Una abuela hija de galeses, nacida en Esquel. Se había hecho en el campo, hacía su propia manteca, alimentaba a sus chanchos y ella misma los mataba para comerlos. Era más bien alta y cuando la conocí tenía el pelo blanco y en su rostro veía la cara de mi amiga. De risa fácil, su cara denostaba las inclemencias del tiempo patagónico. Era de pocas palabras, sin embargo era la perfecta anfitriona. Siempre manejaba una camioneta. Sabía de la naturaleza y era la perfecta amalgama de la gente local con aquella galeses que habían venido en el mimosa, allá por el 1865.
Me hubiera gustado compartir más tiempo con ella.
Para mi los abuelos son especiales. Supongo que influyó el haber tenido –como ya mencioné en este blog – una relación super cálida y sana con mi abuela materna. Su nombre era Carmen, sus padres italianos le decían Carmela, y así le quedó ¡la abuela Mela! Nos divertíamos mucho y pasábamos lindos momentos. Tenía incontables anécdotas, y en general muchas de ellas remataban con un final que te descostillabas de la risa. Era una abuela viajera, aunque nunca viajó en avión. Conoció lugares muy lindos de nuestro país. Las Cataratas, en Misiones, Córdoba, Bariloche en Río Negro. En el viaje que organizamos con el Instituto en donde estudié Guía de Turismo, la tuve como turista. Igual, creo el lugar que más adoraba era Mar del Plata, porque pasó muchos veranos con su hija y su madre. Mi abuela cocinaba unos alfajores de maicena y unos ñoquis, de película!
Siempre se preocupaba por sus nietos, ya de viejita, me preguntaba por cada uno de mis primos…Mi adorada abuela Mela, la recuerdo siempre, en los momentos de alegría, cómo en los difíciles.
Por eso, por todos los lindos momentos que viví con ella espero que, si no tenés un abuelo o abuela, puedas encontrar en una persona mayor ese amor, esa templanza y esa sabiduría que sólo ellos nos pueden brindar.
¡¡Que tengas un día con mucha ternura!!
¡¡Sabé que lo mejor está por venir!!
Cada publicación la ideamos con mucho amor. Para nosotros es un placer que nos visites y esperamos que todo lo que te guste lo compartas con tus seres queridos. Qué tengas una hermosa vida!!
Esquel, cómo toda localidad enclavada al pie de la cordillera te envuelve con sus encantos. Se halla en la provincia del Chubut en la divina Patagonia Argentina. Nació rústica, nació sencilla. No tiene acta fundacional, pero si posee personalidad, un no sé qué. Es probable que ese atractivo se lo da la historia que la ha hecho crecer. Historia de nativos, de mapuches defendiendo su tierra, de galeses haciéndose camino y trabajando la tierra. Creció a 284 kilómetros de San Carlos de Bariloche, (provincia de Río Negro). Desde donde se accede por la ruta nacional Nº 40 o por avión. Una de las joyas a visitar se encuentra a sólo 45 km y es el Parque Nacional Los Alerces. Se llama así por tener alerces milenarios y el Alerce abuelo. Es un parque bellísimo en donde hacer varias actividades. Es grande y lo ideal es quedarse unos días. Cuenta con un paisaje natural maravilloso en donde se suceden bosques vírgenes (que pertenecen al bosque andino patagónico) con lagos, cascadas y rápidos. Recorrerlo es entrar a un ambiente mágico en donde los aromas de la vegetación acompañan tu andar. Recordá siempre ir por los senderos establecidos, y no salirte del camino.
Foto: Patagonia Verde
El ingreso al parque se hace por la ruta provincial Nº 71 y que conduce a la Villa Futalaufquen, el principal centro de servicios del área. Desde Puerto Chucao sale la excursión para visitar el Alerzal Milenario y el arrayán Abuelo. Estos árboles son unos de los más antiguos del planeta. Tenés oportunidad de disfrutar estas salidas todo el año. En el verano parten al mediodía. Actualmente tenés disponibles dos compañías que realizan este servicio. Se navega el lago Futalaufquen por el brazo Norte, recorriendo unos 22 km hasta llegar a Puerto Sagrario. Desde este lugar se realiza una caminata apreciando la Selva Valdiviana hogar de los grandísimos alerces milenarios. Ahí tenes dos posibilidades de emprender una caminata larga de dificultad media y de 2 Km y otra caminata corta de unos 100 metros sencilla, cualquiera de estos senderos te llevan hacia el Alerce Abuelo.
