Spaghetti alla putanesca, una receta bien italiana

Spaghetti a la puttanesca (Adobe Stock)

La cocina italiana es reconocida por su capacidad de transformar ingredientes sencillos en platos memorables. Entre ellos, los Spaghetti alla Puttanesca ocupan un lugar especial: una receta de origen napolitano que combina tomates, aceitunas negras, alcaparras y ajo, logrando un equilibrio perfecto entre salinidad, acidez y un leve picor.

De marcada identidad mediterránea, es ideal para quienes disfrutan de sabores intensos y auténticos.

Esta receta, con sus olivas negras, alcaparras, tomate y ese toque picante, nos transporta directo a una trattoria napolitana. En esta nota te contamos cómo prepararla en casa, algunos secretos para que quede bien sabrosa y, por supuesto, cuál es el vino ideal para acompañarla.

Porque cocinar también es viajar con los sentidos. Y si hay un plato que merece un buen brindis, es este.

Ingredientes

– Spaghetti 200 gr.
– Diente de ajo 2
– Anchoas 5 o menos
– Aceitunas negras 60 gr.
– Tomates 5
– Aceite de oliva virgen extra
– Alcaparras la receta original lleva, nosotros no le pusimos.
– Ají molido
– Orégano
– Sal y pimienta a gusto

Preparación

1 Lavá los tomates pelalos y cortalos en cubos.
2- Escurrí las anchoas y picalas.
3- Picá los dientes de ajo y reservá
4- Mientras en una olla poné a calentar abundante agua con sal.
5- Cociná unos pocos minutos el ajo  y las anchoas, machacando la mezcla para que se integren bien y así desprendan sus aromas.
6- Cuando el ajo esté dorado, agregá las aceitunas y cociná un poco más.
7- Añadí el tomate, y remové para integrarlo. Bajá la temperatura y dejá cocinar suavemente. Reservá.
8- Poné a hacer los spaghetti, cuando estén al dente agregalos a la sartén con la salsa. Incorporá un poco de agua de cocción si hace falta.
9- Emplatá y a disfrutar

La sugerencia para el maridaje serían vinos tintos.
Aquí te presentamos dos opciones.

Tempus

Tempus Alba Merlot, de la Bodega Tempus Alba.
Con uvas provenientes de viñedos de Luján de Cuyo.
En nariz presentanotas a fruta roja en nariz, ciruela
y mermelada de frutos rojos.
En boca con buena acidez, con
cuerpo y taninos redondos. Final
medio.
Temperatura de servicio:
de 16 a 18 grados

GranSyrah

Otra opción puede ser el
Finca Las Moras Gran Syrah
de  Finca Las Moras.
Elaborado con uvas Syrah de tres viñedos
diferentes: Valle de Tulum, Valle del Zonda y
Valle de Pedernal en la provincia
de San Juan. Un vino untuoso, muy
elegante en boca con taninos redondos,
atercipelados con 18 meses de crianza en
barrica de roble francés y americano de
primer uso.

A preparar esta receta, disfrutar del proceso y descubrir cómo un buen maridaje puede elevar aún más el momento.

¿Probaste este plato alguna vez? ¿Con qué vino lo acompañarías?
Nos encanta leerte en los comentarios y seguir compartiendo esta pasión por gastronomía.

Guiso de ternera y lentejas: clásico, sabroso y reconfortante

Por el Chef Edgardo Band

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Foto: Chef Edgardo Band

Cuando los días se vuelven más fríos, el cuerpo empieza a pedir platos cálidos, abundantes y llenos de sabor. Y si hay una receta que cumple con todo eso es este delicioso guiso de ternera y lentejas. Es de esas preparaciones que abrigan el alma, ideales para compartir en familia o sorprender con un buen maridaje en una mesa con amigos.

Este plato tiene todo lo que buscamos en un plato de olla: sabor profundo, textura cremosa y una combinación perfecta entre proteínas, vegetales y legumbres. Además, es una excelente forma de incorporar lentejas a nuestra alimentación, con todos sus beneficios nutricionales y su capacidad de saciarnos sin necesidad de ingredientes costosos ni complicaciones.

