El cordero patagónico es una expresión profunda del territorio, la cultura y los sabores del sur argentino. Criado en libertad en los vastos campos de la Patagonia, alimentado por pasturas naturales y expuesto a un clima riguroso, este cordero desarrolla una carne magra, tierna y de sabor delicado, con una personalidad única que lo convierte en uno de los productos más valorados de nuestra gastronomía.
Se encuentra en la provincia de Río Negro, Chubut, Santa Cruz, Tierra del Fuego e Islas del Atlántico Sur.
Proviene de ovejas que han sido criadas tanto en la Patagonia argentina de la zona cordillerana, la meseta y cómo aquella cercana al mar. Ovejas alimentadas con leche materna y con pasturas naturales de la zona como gramíneas, brotes del año de algunos arbustos y coirones.
El clima de la Patagonia es bien seco, con escasas lluvias, lo que hace un hábitat ideal para el cordero. Es un animal que camina mucho y se desplaza para tomar agua de vertiente, por eso su carne es más bien tierna, magra y de muy rico sabor.
La cocción tradicional del cordero patagónico se realiza a la cruz, lentamente, durante varias horas. El fuego de leña —generalmente de especies nativas como el ñire o el maitén— aporta aromas ahumados que penetran la carne y la elevan a otro nivel. Este método no solo garantiza una cocción pareja, sino que también convierte el asado en un espectáculo visual y sensorial.
En muchas localidades, el ritual de asar un cordero es motivo de encuentro y celebración. Festividades como la Fiesta Nacional del Cordero en Puerto Madryn o la del Cordero Patagónico en Gobernador Costa dan cuenta del valor cultural de este producto.
Se lo denomina cordero hasta que el animal tiene un año. En septiembre del 2014 esta carne recibió la Denominación Geográfica.
Se lo cocina en asado a la cruz, se hacen guisos, ragout, se emplea también en empanadas y pasteles y al disco.

Tradición y fuego: la cocina de origen
Preparar un cordero al asador en la Patagonia es todo un ritual. El fuego lento, las brasas bien cuidadas y el tiempo como ingrediente principal hacen que la carne se cocine de manera pareja, adquiriendo una textura suave y un aroma irresistible. Este método ancestral de cocción no solo realza los sabores, sino que también genera un momento de encuentro, de historias compartidas y de respeto por las raíces.
En muchos pueblos del sur, el cordero asado forma parte de las celebraciones familiares y las festividades locales. Es símbolo de hospitalidad, identidad y orgullo regional.
Compartimos con vos una receta deliciosa que pone en valor este exquisito producto.
1- Separá las costillas de cordero
2- En una sartén caliente con aceite de oliva virgen extra sofreí las costillas de cordero, hasta que estén bien doradas.
3- En la misma sartén o en una asadera llevalas al horno con los echalotes por 10 minutos.
4- Picá finamente las hierbas e incorporáselas a las costillas.
5- En una olla con agua, incorporá las papas y hervilas hasta que queden tiernas, después en láminas o en rodajas gruesas y ponelas en la asadera.
6- Luego que las papas estén doradas, sacá la asadera del horno y dejá reposar.
7- Emplatá y decorá con una rama de romero.
8- Delicia así puede maridarse con espectaculares vinos, aquí van nuestras sugerencias.
Maridaje ideal: vinos del sur para un plato del sur

Humberto Canale Estate Malbec
Un vino también patagónico, de la
Bodega Humberto Canale y de la
provincia de Río Negro.
En nariz con notas a frutas rojas,
especiado, con paso por madera.
En boca se presenta con taninos redondos
y con buena estructura.

Oriundo Merlot de la Bodega Oriundo,
en la localidad de El Hoyo de Epuyén
provincia de Chubut.
En nariz aromas a frutos rojos y en boca
se presenta con buena estructura, buena
acidez, con notas especiadas y con final
prolongado.
Un producto con identidad y proyección
El cordero patagónico no solo conquista paladares locales, sino que también está ganando reconocimiento internacional. Es un embajador natural de la riqueza de nuestra tierra, de la ganadería sustentable y del potencial gastronómico del sur argentino.
En cada bocado se siente el viento, la estepa, la cordillera y el trabajo de las familias. Por eso, cada vez que llega un cordero patagónico a la mesa, es también un homenaje a una forma de vida.
¡Esperamos que te haya gustado esta entrada y que pruebes vinos patagónicos!
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