Árbol patriarca
Es un Alerce o Lahuan como le dicen los mapuches. Posee una antigüedad aproximada de 2.620 años. Mide aproximadamente unos 60 metros. Es una árbol que deslumbra por su inmensidad, es difícil verle la copa. Se estima que puede llegar a vivir hasta los 4000 años. Un dato curioso, si sos amante de la naturaleza lo sabés, es que la edad de estos individuos se calcula por sus anillos. Le crecen dos por año, uno en primavera y otro en verano. Otro protagonista es el lago Futalaufquen, de origen glaciar. Su nombre en idioma mapudungun, significa lago grande. El río Arrayanes le sirve de unión hacia el lago verde.
Un tren de película El viejo expreso patagónico es una joya preciada. Me ha pasado que los fanáticos de estas máquinas alrededor del mundo me han preguntado una y otra vez por “La Trochita” como se lo conoce. Es un verdadero tesoro. Su apodo es por los 75 cm que mide su trocha. Es otra de las excursiones que podés disfrutar en cualquier momento del año. Al tomar este tren vas a viajar como se hacía hace setenta años, si estás en Esquel tenés que hacerla. Ya que te lleva por la meseta patagónica y estar ahí es transportarse en el tiempo, es sentirse pionero. La frecuencia mínima son los sábados a las 10.00 de la mañana. Hay otros horarios, realizá la consulta en la oficina de turismo, ya que los horarios suelen variar en el año.
Cultura galesa
Foto: esquel.tur.ar
Museos, edificios históricos y capillas tanto en Esquel como en Trevelin, hablan y nos cuentan historia de pioneros. A través del molino Nant Fach vas a descubrir la actividad principal de la zona. También está el museo de la ciudad, el museo Olgrun y el centro cultural que era la antigua terminal de ómnibus. Para mi hubo un hecho significativo que hizo que Esquel tomara otro sentido. Era la abuela de Andrea, querida amiga con quien compartimos, estudio, guiadas, paseos, alegrías y tantas cosas más. Una abuela de origen Gales. Se llamaba Brigitte y le decíamos «la Briggie». Los primeros galeses llegaron a bordo del velero Mimosa en el año 1865. Buscaban un lugar deshabitado en donde fundar su “Nueva Gales”. La idea de asentarse en lugares distantes era justamente no tener mucho contacto con otras culturas y preservar la de ellos. El gobierno argentino donó 25 acres de tierra por familia en las cercanías del río Chubut con la condición de poblar la región. Fueron verdaderos pioneros, puesto que transformaron un desierto en un valle próspero. Desde ya que al principio no fue fácil sufrieron de variadas y malas cosechas, inundaciones y además parte de la población comenzó a irse. No había un plan por parte del gobierno argentino, salvo algún que otro subsidio. Gracias al conocimiento que poseían en agricultura la colonia prosperó. Las localidades que surgieron fueron Rawson, Trevelin, Gaiman, Dolavon, Trelew y Puerto Madryn. Es otro aspecto de la provincia que no podés perderte. Realmente nuestro país por donde lo mires es un crisol de razas. La gastronomía galesa se destaca en el té galés, en donde vas a podés probar desde scons deliciosos, la famosa torta galesa, tarta de crema, lemon pie, torta de nueces con coco, dulces elaborados en la región, definitivamente tenés que darte el gusto y disfrutar una merienda en las casad de té.
En esta hermosa provincia se hace rafting. ¡Qué lindo deporte! En otra entrada hablamos sobre él. Las excursiones salen desde Esquel y navegan el río Corcovado, se atraviesan rápidos de clase II, III y IV. Podés realizar una excursión de dos horas o de día completo. ¡Vamos animate! Total sólo hay que remar o sino querés vas en el medio del gomón, contemplando el paisaje, bueno igual hay que tomarse de las sogas que rodean a la embarcación porque es movida por los rápidos.
Foto: esquelcasadelpueblo.com.ar
Otro circuito, si te gusta la aventura, son los Túneles de Hielo. A bordo de una 4×4 te pasan a buscar por un hotel en dirección al Parque Nacional Los Alerces, el vehículo toma una antigua huella que trepa hasta unos 1800 metros. Luego de una hora de viaje bajás de la 4×4 y vas a ver un bosque de lengas (árboles típicos del bosque andino patagónico) en donde a unos metros comienza el trekking. Por las condiciones de la zona, el sol ahí no es tan fuerte propicia la formación de túneles de hielo. Simplemente espectacular. La excursión tiene una duración de seis horas y se hace de diciembre a abril.
Esquel y sus alrededores te van a encantar. Al viajar no olvides llevar abrigo, la Patagonia es cambiante y aún en verano, hay que vestirse como la cebolla en capas.
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