Ingredientes (4 personas)

400 gs. Lomo o Peceto de ternera
300 gs. Lentejas
300 ml. caldo Carne
150 ml. Vino tinto
1 Pimiento Rojo
1 Pimiento Verde
2 Zanahorias
2 Ramas Apio
2 Cebollas
1 Cucharada chica de concentrado de tomate
1 Ajo
Tomillo
Sal y pimienta a gusto
Aceite de oliva

Preparación:

– Poner las lentejas a hidratar en  agua durante 4/5 horas. Enjuagar.
– Cortar la carne en cubos
– Cortar las cebollas en brunoise (cubos pequeños aproximadamente 2 a 3 milímetros)
– Cortar los pimientos brunoise
– Pelar y cortar jardinera las zanahorias
-Cortar paisana el apio sin hojas
-Cortar la carne
-Colocar aceite de oliva en una olla y dorar la carne, mover permanente con energía para que no se pegue al fondo.
-Agregar la cebolla primero, luego la zanahoria, ajo, pimientos, el apio
-Mezclar con la carne hasta que se blanqueen.
– Deglasar con el vino tinto, que evapore el alcohol y reduzca a la mitad.
– Poner el concentrado de tomate y salpimentar.
– Agregar una cucharadita de tomillo.
– Introducir las lentejas y el caldo hasta cubrir 2 centímetros por encima.
– Revolver cada tanto para que no se pegue al fondo.
– Bajar el fuego al mínimo, tapar dejando un poco de lugar para que evapore, reduzca y
se forme una preparación untuosa.
– Cocinar aproximadamente 1 hora revolviendo en intervalos.
– Probar, rectificar condimentos.
– Dejar reposar tapado unos minutos y servir. Se puede decorar con una papa torneada y cocida con brotes o eneldo.
– Emplatar en platos hondos.

Sugerencia de vino para maridar un Ruca Malen Cabernet Sauvignon de la Bodega Ruca Malen.
Un vino con aromas a fruta negra, notas especiadas, en boca buena estructura y final persistente, va a resultar un muy buen acuerdo para el guisado.

¡Esperamos te haya gustado esta entrada!
Desde ya muchas gracias a Edgardo por confiar en nosotros y por aportar su receta tan detallada y deliciosa.

¡Que tu medicina sea tu alimento, y el alimento tu medicina!
                                                                                        Hipócrates

Reconfortante y riquísima sopa de vegetales

sopa

Nada más reconfortante que una sopa casera para darle calor al cuerpo y al corazón. Esta sopa de vegetales es un clásico que no falla: fácil de preparar, saludable y deliciosa. Llena de color, aroma y nutrientes, es ideal para acompañarte en los días frescos o para darle un arranque lleno de energía a cualquier comida.

Hay platos que, más allá de lo nutritivos, nos envuelven con su calidez. La sopa de vegetales es uno de ellos. Ideal para los días frescos o cuando simplemente necesitamos algo reconfortante, esta receta es una caricia al cuerpo y al corazón.

La preparamos desde hace años, con ingredientes sencillos y accesibles. No sólo es rica, sino que además es una forma hermosa de incorporar más vegetales a la dieta diaria.

Anímate a darle tu sello personal con los vegetales que prefieras… ¡y a disfrutarla en buena compañía!
Son versátiles y super nutritivas.
El secreto – a decir de Narda Lepes– es cocinarlas a fuego lento y que no llegue a «borbotear».

Ingredientes

– Cebolla 1 grande o dos pequeñas
– Ajo 2
– Zanahorias 2
– Calabaza 1/4
– Zucchini 1
– Tomate 1 podés rallarlo o ponerlo sin piel
– Caldo o agua. Nosotros le agregamos caldo natural, lo que nos queda de alguna cocción.
– Manteca 1 cucharada
– Aceite de maiz o girasol c/n
– Aceite de oliva virgen extra para el final

Preparación

1- Picar la cebolla y los ajos, cortar en cubos pequeños todos los ingredientes.
2- En una olla grande a fuego bajo, poné aceite de oliva (puede ser aceite de maíz o girasol) y rehogá la cebolla y el ajo. Cuando esté suavemente dorada, agregá los ajos (ojo no dejes que se queme sino toma un sabor amargo).
3- Incorporá las zanahorias, las papas, el tomate y finalmente los trozos de calabaza. Siempre andá revolviendo los vegetales con una cuchara de madera.
4- Cuando los veas que están dorados levemente agregá un litro de caldo o agua.
5- Condimentá con sal, pimienta, estragón.
6- Resta esperar unos 20 o 30 minutos, luego probala otra vez. Si le falta algún condimento, rectificá.
7- Servila bien caliente, podés agregarle croutones para decorar o perejil.

