La Bonarda argentina es mucho más que una variedad de uva; es una expresión auténtica de nuestra vitivinicultura. Aunque históricamente ha sido eclipsada por otras cepas, su potencial ha sido redescubierto en los últimos años, posicionándola como una de las más prometedoras del país.
Hoy queremos hablar de la Bonarda, una de las grandes variedades tintas de la vitivinicultura argentina. De perfil frutado, taninos suaves y gran versatilidad, ha sabido ganarse un lugar entre las cepas más representativas del país. Después del Malbec, es la segunda variedad tinta más plantada en Argentina, que además concentra la mayor superficie cultivada de Bonarda a nivel mundial.
De Europa a Argentina: el recorrido de la Bonarda

Al igual que el Malbec, la Bonarda llegó a la Argentina desde Europa durante el siglo XIX, impulsada por las corrientes inmigratorias que transformaron la vitivinicultura nacional. Con el tiempo encontró en nuestro país un lugar ideal para desarrollarse, especialmente en Mendoza, donde hoy se concentra la mayor parte de su superficie cultivada, con una fuerte presencia en el Este mendocino.
Durante muchos años se creyó que la Bonarda Argentina era la misma variedad que la Bonarda italiana. Sin embargo, estudios realizados por el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) permitieron confirmar que se trata de la variedad francesa Corbeau, también conocida como Douce Noir.
Gracias a su adaptación al clima y a los distintos terroirs argentinos, la Bonarda puede dar origen a vinos de excelente calidad, con buena estructura, intenso color, aromas frutados, taninos amables y una frescura que la convierte en una variedad cada vez más valorada por consumidores y productores.
¿Cómo es la Bonarda Argentina?
La Bonarda Argentina se caracteriza por ofrecer vinos de intenso color violáceo, con aromas que recuerdan a frutas rojas y negras, como ciruelas, frambuesas, moras y arándanos. Según el estilo de elaboración, también puede presentar notas especiadas y un sutil aporte de la crianza en madera.
En boca suele destacarse por sus taninos suaves, buena frescura y una textura amable, lo que la convierte en una variedad muy versátil y fácil de disfrutar. Aunque durante muchos años fue utilizada para elaborar vinos de gran volumen, hoy numerosos productores apuestan por rendimientos más bajos y una viticultura de mayor precisión para obtener Bonardas de excelente calidad y gran personalidad.
Su ciclo vegetativo es largo. Brota después del Malbec y suele cosecharse entre fines del verano y comienzos del otoño, dependiendo de la región y del estilo de vino que se busca elaborar. Esta maduración pausada favorece el desarrollo de una buena concentración de aromas y una equilibrada madurez de los taninos.
Actualmente la Bonarda se elabora tanto en vinos varietales como en cortes, encontrándose etiquetas jóvenes, frescas y frutadas, así como ejemplares de guarda que demuestran el enorme potencial de esta variedad en la Argentina.
Si querés conocer un poco más sobre esta variedad, te invitamos a ver el siguiente video.
¿Con qué maridar un Bonarda argentino?
La Bonarda es una variedad muy versátil en la mesa. Gracias a sus taninos suaves, su buena frescura y su perfil frutado, acompaña una gran diversidad de preparaciones sin opacar los sabores de los platos.
Entre las mejores opciones para disfrutarla se encuentran las pastas con salsas de carne, como unos penne rigate con salsa boloñesa o unos agnolotti con salsa fileto. También armoniza muy bien con carnes rojas a la parrilla o al horno, un clásico pan de carne (pulpetón), una colita de cuadril al horno, carnes braseadas y empanadas de carne.
Si preferís una propuesta más informal, también resulta una excelente compañía para pizzas, hamburguesas gourmet y tablas de quesos semiduros, como Gouda, Fontina o Gruyère joven.
En su versión joven y frutada puede acompañar embutidos, fiambres y picadas, mientras que los Bonardas con crianza en barrica se lucen junto a platos de mayor intensidad, como carnes de cocción lenta, cordero o guisos tradicionales.
La temperatura de servicio recomendada se encuentra entre 16 y 18 °C, también puede disfrutarse apenas más fresco (14-15 °C), especialmente si se trata de un Bonarda joven.
Como ocurre con muchos vinos, no existe un único maridaje perfecto. La mejor combinación será aquella que se adapte a tus gustos y a la ocasión. La Bonarda invita a experimentar y descubrir nuevas armonías en cada copa.
¿Y vos, qué Bonarda vas a elegir hoy?
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Muy ilustrativa nota, Vero.
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¡Muchas gracias! ¡Qué bueno te haya gustado! Nos alegramos mucho y nos mueve a seguir comunicando el vino argentino!
Qué tengas una linda noche!
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