
El Manhattan es uno de esos cócteles que evocan inmediatamente sofisticación. Su nombre remite a la icónica isla de Nueva York, donde nació, según la historia más difundida, a fines del siglo XIX, en una época en la que los bares comenzaban a experimentar con nuevas combinaciones de whisky, vermut y bitters.
Clásico entre los clásicos, este trago se convirtió rápidamente en símbolo de la coctelería elegante y refinada. Su equilibrio entre la intensidad del whisky y la suavidad aromática del vermut lo transformó en una receta atemporal que aún hoy ocupa un lugar de privilegio en las barras del mundo.
Un cóctel con historia
Existen varias versiones sobre su origen, aunque la mayoría de los relatos lo sitúan en Nueva York hacia la década de 1860 o 1870. Una de las historias más citadas lo vincula al Manhattan Club, donde habría sido creado para un evento social de alta sociedad, lo que ayudó a consolidar su fama.
Más allá de las leyendas, lo cierto es que el Manhattan aparece en recetarios clásicos desde fines del siglo XIX, lo que confirma su rápida popularidad y su estatus de cóctel pionero dentro de la mixología moderna.
Ingredientes
– 2 partes de bourbon o rye
– 1 parte de vermouth rojo
– Gotas de Angostura Bitters
– Una cereza al marrasquino
– Cáscara de naranja
Preparacion
- En un vaso mezclador, colocar abundante hielo.
- Agregar el whisky y el vermut dulce.
- Incorporar unas gotas de bitter Angostura.
- Remover suavemente con cuchara de bar hasta que la mezcla esté bien fría y equilibrada.
- Colar y servir en una copa cóctel previamente enfriada.
- Decorar con una cereza al marrasquino.
- Perfumar con una cáscara de naranja exprimida sobre la superficie para liberar sus aceites esenciales.
Lo fascinante del Manhattan es su capacidad de adaptación sin perder identidad. Puede ser más seco, más dulce o más intenso según las proporciones, pero siempre mantiene ese perfil elegante, profundo y seductor que lo caracteriza.
Es un cóctel para disfrutar con pausa, ideal para momentos donde la conversación y el clima acompañan tanto como el trago en sí.
“Celebra tus propias victorias, porque nadie más entiende lo que te costó alcanzarlas.”
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