Y ahora viene el maridaje. Algo que es bastante subjetivo.
A la hora de maridar sopas, que suelen estar bastante condimentadas, no es aconsejable un vino de estructura, robusto o de alta graduación alcohólica, porque podría intensificar su carácter y resultaría una combinación no tan agradable al paladar.
Con lo cual, si son tintos que sean jóvenes, sin paso por barrica.
Nuestras sugerencias!

SuarezSemillon

Finca Suarez Semillón de Finca Suarez
Paraje Altamira, de la zona de
Valle de Uco, en el corazón de la localidad
de Tunuyán.
En nariz notas a frutas blancas, a pera y
en boca fresco, con buen volumen y
equilibrio. Con notas salinas.
El 20 % del vino tiene paso por barrica
de roble francés, lo que le da más
untuosidad en boca.
Temperatura de servicio sugerida:
entre 9 y 11 grados.

 

LasCompuertas

Proyecto Las Compuertas Criolla
de Parral de Durigutti Family Winery
Proveniente del parral de Don
Danielle que data de 1943, de Luján
de Cuyo, la primera zona de Mendoza.
Área más tradicional.
Las criollas son las variedades de uva
que se formaron en territorio americano
por cruzamientos de otras europeas entre sí 
Un vino que en nariz presenta notas
muy frutadas, notas a frutillas y
en boca con buena acidez y equilibrio.
Temperatura de servicio sugerida:
entre 13 y 15 grados.

Esperamos que hagas la sopa y que pruebes otras con vegetales.
Siempre que puedas – como sugerimos- elegí un almuerzo o cena consciente que te nutra y que nutra a tu familia. Recordá cuánto más color tenga tu plato más vitaminas vas a incorporar.

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«Una vez dijo un sabio que para ser fuerte no es necesario levantar mucho peso. Con levantar el tuyo cada vez que te caigas es suficiente».


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Trufas en Argentina: historia, cultivo y sabor de un manjar único

Foto: Trufas del Nuevo Mundo


Durante mucho tiempo, las trufas fueron consideradas un manjar reservado a las cocinas de Europa. Francia, Italia y España se destacaron históricamente por su cultivo y por el protagonismo que le dieron a este hongo en su gastronomía regional. Hoy, aunque otros países han avanzado en producción, estos tres siguen marcando el pulso de la tradición trufera a nivel mundial.

Conocidas como “el diamante negro de la cocina”, las trufas son hongos que crecen en simbiosis con las raíces de árboles como el roble y la encina. Para que prosperen, requieren condiciones muy específicas de suelo, clima y cuidados. Su recolección no es sencilla: se realiza en invierno y con la ayuda de perros adiestrados, capaces de detectar su aroma característico.

El cultivo de trufas en Argentina comenzó alrededor del año 2008, impulsado por investigadores y emprendedores que vieron en ciertas regiones del país un gran potencial para replicar las condiciones de suelo y clima del sur de Europa.
Con el apoyo de estudios técnicos, se importaron esporas y plantas, principalmente robles y encinas, desde España e Italia, y se implantaron en campos previamente acondicionados para garantizar un desarrollo saludable del hongo. La paciencia fue clave: los primeros cultivos tardaron entre 5 y 8 años en dar sus frutos.

Hoy, ya existen emprendimientos consolidados en zonas como Espartillar, Chillar, Balcarce y Tandil en la provincia de Buenos Aires, en Córdoba y Patagonia, Neuquén: Zapala, Villa Pehuenia-Moquehue, Aluminé, Piedra del Águila, Picún Leufú y Villa El Chocón, además en Chubut.
La especie más cultivada es la Tuber melanosporum, conocida como trufa negra de invierno, originaria del suroeste de Europa y muy valorada por su aroma complejo, terroso y persistente.

La cosecha se concentra entre junio y agosto, cuando el hongo alcanza su madurez y despliega todo su potencial aromático. En ese momento, los truficultores recorren los campos junto a sus perros, en jornadas que combinan tradición, paciencia y técnica.

A nivel mundial, existen distintas variedades de trufas que se utilizan en gastronomía:

  • Trufa negra de Périgord (Tuber melanosporum): la más conocida y cultivada en países como Francia, España, Italia y ahora también en Argentina. Tiene un sabor intenso, profundo y elegante.
  • Trufa blanca de Alba (Tuber magnatum pico): una de las más caras y escasas. Se encuentra principalmente en el Piamonte italiano y es célebre por su perfume penetrante y delicado.
  • Trufa de verano (Tuber aestivum): se recolecta en los meses cálidos. Es más accesible y posee un aroma más suave, con notas de nuez y tierra húmeda.
  • Trufa de Borgoña (Tuber uncinatum): algunos especialistas la consideran una variedad o ecotipo otoñal de la trufa de verano, ya que ambas comparten características morfológicas y genéticas. Sin embargo, la trufa de Borgoña desarrolla un aroma más profundo y se recolecta en otoño, principalmente en el norte de Europa.

