y autor de Eolo

Envasado en noviembre de 2020, en cada una de sus botellas (diez mil quinientas en total) se observa un color rojo violáceo y brillante con reflejos azulados que expresan una delicada combinación de frutos rojos, como frambuesa y cereza, y notas florales como violetas. De taninos sedosos y fluidos, Eolo Malbec 2019 tiene un final largo y lineal.

El crítico de vinos norteamericano James Suckling encontró además naranja picante, menta y especias dulces, entre sus notas aromáticas más notorias, para coronarlo con 95 puntos. Asimismo Tim Atkin, Master of Wine, destacó al icónico Malbec con 95 puntos, tras su reciente visita a la nueva bodega de Trivento en Luján de Cuyo.

Viñedo, suelo y clima: la combinación perfecta para el éxito

El viñedo Eolo fue plantado en 1912 en espaldero bajo, con un sistema de poda Guyot doble. Las antiguas vides de Malbec prefiloxéricas se irrigan mediante el método ancestral de acequias y surcos con agua del río Mendoza, alimentado por el deshielo de la Cordillera de Los Andes.

Con 5.550 plantas por hectárea, el balance es la característica natural del viñedo que, debido a su antigüedad, tiene un rendimiento promedio de 1,18 kg por planta.

Basados en estudios geológicos, Germán Di Cesare, junto al ingeniero agrónomo Matías Casagrande, trazó un mapa de los perfiles de suelo que describe al centenario viñedo Eolo. El meticuloso blend de parcelas de Malbec es el fiel representante del terroir de Luján de Cuyo y está compuesto por: 35% de suelo pedregoso calcáreo, 32% de limo arcilloso, 20% con limo arenoso y 13% de suelo mixto.

El justo balance climático que distinguió al ciclo 2018–2019 imprimió características singulares en el vino”, enfatiza Casagrande. Con un típico invierno seco y frío, seguido de una primavera fresca y algo más húmeda, sin episodios de heladas tardías que pudieran afectar la brotación de las vides, todo complotó a favor de Eolo. El periodo estival se caracterizó por su frescura, con temperaturas de entre 19 y 36°C. No se registraron grandes tormentas de verano ni granizo, que aseguró la sanidad de las plantas.

El ciclo finalizó con un largo y húmedo otoño de días cálidos y noches frescas, que prolongó la madurez de las uvas y permitió el equilibrio de todos los componentes de la baya de una manera casi perfecta.

Una cuidadosa transformación

La cosecha manual de la uva Malbec comenzó el 25 de marzo de 2019 y se realizó en siete etapas definidas por el seguimiento preciso de la madurez de las bayas de cada parcela. Al llegar a la bodega los pequeños racimos, y luego los granos, se seleccionaron también en forma manual, para recibir una molienda suave con rodillos y así comenzar su lenta transformación en vino.

Una vez finalizadas las etapas de fermentación alcohólica y maloláctica, el vino se mudó para su próxima fase, la crianza en roble francés durante 18 meses. El 50% se mantuvo en barricas de tostado medio, mientras que la otra mitad reposó en fudres de tercer uso. Di Cesare buscó, durante la crianza, el equilibrado aporte del roble en términos aromáticos y de estructura tánica. Por tal razón, solo una porción, algo más del 15%, son barricas de primer uso.

“Buscamos respetar la expresión del viñedo definido por su antigüedad y por los perfiles de la superficie, a su vez la personalidad del vino es signada por la añada. Eolo tiene las ventajas únicas de su suelo y su viñedo centenario, lo que nos exige tener una delicadeza muy especial. Con el paso de los años profundizamos en la interpretación de este terruño que se ve plasmado en su identidad”. explica Di Césare

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