En la gastronomía argentina, restaurantes de alta cocina, tiendas gourmet y productores locales empiezan a incorporarlas en sus cartas y propuestas, tanto en platos como en derivados: aceites trufados, mantecas, quesos, embutidos y pastas.

La trufa despierta fascinación no solo por su rareza o su valor económico, sino por lo que representa: una conexión con la tierra, el tiempo y la sensibilidad del paladar. Un pequeño fragmento de trufa rallada o laminada puede transformar por completo un plato simple y elevarlo a una categoría superior.

Que Argentina comience a formar parte de esta cultura trufada no es menor. Significa diversificación agrícola, innovación gastronómica y una oportunidad para proyectar al país en un segmento gourmet de alto valor.

¿Qué son las plantas micorrizadas?

Las plantas micorrizadas son árboles como robles o encinas, cuyas raíces han sido inoculadas con esporas de trufas. Este proceso se realiza en viveros especializados y tiene como objetivo crear una simbiosis entre el árbol y el hongo, algo que sucede naturalmente en los bosques truferos europeos.

Cuando se planta un árbol micorrizado, se espera que esa asociación evolucione durante varios años hasta que el hongo dé su fruto: la trufa. Sin esta relación simbiótica, el hongo no puede desarrollarse ni producir trufas comestibles. Es una técnica delicada aunque fundamental para el cultivo controlado.

¿Cómo se usa la trufa en la cocina?

Por su intensidad aromática, la trufa no necesita grandes cantidades para transformar un plato. Se suele rallar o laminar en crudo sobre pastas frescas, risottos, huevos, puré de papas o carpaccios. También es ideal para infusionar grasas como aceite, manteca o queso: basta unirlos en frío para que absorban su aroma profundo.

En cuanto al maridaje, la trufa negra se luce con vinos tintos, puede ser un Pinot Noir, un Merlot con crianza en madera o un Cabernet Franc argentino son grandes aliados. También podría ser un excelente acuerdo los blancos con crianza o un espumante complejo.

Spaghetti con manteca de trufa y láminas de trufa negra

Una receta clásica donde la trufa es la verdadera protagonista. Ideal para un almuerzo sofisticado o una cena especial.

Ingredientes (para 2 personas):

  • 200 g de spaghetti (idealmente pasta fresca)
  • 40 g de manteca
  • 20–30 g de trufa negra fresca (rallada o laminada)
  • 30 g de parmesano o pecorino rallado
  • Sal marina
  • Pimienta negra recién molida

Paso a paso:

  1. Cociná los spaghetti en abundante agua con sal hasta que estén al dente. Reservá una taza del agua de cocción.
  2. Mientras tanto, en una sartén amplia, derretí la manteca a fuego suave. Apagá el fuego y añadí parte de la trufa rallada para infusionar la manteca con su aroma, sin que se cocine en exceso.
  3. Escurrí la pasta y agregala a la sartén con la manteca. Mezclá bien, agregando un poco del agua de cocción para emulsionar y lograr una textura cremosa.
  4. Incorporá el queso rallado, salpimentá a gusto y mezclá suavemente hasta que se integre todo.
  5. Serví de inmediato, con más trufa laminada por encima.

Sugerencia de maridaje:
Este plato se luce con un vino blanco como un Chardonnay con crianza o un espumante brut nature. También podés optar por un tinto suave como un Pinot Noir o un Nebbiolo joven.

Las trufas nos invitan a redescubrir la cocina desde lo esencial: el tiempo, el aroma, la espera. Que crezcan en nuestra tierra es una señal de que algo profundo está madurando también en la forma de cocinar, de producir y de disfrutar en Argentina.

Si te interesan los ingredientes que tienen historia y origen, los productos que conectan con el paisaje y el alma de la gastronomía, te invitamos a seguir explorando nuestro blog. Hay mucho más por descubrir.

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Una cazuela, muchas historias: la tradición de la Bagna Cauda


La Bagna Cauda es mucho más que un plato típico de la región del Piamonte, al norte de Italia. Es un símbolo de reunión, de calidez, de compartir alrededor de la mesa. En Argentina, especialmente en provincias con fuerte herencia italiana como Córdoba o Santa Fe, la Bagna Cauda se convirtió en una tradición familiar, especialmente durante los meses fríos.

Origen de la Bagna Cauda

No es solo un plato. Es una ceremonia que se repite cada invierno en hogares del norte italiano y en pueblos del interior argentino donde la inmigración dejó su huella. La Bagna Cauda, que en dialecto piamontés significa “salsa caliente”, nació como una comida humilde, campesina, pensada para resistir los fríos intensos de la región del Piamonte, al pie de los Alpes. Ajo, anchoas y aceite de oliva: ingredientes sencillos, aunque poderosos cuando se funden al calor del fuego y de la mesa compartida.

Con el paso del tiempo, la Bagna Cauda adquirió un valor simbólico: era el plato del reencuentro, de las vendimias, del cierre de la temporada de trabajo en los campos.

La llegada a Argentina

Durante las grandes olas migratorias de fines del siglo XIX y principios del XX, muchas familias italianas llegaron a Argentina trayendo consigo sus costumbres culinarias. Los piamonteses, en particular, se establecieron en zonas rurales donde mantuvieron vivas sus tradiciones. Así fue como la Bagna Cauda encontró un nuevo hogar, adaptándose a los ingredientes locales y a los sabores del país.

En ciudades como Jesús María, San Francisco, Rafaela o Morteros, todas en la provincia de Córdoba, es común que durante el invierno se organicen encuentros familiares con este plato como protagonista.

La receta clásica

Si bien existen variantes, la receta tradicional suele llevar:

  • 1 cabeza grande de ajo
  • 10 a 12 filetes de anchoas en aceite
  • 250 cc de aceite de oliva (o mitad oliva y mitad crema de leche en algunas versiones argentinas)
  • 250 cc de crema de leche (opcional, según la tradición local)
  • Leche para suavizar el ajo (opcional)

Preparación:

  1. Separar los dientes de ajo, pelarlos con cuidado y colocarlos en una cacerola pequeña con leche suficiente para cubrirlos. Llevar a fuego muy bajo y cocinar unos 10 a 15 minutos. Esta técnica, suaviza el sabor fuerte del ajo sin quitarle su esencia. Una vez tiernos, escurrirlos y machacarlos hasta formar una pasta.
  2. En una cazuela de barro, hierro o fondo grueso (idealmente, el recipiente en el que se va a servir), colocar la pasta de ajo junto con las anchoas fileteadas. Cocinar a fuego bajo, revolviendo constantemente con cuchara de madera hasta que las anchoas se deshagan por completo y se integren con el ajo.
  3. Una vez que se forma una pasta homogénea, incorporar lentamente el aceite de oliva, en forma de hilo, mientras se sigue revolviendo. Si se desea una textura más cremosa y un sabor más suave, añadir también la crema de leche. Continuar cocinando a fuego bajo, sin que la mezcla hierva, durante unos 15 a 20 minutos. La clave está en mantener el calor justo para que la emulsión se sostenga sin cortar ni quemar.
  4. Tradicionalmente, la Bagna Cauda se sirve en el mismo recipiente en que se cocinó, colocada sobre un pequeño calentador que mantenga la preparación tibia durante toda la comida. La idea es ir sumergiendo los vegetales y otros ingredientes en la salsa caliente, como una fondue rústica y llena de sabor.
  5. Se suelen servir una gran variedad de vegetales cocidos o crudos: cardo, apio, coliflor, zanahoria, repollo, papas hervidas, remolacha. También es común acompañar con pan de campo, huevos duros, queso y, en algunas mesas, trozos de carne cocida o jamón.
    Podés optar por un formato individual, sirviendo porciones en pequeños recipientes de cerámica o fondue, o bien compartirla en un solo recipiente grande, como dicta la tradición.

El maridaje

La Bagna Cauda es intensa, untuosa y salina. Por eso, se lleva bien con vinos blancos con buena acidez y volumen, como un Chardonnay con paso por madera o un Semillón con crianza. Para quienes prefieren tintos, un Pinot Noir o un Bonarda joven pueden acompañar sin opacar.

Otra posibilidad es un espumante brut nature, que aporta frescura y limpia el paladar, creando un buen equilibrio.

Un legado que sigue vivo

Este plato es una forma de estar juntos, de rendir homenaje a los orígenes y a la historia familiar. En cada cazuela burbujeante se esconde el sabor de la herencia, la memoria de los encuentros y una identidad que sigue viva entre nosotros.